Sobre comunicación, producción y geografías

Cuando se realice la arqueología de las revistas de arte de este momento será inevitable notar que la transición de la página impresa a la web también marca una liberación del tono formal de la crítica, que pasó en la vía impresa de un tono por lo general acartonado e impersonal hacia un tono mucho más personal, subjetivo, y a ratos insolente y caprichoso, que ha tenido el efecto de desatar polémicas pero de también dinamizar el debate. Este fue el caso de Esfera Pública, que al surgir pronto ocupó un espacio central en la clase de intercambios alrededor de crítica y crítica institucional. Si bien estos debates se enfocaban sobretodo en el arte colombiano, tocaban temas que nos involucraban a todos, desde temas de estética como de la relación entre arte y política.

David Lamelas. Oficina de Información sobre la Guerra de Vietnam en tres niveles: Imagen visual, texto y audio. 1968. Instalación. © Photo: Cortesía de la Colección Amalia Lacroze de Fortabat

Casi a diario, cuando subo en el elevador a mi oficina en el departamento de educación del museo donde trabajo, me encuentro con investigadores dirigiéndose a la biblioteca y archivos que se encuentra un piso abajo del mío. Uno los puede observar cuidadosamente estudiando catálogos, correspondencia, y publicaciones de diferentes períodos históricos. Hacen una arqueología del arte moderno, rescatando voces, opiniones, y pequeños hechos para entender la clase de intercambios, debates y polémicas que le dieron forma al discurso de ese momento.

Frecuentemente me pregunto cómo se hará la crónica del periodo que estamos viviendo en América latina, en particular dado que tantos de nuestros intercambios hoy en día, producidos en forma de mensajes de texto y whatsapp, desaparecen en el éter. Pero sobretodo, e incluso antes de que lleguen los cronistas y/o tengan que lidiar con estos dilemas, me interesa entender cómo los productores culturales basados en América Latina o de origen latinoamericano o latino nos estamos vinculando hoy en día, y cómo nuestra forma de pensar, colaborar y debatir ha cambiado. Aún más importante es entender cómo la manera en que nos comunicamos incide en el quehacer artístico mismo.

En los 90 y principios de los 2000, dependíamos de revistas como Art Nexus para saber lo que estaba ocurriendo en términos de exposiciones en lugares como Bogotá, Buenos Aires, Lima, etc. y darnos una idea de los enfoques de varias bienales (Habana, Sao Paulo, Mercosur, etc) así como los proyectos de artistas latinoamericanos en Europa y Estados Unidos. Hay decenas de ejemplos y no puedo darlos todos, pero solo por mencionar algunos: a finales de los 90 y principio del 2000 teníamos la «columna de arena» que José Roca escribía, revistas como Poliéster y Curare ocupaban un lugar importante en los debates artísticos en México. La revista Trans sirvió por un tiempo como un vínculo entre Nueva York y Latinoamérica, y la revista Atlántica de Octavio Zaya ha contribuido para aquellos de nosotros situados en este lado del océano vincularnos críticamente con España.

Cuando se realice la arqueología de las revistas de arte de este momento será inevitable notar que la transición de la página impresa a la web también marca una liberación del tono formal de la crítica, que pasó en la vía impresa de un tono por lo general acartonado  e impersonal hacia un tono mucho más personal, subjetivo, y a ratos insolente y caprichoso, que ha tenido el efecto de desatar polémicas pero de también dinamizar el debate. Este fue el caso de Esfera Pública, que al surgir pronto ocupó un espacio central en la clase de intercambios alrededor de crítica y crítica institucional. Si bien estos debates se enfocaban sobretodo en el arte colombiano, tocaban temas que nos involucraban a todos, desde temas de estética como de la relación entre arte y política.

En la era de las redes somos sujetos a las grandes ventajas y desventajas del debate de esta naturaleza. Hay al menos tres aspectos, a mi modo de ver, sobresalientes:  El primero es la proliferación de los trolls y de aquellos que buscan desmoronar cualquier debate a través de insultos o comentarios insensibles, ya sea por entretenimiento, ocio, o manía por protagonizar un intercambio. El segundo es la inmediatez misma de estos debates y conversaciones, que se construyen y olvidan casi al mismo tiempo. Y el tercero es la brecha generacional de diversas redes: mientras los más viejos permanecen en Facebook, los más jóvenes se comunican por Instagram y nuevas vías, redefiniendo la naturaleza misma del diálogo.

Falta entender cómo estos intercambios están teniendo un impacto en el quehacer artístico. Esto por supuesto no incluye exclusivamente a aquellos trabajando en América Latina, sino en todo el mundo. Pero las preguntas son más o menos las mismas: ¿cómo nos está afectando la velocidad de comunicación en la manera en que trabajamos en proyectos, y cómo incide esto en el tipo de obra a largo plazo? ¿cómo nos afecta en la “vida real” del quehacer artístico el que en muchos casos la comunidad con la que nos vinculamos no está físicamente con nosotros? ¿Cómo podemos pasar de un sistema de comunicación social eminentemente reactivo a uno donde exista la posibilidad de elaborar debates y reflexiones a largo plazo? ¿Qué es lo que nos está faltando en este tipo de interacción inmediata con el mundo? ¿Es de índole afectivo, físico? Y finalmente, a sabiendas que el mundo del arte está basado sobretodo en interacciones sociales donde  aún predomina el objeto material y éste es a la vez el ancla de los eventos sociales (ferias, bienales, museos),  ¿Cómo debemos de revalorar y reimaginar la relación entre nuestros encuentros físicos con la crónica o reporte virtual de éstos? Y, finalmente, este frenesí, o río de información, o cascada de posts y voces que se interrumpen y enciman unas a otras, ¿No generan paradójicamente en nosotros un vacío personal cada vez más grande y oscuro?

Estas preguntas me parecen vitales en lo que comenzamos a armar la nueva plataforma de intercambio para el arte en Latinoamérica- una que pueda aprovechar la ventaja que nos proveen las redes, pero a la vez respondiendo a las trampas que éstas nos colocan.

 

Pablo Helguera