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Terapia: Los diez más poderosos del arte nacional (Tercera sesión: curaduría y crítica)

José Roca

Un efecto azaroso del top 10, que resulta muy diciente, es que haya un curador justo en medio, a mitad de camino entre los más superpoderosos y los menos superpoderosos. Un curador que fue curado, que fue puesto en una lista, un cazador cazado pues en parte lo que hacen los curadores es hacer listados, listas, listas parciales, como es la naturaleza de las listas, de todo conteo finito que nos permite enfrentar un todo cósmico que no tiene fin o secuencialidad y donde todo el mundo podría ser curador, así como artista, y junto a los inmensos círculos que describen los astros estelares tendríamos unas superoscas del arte, tan amplías que perderíamos la ilusión vindicativa de poder nombrarlas.

En el top de La Silla Vacía se dice que Roca es el “curador nacional por excelencia”, vaya uno a saber si esto es así, si a la persona fallecida que hacía los montajes de los primeros salones nacionales en el siglo pasado también le decían lo mismo; o si a Marta Traba le gustaba eso, aunque en su época poco se hablaba de curar y sí mucho de críticar; o si Eduardo Serrano, precursor de las tarjetas de presentación de curador en Colombia fue, así como Roca, “excelente”; o si dijeron lo mismo de Carolina Ponce, a la que Roca sucedió como director del área de Artes del Banco de la República en Bogotá, y que creó muchas de las iniciativas que Roca continuó; o si lo mismo dirán de Juan Andrés Gaitán, recién nombrado curador de la Bienal de Berlín; o del joven Inti Guerrero que tal vez en los próximos 100 años dirija la Documenta de Kassel; o a nivel local de Oscar Roldán, curador de uno de los museos que mejor funciona en el país, el MAM de Medellín; o de Mariangela Méndez, curadora del Salón Nacional este año.

De pronto todo esto del “arte nacional” sea lo cómico del asunto, es como decir “arte extranjero”, como decir “la fruta nacional”, como ese “símbolo nacional” que es el sombrero volteado, o esa “escultura nacional” que parecía un sombrero volteado, al menos a nivel subliminal, y que ilustró la portada de un libro-catálogo reciente de Roca. Transpolítico, hecho en asocio con Silvia Suárez, es una comprensiva fábula histórica sobre el “arte nacional” para mostrar cómo “se consolidó una praxis del arte contemporáneo”, un “interesante tránsito” donde “lo social-político devino dominante en el arte colombiano hasta tornarse en discurso hegemónico”. Y luego de este metarrelato nacional, la publicación devino en lo que era de verdad, un “quién es quién” del “arte nacional”, un top camuflado, un catálogo de artistas tan promocional como el catálogo general de ArtBo, solo que esta vez estaba detrás la multinacional JP Morgan.

Se habla mal de los curadores, sobre todo en privado y entre artistas, pero la curaduría está aquí para quedarse, es el sistema circulatorio del arte: es la que cuenta, certifica el cuento y lo pone a circular.  Y también los curadores cuentan su propio cuento, así fue como Roca contó del examen que hizo para ser admitido como Curador Adjunto Estrellita B. Brodsky de Arte Latinoamericano de la Galería Tate Modern en Londres:me invitaron a que escogiera, dentro de la feria Freeze en Londres, obras para ser compradas y formar parte de la colección de la Tate. Querían ver cómo trabajaba, discutía y me ponía de acuerdo con sus curadores. Semanas después me pidieron un proyecto. En diciembre, durante la feria de Miami, nos entrevistaron a cuatro candidatos —nunca supe quiénes fueron los otros— y, finalmente, a comienzos de enero me comunicaron que me habían seleccionado”.

En resumen, el cargo fijo que lo tiene con un pie afuera del país y que se suma a los palmarés de su figuración internacional, se resume a hacer listas de marcado y a participar de un comité que toma la decisión final. Pero el ejercicio no es mecánico, tiene su peso, y Roca lo describe como una “paradoja productiva”. Él es un “curador de Arte Latinoamericano en una institución que no tiene una colección de Arte Latinoamericano per se” y cada pieza que él logre coronar estará en “diálogo con la colección, y luego con una narrativa más larga del arte contemporáneo, […] el arte latinoamericano en la Tate no estará dentro de un gueto. Al contrario, la contribución del arte latinoamericano a movimientos del arte como el conceptual o el minimalismo será entonces reconocida”.

Tal vez Roca no solo salga a ferias sino que se aventure por los alrededores porque reconoce que esto del arte es algo más que ferias. Y así, como curador reconocido, proponga otros tipos de obras hechas en latinoamérica para matizar en algo el canón de la “franquicia del arte contemporáneo”. Obras semejantes al performance de Fernando Pertuz donde untó un pedazo de comapán con sus excrementos y lo degustó; o una marca efímera de Adolfo Bernal; o las esculturas de Ramón Barba y Josefina Albarracín que van rumbo al olvido o a convertirse en aserrín; o una escenografía proselitista de Gabriela Pinilla; o lo que queda de la colección Colección Ganitsky Guberek que promete quedar desmantelada en anticuarios; o una escultura nímia y perecedera de Gabriel Antolinez; o una pieza clave del recién fallecido Manolo Vellojín; o la colección completa de afiches que hizo David Consuegra para el Museo de Arte Moderno de Bogotá; o un sonido de Gustavo Sorzano; o una curaduría de Gustavo Zalamea; o varios dibujos de Pablo Solano; o la pintura El rapto de Europa de Carlos Salazar; o todos los discos de Las Malas Amistades; o una escultura de Feliza Bursztyn y la película Las Camas de Feliza de Jose María Arzuaga ; o el primer y último libro de Víctor Albarracín; y un sinfín de cosas más que hacen falta para que esta visión del “del arte contemporáneo” del “arte latinoamericano” sea realmente comprehensiva y no solo una predecible lista más.

