¿Las Verdaderas Impulsoras?

Ya pasada la época alta creada por las Ferias de Arte y —aunque se quiera pensar lo contrario— son realmente pocos los que logran hacer cuentas claras sobre las ganancias de un nebuloso negocio en base a la explotación de precarios perfectos, como aparecen a los ojos de los más avivatos el grueso de quienes conforman la base de este “circuito” piramidal. Aquellos sobre los que esta temporada pasa por encima, como ninguna otra, poniendo a prueba su estoicismo y dejándolos trasnochados, agotados, incluso en la ruina, pero al final, felizmente embriagados hasta el fondo blanco de aquella falsa vitalidad que ofrece el ciclo onírico de borracheras y resacas, para así soportar la verdadera pesadilla que puede ser, despertar y verse cautivo en un circulo vicioso creado para la explotación, por parte de terceros, de sus propias aptitudes.

De tal manera se quiere perfilar a la clase artista, como los productores, ubicados allí en lo más bajo de este creciente sector económico, como hoy es llamado con frecuencia —antes conocido como medio artístico y próximamente industria, a secas—. Ellos quienes por etiqueta, compromiso o reglamento laboral, deben además, poner la cara complaciente en cócteles baratos, mientras parecen hartarse de cunchos y sobras de las verdaderas fiestas financiadas a costa de su trabajo gratuito. Sin embargo, ante su mirada ilusionada, casi todo tipo de subordinación y abusos, parecen hoy suficientemente justificados según la difusa esperanza que por estos días se concrete algún negocio con su obra, así se lleve sólo la mitad e incluso la menor parte o ninguna de las ganancias, sean económicas o de cualquier otro tipo.

A pesar de todo y después de diez años, aquí ningún signo de decadencia aún es evidente y eso que tales mega-eventos se precian de estar colmados con flashes, cámaras, micrófonos, foros, charlas formales e informales en desayunos, almuerzos, cenas, etc. Deambulando entre feria y feria, parecería que todo se ofrece entre una abundancia generalizada y que el sentimiento de bienestar en el medio del arte, es unánime.

Y es que este estado de excepción que crea la burbuja económica —inflada incluso convocando el aliento de quienes a mediano plazo se verán afectados por este mismo fenómeno— parecería de hecho, encapsular en el tiempo la promisoria Era de la Información, que afirma no dejar nada oculto a los ojos de quien quiera ver y hacer ver. Cada arrasante nueva temporada pasa de manera adversa, más impune que la anterior; sin polémicas, discusiones, desacuerdos, críticas, etc. Si algo de ello se manifiesta, deviene efímero, fulminante, no tiene eco ni incidencia. Actualmente toda actividad comunicativa que puede lograr cierto alcance, es puesta en emergencia por los intereses de los poderosos y su pérfido sistema, quienes como añorando con venganza la arquitectura panóptica, interfieren, entre otras, la labor periodística aún dentro del contexto cultural como sector económico, pervirtiéndola en una vertiente más del infomercial. Alzando en lo alto el estandarte mismo de una ignorancia neo-medieval, se emplean tácticas restrictivas del conocimiento público que parecen propias del oscurantismo.

Para el presente caso, entre aquellos cuentos de miedo escritos con una intimidante autoridad informativa, como la verdad revelada, llamó la atención por estos días de cobro, transacción comercial e incluso robo y usurpación de capitales simbólicos, una editorial tipo Top Ten, con ínfulas de diagnóstico y publicitada mediante la penosa sentencia: “Conozca a los Verdaderos Impulsores del Arte Colombiano”. Firmada por Dominique Rodríguez Dalvard, Directora (e) de la Revista Diners, circuló no sin pocas críticas entre las redes sociales del medio, pues esta “sabelotodo” del arte pálidamente reconocida para el mismo, pretende asumir allí todos los lugares comunes del Arte Colombiano, hablando de “auge del mercado”, “importantes y nutridas misiones de curadores y coleccionistas internacionales”, asegurando que “es indudable que el tema (la violencia nacional) hace parte de nuestro ADN” y todo el bla, bla, bla, ya establecido por intereses privados, mientras vindica tendencias, posturas y contextos de una manera tan particular y sospechosa que de ninguna manera podría responder a la elaboración de algún diagnostico del sector, mínimamente verídico.

