La Bienal en seis escenas. Crítica, parodia y disputa por lo público en BOG25

En la pasada entrega de Pensar la escena abordamos la Bienal de Bogotá como parte de una transformación en la que, con obras de gran formato e impacto visual, se logró convocar nuevos públicos que actuaron como mediadores al narrar y redistribuir su experiencia por plataformas como Instagram, TikTok y otras redes. Ese entusiasmo, sin embargo, abrió también una discusión sobre los criterios y las formas de mediación que la Bienal ponía en juego.

Arañas del paraíso. María Fernanda Cardoso.

Este tercer y último texto reconstruye en seis escenas cómo se transformó la discusión en esferapública en torno a la Bienal BOG25: del espectador recreado a la «policía del arte», pasando por defensas curatoriales, crítica de obras, estallidos en redes y cruce de memes. Así mismo, reune los textos y materiales que fueron dando forma al debate –incluidos fragmentos de video y caricaturas– para ofrecer una mirada sobre cómo se generó y se desbordó la conversación alrededor de la Bienal.

Escena 1: El espectador recreado

La primera reflexión publicada en esferapública fue «¿Desde hace cuánto te gusta el arte? Del espectador contemplativo al espectador recreado», de Jorge Sanguino. Allí se propone leer la Bienal desde su recepción, describiendo el tránsito del espectador contemplativo al espectador recreado: un público que vive la obra, la registra y la capitaliza simbólicamente con selfies, historias y publicaciones.

Esa figura —mezcla de visitante, curador improvisado e influencer ocasional— reconfigura la relación con las obras y desplaza la expectativa de contemplación silenciosa hacia un modelo de experiencia inmediata y performativa. La pregunta que emerge es inevitable: ¿qué significa mirar arte en un tiempo en que mirarse a uno mismo se volvió el gesto más automático de todos?

Escena 2: La «policía del arte» entra en escena

Elkin Rubiano, miembro del comité curatorial de la Bienal, respondió con «El elitismo cultural ingenuo (o la policía del arte)», texto que dialoga con Sanguino y con críticas en redes al carácter espectacular de algunas obras.

Rubiano cita a Kant y Bourdieu para mostrar que la idea de “estética pura” es una construcción social asociada a un privilegio de clase, donde el gusto desinteresado funciona como marcador de distinción. La categoría «policía del arte» aparece entonces para nombrar a quienes defienden ese régimen de legitimidad, incomodados con las selfies, las multitudes y las apropiaciones consideradas «impuras». El argumento sugiere que toda crítica al espectáculo responde a un gesto de distinción, desplazando así la discusión sobre las obras a la sospecha sobre quienes las interrogan.

El debate ya tenía forma: de un lado, quienes ven en la participación masiva una redistribución de lo sensible; del otro, quienes sospechan de la espectacularización.

Captura de pantalla del Instagram de Isabel Cristina Díaz

Frente a esa defensa de la Bienal como dispositivo que rompe con el elitismo del gusto puro, una intervención breve de Isabel Cristina Díaz recordó que la discusión no pasaba solo por la selfie o por el número de visitantes. Señaló que privilegiar obras de alto impacto visual no es una decisión inocente dado que orienta la percepción de la Bienal hacia el espectáculo y refuerza la ecuación visibilidad = relevancia, dejando en segundo plano otras formas de relación con la ciudad y con lo común. Su observación no negaba el goce de las multitudes ni la importancia de convocar nuevos públicos; insistía en algo más incómodo, que también ahí hay una política cultural en juego, y que el arte no tiene por qué renunciar a la experiencia crítica para ser masivo.

Escena 3: De la categoría a la caricatura

Poco después, Rubiano publicó el «Manual de Campo para identificar a la policía del arte», un texto paródico que convirtió la categoría inicial en una serie de personajes: el tío fracasado, el conspiranoico, el indignado profesional, el patrullero de redes.