Hay que recordar, el arte es una religión sin Dios, hablar de los superpoderosos del arte es como hablar de los poderosos de la religión tomando solo como base lo que sucede en el Vaticano, la biblia como canon y la Iglesia como espacio único para la contemplación. Quizá Roca sea una pieza más de ese engranaje que existe entre marchantes, galeristas, coleccionistas y museos de alto vuelo que compran barato, maduran, cotizan y se lucran de la gran vaca sagrada del código tributario: la deducción de impuestos por conceptos de filantropía. Después de todo el puesto estelar de Roca es financiado y lleva el nombre de una coleccionista de “arte latinomericano”, una de las tantas patronas de la Tate.

Roca dijo hace poco que estaba en “una posición híbrida” y se definió como “curador institucional independiente”. Lo dice porque el pie que tiene en el país está en Flora: “un espacio nuevo que estamos proponiendo para la escena artística de Bogotá, y que esperamos pueda constituirse en un vínculo entre la escena local y la de otras partes del mundo.”

Un nuevo comienzo auspicioso para Roca, contrario al laberinto en que pasó los últimos años de los 18 que trabajó en el Banco de la República, cuando fue martirizado por dentro y por fuera de la escena de su cargo como curador institucional: a nivel interno bajo el yugo rector de Darío Jaramillo, que dirigió la política cultural del Banco hasta 2007 y le hizo a Roca lo mismo que ya le había hecho a Carolina Ponce en su gestión: le atravesó palos, le desmontó y negó exposiciones, le creó animadversión entre los miembros de la junta y directores del banco, hizo que se tragará sapos enteros (como lo autodonación Botero) y le restó injerencia sobre programas como Nuevos Nombres. Además, muchas de las iniciativas propias que tuvo Roca, como la de darle un guión diferente a la colección, o La mirada transversal que consistía en darle poder a artistas para que curaran la colección e hicieran curadurías salvajes, con catálogo, que circularan por todas las sedes del Banco, fueron desapareciendo: no contaban con apoyo suficiente por parte de Jaramillo & Co. Roca fue quedando relegado al rol decimonónico de montajista, prologuista y de vez en cuando darse el contentillo protagónico de montar algunas exposiciones curadas por él (unas mejores que otras), inaugurar el malogrado nuevo museo de arte o El Parqueadero, pero siempre atado de brazos ante las limitaciones presupuestales y la entronización de un sistema administrativo y de seguridad que por momentos parece ser la instancia rectora de los espacios culturales del banco. A nivel externo, por no tener una buena comunicación, o por ser correcto, o por un exceso de celo diplomático, Roca no supo comunicar el malestar interno de la institución y su gestión fue duramente criticada.

Y resulta raro decir que Roca no supo comunicar algo, pues él escribe, su faceta de crítico es una de sus aristas más interesantes. Roca tuvo una columna en El Tiempo y una actividad constante en su página Columna de Arena, los suyos eran ejercicios que pensaban y hacían pensar la crítica, la curaduría, la curaduría crítica, las exposiciones, los modelos de exposición, fomentaban el debate y hacían una defensa pública de lo público. Hace rato dejó de ponerse en juego y es una lástima, hace falta su activismo crítico, al parecer él ha preferido, para bien y para mal, la elocuencia de los hechos.

Lucas Opina

Lucas Ospina, Lucas Ospina,
con tanta campana, pareces mi prima
frente al espejo preguntando
¿Quién es la más divina?

[…]

¿Serás tú otro más sin humor,
que guarda pesares en el cajón?
Van estos versos con la intención
de reclamar que estuvo bueno
que triunfará la narración,
pero hay encanto en la discreción,
no sea que el pájaro encuentre su jaula
en su propio patio
y como una perdiz
estando tan lejos de ser aprendiz,
pierda su canto por una nariz.

Septembrinos para un pájaro Ospina / Andrés Matute

Y luego de la curaduría viene la crítica. El lector querrá, entonces, luego de más de cinco partes, dos entregas, 5151 palabras, 24879 caracteres sin espacio y 29879 con espacio, 44 párrafos y 336 líneas, entrar en materia, que el escritor nos explique él mismo qué hace aquí, como se metió en esta camisa de once varas (o cómo el top de La Silla Vacía fue el que se metió ahí), pero hay que ser breve y seguir extendiéndose en introducciones sería gastar inútilmente el día y la noche y el tiempo. Así pues, como quiera que la brevedad es el alma del talento, y que nada hay más enfadoso que los rodeos, circunloquios y perífrasis, procedo y, sin ambages, pregunto: ¿por qué debería estar Ospina en esta lista?

Crítico de arte, pensador profundo y uno de los escritores de mayor talento y de los humanistas más completos de su generación. Vigorosa vida interior. Apologista de tal convicción que cada línea parece respirar el amor y la fidelidad del centinela. Su ideal es unir una gran perfección religiosa con una esmerada formación científica y estilística. Auténtico formador y orientador con la palabra y con el ejemplo.

Ospina ha dicho que “los artistas, los poetas, que son almas escogidas en que se muestran en su más alto grado ciertos valores de la naturaleza humana, son los que entonan en sus obras las canciones de la alegría fogosa y disipada, la carcajada burlesca contra el recogimiento (…) la atropellada exaltación de la carne. Y ellos mismos son los que en sus obras nos cuentan las infinitas tristezas inconsolables, los terrores ocultos del alma antirreligiosa, la desilusión del placer y del vacío interior en que los objetos del amor caen en un abismo silencioso y sombrío.”

Ospina, para no perder el rumbo, le ha trazado un derrotero a su devenir estético: “un concepto especial del arte (el ser expresión directa de la vida) y un concepto especial de la vida (la concepción cristiana en sus líneas fundamentales)”.

Ospina ha sido temerario y se ha atrevido a ponerle óbices a la academia y a cuestionar el lugar que le da su sustento: “el ideal de la educación y, por tanto, de la producción artística, debe estar fuera de toda escuela. (…) la expresión de la belleza debe ser tan multiforme, inagotable y generosa como la belleza misma. La vida humana, como la naturaleza en general, no están gobernadas por reglas de ingenio, sino por leyes tan anchurosas y lúcidas como los espacios celestes. El arte debe ser el reflejo humano de esa belleza sin límites y de sus caminos maravillosos.”

