Hace más de una década esferapública reunió en el dossier «Autonomías e independencias» una selección de textos sobre los espacios independientes de Bogotá y otras ciudades en los que se abordan situaciones diversas: su auge, su estandarización, su relación con las instituciones y el mercado, las formas de financiación, el trabajo no remunerado que los sostenía, sus logros y sus fracasos.
Eran épocas en las que esta escena se encontraba en plena expansión. Entre 2010 y 2014 llegó a haber entre cincuenta a sesenta espacios abiertos en Bogotá, casi todos con un modelo similar: un garaje, casa o apartamento, un grupo de artistas, un arriendo compartido y una programación.
Con el paso de los años, un grupo amplio de estos espacios fue cumpliendo su ciclo; otros se transformaron en escuela; otros mutaron hacia lo editorial y dejaron de pensar lo expositivo como formato dominante. La escena actual incluye –además de un pequeño grupo de lugares de encuentro y exposición– editoriales de dos personas, archivos que alguien digitalizó por su cuenta, procesos que existen en el trayecto entre ciudades, cuentas de Instagram que proponen miradas a exposiciones y reflexión sobre situaciones del campo del arte. No buscan definirse como «espacio» y tampoco como «autónomos» o «independientes». Casi todos dependen del ciclo anual de convocatorias, del trabajo paralelo de quien los dirige o de dinero propio.
De ahí el interés de abordarlos a partir del concepto de «infraestructura»*, que obliga a preguntar lo que el vocabulario de la nota cultural suele esquivar: quién paga, cuánto dura, quién los mantiene, qué pasaría y qué quedaría si desaparecen.
Este dossier reúne conversaciones con artistas de escenas de varios países que crearon proyectos y los han mantenido activos más allá de lo habitual.
Para todos las mismas preguntas: cómo empezó y con qué, qué cambió en la manera de hacerlo, qué tuvo que dejar de hacer para seguir, qué pasaría si dejara de hacerlo.
La primera conversación, el próximo domingo.
* La noción de infraestructura se propone aquí en varias acepciones. Una de ellas como la entiende el sociólogo y urbanista AbdouMaliq Simone, quien escribió sobre las personas como infraestructura cuando la material no existe. La arquitecta y artista Céline Condorelli la trajo al arte en Support Structures, un manual sobre lo que apuntala y lo que mantiene. La crítica e historiadora Marina Vishmidt acuñó «crítica infraestructural» para ampliar la crítica institucional hacia las condiciones materiales del arte contemporáneo, tratando la institución como base de recursos en disputa.