Víctor Albarracín, director artístico de Lugar a Dudas, nos envía este texto a partir de la discusión en curso donde se hace un llamado a la crítica sobre lo que sucede en la escena del arte en Cali (“Hasta cuándo el simple hecho de hacer algo, de hacer cualquier cosa, se justifica en sí por acontecer. Y se escucha: por lo menos se está haciendo algo!”). Como parte de la discusión, se ha tocado el tema de la Escuela Incierta, propuesta en la que el equipo de Lugar a Dudas ha venido trabajando hace un tiempo y presentó al público recientemente. 

Sí, en Cali no pasa nada. Y todos nos quedamos tranquilos, nadie se alborota y no nos rascamos las vestiduras. La vida del boulevard, la noche del andén, la eventual algarabía del pequeño acontecimiento, son suficientes. ¿Por qué son suficientes? Porque entendemos quizás que en ningún lugar pasa nada ya. Ni en Nueva York ni en Kassel ni en Venecia pasan cosas que puedan llamarse “acontecimientos”. Vamos a Bogotá a ver a los amigos, a ver sus 35 exhibiciones de fin de semana, y es bien poco lo que pasa también. Vemos todo y hablamos con todos cuando vamos. Nos sentimos contentos por la densidad de cosas de dos o tres días y, sobre todo, por ver a quienes queremos y saber que están ahí, moviéndose, pensando, tratando. Mucha actividad y mucho cansancio. No es que esté mal, pero en Cali no gusta el afán. Seguidores de la doctrina de Edgard Wind, los caleños entienden que el exceso de acontecimiento artístico mata el arte. Hay que reposar, recoger fuerzas, masticar un poco las cosas, las calles, las imágenes, las noches, los romances, los guayabos, las conversaciones. Hay ciudades que mastican más rápido. Cali no, y está bien.

Nos gusta la pereza, el parche sin expectativas. Dickens habría escrito en Cali una novela llamada Great Unexpectations. Pero de pronto, tas tas tas, se arma.

No queremos pelear, queremos que se arme. Chévere el reclamo, pero mejor el agite, la palpitación que nos coge cuando las cosas llegan así de a poquitos y se aglutinan en un espacio donde la densidad de los días abre un agujero negro.

En lugar a dudas nos gusta así.

Venga le digo, en julio haremos una escuela que no es escuela. Un experimento pedagógico que es un parchadero, un proyecto enorme y lleno de patas, pero no enorme así como les gusta a muchos. Digo enorme porque pusimos todo ahí. Muchas preguntas, muchos indicios, muchas peleas, muchos amores y muchos amigos. Es enorme porque pusimos ahí visiones del porvenir. Un porvenir donde no nos importa lo que pasa o deja de pasar, sino un momento por el que hacemos pasar mientras pasamos, mientras la pasamos bien.

(escuela incierta) sesionará por primera vez del 24 de julio al 30 de agosto de este año. Viene un montón de gente, involucra el azare, el aleteo y el parche. Se trata este año de no hacer, de hacer pereza, de parchar juntos, de decirle no a los dispositivos de evaluación y de apaciguamiento desplegados a través del trabajo y de la productividad, se trata de decir des-pa-ci-to, de hacer menos, de tomársela suave y de resistir. De resistir sin drama, porque para dramas basta el de nuestros corazones rotos, el de la oficina, el del trancón, el del retraso, el del papeleo, el de la injusticia, el de la violencia, el de quienes realmente tienen dramas que ahogamos con nuestros dramas de clase media, y así no es la cosa.

A quienes les interese, la información más ñoña está en la página www.escuelaincierta.org. Métanse, antójense, miren quién viene y de qué va el asunto. Escríbannos, únanse, vengan. Cuesta, sí (perdón a los amigos de la destrucción radical del capitalismo vía “lo queremos todo gratis”) pero también hay becas, varias, diríamos bastantes y, sobre todo, hay oídos para escuchar y manos y voluntades para ver cómo hacemos para que puedan venir a involucrarse en esto.

Por aquí vamos pasando y haciendo pasar.

Saludos y cariños desde lugar a dudas

Víctor Albarracín Llanos

 

Debate en curso

Carta Abierta a la escena cultural de Cali

Por Matthias Dolder

Carta Abierta a la escena cultural de Cali

Mirando con distancia me sorprende cómo, en el contexto cultural de Cali, cualquier cosa puede pasar sin que se escuchen voces que cuestionen, confronten o reflexionen acerca de lo que se está proponiendo en términos de intercambios, programación, eventos en la ciudad. Hasta cuándo el simple hecho de hacer algo, de hacer cualquier cosa, se justifica en sí por acontecer. Y se escucha: por lo menos se está haciendo algo! Hay que valorar el hecho de proponer! En medio de la nada, algo esta pasando! etc. Son respuestas que parecen llenar el vacío que contiene una cantidad de estos acontecimientos “culturales” y la ausencia de una reflexión crítica que se formule a su alrededor.¿En donde están las voces nuevas?, ¿las propuestas alternativas?