No son pocos lo que han cuestionado a Ospina. Carmen María Jaramillo, en una colección de Arte, política y crítica, señala que “en sus teorías estéticas, Ospina asoció los actos morales con la producción de la belleza y los actos viciosos con la fealdad. Su rechazo al arte moderno estaba anclado en un prejuicio de que esta pintura presentaba un supuesto descuido en la técnica y, por tanto, era fea. Así la idea fuese buena, si se expresaba sin gracia se convertía en algo grosero.”

Y grosero sería continuar así, a esta altura el lector se habrá dado cuenta de que no estamos hablando de Ospina Lucas sino que por orden del terapeuta lo hemos constelado a él con el Padre Eduardo Ospina Bernal S.J. (1891-1965), que llegó a tener una alta influencia ante los Gobiernos Conservadores de su época (era primo segundo de Mariano Ospina Pérez), fue Rector de la Universidad Javeriana, y dejó una obra crítica portentosa que desde la más tierna infancia marcó al que ahora pretende recoger el legado del tío abuelo de su padre.

Pero Ospina Lucas fracasó, no hay que ir muy lejos, basta ver cómo en la primera entrada de este ejercicio de “terapia” destiló tal cantidad de bilis que solo dejo babas para la segunda y en lo que va de la tercera parece buscar congraciarse con Roca como piedra a la que aferrarse y no ahogarse en su charca de mediocridad que por cierto es larga y ancha pero tiene un centímetro de profundidad. Estamos ante un personaje profundamente superficial, un surfista de la crítica incapaz de adentrarse en los hondas profundidades del rigor intelectual, un escribidor malogrado que intenta redactar una comedia humana del arte.

A Ospina, por aquello de su ligereza, se le ve muy contento con este formato del top, no lo cuestiona, al contrario, lo reorganiza, lo re-distribuye, se auto-asigna el papel de perfeccionarlo, de pronto quiere estar el otro año en el número tres… o ¡el número uno! Eso es. Un nuevo top. El Top of Mind. En lugar de preguntar cómo se gestó este proyecto ominoso del Gran Colombiano del Arte Colombiano de La Silla Vacía, en lugar de investigar quién lo encargó, en lugar de cuestionar quién lo financió, en lugar de analizar la metodología empleada, se dedica a justificar la lista negra del arte nacional. Falsa modestia: si Ospina, al enunciar las supuestas contradicciones de La Silla Vacía pretende comprobar que este Top “se equivocó”, lo único que hace es ratificar su propia importancia (¿subvalorada?) dentro escalafón del poder. Ospina tiene tanto miedo a salir de circulación que pretende convertirse en un “crítico institucional independiente” y con un pie se ha anclado como parásito en instituciones como el Grupo Semana (con una columnita en Arcadia donde pretende ser hijo bastardo de Daniel Coronell y Daniel Samper Pizano, sin ser tan agudo como el primero ni tan hilarante como el segundo), y en la Universidad de los Andes (como profesor de planta); y con el otro pie en lugares desde donde pretende emitir un aroma de independencia pero solo logra perfumar sus fétidos adentros con un aire leve de disenso.

Ospina se posicionó a punta de echar chistes flojos en un portal web y por andar de chistosito se atribuyó el robo de una obra de arte: uno de los grabados de Goya cuando se expuso en Bogotá hasta que lo llamó la Fiscalía, le abrió un proceso y le pegó un susto: él afirmó en las indagatorias, por supuesto, “que eso era una parodia” y a cambio de no incriminarse sí firmó una declaración juramentada que incriminó a otros artistas (algún día un investigador de rigor sacará ese documento a la luz y con ello la infamia de Ospina). Y luego intentó convencernos —ni más faltaba—, que toda esa gran mentira era una obra de arte, sin duda, la nariz de Ospina ha crecido un poco más de lo que tenía por costumbre crecer.

Como si eso fuera poco, Ospina quien es uno de los más acérrimos detractores de Fernando Botero, terminó haciendo la curaduría de su obra en un prestigioso museo universitario y hasta escribiendo sendos textos elogiosos sobre el artista paisa. Y si de contradicciones se trata, o de incoherencias, o de deliberadas incoherencias (la incoherencia como clisé), tuvo el desparpajo de exponer sus propias caricaturas en una de las versiones de ArtBo y también en La Otra, la feria de la competencia, o hizo hace unos años una exposición burlándose del coleccionismo pero ahora le vende sus obras a la colección Cisneros: plata es plata o el cinismo del artista postmoderno. Ospina confunde la amoralidad con ser devoto moral de dos morales opuestas y todo esto no es más que una parodia que representa a los artistas sin brujula pero con olfato, estamos ante todo un académico uniandino, sí, pero de la escuela neoliberal mockusiana (hasta puntos le sacará a cada estupidez que dice y con ello aumentará su sueldo y subirá de escalafón en la universidad).

Ospina ha pretendido también ser crítico de arte cuando él mismo decía que aquí no hay crítica de arte, y lo peor, luego de curar a Botero, se creyó lo de curador: fue el escogido para curar una de las versiones de los Salones Regionales Zona Centro luego de que se dedicara a atacar el modelo del Salón y los salones regionales. Pero bueno, dirá el artista, “uno no patea la lonchera”, o más bien le hace pacito. Amaneció y vimos. ¿Cómo fue posible que el Ministerio de Cultura hubiera premiado una curaduría con 34 millones de pesos —en la primera fase pues el premio asciende a más— a uno de sus más cercanos colaboradores, ese que trabaja con ellos desde la Universidad de los Andes organizando el Premio Nacional de Crítica? (Sí, suena risible, dizque “el Premio Nacional de Crítica”). Si esto no es clientelismo del más bajo talante entonces que alguien nos explique qué diablos es eso. Pero bueno, basta con ver el nombre del jurado: María Angela Méndez [sic], colega uniandina de Ospina, quien fue la ganadora del anterior salón regional y curadora actual del Salón Nacional de Artistas. Los burócratas ilustrados del Ministerio de Cultura nunca dieron explicaciones al gremio de artistas por el favor que le hicieron a Ospina y no bastó saber que dicha deliberación escogió entre solo 8 propuestas y contó con la participación de otros cinco jurados a los que, se dice, Méndez cooptó.

