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El boom de Avelina Lésper

Los textos que se han publicado en esferapublica en torno a Avelina Lésper han suscitado especial interés y un alto número de lecturas. Por ejemplo, La Soledad de Avelina Lésper, publicado por Dario Ortíz en mayo de 2016, alcanzó en su momento cerca de treinta mil consultas. La semana pasada, alguien lo compartió nuevamente y tuvo treinta mil lecturas en un lapso de cuatro días, la mayoría de ellas en Ciudad de México. Por otra parte, el texto Contra el performance, de Avelina Lésper, está cerca de las cien mil lecturas y tiene un promedio diario de doscientas consultas.

Es sintomático que varios de los más consultados sean aquellos textos que critican al arte contemporáneo y sus prácticas: además de las críticas de Lésper sobre el fraude del arte contemporáneo, se han dado casos similares como La Enseñanza del arte como fraude de Luis Camnitzer (186.000 lecturas) y La incesante repetición del gesto (los 10 gestos y elementos formales más utilizados en el arte de acción) de Ursula Ochoa (116.000 lecturas).

Para abordar algunos aspectos de este fenómeno presentamos a continuación una entrevista artista Dario Ortíz, autor de La Soledad de Avelina Lésper.

“No to Contemporary Art”, Patrick Guns. (2005-2015)

[esferapública] ¿Crees que la relevancia de las propuestas de Avelina Lésper son meramente mediáticas y pasajeras? (¿Perdurarán sus cuestionamientos? ¿Son cooptados por la franquicia del arte contemporáneo?)

Dario Ortíz, artista: Avelina es una escritora prolífica que ha opinado muchas cosas sobre muchos temas, así que es imposible estar de acuerdo con todos sus argumentos o negarlos todos a rajatabla. En lo personal creo que el arte es el ejemplo perfecto del devenir que enunciaban los presocráticos: nunca te bañas dos veces en el mismo río. Lo que me hace pensar que los cuestionamientos de Avelina son principalmente válidos en el aquí y en el ahora. Quizás eran impensables hace cincuenta años y no sabemos si en cincuenta más lo serán de nuevo.  Pero ella considera que sus interrogantes sobre el arte contemporáneo, si son certeros, tienen que perdurar como perduran las obras, una posición filosófica válida de que la pregunta sobrevive a la respuesta. Sobre ella y sus ideas insisto en lo que escribí en La soledad de Avelina Lésper: lo más importante no es lo que dice punto a punto sino lo que representa. Ella se ha convertido en un referente fundamental en las críticas al mundo del Arte Contemporáneo Latinoamericano, así la pretendan descalificar llamándola ignorante e ingenua una y otra vez. Incluso sus opiniones han trascendido el castellano y encontramos escritores franceses, alemanes o británicos opinando sobre ellas. Sin embargo, contrario a lo que muchos creen, no es una sola voz contra el mundo, ni las tesis que defiende son defendidas únicamente por ella. Quienes así lo creen es porque practican el onanismo de consentirse ellos mismos, ajenos al mundo exterior.

Varios de los argumentos de Avelina se encuentran en su texto El Arte Contemporáneo: un dogma incuestionable, publicado como libro por la Fundación Malpensante en 2016 pero que pertenecen a una conferencia magistral que dio en el  2012 y en su popular texto Contra el Performance publicado un año después.  En realidad, las ideas contenidas en esas dos publicaciones las venía desarrollando la autora en muchos de sus artículos publicados en su blog desde el 2008 y en otros blogs desde unos años antes.  Varios argumentos de esos escritos han sido desarrollados posteriormente por ella en artículos y conferencias más recientes.

El sólo título de su libro es una afirmación que causa llaga pero que inevitablemente para muchos encierra una verdad: el arte contemporáneo ha sido impuesto como dogma incuestionable. Basta leer las críticas insultantes a quien critica el arte contemporáneo para saber cuán cierta puede llegar a ser esa afirmación. Para mí es paradójico y hasta sospechoso que  todos brinquen y se rasguen las vestiduras con esa simple frase, pero guarden silencio ante  el hecho que Duchamp, pilar del arte contemporáneo, no fue R. Mutt sino que robó su famoso orinal de otro artista; que la CIA inventó el expresionismo abstracto; que Rockefeller utilizara el Moma de Nueva York para sus fines políticos; que desde la OEA Gómez Sicre haya creado el canon del arte latinoamericano y que el Museo de Arte Moderno de Sao Pablo y su Bienal se hubieran prestado para ese fin, entre muchas otras cosas. Que Marta Traba, por ejemplo, haya publicado la mayoría de sus libros con dinero de la OEA y que en Los cuatro monstruos cardinales se atreva a comparar a Cuevas con tres artistas muy famosos mundialmente en su momento y treinta años mayores que el mexicano como De Kooning, Bacon y Dubuffet  es más un acto de mercenarismo que un arrebato de audacia crítica.