Con el manual, la noción dejó de ser analítica para convertirse en caricatura. La discusión sobre obras, públicos y modos de recepción se desplazó hacia la ridiculización de la crítica, ejercida por el curador de una bienal financiada con dineros públicos.

Hasta ese momento, la discusión había tenido un ritmo pausado: comentarios extensos en el portal de esferapública, réplicas razonadas, observaciones que se iban decantando con cierta calma. Con la publicación del Manual de Campo, el tono cambió: el intercambio se comprimió al formato rápido de redes, donde la ironía viaja mejor -y se impone con más facilidad- que la argumentación. La conversación que venía sedimentándose en hilos largos pasó, de un día para otro, a la lógica breve e incisiva de Instagram.

Captura de pantalla del Instagram de Arte en Diálogo
Escena 4: «Arden las redes»

El punto álgido llegó cuando María Wills, miembro del comité curatorial, retomó la expresión «policía del arte» en una entrevista para Arte en Diálogo (Arteinformado), donde la crítica pasó a ser tratada como exceso, mientras la institución se colocó en el lugar del goce amenazado:

«Hay una policía del arte criticando la Bienal porque se ha vuelto una Bienal… un poco sensacionalista, con la gente yendo masivamente a tomarse la selfie frente a la obra de John Gerrard».

El reel publicado en Instagram desató una discusión que sumó cerca de un centenar de comentarios. Entre ellos:

Beatriz García (@criticaimpura):

«Nada más policial que unos curadores que censuran la crítica en un evento público financiado con recursos públicos».

María Wills (@mariawills):

«Estamos felices ❤️ bienvenidas las policías. A mí no me digas censuradora porque no lo soy».

Beatriz García (@criticaimpura):

«Ridiculizar la crítica tildándola de ‘Policía del arte’ es un intento de silenciarla. Eso también es censura, aunque venga disfrazada de goce o celebración».

Carolina Sanín (@carolinasanip):

«A María le faltó decir que la crítica es ‘facha’, para usar otra palabra silenciadora de moda», y se dirigió a la curadora: «No, María: no somos ‘policías’ por criticar la bienal que se hace con plata pública. En cambio, con mucho mayor acierto diríamos nosotras que ustedes fungen de policías del arte»

Camila Higuera Caldas: (@camilahigueracaldas)

«¿Esperaban que no hubiera crítica?».

Wills respondió diciendo que «la crítica estructurada» no se estaba enfocando en las obras.

Sin embargo, sí existían textos sobre obras y curadurías específicas, simplemente no formaban parte del radar institucional. En un video publicado hace un par de días, Carolina Sanín amplió sus críticas a la etiqueta de «policía del arte», a la museografía y a varias obras de la Bienal; el enlace se encuentra al final del dossier.

Escena 5: Lecturas desde las obras

Mientras la discusión en redes giraba hacia etiquetas, se publicaban en esferapública análisis de obras, curadurías y dispositivos expositivos:

«Bienal de Bogotá: De obras y fricciones en el espacio público»

Entrevistas de esferapública a Elkin Rubiano sobre obras en espacio público: transformaciones materiales, condiciones urbanas, desgaste, apropiación ciudadana y las tensiones entre obra, clima y uso.

«Sobre la ciudad de las sombras. Dos curadurías independientes en BOG25» – Isabel Cristina Díaz

Lectura situada de La ciudad de los espectros y de OVNI: tensiones entre la Bogotá imaginada desde la experiencia del habitar, las condiciones materiales de exhibición, el rebusque como lenguaje y la distancia entre el discurso institucional y los espacios realmente asignados a las curadurías independientes.

«La Promesa y la Selfie: capital simbólico…» – Francisco Cavanzo

Análisis detallado de las obras de Johan Samboní, Adrián Gaitán y Mona Herbe. La Promesa aparece como espacio donde se condensan debates sobre reconocimiento, códigos populares, rituales de presencia y nuevas jerarquías simbólicas activadas por las selfies.