Ospina, solo pretende seguir los pasos de dos grandes, sus tíos: Nadín y Luis. Del primero, el artista aclamado, no cabe duda de su nobleza y probidad, incluso, la foto de una de sus obras aparece en la página de portada de Los Ospina, que destaca a los que sí le hacen honor a esa estirpe. De Luis, el cineasta, ni siquiera Lucas ha intentado acercarse a la estela de su obra mayor en el séptimo arte, pero sí ha emulado sin gracia alguna el ejercicio de crítico de cine que este ejerció bajo el nombre de Norma Desmond y que causó un fuerte trastorno de personalidad en el Lucas adolescente: lo convirtió en un agente sicótico que para construir su personalidad aprendió el ejercicio de la pose de los modelos de su madre fotógrafa, y el histrionismo de su padre, un actor de la franja maldita de la televisión y que de vez en cuando sufre delirios de grandeza y se cree Bolívar.

En resumen, el Top de La Silla Vacía aquí sí que se equivocó, este medio periodístico perdió credibilidad, Ospina no es el mesías trabista que se cree ni es tan poderoso como nos quieren hacer creer, algunas mentes cándidas pensarán que es listo pero solo tiene personalidad.

Si se trata de crítica de arte hay muchas otras opciones, el problema no es que haya o no haya crítica, es que haya una sola crítica. Para aligerar el efecto Alka-Seltzer de amnesia temporal que produce la nominación de Ospina, hay que contrastarlo con decenas de otras voces que escriben sobre arte con regularidad: desde la academia (Ricardo Arcos, Jorge Peñuela), desde la verdadera independencia (Guillermo Vanegas, Guillermo Villamizar) y la prensa (Fernando Gomez, Nelly Peñaranda).

* * *

Y la terapia continua (va un perfil que me hizo un terapeuta hace ya un tiempo, todo indica que no hay mejoría):

***

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14 Opiniones sobre Terapia: Los diez más poderosos del arte nacional (Tercera sesión: curaduría y crítica)

  1. Jorge Peñuela 2013/07/06 at 9:49 am

    El Gran Colombiano del Arte Contemporáneo

    Sorprende ver cómo un artista tan sagaz como Lucas Ospina cayó en las arenas movedizas activadas por el mercado del arte local. Ospina hace parte del grupo de artistas que quedaron atrapados en la agenda que el mercado de bienes suntuarios le diseñó al Estado y a los artistas colombianos. En lugar de preguntar cómo se gestó este proyecto ominoso del Gran Colombiano del arte contemporáneo, en lugar de investigar quién lo encargó, en lugar cuestionar quién lo financió, en lugar de analizar la metodología empleada, se dedica a justificar la lista negra del arte nacional, como la denominé oportunamente en Liberatorio. La justificación que modela Ospina tiene un propósito: limpiarse un poco la cara. No obstante, con el respeto que me inspiran algunas de sus obras, esta no es la manera adecuada de quedar bien con todo el mundo. Debe elegir entre el mercado y el arte. Esta línea debe ser clara para todos y todas aquellas a las cuales llegan sus ideas.

    Otras ideas aquí

  2. Daniela Salgado 2013/07/06 at 12:14 pm

    Eso de generar listas, escoger nombres, temas etc, hace parte de la dinámica del Gran Archivo del Arte Local. Claro, en cada selección que se hace para este Gran Archivo, hay exclusión y por supuesto, Discurso de la Exclusión. El Arte Contemporáneo que se hace en Colombia vive un gran momento a nivel nacional e internacional. Los ojos del mundo están puestos en los procesos y dinámicas de sus creadores.

  3. Jalule 2013/07/07 at 11:31 am

    Hay una razón por la cual me parece bueno que siga haciendo este ejercicio.

    No solo complementa información de algunas cosas que no se conocían sino que (me parece a mí), está buscando hacer una taxonomía del proceso en general, viendo desde lo ridículo hasta lo potencialmente útil. Puede que falle, pero más allá de si “todo intento de hacer una lista es un proceso de exclusión”, es como para poner los pies en la tierra y decir “bueno, ¿por qué y cómo están hablando de los poderosos en el arte?”.

    ¿Cuál es el video con la negación a reconocer a las personas poderosas de facto en el campo estético colombiano? ¿Acaso todavía nos creemos el cuento de ser inmaculados y ascépticos al poder? ¿O vamos con el chascarrillo de ‘todo arte es paraco o guerillo funded, luego no vale la pena ver esto de cerca’?
    Y varias así.

    Más allá de pasiones e intrigas, me parece bueno que en LSV hallan empezado a hacer esto por una razón sencilla: para hacer arte, se necesita dinero, contactos, ser amigo de/patronazgo de. Para pagar infraestructura, materiales, publicaciones, otros. El dinero se desarrolla por la Ley de Oro [Golden Rule]: Whom has the gold, makes the rules. Eso afecta al Arte acá. No lo hemos visto de una forma madura que nos permita empoderarnos (caso ejemplar la Santa Fe y la promesa de one night-stand de “mañana te llamo y te tomo en cuenta” con el Palacio de las Artes y su sede) y ejercer una presión efectiva con dos palmos de sesos.

    Podemos seguir debatiendo eternamente sobre lo relevante de esto o aquello, pero el hecho de que, por primera vez en un medio virtual, se esté buscando hacer un mapeo de esos ejes de poder me parece relevante. No debe ser terreno vedado el hacerlo. Es más, qué bueno que sea imperfecto y miope el análisis, para demostrar también cómo es que se ve todo el tema desde afuera de EP y otrxs, y para que comprendamos que si no nos gusta una dinámica de desarrollo cultural en muchos casos viene de nuestra propia negación a llamar a las personas (sin preciosismos) por su nombre y su responsabilidad, comprendiendo cómo afecta eso desde afuera su análisis e integración adecuada a la visión social donde cabe el arte (que no es obligatoriamente utilitaria ¿eh?, aclaro de una vez).

    Para mí una cartografía necesaria es algo como:

    X responde a la política de Y que tiene acuerdos con Z para hacer Alfa tipo de apoyo/seguimiento estético en +1 Localidad, con estos y estos suministros en Malambó de tiempo.

