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Oscar Murillo, la novelita mercantil

Oscar y Tutina

Los Ministerios de Cultura y Relaciones Exteriores no han tomado cartas sobre el asunto. El Despacho de la Primera Dama de la Nación no se ha manifestado. El coleccionismo nacional tampoco. Ni la curaduría o la prensa, en especial su máximo defensor, el popular comentarista Julio Sánchez, ni el mánager Fernán Martínez, han movido sus hilos. A nadie en Colombia parece importarle el ataque que ha sufrido el maestro vallecaucano Oscar Murillo, gloria y promesa del arte nacional, por parte de la crítica estadounidense. Una vil pareja de críticos de arte ha criticado —de forma negativa y con mal gusto— la primera exposición individual del Maestro Murillo en la Galería David Zwirner, en la ciudad de Nueva York.

Una novela mercantil - Facebook

Bajo el título de Una novela mercantil, el Maestro Murillo, en asocio con Colombina, la empresa colombiana de confites, importó trabajadores de la fábrica en La Paila y los puso a laborar en la galería en una máquina que produce unidades de “Chocmelos” (un pequeño malvavisco blanco cubierto de chocolate oscuro). El producto se reparte gratis, se espera que el público lo distribuya y que, según un comunicado de la galería, la obra refleje “los modos de transporte a través de Nueva York y la diversidad de sus comunidades”.

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Los críticos de arte se metieron donde nadie los ha invitado y vertieron su mala leche sobre una obra que apenas está en proceso digestivo.

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Jerry Saltz del New York Magazine es un crítico judío al que la revista ArtReview puso en el puesto 75 de las 100 personas más poderosas del arte en el año 2009 (el mercado ya corrigió esa anomalía y no ha vuelto al escalafón). Saltz pontificó: “Oscar Murillo, el muchacho de 28 años que es el consentido del mercado y que ha vendido piezas por casi medio millón de dólares, todavía hace un trabajo de estudiante. […] No me interesan mucho sus pinturas casi monocromas de retazos y manchones abstractos o su uso sabrosón de composiciones con palabras en ellas, él tiene un lindo sentido de los colores cálidos, un toque guapo y una ambición llena e inflada […] La reputaciones se hacen antes de que el trabajo llegue a conocerse […] puede estar actuando estratégicamente, con ligereza, o cautela, pero Murillo ha optado por no exhibir pinturas en su primera exposición en solitario en Nueva York. A cambio, tenemos una instalación ridícula, derivada, triste, insípida y a una gran escala teatral. Un espectáculo de mega-galería. […]. Es una pesadilla de arrogancia autocomplaciente.”

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Saltz cuenta que llevó un “Chocmelo” a un editor de una publicación de comida: “Como arte, seguro este proyecto ofrece un comentario y un discernimiento que se me escapa. Como dulce, preferiría algo con un acento más fuerte”, dijo el crítico gastronómico. “Chistoso”, concluye Saltz, “esto es exactamente lo que estaba pensando sobre el arte.”

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La otra crítica es de Roberta Smith del New York Times, esposa de Saltz (¡!), calificada por Art Review en el puesto 80 en 2010 (y también negreada en listados recientes). La pareja comparte cobijas para escribir sus panfletos y juega al policía bueno y al policía malo. Smith escribe: “El esfuerzo merece algo de crédito por exponer, con franqueza inusual y resonancia, las brechas creadas por la raza, la clase y la nacionalidad en una galería de arte, uno de los espacios más privilegiados del mundo.”

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Sin embargo, Smith muta en dominatrix y concluye: “Aunque de no ser así, esto es solo una jugada astuta para frustrar expectativas —la imprevisibilidad, después de todo, es una mercancía artística apreciada—. Todo sigue siendo una salida fácil, cálida y difusa, dirigida al mercado del arte. A medida que los pequeños paquetes de caramelos se acumulan en la parte frontal de la galería, es probable que un exceso similar de pinturas frescas de Murillo estén cambiando de manos en la parte de atrás.”

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A este par de sicarios morales del arte no solo hay que prohibirles pisar el suelo colombiano sino que es un deber con la Patria el refutarlos. No hay que olvidar que la obra del Maestro Murillo es una crítica a la pintura, al éxito, a la identidad, al turismo social de los ricos, al mercantilísmo, al coleccionismo, a los 12 empleados de relaciones públicas que trabajan para Zwirner, a la explotación de los trabajadores vallecaucanos por parte de la industria azucarera (y al exilio de algunos sindicalistas en el Reino Unido), al racismo (los Chocmelos son negros por fuera pero blancos por dentro), a la “comunidad del arte” (una idea que el Maestro Murillo calificó en la Revista Bomb de “pura mierda”), a la logorrea y a toda la historia del arte. Así de amplio es el espectro de esta obra, a fin de cuentas, su arte es vida: es todo… y es nada.