Estos textos y video entrevistas desmontan la idea de que «no hubo análisis de obras». Sí la hubo, solo que no coincidía con la narrativa curatorial. Más que una ausencia, hubo un desacuerdo sobre qué debía considerarse central en la Bienal.

Escena 6: Memes, caricaturas y el giro paródico del debate

El «Manual de Campo para reconocer a la policía del arte» cambió el clima del debate. Desde una voz que formaba parte del dispositivo curatorial, la discusión dejó de ser principalmente argumentativa y comenzó a adoptar un tono de burla. Poco después, la respuesta visual apareció en el perfil de Instagram de Reemplaz0.org, donde el humor crítico de los memes devolvió la etiqueta de «policía del arte» a la propia Bienal y su equipo curatorial.


Este meme fija visualmente un problema central: la curaduría como brazo policial de la institucionalidad cultural. Condensa en una sola imagen la sospecha de control y alineamiento con la institución, y marca el tono del resto de la serie de memes sobre la Bienal.

El meme funciona como mapa irónico del conflicto: reúne en una sola escena a múltiples actores descontentos y resume la percepción de que las críticas no provienen de un grupo aislado, sino de una constelación de posiciones afectadas por el dispositivo bienal.

¿Qué significa besar una piedra que ocupa el vacío de un conquistador? ¿Qué cuerpo se convoca allí, qué historia se desestabiliza cuando el contacto sustituye la reverencia? La obra no responde; deja que la escena, y sus contradicciones, hablen por sí mismas.

 

Este meme desplaza la figura policial hacia las declaraciones de una curadora de la Bienal. Muestra cómo la crítica se personaliza, poniendo en cuestión no solo un evento sino un modo de ocupar el espacio institucional.

Escena final: crítica, veeduría y política cultural

Vista en conjunto, esta trama revela algo más que choques de temperamento: expone un conflicto sobre quién define el sentido de lo público en un evento financiado con recursos públicos.

La Bienal apostó por la figura del «espectador recreado», una multitud que participa, se narra y ocupa la obra. La crítica, en cambio, intentó interrogar esa economía de la experiencia y la política cultural que la sostiene. La expresión «policía del arte», al ser usada desde la curaduría como broma, desplazó ese debate y buscó fijar a la crítica como figura incómoda, excesiva e inoportuna. Ese desplazamiento no solo caricaturiza el desacuerdo, también opaca la discusión sobre cómo se administran y narran los recursos públicos

Pero detrás de esa disputa hay un principio básico: la crítica no sanciona, observa, archiva y formula preguntas incómodas.

Llamarla «policía» no la neutraliza; solo revela la tensión entre espectáculo, ciudadanía y política cultural.

Que buena parte del debate haya ocurrido en Instagram no lo hace menos relevante: allí también operan mediaciones, tensiones y formas de veeduría. En esa fricción –entre recreación y escrutinio, entre espectacularización y desacuerdo– la Bienal pone en juego algo más que su imagen: la posibilidad de que lo público sea discutido públicamente.


Archivo del debate

(Textos y materiales citados)

De ARTBO a la Bienal de Bogotá: de la vitrina comercial al laboratorio urbanoPensar la escena

¿Desde hace cuánto te gusta el arte? Del espectador contemplativo al espectador recreado – Jorge Sanguino

El elitismo cultural ingenuo (o la policía del arte) – Elkin Rubiano

Sobre la ciudad de las sombras. Dos curadurías independientes en BOG25 – Isabel Cristina Díaz

La Promesa y la Selfie: capital simbólico y nuevas jerarquías en la era del arte masivo de la BOG25 – Francisco Cavanzo

Más allá de las cifras: mediaciones y fricciones en la Bienal de BogotáPensar la escena

Bienal de Bogotá: De obras y fricciones en el espacio público 

Video de Carolina Sanín sobre la Bienal de Bogotá – Revista Cambio

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Pensar la escena es un proyecto de esferapública que reflexiona sobre situaciones y casos de la escena del arte local.