    Es como lo que dijo Cata Vaughan hace mucho tiempo: ¿qué pasa con la opacidad de la junta de adquisiciones del Banco de la República?. ¿Por qué hay que bajar cabeza y decir “si señor” (como parece que le gustaría al señor Hommes) y recibir limosnas o *sentirse* que no hay derecho sino a limosnas ? ¿Por qué sin tener estas cosas tan simples básicas automáticamente muchos artistas se declaran ‘antiestablecimiento’ y satanizan (también) cualquier propuesta que salga del Distrito o del MinCultura?

    ¿Es tortuoso el proceso? Un poco. Un poco mucho.
    ¿Lucas podría hacer algo más compacto el texto o usar otros elementos para los que no les guste leer largo? Bueno, tal vez [usar .gifs, animaciones u otros videos podría ayudar, qué se yo, no demerito nada]. Pero el ejercicio creo que debe continuar… mientras se relacione con cosas que estén pasando y nos estén apretando un poco mucho los zapatos a todxs los que laboramos por estos lares.

    (De paso, la comparación con el ‘Gran Colombiano’ está un poco jalada de los pelos… hay que buscar cómo a través de negocios Don Uribe llegó a donde llegó en esa lista, el talante del señor Rupert Murdoch… guardemos algo de proporciones chicos.)

    P.d.: EP, ¿considerarían el poner un Vista Previa? Ayudaría mucho en la edición. Gracias.

  4. Jorge Peñuela 2013/07/07 at 3:00 pm

    La pedagogía totalitaria tiene dos fases. Primero se diseña el adoctrinamiento, luego se contrata la propaganda. Whom has the gold, makes the rules: That is the question. Jalule: el artista que nos interesa actualmente, es el artista que tiene el coraje de salirse del conjunto de reglas a las cuales usted hace propaganda. El artista contemporáneo rechaza toda medida de facto. Su objetivo es hacer resistencia a estas imposturas abaladas hoy por el Ministerio de Cultura. No es ingenuo que en la lista de los pensionados por el mercado de la Silla Vacía, aparezca el señor Jaime Cerón.

    • Jalule 2013/07/07 at 6:18 pm

      Aclaremos algo, Jorge (o Peñuela, no sé como dirigirme a usted, así que tomo el nombre para que se entienda que es en buen tono que digo lo siguiente): yo no estoy haciéndole propaganda a esas reglas [?]. Estoy diciendo algo que es una verdad, como la gravedad: si quiere lo pongo en términos más castizos para que no hayan desviaciones -ya que me acordé de la expresión ahora-… “el que tiene plata, marranea”. ¿Esto pasa, o no pasa?
      Si sí pasa, creo que es importante el ver entonces cómo surge y hacia dónde va todo ello.
      Eso me parece más importante que otra cosa ahora… porque no ceso de oír sobre un boom de arte y de una escena local en desarrollo pero veo miedo y timidez a ser autoreflexivos con lo que la sostiene e impulsa o condiciona su desarrollo. Y si eso es así, cuando cese el influjo de capital (venga de donde venga) y el cuarto de hora mediático, el golpe va a hacer que nos rompamos los dientes por cosas equivocadas.

      ¿No suena eso como ser complacientes con ser miserables?

      Sobre lo del artista… si este rechaza las medidas de facto pero le parece lindo y tierno el no hacer los rastreos de dónde vienen los insumos, los dineros, los aportes, en qué tiempos y cruzados con qué políticas, si se queda sentado rascándose la panza y justificando inercias o rechazando ello porque no hay nada que hacer, realmente no sé qué tanto pueda desarrollar su potencial, qué tanto se está metiendo un tiro en el pie. Para mí el que no sea ignorada es a lo que quiero apuntar: desear que la usen para cosas inteligentes y de construcción es mi también parte de ese deseo, pero no me ciega a la Nada que pueda pasar.

      Ahora, no solo MinCultura imposta posturas. Los galeristas lo hacen, los museos, los profesores, los mismos colectivos lo hacen… no es algo tan focalizado en un Ministerio a mi modo de ver.

      Y más bien lo dejo con una pregunta, ¿a qué se refiere con lo de Jaime Cerón? Me gustaría, si puede, que lo ampliara. Temo que no comprendo bien eso en relación con la lista.

  5. Jorge Peñuela 2013/07/07 at 9:00 pm

    “El que tiene plata ‘se marranea’ a los artistas ingenuos”

    Ofrezco disculpas por el lapsus calami anterior: perfectamente podría haber dicho “abalar”; pero en este contexto con justeza se trata de “avalar”. En el texto Los juegos del poder del arte colombiano, se habla acerca de las alianzas estratégicas que la “mano invisible” establece para el “floreciente” mercado del arte colombiano. La lista negra que coarta la libertad de expresión de los/las artistas colombianas es completa: hay representantes de los compradores, de los comisionistas, de los artistas, de los museos y del Estado. Por fortuna, la academia no hace parte de este entuerto mercantil. Con respecto al señor Cerón, sólo indico que tanto él como la ministra bien pueden ser unas fichas claves del mercado enquistadas en el Estado.

    Ahora, ¿por qué de un momento a otro en esta administración nacional se comenzó a hablar de un “florecimiento” del mercado? Ojalá aquello que floreciera en Colombia fuera las artes, es decir, las esperanzas de igualdad y libertad de todos y todas las colombianas. Catatumbo arde. ¿Por qué se nos obliga a repetir esta consiga? No es más verdadero decir que de facto en Colombia, el mercado se tomó las artes. Como aconteció en la Edad Media, ¿no será que El Mercado requiere de poetas y artistas para evangelizar a los profanos?

    Hasta hoy, se sabía que el dinero no es garantía de arte. Al parecer, a partir de este “florecimiento” que canta el mercado de bienes suntuarios, en Colombia operará una Revolución Copernicana, como suelen decir los filósofos. A partir de ahora, no es el artista el que hace de “lo real” una obra de arte. Como el Midas de la mitología, desde hoy es el dinero el que tiene estas potencialidades. El artista ya no sale al encuentro de la vida o de las comunidades marginadas. Ahora el artista debe buscar su ser, su alma en el mercado. En el régimen del arte global, el gerente de artes desplaza al artista, al historiador, al crítico de arte y al curador, todos ellos son cosas del pasado. El gerente de artes es la mano invisible que administra las ilusiones de los artistas. Así es como entiendo la expresión coloquial de Jalule “el que tiene plata ‘se marranea’ a los artistas ingenuos”. Por estas razones, el texto de Lucas Ospina es extemporáneo, quizá esa sea la riqueza plástica que algunos vemos en él. Pero, en mi opinión, es necesario que Esfera Publica cambie de agenda. Otros ya lo hemos hecho. Ospina tiene una buena experiencia para hacer obra autónoma.

