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Carta a José Roca

A José Roca:

Un saludo. Le escribo a nombre propio. No hablo en nombre de nadie ni quiero representar los duelos de nadie. Por el contrario, creo que asumir esas dos posiciones en momentos como el que vivimos resulta sospechoso.

Tras revisar su más reciente postura en el debate generado por la intervención de la escultora Doris Salcedo en la plaza de Bolívar, busqué su perfil en fb o su participación en varios de los debates que se suscitaron pero no lo encontré. Quería comentarle esto por esa vía, pero nada. Ni perfil, ni muro, ni sus palabras. Y eso me extrañó. Pero de eso no quiero hablarle ahora. No quiero teorizar acerca de su marginación de esta red luego de que publicara una carta abierta donde, básicamente usted se retractaba de una opinión emitida por este canal.

Por ello, veo necesario aclararle a través de este medio varios elementos de su misiva que inducen a confusión:

1.- Desde que se lanzó la convocatoria pública para organizar de manera rápida y efectiva un grupo que contribuyera en la realización de la obra de Doris Salcedo, siempre se usó la palabra “voluntarios”. Personas que, en ese contexto de producción, habrían de contribuir, de buena fe y por voluntad propia, en la realización de una acción de duelo específica. Sin embargo, a medida que fue avanzando la realización de la obra aparecieron cartas públicas, anotaciones y comentarios sobre el modo en que esa figura se incorporó a una estructura más de índole administrativo. Esto produjo un desbalance: el gesto altruista que parecía inspirar la invitación se reemplazó por la administración de mano de obra. Es decir, los encargados de gestionar la labor de los colaboradores les convirtieron en operarios a destajo ad honorem. Lo cual no está mal, pero cuando se trata del tema que deseaba tratar la artista se vuelve estructural. Cuestiones como la velocidad para terminar el trabajo, roces en la manera de dirigir las acciones, etc., burocratizaron ese duelo. Y un duelo burocratizado no cohesiona tanto como se quisiera.

2.- Darle realce a esa precarización de corta duración o al trasteo momentáneo de un campamento de protesta para satisfacer la pretensión estética de una obra no me convierte en un ser mezquino. Crítico sí; cansón, más; fastidioso, bastante. Pero no mezquino. No veo ruindad o falta de nobleza de mi parte al reiterar que la artista traicionó los principios que promociona en medios de comunicación internacionales con gesto contrito. Más bien, eso revela que hago parte de quienes han modificado su comprensión hacia este tipo de acciones y que ante lo que hace diez años veíamos como gestos de altruismo inigualable, ahora se evidencien como egoísmo. Subrayar la incoherencia en el modo en que se hizo esa obra no es manifestación de mi profunda envidia. De verdad: no quiero hacer lo que Salcedo hizo ese día en ese lugar. Es más, me parece exagerado pensar que una propuesta mía de acciones de duelo deba cohesionar a esta sociedad.

3.- No por haber recibido aceptación en el exterior, la obra es incuestionable. Esa opinión revela una colonización de valores por parte suya. Impone el juicio foráneo como intérprete válido de un hecho estético. Así, “si a Salcedo la sobrevaloran en el exterior, ello quiere decir que todo lo que haga será infalible y quienes no lo valoremos de manera incondicional seremos acusados de ser poco cosmopolitas”. Mal. Esa descalificación me parece un poco, muy poco, cosmopolita.

4- Soy partidario de que llegue a la firma de la paz con las guerrillas y con todos los grupos armados irregulares que operan en este país. Pero haber votado SÍ no me impide cuestionar los modos en que se hace y promueve el arte contemporáneo local.

Finalmente, le invito a que no generalice posturas que, con tal de minimizar la contradicción de una obra, quieran eliminar cualquier forma de disenso. O a que obvie esa equivalencia que usted estableció en su carta abierta entre discernimiento y la expresión de “odios y frustraciones”. Sería chévere.

 

–Guillermo Vanegas*

 

*En respuesta a la Carta Abierta a la Opinión Pública de Jose Roca

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