El arte, el de hoy y el de ayer, esta lleno de mercenarios que lo que hacen es defender su cuchara, no sus ideas (porque esas las venden al mejor postor).  Han saboteado la interpretación de la historia del arte para fines personales y políticos, como sostiene Roger Kimball en su libro de 2011 La profanación del arte, que desnuda la falsa construcción de la historia y su interpretación de las obras en unos casos concretos, labor en la que están trabajando también muchos otros escritores alrededor del mundo cuyos descubrimientos o visiones son puestos en circulación en América Latina  por Blogs como los de Avelina.

El arte del siglo XX en buena parte es producto de un acto de colonialismo cultural, fue completamente cooptado por la política ideológica norteamericana que, durante la guerra fría, lo creó o quizá compró con dinero, publicidad e inteligencia. Eso hoy es historia sabida y descrita por los mismos historiadores anglosajones (no por mamertos sudacas expertos en teorías de conspiración).  Algo que va muchos más allá del Canon del arte latinoamericano como lo demuestra el experto en el tema Hugh Wilford, quien en su reciente libro America’s Great Game: The CIA’s Secret Arabists and the Shaping of the Modern Middle East muestra como los tentáculos de la CIA también llegaron a crear el Canon del arte del medio oriente y a sus principales exponentes.

Pero en la actualidad pocos latinoamericanos se preguntan si eso sigue pasando. Sin embargo, basta pararse en el mapa de América del Sur en el año 2007 para verla teñida de rojo, con gobiernos de derecha solamente en Colombia, Perú y las poco influyentes Guyanas, para pensar que es posible que algo similar esté sucediendo. Justamente en ese año, en Colombia, quien acababa de ser secretario de la OEA por diez años, César Gaviria, abre una galería para apoyar artistas jóvenes desconocidos, es el mismo año en que Doris Salcedo expone en la Tate Modern y el mismo momento en que Daros, Cisneros y otras grandes colecciones internacionales comienzan a comprar Arte Colombiano Contemporáneo joven, político y light, aún cuando todos sabemos que la mejor producción contemporánea de arte político en Colombia fue décadas atrás con artistas que sí estaban asumiendo riesgos. Pocos años después la hija de Gaviria dirige la Feria Internacional de Arte de Bogotá, Artbo, y expulsan del evento toda la pintura que pueden y le cierran sus puertas a las galerías que no encajaban con el patrón estético propuesto, forzando con ello una visión particular del arte colombiano.

El Suizo Daros abre un mega museo en Brasil durante los gobiernos de izquierda y, cuando cayeron dichos gobiernos, cierra, como si nada, perdiendo aparentemente muchos millones de dólares. Patricia Phelps de Cisneros (su esposo, Gustavo Cisneros, magnate de medios de comunicación, es un exiliado cubano que hizo fortuna en Venezuela y que apoya directamente  el anticastrismo) no sólo es parte del MoMA de Nueva York sino que acaba de donarle una suculenta colección de arte latinoamericano que así, queda validado y entronizado con el aura y toda la construcción onírica del colectivo de la que hablaba Walter Benjamín.  ¿No hay nada que opinar al respecto? ¿Están todos ellos apoyando el arte impolutamente o haciendo política y comprando conciencias? ¿Hay es que ofenderse con Avelina Lesper porque dice que muchas de las obras que  compran Gaviria, Cisneros y Daros son basura? Todo eso si que es un dogma incuestionable!

Una buena cantidad de filósofos, sociólogos y economistas del mundo entero actualmente afirman que el arte contemporáneo es simplemente un subproducto del neoliberalismo, un ejemplo del capitalismo salvaje y de las tácticas de poder y sabotaje que lo construyen. Es claro que los teóricos del arte, que maman de esa teta, se niegan a aceptar dichas sentencias, y mucho menos lo aceptan quienes se han enriquecido o quienes aspiran a enriquecerse antes de que termine la fiesta.  Un filósofo joven como el austriaco Armen Avanessian inclusive sostiene que el arte contemporáneo se acabó y que hay que hablar de lo post-contemporáneo.