  6. Víctor Albarracin 2013/07/07 at 11:29 pm

    Jorge, ¿no es usted profesor de esa academia de la que se gradúan excelentes artistas –mucho más talentosos y arriesgados que muchos de esos otros que están cooptando el mercado actual– pero que terminan atendiendo papelerías y call centers, trabajando en trabajos de mierda y sintiéndose menos que nada por cuenta de ese argumento pacato que allá les han metido en la cabeza, de que el mercado es el demonio? Sí, lucha de clases, marcar la frontera, pedir lo imposible… todos esos lemitas, pero en función de hacerse con los contactos, con los compradores, con los medios… Como decía Mao, “salvo el poder, todo es ilusión”, y es difícil hacerse al poder si no se puede acceder a un poquito de esa tranquilidad que da el poder sacarse legítimamente una tajada de las ventas del pastel. Créame que su revolución no se va a hacer con maná que le cae del cielo a los artistas que no tienen papá y mamá que los financie y, desafortunadamente, no hay plazas de profesor de planta (las únicas que pagan dignamente) en las facultades de arte colombianas, para que todos esos jóvenes artistas puedan dedicarse a renegar del mercado en la seguridad que otorgan las dignidades académicas subsidiadas. En ese sentido, bienvenida la revisión de Lucas al listado, así sea para que esos recién graduados de no buena familia reconozcan en la foto las caras y los milagros de sus futuros amiguis y enemiguis.

  7. Apuntes críticos 2013/07/08 at 5:09 am

    Es lo más sensato que le he escuchado a Victor Albarracín en años.

  8. Jorge Peñuela 2013/07/08 at 8:33 am

    Los héroes en Colombia sí existen

    Víctor Albarracín propicia un desvío prolífico y cambia la agenda trazada por la Silla Vacía a los artistas colombianos. Se trata de la educación de la juventud colombiana. No es poca cosa. En la actualidad, éste sí es un tema relevante para los artistas colombianos. No obstante, de buena fe, Víctor olvida mencionar en este foro el contexto en el cual en las universidad públicas se escenifica la controversia de la globalización de la pobreza y de la indiferencia de los mercados y las mercancías respecto a los seres humanos. Quizá debido a que no participó en estas gestas contemporáneas de los artistas universitarios en Colombia, Víctor olvida que hace dos años cientos de miles de estudiantes tuvieron el coraje de salir a las calles bogotanas para atajar la privatización de las universidades públicas colombianas, para salvarlas de los señores del mercado humano.

    La prevención de la universidad pública en contra del mercado, no es el capricho esteticista de una facultad de artes talentosa. Víctor: me atrevo a afirmar que las ideas de la MANE no son “lemitas”. En el contexto de pobreza en el cual se estudia en la universidad pública colombiana, los estudiantes exigen la implementación de leyes que garanticen igualdad a los jóvenes para acceder dignamente a la educación superior. El estado neoliberal no quiere esta igualdad. Pero la juventud colombiana no quiere seguir pagando los platos rotos en la guerra para salvar el interés privado de los mercados locales.

    Víctor también olvida mencionar, que este semestre la MANE entrará nuevamente en acción para defender la educación pública de los señores del mercado. También olvida que las políticas económicas del Estado neoliberal para las universidades públicas colombianas, también afecta a las universidades privadas. También incurre en otros olvidos que no es necesario mencionar en este contexto. Víctor: los héroes en Colombia sí existen. Pero a pesar de la intensidad de su expresión, usted no los comprende.

    http://www.youtube.com/watch?v=LCk5jehG5IQ&feature=c4-overview&playnext=1&list=TLsNw3WExhg14

  9. Jalule 2013/07/08 at 7:46 pm

    Jorge, ud. completa la expresión con sus propias palabras. Yo no me fuí por ahí.

    Yo dije a secas esto: “El que tiene plata, marranea.”

    Artistas ingenuos o no, profesionales o no, revolucionarios o no, esa es una verdad de a puño que trasciende.
    De ahí hacia adelante va lo de LSV y su lista, como lo veo. Su comentario sobre Midas toma por otro lado lo que estoy diciendo: yo veo que cuando uno comprende de dónde sale el dinero de lo que se hace, se comprende hacia dónde se va y cómo cambiar el flujo de colisión o coronar la etapa.
    Así que eso no es de hoy, no hay un “nuevo Midas”.

    Por otra parte, ¿que las academias no tienen que ver con ello? Lo siento, difiero y largo. Si empezamos a hablar de ello podríamos empezar a señalar una y dejar a otra por fuera… y los acuerdos tácitos para contratar a personas de ciertas universidades y no de otras es una tradición muy fuerte, no nos mintamos. Están conectadas, ¡qué bueno que se lo tomaran en serio y abrazaran realmente el trabajo de otros establecimientos, incluyendo los tecnológicos! ¿Cómo van con eso?
    ¿Existe?

    De paso… yo no le escuché a UNA persona de la MANE observaciones *concretas* sobre el trabajo a realizarse acerca del a(A)rte en Bogotá (no hablemos del país… o de Colombia… que había cada ombliguismo muy nachocentrista, mestizo y rolo, ¿sí?). Y estuve en marcha y reunión, FYI.
    Hablaban, sí, sobre la responsabilidad histórica del artista con el país y de sus déficits, etc etc etc… pero de ahí a tener otro tipo de planteamiento, no tan obsesionado con palabras de cuna académica, sino algo más sencillas pero tal vez más efectivas, que propusieran rutas de acción, de recolección, de reciclaje de materiales para concientización en los talleres… pues no, no que yo recuerde se tocó eso. No a la fecha ha estado publicado algo sobre el tema, que conozca.
    Y de ello me llegó algo claro: el análisis sesudo termina en DEBATIENDO FOREVER.