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(Publicado en Revista Arcadia #104)

#PolíticaEditorial

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5.594 consultas

7 Opiniones sobre Oscar Murillo, la novelita mercantil

  1. Mauricio Gomez Jaramillo 2014/06/07 at 8:50 pm

    Ahora resulta que la critica a la obra de artistas de nuestra nacionalidad tiene que ser necesariamente positiva, no, no puede ser que porque una pareja de críticos (entre otras que aquí tenemos pocos) hable así, y desde su punto de vista, de la obra de Oscar Murillo, sean tratados de esta manera: “A este par de sicarios morales del arte no solo hay que prohibirles pisar el suelo colombiano sino que es un deber con la Patria el refutarlos.”. Ni tampoco tenemos que rompernos las vestiduras y creer que porque unos críticos se ocupan de una exposición del artista colombiano, sea este motivo para que el gobierno (o el estado), la critica nacional u otros actores, deban pronunciarse sobre lo que aquellos indican (y mucho menos considerar tomar medidas tan radicales y beligerantes como las propuestas por el 2ofendido”). Tampoco se entiende el hecho que se diga que estos se metieron donde nadie los ha invitado?, pues si son críticos de arte se están ocupando del asunto que les compete y no de otros, tenemos que ser tolerantes, madurar y ver que tanta razón o no tienen quienes de esta manera criticaron la exposición del anglo-caucano (Murillo, vivió desde “niño” en Inglaterra) y en esa medida dar las opiniones por quienes quieran hacerlo, pero desde un punto de vista profesional y no pasional.

  2. Andrés Villa 2014/06/07 at 8:59 pm

    Creo que la critica fue objetiva, con respecto a la fabrica de chomelos que para mi no tiene nada que ver con su obra pictórica, creo que por hacer mas dentro de un contexto de moda dentro del arte contemporáneo le salió el tiro por la culata, afortunado el que a pesar de la metida de pata la critica hizo su reseña buena o mala al final no paso desapercibido lo cual es un logro por que esta joven y puede servirle en el futuro como artista.

  3. Andrés Sánchez 2014/06/07 at 10:45 pm

    Pues la función de la crítica radica en exponer un punto de vista o una opinión ademas e describir y presentar una obra, el trabajo del “maestro” Murillo no debe agradarle a todos y los colombianos no debemos defenderlo por el simple hecho de tener la misma nacionalidad, hay que saber que así es el ámbito artístico y desde un principio se sabía que esta “obra de arte” iba a ser muy criticada

  4. Lucas Barlovento 2014/06/07 at 11:08 pm

    El peor defecto es dejarse llevar por un chauvinismo tardío y más a estas alturas del juego donde arte o no-arte, en plena mutación y sin vaticinio alguno; así como está sucediendo con las demás instancias del devenir humano, puede o “pretende” mostrar y medírsele a lo que sea “por cortesia de” algún capital privado o extranjero. Hay que reconocer que la obra de Murillo (que es el ejemplo presente), brilla más por su inusitado protagonismo que por la sustancia que conlleva y francamente se han visto cosas, a estas alturas de la historia (humana y del arte), con más enjundia, con más “tripa”, esto es algo que pocos se atreven a decir. Ha habido producción más “robusta” desde todos los puntos de vista, desde lo estético hasta el concepto y Murillo no pareciera que calzase ahí (no es de extrañar la persistente comparación mediática que le endilgan con Basquiat, comparación que hace rato sobrepasó el simple parecido físico, por algo será..). Es de un proselitismo lamentable que en un artículo como este (que debería por simple objetividad, eliminar cualquier declive, fanatismo o favoritismo) se ataque con ligereza a un pareja de críticos porque se atreven a decir precisamente eso y a recalcarlo: que sigue apestando a mediocridad el tan mentado “arte contemporáneo” y que urge una purga inmediata. Amanecerá y veremos.

  5. Fernando Castro Flórez. 2014/06/08 at 4:22 am

    señooreeesssss, ¿hay alguien ahí que entienda que Lucas Ospina se está literalmente cachondeando del “Maestro Murillo”? Me asombra que algunos piensen que está atacando a los críticos norteamericanos. Al contrario, está parodiando un discurso de “humillación y coraje patriótico”. Me asombra que algunos “comentaristas” de este texto sean incapaces de ver que el texto de Lucas es un juego extremadamente irónico en el que viene a estar más cerca del crítico gastronómico que de los defensores del “maestro” pseudo-Basquiat. Va de coña y lo curioso es que algunos tragan el anzuelo.

  6. Mateo Pizarro 2014/06/08 at 9:05 am

    De acuerdo con Fernando Castro, la literalidad con la que algunos parecieran estar leyendo no es tan útil para enfrentarse a este texto en particular, me da la impresión.

    Incluso me aventuraría a decir que no solo se burla de Murillo; todos los actores de este dramita del mundo del arte se ven un poquito ridículos cuando uno suma todos los detalles…, si es que en los detalles está la cosa. Empezando por las imágenes que escogió: la de fecebook, la de los críticos, el gif de la película animada, etc.

    Esto es mucho más ambiguo que la defensa patriótica del artista nacional del momento. Más que nada sospecho que Lucas se está riendo de toda la situación, incluidos nosotros que nos tomamos el articulo tan en serio.