Pero no es que Avelina se haya dado cuenta de que algo andaba mal y entonces hay que callar a Avelina para solucionar el problema. Las criticas a la franquicia “Arte Contemporáneo” vienen de todos lados. Puedo mencionar rápidamente algunas fuerzas críticas que incluso se han organizado en grupos o movimientos como el Stuckismo o el Art Hate, además de críticos como el australiano Robert Hughes o los artistas Pablo Helguera, Aude de Kerros o el documentalista Pablo Jato

Hace unos meses el prestigioso English Oxford Dictionary incluyó el término “Stuckism”, tras casi 20 años de haber sido creado por los pintores británicos Charles Thomson y Billy Childish. El Stuckismo hoy en día tiene afiliados más de 230 grupos en 52 países y su manifiesto de 20 puntos es una oposición clara al arte conceptual en todas sus formas. Aseveran que el arte que necesita estar en una galería para ser arte no lo es.  Se declaran anti-anti-art y pregonan un movimiento internacional por un arte figurativo contemporáneo con ideas en oposición al Ego-art como definen al artista contemporáneo. Muchos de los grupos que lo conforman tienen a su vez manifiestos y escritos que cuestionan las obras y los procesos del arte contemporáneo pudiendo afirmar sin pena, por ejemplo, que un tiburón muerto solo es un tiburón muerto o que la mierda enlatada es solamente eso: mierda enlatada.

“No to Contemporary Art”, Patrick Guns. (2005-2015)

Es precisamente en algunos de los blogs adscritos al Stuckismo que se comenzaron a leer las opiniones de Avelina Lésper antes de tener su propio blog y su columna en el diario Milenio.

En Inglaterra surgió también el Art Hate hace una década que busca terminar con la emoción manipulada y destruir, porque no es crítico, el mercado homogéneo de la cultura, junto al  aburrido populismo del que se nutre. En algunos de sus carteles ahorcando una esvástica  pretenden promover una resistencia contra el fascismo cultural, dominado por los burócratas del arte.

La posición de Robert Hughes es muy conocida. En las páginas de la revista Time, durante décadas, le dio palo al arte contemporáneo que surgió desde los ochenta. Casualmente falleció el mismo 2012 en que Avelina escribe su famoso texto. Hughes es uno de los creadores del mito de Lucien Freud y es de los defensores de Frank Auerbach y de lo que se llamó la nueva pintura británica. En su documental La maldición de la Mona Lisa, por ejemplo, arremete contra la especulación del arte y sus protagonistas poniendo en evidencia la pobreza de criterio de compradores como Robert Scull, que ha inflado a Rauschemberg, o el colombiano Mugravi que tiene inflado a Warhol y que lo admite sin ruborizarse. Ese documental es del mismo año y tema del famoso documental de Ben Lewis sobre la burbuja del arte contemporáneo.

El caso de Pablo Helguera, artista mexicano radicado en Nueva York es muy interesante. En el 2007 publica su libro Manual of contemporary art style, una deliciosa pieza de humor y sátira a la que le siguieron varios volúmenes de caricaturas bajo el título de Artoons. Acaba con toda la escena del arte contemporáneo desde su puesto preferencial de observación del Moma donde trabaja, desnudando todas las verdades ridículas que muchos miran con tanto respeto y aunque no deja títere con cabeza entre curadores, coleccionistas, artistas y directores de museos, lo hace sin negar el momento presente del proceso artístico, algo que el mismo Helguera le critica a Lesper en una famosa carta pública.

Podría continuar enumerando ejemplos de otros Lespers, como Aude de Kerros que aunque lleva veinte años con ese tema recientemente publicó L’Imposture de l’Art contemporain – Une utopie financière, pero creo que con esos basta para entender que no es nada nuevo, ni nada único. La diferencia con Avelina es que no está en Estados Unidos, ni en Europa, sino en Latinoamérica,  y que se los dice aquí, en la cara y en castellano una y otra vez en cientos de textos que no están llenos de barroquismos verbales ni imposibles invenciones gramaticales. Y a diferencia de autores como Helguera o Carlos Yuste, el venezolano autor de Instrucciones para convertirse en un artista postmoderno, o la película de Bansky Exit Through the gift shop que se burla del mercado del arte, Avelina lo hace sin humor pero con ironía y con rudas afirmaciones que no dejan lugar a dudas de su posición porque ella no se va por las ramas, ni deja espacio para excepciones. Ataca sin piedad lo que llama la farsa del arte contemporáneo y el arte VIP (su famosa abreviatura personal de Video, Instalación, Performance) a través de sus escritos y en una suerte de conferencias-performances en vivo que invariablemente levantan polémica donde los hace.

Parte de la polémica es porque afirma que eso que llaman arte no es arte. Pero lo mismo sostiene Ben Lewis en el debate en la galería Saatchi de Londres o el ensayista Marc Fumaroli que escribe que el Arte Contemporáneo no debía ser considerado arte. Algunos autores dedicados al estudio y promoción del arte contemporáneo incluso aseguran que precisamente el problema con el público es que lo juzga como arte cuando precisamente no lo es.  Y en esa babel de conceptos hay quienes demuestran cómo parte del pensamiento contemporáneo ha sido sostenido por un lenguaje rebuscado, pretensioso y errado, afirmación que pusieron sobre la mesa Sokal y Bricmont al analizar las palabras de varios de los pensadores que sostienen el andamiaje posmoderno en su libro Imposturas Intelectuales. Y no es que todos los que nieguen que eso es arte confundan identidad (ontología) con valor (axiología) como afirma la socióloga francesa Nathalie Heinich o que la basura así sea basura sigue siendo arte, sino que, como lo muestra Pablo Jato en su documental El Espejo del Arte, ni siquiera los más conspicuos detentadores del Arte Contemporáneo pueden definir qué es o que no es arte y ante la simple pregunta de qué es arte quedan en completo ridículo al responder únicamente con risas y babosadas.