    Bueno, por hoy ya fuí un pony más relinchando en un establo.
    Ahora, a laburar. 🙂

    P.d.: Tema aparte, pero me parece relevante.
    Algo que hace falta es que nos tomemos más en serio empezar a reciclar y con eso buscar brindarle objetos bellos (bellamente perturbadores o bellos en un sentido Clásico) a las demás personas laburante… porque, ¡cómo consumimos los artistas, pero qué poco nos hacemos responsable de asumir los desechos de talleres, maestrías y laboratorios!
    Eso sería un cambio bonito.

  10. víctor albarracín 2013/07/09 at 12:32 am

    Jorge, yo no estoy hablando de la MANE, ni de la causa estudiantil a la que respeto y sigo. Frente a ese tema, estoy de acuerdo con usted.

    Pero hasta donde veníamos discutiendo, el tema era otro: la postura profesoral-institucional que de una manera torpe priva a los estudiantes de las herramientas básicas para sobrevivir y sobresalir en una ideología de mercado.

    Parecería que en su postura inicial, usted se siente asqueado por la participación de los artistas en el mercado, como si el dinero proveniente de la venta de arte estuviera especialmente más sucio que el que proviene, digamos (con perdón y sin ánimo de ofender), de actividades como la enseñanza profesional en arte.

    El problema con el dinero, con el mercado, con el poder, no es moral como usted quiere hacerlo ver, sino estratégico. Y para mí es obvio que en el top 10 de los poderosos, el conteo plantea una necesidad obvia de generar estrategias y reposicionamientos. Si no hay estrategia, es porque no se siente la necesidad y, claro, pocas necesidades de emerger se sienten al contemplar el panorama desde la cima del escalafón docente.

    En tanto el capitalismo cognitivo no logre imponer algún tipo de renta básica existencial, toda actividad económica, incluidas la del artista arribista vendido, la del estudiante proletario desposeído y la del profesor sindicalizado y ardido, son igualmente inmundas y están igualmente untadas de abyección.

    Lo importante no es la transacción monetaria en sí, sino en qué se usan sus dividendos… para el caso, recuerde las célebres relaciones de los situacionistas con el tráfico de drogas…

    En fin, estábamos hablando del top 10 del arte colombiano, y este rodeo ridículo ya me sabe muy mal. Cambio y fuera.

  11. Jorge Peñuela 2013/07/09 at 3:18 pm

    Los héroes en Colombia si existen. Segunda parte

    El problema que Víctor Albarración tiene interés en visibilizar no se puede abordar de manera aislada. Inconscientemente, Víctor reproduce un paradigma pedagógico decimonónico: los estudiantes son menores de edad que dependen de sus pofesores. Si los profesores no dicen a “sus” estudiantes qué es lo bueno y cómo evitar lo malo, los estudiantes fracasan en su vida profesional. Este paternalismo es un régimen pedagógico obsoleto. El activismo de la MANE refuta la minoría de edad que se atribuye a los estudiantes. Maestros y estudiantes se encuentran unos a los otros en el mismo plano de igualdad. En las pedagogías contemporáneas, los estudiantes son pares de sus maestros. Las movilizaciones estudiantiles de hace dos años se caracterizaron especialmente porque los estudiantes le mostraron a los profesores que el modelo liberal de mercado libre aplicado a la educación estatal, acabaría con las ilusiones de miles de jóvenes de entrar a la educación superior.

    No veo la razón para no reconocer la relación existente entre la querella de la MANE, la fiesta colombiana por el “florecimiento” del mercado del arte y la indignación por la pauperación de los profesores universitarios de arte. Los tres fenómenos se explican mejor si se les relaciona con la ideología del mercado libre de regulaciones estatales. El imperativo es el siguiente: los particulares, los intereses privados de una minoría, son los que impulsan y “regulan” el progreso de los pueblos. En mi opinión, son los jovenes universitarios quienes mejor comprenden la emergencia humanitaria en la cual vivimos. El Catatumbo está en llamas. No se trata sólo de la indigencia económica de artistas talentosos que no logran ingresar al star system del mercado. El oprobio social y humanitario generado por el “florecimiento” de los mercados, es más general. A veces, la herida propia nos impide apreciar la catástrofe mundial.

    Víctor tiene razón cuando afirma que hablar de oprobio humanitario es asumir una posición moral. Sin duda, describir la actualidad en términos de oprobio y catástrofe, es asumir una posicióm moral. Cada uno a su manera, tanto Víctor como quien esto escribe, estamos en la fase moral, entendiendo por tal un momento de indignación, un momento extático. Como la mayoría de los artistas que agarran pueblo, víctimas y columbarios, los dos nos solazamos en la indignación y no nos atrevemos a ir más lejos. A este respecto, el movimiento estudiantil tiene lecciones que enseñarle a sus maestros. Quedarse en la fase de la indignación sólo beneficia a los coleccionistas de arte. Dicho en otras palabras: la indignación sublime de los artistas contribuye al oprobio que estos últimos pretenden denunciar. La MANE le enseña a sus maestros dos actitudes. En primer lugar, les muestra que no basta con manifestar desde los claustros académicos una indignación aristocrática. En segundo lugar, evidencia que es necesario pasar a la acción e incursionar en la política cuando el orden social pone en peligro las libertades. La MANE muestra la necesidad de suspender las certezas de la vida académica e invita a arrojarse a la incertidumbre de las luchas políticas. Controvierte en las calles bogotanas el régimen económico que pretende hacer de la educación de las colombianas y los colombianos, un negocio lucrativo a costa de profesionales mal remunerados y en contextos de aprendizaje deprimentes. Respecto al “florecimiento” del mercado del arte, los artistas contemporáneos optan por otra altervativa. En lugar de controvertir las pretensiones de los señores del mercado de arrogarse el derecho a reformular las reglas del arte, los artistas organizan un fiesta para presentar sus respetos a la nueva realeza. No del todo nueva. No comparto este oportunismo estético. Propongo una resistencia artística para que los artistas recuperen su autonomía creativa.

