¿Son los memes una amenaza para el mercado del arte?

El 15 de junio de 2022 el portal artnet.com publicó As an Art Advisor, I’ve Watched ‘Meme Art’ Destroy All Logic in the Art Market. Here’s What We Can Do About It, un artículo interesante, no por lo que dice directamente, sino por las otras lecturas que ofrece. Resumo brevemente: su autora, Lisa Schiff, habla de una incisión entre un sistema de valoración económica del arte en el siglo XX y uno en el Siglo XXI. El primero consolidaba lo estético con lo financiero a través de instituciones y autoridades (museos, curadores, galerías, y por supuesto, consultores de arte, como Lisa Schiff), el segundo se sostiene por art influencer y su número sólido de fans en la búsqueda de especulación financiera. Esta erosión del sistema tradicional de valor, tiene consecuencias. Se puede hacer dinero con mal arte, «Collectors will no longer feel safe buying real art. Speculation will prevail. Art collecting will devolve into day trading and gambling». En cada región del mundo hay un ejemplo concreto del mal arte que se vende como pan caliente. En Dusseldorf hay uno muy bueno.

Schiff propone soluciones prácticas, tales como transparencia de precios en los mercados, secundario y primarios, así como mejores controles a los “real time” assessments para los art loans.
Si bien Lisa Schiff describe un fenómeno real en el mercado del arte actual en el que estoy de acuerdo. Sin embargo, su génesis y funcionamiento debe ser mirado de manera crítica.

1. Como la autora lo dice, el sistema de valoración económica del arte del Siglo XX estaba predominante ocupado por hombre blancos. Falta añadir que no sólo es una cuestión de género sino de geografía: hombres blancos europeos y norteamericanos cuyos intereses definieron el canon del mundo de arte e hicieron de éste el modelo dominante. Con 80% del mundo y sus creaciones estéticas excluidas en los criterios del canon de arte occidental, es imposible sostener la idea de la parcialidad y corrección en la competencia para juzgar el fenómeno estético de la obra de arte. Es decir, el sistema de valuación del S.XX era de por sí excluyente y construido de manera errónea.

2. No hay cesura ni erosión entre un sistema de evaluación de arte y el otro, sino un desarrollo (perverso) que promovieron los mismos gatekeepers del uno. A saber, prácticas en la que curadores de museos e instituciones, pagados por impuestos, ofrecen paralelamente consultoría de arte a personas privadas, con el riesgo que lo público (el museo) fuese utilizado para incrementar el valor de la obra de arte ahora en pertenencia de un coleccionista privado. Galerías (muy serias y respetables) que en los últimos años sólo venden la obra de arte, si el comprador, que es un miembro del board del museo, compra dos. Una para él y otra para donar al museo. De esa manera creando un incremento artificial del valor, en tanto la exhibición es sold out, y las obras circulan en los mejores museos. Pero allí no para la cosa. Un lote de obras salen directamente de la galería y terminan través de testaferros en casas de subastas públicas. Una vez que los precios exorbitantes son públicos, comienzan a ser ofrecidas en las ventas privadas. En resumen, las procesos del meme art, mal arte que produce mucho dinero, son simplemente otro nivel de visibilidad, más cínica, de lo que ya sucedía con el mercado del arte contemporaneo.

3. Como lo dice la autora, la mayoría de los meme art son pinturas. Aquí hay una responsabilidad histórica del mismo sistema del arte por su propio declive. El canon occidental se dedicó a consolidar como género principal la pintura y la idea del artista como genio creador, excluyendo al arte que busca más allá de la producción de un objeto, y la creación desde la colectividad. Controles en los flujos de información de precios, modificaciones en los parámetros de valuación pueden disminuir el efecto nocivo del meme art, pero los cambios deben ser estructurales. Soñemos en reescribir los criterios de evaluación tanto estéticos como financieros. Que ellos se sostuviesen por el impacto social, la creación de símbolos culturales de la obra de arte, y, (en esta urgencia climática), otro criterio además fuese el aporte ecológico de ella. Suena utópico, pero no lo es. Simplemente una historia prevaleció sobre la otra y se desarrolló como una narrativa dominante. En este nuevo sistema de arte, todo meme art será bienvenido, toda copia en busca de lo social y lo ambiental será bien recibida.

 

Jorge Sanguino