El documental de Jato por cierto fue rechazado de varios festivales y su presentación saboteada desde muchos frentes como ha denunciado el mismo autor.

Así que creer que el problema es la crítica mexicana o que todos los que disienten del tema simplemente tienen un pensamiento moderno o no han entendido la diferencia entre arte moderno y arte contemporáneo puede ser una posición pretensiosa o ingenua, además de ser una falacia argumentativa.

[esferapública] ¿Detrás de los ataques de Lesper no hay una defensa de la pintura y los oficios tradicionales que monopolizaban el mundo del arte antes de la llegada del arte contemporáneo? (¿Si no es así que aportes o cambios proponen sus argumentos?, ¿es una lucha entre dos fuerzas del mercado del arte?)

Dario Ortíz Quizá lo que más parece temer ahora la parte menos preparada del establecimiento es el retorno de la hegemonía de la pintura y el monopolio del oficio, como dices, pero eso no va a pasar nunca. Y no porque no lo vayan a permitir los millones de personas que han hecho carrera sin talento o habilidad manual, o quienes especulan con el vacío y se cubren de dólares. Es claramente imposible, además de absurdo y tremendamente aburrido, pensar siquiera regresar a la lánguida escena de comienzos del siglo XIX, existiendo los nuevos medios y las nuevas dinámicas de comunicación. El Arte se mueve y cambia siempre en medio de sus críticas y contradicciones. Lo que sucede hoy es que hasta buena parte de la escena contemporánea entiende que se hace necesario dar un paso que ponga prudente distancia del establecimiento y el dinero para la construcción de un nuevo momento histórico. Hay serios indicios que permiten pensar que el arte va más hacia la construcción de nuevas prácticas sociales que hacia el retorno de la pintura de caballete y posiblemente todas estas criticas que surgen a las relaciones de comercio, arte y poder no son sino parte de esas nuevas dinámicas artísticas.

Creo, y puedo equivocarme, porque no soy experto en los textos de Lésper, que ella defiende son otras cosas en las que sale tangencialmente beneficiada la pintura y la manualidad de los oficios tradicionales. Si citamos en Google una palabra tan prohibida y cuestionada como es la Belleza, al lado de su nombre podemos ver por ejemplo que le ha dedicado varios textos completos y que ese vocablo es usado con cierta frecuencia. Utilizando el mismo Google, podemos hacer un ejercicio de colocar el nombre de Avelina al lado del pintor francés Bouguereau, que muchos pintores figurativos tienen hoy como ideal de belleza, y las únicas relaciones entre ellos dos salen es en los textos de sus detractores. Así que no parece que ella este proponiendo ese tipo de estética. Defiende la belleza contra el populismo, el planfetarismo y el mercantilismo sin piedad del arte, la belleza contra la burbuja económica del arte contemporáneo. Pero no es la belleza que produce el kitsch, por lo que creo entender en sus palabras, no la belleza como un estilo o una forma sino como un ideal, como una búsqueda de auto realización, de sublimación de la experiencia humana.

Pero eso es porque hemos construido una idea de lo que ella propone a partir de lo que ella niega. Nosotros elegimos el opuesto pero ella no lo está anunciando con la misma fuerza que anuncia lo que no le gusta. Ella está es dedicada a su labor de crítica en la cual el mercado del arte contemporáneo, su falta de fundamento pedagógico del oficio, la improvisación y superficialidad de muchas obras y su falta de autocrítica entre otros temas, ocupan la mayor parte de su esfuerzo.  El que la institucionalidad en su mayoría esté cooptada por el arte contemporáneo y que hasta las ferias de arte ahora le pertenezcan, es demasiado evidente como para que no sea blanco de una crítica mordaz como Lésper.

Para explicar mi punto puedo hablar de Cuevas, quien acaba de morir y mientras yo escribo un texto donde lo rescato como dibujante pese a que fue un simple peón del juego de Gómez Sicre en su tarea de acabar el muralismo comunista (entre otras publicando artículos escritos por el cubano o su equipo desde Washington y firmados por Cuevas desvergonzadamente), ella escribe un artículo en la cual lo destroza como dibujante. Pero mientras destroza a Cuevas, puede alabar los dibujos de Marx Ernst, E o Francisco Toledo, así que eso nos hace entender que no es que sea una defensora a ultranza del oficio, de la pintura y del dibujo sino que, como cualquiera, tiene su propia opinión sobre eso.