    Víctor señala una verdad incontrovertible. Las facultades de arte de las universidades públicas no tienen voluntad de actualidad. Por ello mismo, son responsables de no haber generado políticas que neutralicen la injerencia del mercado y los intereses privados en las políticas culturales del Estado. Estas facultades no defienden los talentos que se pulen en sus programas. A las facultades de arte de las universidades públicas, les falta mayor liderazgo local y nacional. En asuntos culturales, deben reclamar al Estado unas políticas que beneficien no sólo al sector privado. Deben exigirle al Estado ser reconocidas como su interlocutor natural. Deben diseñar políticas para que los diversos talentos de sus egresados no se pierdan una vez los graduandos dejan la universidad, por falta de “conexiones”. A este respecto, Víctor tiene toda la razón. No obstante, el debilamiento del Ministerio de Cultura es tal que, Colciencias es quien avala la calidad de muchos trabajos artísticos, en especial los escritos sobre arte. El ministerio de cultura no tiene credibilidad ni metodologías de evaluación adecuadas al campo del arte. Colciencias lo tiene comiendo en la mano. Actualmente, el artista contemporáneo debe simular ser un investigador, un científico social.

    Volvamos al texto de Lucas Ospina. Con honestidad tejida con sorna, el artista recuerda cómo fue su paso de la crítica de arte, a la curaduría. Entre líneas, menciona la querella de Ricardo Arcos, a propósito de su designación como uno de los curadores del último Salón Regional de Artistas. Para Arcos, era claro que en este proceso se había puesto en marcha el mecanismo de la cooptación artística que denuncia Víctor. Quizá no se puso en marcha. Quizá ya venía de tiempo atrás y en para este Salón sólo de reforzó esta tradición. Arcos planteó su querella públicamente, pero el Ministerio de Cultura, prefirió mirar hacia otro lado. Nadie dijo nada. Si siquiera el mismo Arcos persistió en su inquietud. Sin embargo, a diferencia de la queja de Víctor respecto a la cooptación artística, Ospina es un artista de talento que se vio perjudicado moralmente por la ausencia de reglas claras al respecto. Cuando los jurados tienen impedimientos éticos para tomar una decisión, es deber del Estado no minimizarlos ni eludir su responsabilidad administrativa. Al contrario, deben vigilar con celo que haya lugar a la menor suspicacia.

    Para terminar, ¿cómo puede el artista contemporáneo sobrevivir por fuera del star system criollo? Como propone Jalule: creando solidaridades no especulativas. Desplegando otras estrategias de circulación para sus productos. Víctor: yo no digo que vender sea malo. Afirmo que la especulación del “floreciente” mercado del arte, está acabando con los artistas talentosos que le preocupan a usted. Personas comunes y corrientes como usted y yo, sabemos que sólo podemos aspirar a intercambiar productos artísticos. Amantes como somos del arte, ni usted ni yo podemos comprar el arte que quisiéramos. Por su lado, el público en general considera que comprar arte es un juego para millonarios. En este sentido, el arte niega la igualdad que debe promover. No merece nuestro interés. Con apoyo del Estado, los artistas que tienen la fortuna de estar por fuera del star system, pueden persuadir a los y las colombianas de que el arte no es un juego de millonarios y que cualquier profesional con trabajo puede aspirar a tener arte en su casa. En Colombia, no sólo los artistas tienen dificultades para sobrevivir dignamente en la era de la globalización de las mercancías.

    Agradezco a Lucas, a Víctor y a Jalule, su generosidad en este intercambio de ideas.

  12. Ricardo Arcos-Palma 2013/07/11 at 8:18 pm

    Tanto uno invoca al diablo que termina apareciendo. Bueno pues aquí estoy fugazmente. Me permito aportarle a sus reflexiones estimado Jorge Peñuela, algo que ya en su momento Pablo Batelli había señalado pero que hasta ahora está apenas insinuado: Batelli decía en su momento respecto a un texto de Lucas Ospina titulado Mockus Artista:

    “En la transcripción de la conferencia que diera para justificar su obra y su proyecto exodemocrático, acompañado siempre con la narración en off de la figura poderosa de Lucas Ospina, puede verse cómo Mockus comienza por introducirnos a la violencia mexicana asociada a las drogas exponiendo el caso de extrema violencia de Ciudad Juárez, para pasar, inmediatamente después, a proponer a Hyundai como modelo exitoso de compañía que ha surgido con el método “creativo” de someterse a crisis (auto)inducidas.

    Y todo ello, para decir que él también, habiendo aceptado la invitación de Kassel, tal como lo había hecho Hyundai en su momento con el montaje contra reloj de sus plantas de carros, se había puesto en situación de inducirse a si mismo una crisis, obligado a producir una obra de “gran impacto político”.

    De cualquier manera, no deja de ser un indicativo de las extrañas formas de asociación que dominan su discurso, en donde el hacer del artista y la búsqueda del conocimiento son mirados desde la óptica de la eficiencia y méritos (ahora más inicertos que nunca) de producción de la sociedad industrial.”

    En efecto es Antanas Mockus quien encarna la ecuación: educación-arte-política. Y sobre esto Lucas Ospina sabe mucho.

    Hay algunas elucubraciones que condenso en el siguiente vistazo crítico donde se puede ver la relevancia de Antanas Mockus en el panorama cultural y político en las últimas dos décadas en Colombia a tal punto que ha servido de inspiración a más de un político y a más de un artista: http://criticosvistazos.blogspot.com/2013/07/vistazo-critico-116-mockus-artista-o.html

  13. Jorge Peñuela 2013/07/12 at 9:38 am

    La Quinta pata de la Silla

    El Vistazo de Ricardo Arcos evidencia no sólo el fracaso de Mockus como artista y como político. También muestra el fracaso del arte contemporáneo como arte, como ilusión, como esperanza de un orden igualitario. Con creces, Arcos también diagnóstica la relación entre arte, mentira, propaganda y política de mercados, a saber, la enfermedad del arte contemporáneo colombiano. Estos cruces determinan aquello que se denomina el poder de gobernar Colombia. Felizmente, arte y política se reconcilian en la propaganda. No es extraño que el arte ya no merezca el respeto de muchos artistas importantes. El arte por venir que realizan los artistas que hacen una resistencia activa, vuelve a la búsqueda del arte como verdad.