Incluso a pesar de su propia condición, de entrada tal texto se manifiesta ante todo y de forma innegable, como un tipo de publireportaje. Lo que no resulta tan obvio es que se trataría de una variación de tal subgénero de la perversión periodística, pues además parecería beneficiar a la misma redactora en relación al contexto ideal que quiere procurar para sí, haciendo un palpable pero soterrado trazado de relaciones verticales a favor del ascenso propio y eminentemente de su pareja. No por nada aquella, a pesar de ser toda una Dama de la Cultura en ciernes, no aparece allí, dilucidando con tal ausencia cierto conflicto de intereses que puede ser el punto de quiebre de lo que se iguala a un mal ejemplo de “Publicidad Política Pagada”.

Recordemos que el problema aquí es que ella, Cristina Lleras, a pesar de ostentar un poder social heredado perteneciendo a la estirpe de los Lleras; también ha sido dotada por la gracia legendaria del Rey Sadim, sin lograr hacer catarsis de sus aspiraciones de mando, al salir prematuramente y por la puerta de atrás, de los dos cargos de poder que ha ocupado, dejando evidentes inconformismos y fuertes cuestionamientos de su gestión, tras de sí. Hechos incluso públicamente por la misma Beatriz González, por ejemplo, quien de manera entre escueta y políticamente correcta, pero a la vez como queriendo insinuar la punta de un iceberg; arrepentida, declaró haber recomendado a esta “nieta de presidente” para sucederla en el Museo Nacional… Por otro lado, mejor ni hablar de todo lo que se podría cuestionar de la gestión de Lleras y falta de ella en su paso de traspié por la Gerencia de Artes Plásticas y Visuales en el IDARTES.

Para entender esta situación enmarcando el mencionado artículo, lo primero que es necesario darse cuenta es cómo resulta tan evidentemente ridículizante para quienes presuntamente visibiliza; aquellos que parecen ser utilizados de manera inescrupulosa, aún desfavoreciendo crasamente a las mismas figuras que ponen allí a figurar como figurines y en una extraña alusión a la artesanía de la moda, son llamados “Los Tejedores del Arte” (título de esta edición de la revista); apareciendo burdamente maquillados en Photoshop y además, recortados como siluetas, posando sobre una artificial puesta en escena al peor estilo del reality Proyect Runway.

Revista Diners Dominique Rodríguez¿Quienes son los Impulsores del Arte Colombiano? Revista Diners.

Tratando de superar tan morbosa imagen, obviando a los “afortunados” que allí aparecen, se hace inevitable preguntar: ¿De quién es aquel espacio vacío reservado justo en el centro? ¿A quién le guarda ese lugar la Directora (e) de la Revista Diners? ¿Quién debe en primer plano, ocupar para ella y sus afectos, el puesto número uno en su Top Ten donde sólo aparecen nueve? ¿Qué mejor que anticipar ese primer puesto con una visibilización contraproducente del resto de tales postulantes, provocando cuestionamientos contra los mismos, como ha ocurrido con listados publicados anteriormente? Recordemos la serie de protestas, reclamos, revisiones, parodias, etc. que suscitó, por ejemplo, Los Súper Poderosos del Arte Nacional. ¿De semejante manera, se intentaría despejar el camino ascendente que el dúo detrás de esta provocación ve trazado, exclusivamente para ellas mismas?

¿A ultranza, esta pareja en sociedad o alianza de poder político-mediática, demuestra querer cumplir con cierto destino social, ostentando el honor, poder y gloria de las mismas familias de la derecha política que mal han regido este país donde históricamente su clase ha sido capaz de cometerlo todo para reservarse puestos de poder? ¿Y quién se los impide? Incluso, los condicionamientos de este mismo contexto lo facilitarían pues cada vez resulta más característica una actitud subordinada y condescendiente, de los más perjudicados, quienes parecen sufrir de un arraigado atavismo a una historia colonial, también muy propio para esta ocasión en la que ya ha sido ofertado su otrora territorio, incluso para sí mismos, como un oneroso sector económico. Así, la mayoría en silencio frente a tal usurpación, pero ante la aparente robustez del campo artístico —con el advenimiento del comercio—, espera que le toque la oportunidad de la invitación al banquete para arrastrarse por migajas que las soberanas del reino de las artes dejarán caer debajo de la mesa a los súbditos más cercanos y sus sabuesos fieles ¿Y el resto? Escuchará la famosa frase de La Delfina: Qu’ils mangent de la brioche.