El aparente triunfo comercial del llamado “arte contemporáneo” no es el surgimiento espontaneo del sentimiento de una sociedad como lo quieren vender. Es un producto que con cualidades y defectos ha sido impuesto a las buenas y a las malas. Una creación artificial que han logrado convertir en moda, en ley, en obligación y cualquiera que tenga unos años en el medio del arte sabe que es así. Lo han impuesto de manera fascista desde el poder artístico, desde el poder económico y desde el poder político, borrando todo lo que no se le parezca, lo que no les convenga, todo lo que lo contradiga, todas las vías alternas. Todo lo que no contribuya a esa ilusión y no puedan utilizar para especular, simplemente no les sirve. A nadie le están preguntando si eso les gusta o no, o si eso es lo que quieren, o si eso es correcto o es lo mejor. Con alma de teflón, a quienes organizan una exposición no les importa que en todas partes les lluevan críticas o que la gente salga asqueada o que ni siquiera vayan a ver sus puestas en escena. Les han pagado por hacer eso y con eso tienen.

Basta con revisar el caso de las ferias de arte. Antes, a una feria de Arte, que siempre han costado mucho, entraba la galería que simplemente pagaba su participación y exponía quien creyera que le servía para solventar sus gastos y sacar ganancia. Punto. Ahora existen los comités de las ferias que deciden qué galería va y sobre todo qué puede exponer en la feria y qué no, sin importar si las galerías recuperan o no su cuantiosa inversión por las decisiones de ese comité de sabios que tras las perdidas se lava las manos. Pero las ferias supuestamente son para vender, son una vitrina comercial no una bienal.  En este proceso, ciertas galerías, la pintura y sobre todo ciertos pintores, quedaron excluidos de ciertas ferias conduciendo a la fuerza al comercio de ciertos tipos de arte.  El fenómeno de la bienalizacion de las ferias y la ferialización de las bienales, porque la mejor vitrina comercial ahora son las bienales, está claramente expuesto por el curador español Paco Barragán en el libro La era de las ferias, publicado en el 2009.

A diferencia de ArtBasel, que es la madre de todas las ferias  y que nunca ha dejado de mostrar pintura y artistas modernos, las ferias latinoamericanas, comenzando por MACO en México, expulsaron hace unos años a galeristas que mostraban sólo pintura; sobretodo si ésta era figurativa, así fueran los grandes artistas figurativos del siglo XX latinoamericano. Lo hicieron por una década hasta que por presión del mismo medio se vieron en la necesidad de abrir una zona de “Arte Moderno,” con color diferente en el plano y todo para anunciarle al espectador que eso no era Arte Contemporáneo sino mercancía moderna. La Zona Moderna cada vez se amplía más, me imagino por sus mejores niveles de venta o porque se ve siempre en ella más público.  De igual manera, la expulsión de la pintura en Artbo y la exclusión de importantes galerías, lo único que ha logrado es el surgimiento y consolidación de otras ferias en Bogotá menos curadas. Igual en Miami o en otras partes.

Entonces cómo quedamos. Para que el mundo no se lo comieran los Stalin, con dinero y publicidad, Estados Unidos nos vendió la modernidad como un canon estético donde el artista debía ser burro y apolítico para triunfar y llegar a los bellos museos de arte moderno. Y ahora que piden que los otrora burros sean lúcidos filósofos, utilizan los métodos del odiado Stalin, que permitía una sola manera de pensar a las buenas o a las malas, para corregir todos los desviacionismos que le convengan al capitalismo salvaje; aun en contra de las tesis que nos vendieron ayer.  De cuál enfrentamiento de mercado me hablas?

[esferapública] Los textos sobre Avelina que se han publicado en esferapublica han suscitado gran interés. El que escribiste con motivo de su visita a Colombia el año antepasado alcanzó en un par de semanas cerca de treinta mil lecturas. La semana pasada despertó nuevamente interés y alcanzó más de veinticinco mil lecturas. ¿Qué crees qué hay detrás de esto? ¿Qué puntos tocas en tu texto que puede generar esta suerte de estado viral?

Dario Ortíz He visto desde hace décadas como, desde el poder de los medios, de la crítica o del dinero, se pretenden construir ídolos o linchar opositores en el arte como quien se limpia la nariz. El intento de linchamiento de Oscar Murillo y de Avelina Lésper o la sobre vendida puesta en escena de Doris Salcedo, es lo que me ha motivado a realizar esos escritos.

Así que el éxito de ese texto es muy extraño. Primero, porque no es una defensa de la pintura por un pintor o algo así, porque creo que Carlos Salazar lo hizo muchas veces en Esfera con enorme sentido crítico y profusamente documentado. Segundo, porque nunca pretendí ni pretendo defender los argumentos de Avelina, que con programa de televisión, columna en un diario, blog, un verbo ágil y miles de seguidores, no necesita defensores ni mosqueteros y en muchas de cuyas conclusiones puntuales no coincido, empezando por su famoso planteamiento sobre el performance y soy un asiduo visitante del circuito del arte contemporáneo y sociológicamente hablando parte del mismo. Yo pretendí es mostrar que ella no era una lunática hablando sola sino que representa una voz que está en mil gargantas mudas que muchos no quieren escuchar, y que el arte es algo que está más vivo y en mayor movimiento de lo que nos quieren mostrar. Una verdad que con las redes hoy es inocultable. Tercero, no hay que creer que porque tenga muchas lecturas quiere decir que sea un gran texto.

“No to Contemporary Art”, Patrick Guns. (2005-2015)

Parece sin embargo, al mirar los likes que tiene y que ya pasan de seis mil, que es  el texto con mayor aceptación en la historia de Esferapublica, a pesar de que hemos leído muy buenos textos en Esfera. Sin embargo, al mirar el historial en la página, que indiscutiblemente es un punto de referencia sobre el arte contemporáneo y las prácticas artísticas en todos los países de habla hispana, nos encontramos con que los de mayor número de likes y los más leídos son aquellos que critican el arte contemporáneo y sus prácticas, y no los muchos textos que han intentado explicarlo y hacerlo asequible a un público variopinto.

Los artículos más leídos en la página de Esfera, y que suman más de un millón de lecturas en no más de 15 textos, hablan de la decadencia y el facilismo del Performance contemporáneo, de la crisis en la pedagogía del arte y de los problemas del mercado inflado o de su turbia relación con la política. Ese número enorme de lecturas en apenas un puñado de escritos es quizás superior a la suma de lecturas del resto de cientos de textos de la página lo cual es algo muy diciente.

El descalificar a los que discrepan del estado del arte, acusándolos de ignorantes, reaccionarios o conservadores a ultranza, o insinuando que hay pequeños negocios debajo de esos sentires, cuando el verdadero pastel está en otro lado, es algo que ya no tiene el efecto de argumento destructivo de hace dos décadas. La información circula libremente por internet como las opiniones y la gente puede satisfacer sus gustos más libremente y elegir en qué cree y en qué no. Armen Avanessian incluso sostiene que el arte contemporáneo desprecia erróneamente el poder del internet. El tiempo de la cultura de revista, en que nuestros grandes artistas lo único que hacían era copiar lo que venía en las publicaciones patrocinadas por el Congreso para la Libertad de la Cultura y recitar su cartilla políticamente correcta, se acabó. Algunas de las tesis enrevesadas de muchos críticos de arte y las historias amañadas por ellos, están siendo desmontadas por diversos pensadores y por elementos del público, una a una. La revolución que está produciendo la información libre y las opiniones de las redes sociales, históricamente solo es comparable con la reforma de Lutero cuando los feligreses al fin pudieron leer la biblia y opinar sobre ella.

Así que probablemente, ese texto sobre Avelina, convertido en viral en buena parte por estudiantes de arte y reproducido por artistas y personas del medio, simplemente muestra el creciente inconformismo con buena parte de lo que sucede con el arte contemporáneo, lo poco que el establecimiento acepta la crítica y lo hastiada que está mucha gente de que contra toda lógica le sigan insistiendo en vender por arte, lo que no es más que mierda en lata.

 

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2 Opiniones sobre El boom de Avelina Lésper

  1. Mauricio Villamil 2017/08/25 at 3:48 pm

    Bueno, para nadie es un secreto que los medios de comunicación masiva, son medios de indoctrinación masiva, que la propaganda comercial tiene un doble filo, y que velado en la estética externa de la comunicación masiva, va encubierto un mansaje eminentemente político: “Qué es lo prioritario ?” …. en otras palabras, todo ese torrente de telenovelas, chismes de farandula, noticieros que “crean” su propia versión de la realidad, etc… tiene como objetivo único y político, el secuestro de la atención y la conciencia social y humanitaria…ese es el fín práctico de los medios de comunicación masiva, los “poderes” lo saben y por eso se han adueñado de todos los medios de indoctrinación masiva, y para ponerlo en términos crasos, “lavar el cerebro de la población” …lo que en inglés se llama “Dumbing down” ….

    La cosa es, el mundo del arte permanacía ahí, libre e indomito, y “artistas” de todas las tallas y tamaños ivan por ahi causando toda clase de alborotos y subvirtiendo la realidad…empelotandose en público y metiendo droga en inauguraciones de muesras, etc,etc,etc…..eso era solo questión de tiempo hasta que el largo brazo de los globalistas, se tornaran a penetrar e infectar de manera virulenta, lo que por siempre habia sido el último bastion de la libertad de expresíon: el mundo del arte y los artistas.