Proyect Runway
Imagen censurada de la doceava temporada de Proyect Runway.

Como si tales revelaciones significaran poco, volviendo a un artículo con tantos hoyos negros como el atribuido a la escribana en mención, caben aún muchas más sospechas y cuestionamientos: ¿Si los mencionados allí, son según ella(s) “Los Verdaderos Impulsores del Arte Colombiano”, los demás agentes del campo serán acaso Falsos Impulsores del mismo, o promueven algo que no podría ser llamado Arte Colombiano, en mayúsculas? ¿La iniciativa autogestionada no existe o ya debió haber sido absorbida por el mercado? ¿Son impostores del Arte Colombiano los pocos que se arriesgan asumiendo una labor crítica, todos quienes también conforman la academia o se dedican a la formación artística? ¿Porqué ya nadie parece extrañar que en un Top como este, no aparezcan realmente resaltados estos otros personajes? ¿O es que según la agenda doble de la heredera y su pregonera oficial, ninguno de ellos merece ni siquiera la contraproducente visibilización que ellas propinan en sus respetables páginas de farándula? ¿De pronto bajo su mirada no son tan cuestionables como las figuras que ya identifican cual competencia más directa, a quienes sí intentan poner en la mira de cierto escarnio privado?

Mejor preguntarse: ¿Para qué los Top Ten? ¿A quiénes les son útiles? ¿A aquellas que se den la licencia de hacerlos, según sus aspiraciones e intereses propios, invisibilizando o subordinado allí a sus rivales? Acaso es esta la oportunidad de asomarse por encima de todos, adquiriendo la dignidad del auto-posicionamiento que da re-presentarse en sociedad como Fuera de Concurso, mientras al resto le conceden nada menos que el “honorable título” de Impulsadores (palabra resaltada en rojo y doblando el tamaño de la fuente del resto del texto, en la imagen promocional del artículo). Término que por supuesto causó suspicacias contra los posteriormente llamados Impulsadoras de Super-Mercado ¿Tal como estaba planeado por la Directora (e) de estas páginas anti-sociales?

Revista Diners Dominique Rodríguez

Ni hablar de la conveniente crítica cero con la que se puede calificar la totalidad del artículo. O los dos adjetivos con los que reducen la labor de importantes e interesantes agentes activos y gestores del campo a diferencia de, por ejemplo, una artista del dibujo y la poesía, en honor a la que hacen un copy paste completo de su curriculum vitae, ocupando así todo un párrafo de este infomercial por el hecho de ser representada por la Galería Casas Riegner, antes Galería Diners, así como la Revista Diners, para la que escribe con gran ética periodística y es Directora (e), la gran profesional del tráfico de la honra y deshonra, que firma el infomercial en mención.

Lo peor de todo puede ser que si bien para cualquiera que se encuentre medianamente cerca a las dinámicas artísticas locales, tal artículo resulta obtuso, pobre, reductor, engañoso, amañado, arribista, indignante, ridículo, etc. A ciertos niveles sociales, donde se perfila esta revista, aquella figuración de un mainstream artístico es de lo más legítimo, pues si bien allí reina la ignorancia, es fácilmente asimilable la representación de un vano sistema de poder dedicado a resoplar una burbuja económica y a falta de conocimiento del medio, criterios artísticos o algún interés en la crítica, se ofrece de manera indiferente, la confusión y reemplazo de todo ello con preceptos mercantiles por demás, bastante burdos. ¿Será ahí justamente donde la pregonera oficial del Reinado (que viene), también cobrará simbólicamente su publireportaje? Porque, aunque sea difícil de creer, este tipo indeseable de chachara barata, se vende y re-vende caro.

Las usuales estrategias de poder alrededor, encontradas acechando el campo del arte local, serán cada vez más complejas, perversas y sofisticadas; difícilmente se delataran con su primera apariencia. Con argucias como las que aquí se vislumbran, sumadas a otras peores, la misma clase de siempre ya empieza a desviar, captar y capitalizar, ese flujo y concentración, de tantos esfuerzos colectivos y capitales simbólicos expuestos de manera vulnerable, especialmente para esta época.

 

Jorge Sarmiento.