    Hoy, usted no puede ver una exposicion an qualquier galería pública que no sea patrocinada por este o aquel banco, refinería de petroleo o aceite de palma, empresa minera o fabricante de armas que ” apoya el arte en Colombia” ….

    Pero la infiltración no se limitó ala fachada, a la presentación del arte, para que la infiltración y el “Dumbing Down” funcione, tuvieron que infiltrar primero “la madrigueras de artistas” osea las escuelas de arte. Así, poco a poco, vino a suceder el desmantelamiento de las escuelas tradicionales, donde se enseñaba “oficio” pero se daba a la vez, libertad para salir de la escuela y romper reglas si así se queria, hoy no, no solo el oficio no se enseña ( Dibujo, Pintura, Historia (completa y no limitada) del arte, etc) sino que se mutila al estudiante secuestrando el derecho a la libertad de expresión, desviando su mirada hacia el interior ( Nosce te Ipsum) y sometiendolo a la presión, de estar ala moda, por que llamemolo por su nombre: cuando el mayor interés es “resonar con las directivas internacionales del arte”. Ya lo había dicho Juan Cardenas en su famosa carta abierta ante la visita del director del Museo de Arte Moderno de NY : ” Solo viene a dictar lo que los artistas Colombianos “deben” hacer”….ver aquí:

    http://esferapublica.org/nfblog/los-artistas-colombianos-mansos-y-sumisos/

    Los cacareados “Procesos” que hoy son la “el grito de lucha” de la academia, no son otra cosa que un “rehashing” ( calentao) de las famosas “grids” (templetes) de los que hablo Susan Sontag en su era, y que por ende, solo producen, “recalentadas copias de lo mismo”, reproducciones, ya que se niega la “originalidad” del artista, ya que bajo este eschema globalizante “todos los artistas piensan lo mismo” como dijo Juán Cardenas en su carta ( ver link arriba), la originalidad ya no existe y por ende aunque Antonio Caro salga a rasgarse las vestiduras ante Avelina Lesper, lo cierto es “No hay nada nuevo bajo el sol”. ver:

    https://www.pinterest.com/pin/529243393681204272/

    Pero lo mas contradictório, es que mientras en Colombia, y como resultado del eterno “Complejo de inferioridad” que nos lleva a tener que “probarle a todo el mundo” que no estamos en el tercer mundo, mientras en Colombia la infiltración globalista en las escuelas y la burocrácia dictatorial de las instituciones del arte, proclaman la inflada grandeza del “Arte Comtemporaneo”, en Europa y Norte América hay una resurgencia de las escuelas tipo, atelier, donde de los estudiantes desencantados con el obvio “rip off” de las escuelas que se esconden tras discursos cantinflescos para no enseñar nada. La cosa es esta y es muy clara: hasta los coleccionistas mas “cotizados” del mundo del arte, han venido a despertar a la realidad de que ” un montón de ropa sucia, es solo eso” y prefieren gastarse su millón de dolares, en algo que almenos, no huele mal.

    Desafortunadamente, Colombia sigue y mucho me temo seguirá, con esa arraigada manía de su complejo de inferioridad, que no es otra cosa que una profunda cicatríz sico-patológica producto de la colonia… casi 300 años han pasado y aún tenemos ese deseo de probar le a todo al mundo que estamos “adelante con la moda”, que ya Freudianamente “matamos al papá”. Un ejemplo claro de esto, es la arraigada tradición “centralista” y centralizadora de las instituciones del arte, por que en Colombia, la definición de arte, se dicta, o mejor, se pontifica desde las cumbres mas alla de las nubes, donde se arraigan un sín número de artístas fallídos ( que dejaron de hacer arte) y fieles al famoso dicho Inglés: ” those who can’t do, teach” osea, esos que no pueden hacer se dedican a enseñar o a pontificar en este caso. Tradición centralista digo, en oposición a otra tradición, la federalista, que como en el mundo del arte y el mercado del arte en USA y Europa, permite la “convivencia pacífica” de todas las manifestaciones del arte, sobre todo, liderado por una conciencia liberal del comercio del arte: “laisser fair, laisser passer” (dejar hacer y dejar circular). Y así en Colombia desarrollamos una cultura que necesitó de una mesías extranjera ( Marta Traba) que viniera a “sacarnos de las cavernas”…. y la tradición continua….

    Polarización, esa es la otra cara de la moneda de la “infiltración”. Cuando el propósito explicito de esta “infiltración” no es otro que el “Dumbing Down” o la estupidización ( ?) del mundo del arte en general ( video artistas, instaladores, performadores, tropi-pop-artistas, pintores,etc) aquí no se salva nadie… mediante la destrucción de las escuelas de arte ( ya van varias generaciones de artistas que se graduan sin saber las más básicos conceptosde las teorías del color) pero eso si le citan a uno a Baudrillard ( sin entenderlo )…todos estan agrupados en bandos “Jalandose las mechas”.

    La academia debe ser un ente NEUTRAL, que ofrezca una educación variada y de calidad, donde el estudiante- artista, escoja en que medio o medios quiere forjar su propio camino como artista, y no una dictadura o un campo de concentración e indoctrinación. Un medio artistico en donde se vea a cualquier medio de expresión como “de menor envergadura” es un medio que claramente muestra su debil constitución cultural y ética.

    La escuela de arte como centro de difusión de “los lineamientos del partido” es el punto de partida de esta novela. Cuando los propósitos de las escuelas de arte suenan a “lineamientos del partido ( comunista) o a sermón de iglesia fundamentalista, cualquiera se da cuenta de la obvia intención de “inyectar ideología” en las mentes de los estudiantes, subvirtiendo así generaciones enteras de artistas a los que ya no se les enseña el sentido de “libertad de creación”, en la escena hay un nuevo dictador. Las cruzadas que han tenido lugar en las escuelas de arte enarbolando un “cambio de paradigma” resuena mucho con las cruzadas de occidente para “cambiar regimenes” que consideran “retrazados” en el medio este, o sur américa. una especie de “bombing for peace” o “matando por la vida” ….

    Aqui les dejo como muestra esta joya, una invitación a una muestra para celebrar la “renovación” de la academia, juzguen ustedes mísmos:

    “invitamos a los egresados de la Escuela de Artes Plásticas de la Universidad Nacional, que se hayan graduado entre 1990 y 2015 a enviar sus portafolios artísticos para ser parte de la exhibición “ÁREAS INEXACTAS: PROCESOS DESBORDES Y SITUACIONES”

    DESCRIPCIÓN GENERAL DE LA EXHIBICIÓN:

    Consideraciones preliminares: Esta muestra toma como punto de partida la formación artística como una práctica relevante dentro del campo del arte y para conformarse se apoya en la coyuntura de la conmemoración de los 130 años de fundación de la Escuela de Artes Plásticas de la Universidad Nacional de Bogotá.

    1886, fue un año crucial para el arte colombiano por la creación de la Escuela de Bellas Artes de Bogotá y por la realización de la primera gran exhibición de artes plásticas en Colombia. El factor que unió ambos hechos fue que la conformación de la muestra estuvo a cargo del director de dicha escuela, el polifacético artista Alberto Urdaneta, y de hecho fue planificada como uno de los eventos conmemorativos de su fundación.

    Entre 1989 y 1993 se gestaron las condiciones para dar lugar a una reestructuración curricular de la carrera de artes plásticas de la Universidad Nacional (hoy conocida nuevamente como Escuela de Artes Plásticas) que pretendía generar una actitud reflexiva y crítica sobre los mismos paradigmas en que se basaba la educación artística con el fin de modificar sus objetivos. Ya no se buscaba formar artistas que generaran obras a partir de destrezas técnicas, sino sujetos capaces de tomar posiciones ante el campo social y desarrollar procesos conceptuales y creativos a partir de ellas. (*)

    Planteamiento general de la exposición: La muestra indaga en la manera como algunos egresados de la Escuela de Artes Plásticas de la Universidad Nacional, han sido cruciales dentro de la transformación de las prácticas creativas que han dado forma al campo del arte contemporáneo en Colombia durante los últimos 25 años.

    Las “Áreas inexactas”, que se nombran en el título del proyecto, aluden al tipo de prácticas artísticas que estos artistas han desarrollado y que han sido fundamentales en el cambio de paradigma que separan las concepciones modernas del arte de las contemporáneas a nuestro momento y tienen que ver con la desobediencia a las convenciones artísticas canónicas y con la búsqueda de articulaciones con los campo social y cultural.

    No solo es Avelina Lesper precisa en su apreciacion, Camila Paglia viene a reiterar las observaciones de Avelina (parece que es la mujer la que aun hoy conserva el entendimiento profundo del sentido “real” del arte:

    Mauricio VIllamil

  2. Octavio Aguilar 2017/08/30 at 10:39 pm

    Para todos es sabido que atrás del arte contemporáneo y en buena medida del moderno, hay un gran negocio, de los grandes coleccionistas privados, algunas instituciones como bancos, compañías de seguros; de fondos de inversión dedicados al arte y la cultura; de las casas de subastas, galeristas, galerías e inclusive de algunos museos.

    Por lo tanto es real el hecho de que hay una gran cantidad de “artistas” que son solo inventos de éstos jugadores del mercado.

    Es interesante ver las listas de supuestos artistas antes de la gran crisis económica del 2008/10 en los catálogos de las grandes ferias y ver como muchos de ellos, dejaron de existir.