Performance Mediático: Marina Abramovic y Ulay se reconcilian

Para nadie es un secreto que después de su muestra en el MoMA, la Abramovic se convirtió en una estrella mediática. En un nuevo documental revive su relación con Ulay, artista y compañero con quien realizó sus performances más memorables. Compartimos con los lectores de esferapublica esta crítica de Beatriz Miranda publicada en El Mundo.

Marina Abramovic y Ulay se reconcilian definitivamente por dinero y amor a su arte

La historia de amor entre la madre, ya abuela, de la ‘performance’, Marina Abramovic (70 años), y su pareja artística y sentimental más importante, Ulay (73), está resultando más sólida y duradera de lo que sus protagonistas llegaron a imaginar jamás.

Ellos, que recorrieron el mundo en una furgoneta en los 70 sin nada que llevarse a la boca, tejiéndose sus propios jerséis e intentando hacer reflexionar al mundo sobre las relaciones de pareja a través de sus delirantes instalaciones. Ellos, que hicieron de su ruptura, en 1988, la más sonada y original de todos los tiempos, fundiéndose en un abrazo eterno tras recorrer, cada uno desde una punta, los más de 21.000 kilómetros de Muralla China. Ellos, que están viviendo a su vejez el reconocimiento tras años de penurias y descrédito.

El Louisiana Museum of Modern Art de Dinamarca exhibe una muestra sobre la obra de la artista serbia, pero se centra en el fructífero romance entre Marina y Ulay, quienes estuvieron, (supuestamente, ya nadie sabe si es verdad o no, pero qué importa), sin verse ni tener contacto alguno durante 22 años, de 1988 a 2010, hasta su famoso reencuentro en el MOMA en la retrospectiva que le dedicó el museo neoyorquino a ella bajo el epígrafe ‘The artist is present’.

Ellos han jurado y perjurado que ese golpe de efecto tan sentimental fue real. Es más, no costaría creer que orquestaran tal cual esta obra de arte amorosa 20 años atrás. Con lágrimas. Manos entrelazadas. Aplausos del público.

Fue tal el éxito de ese reencuentro que se hizo viral y por eso los ex han decidido exprimir al máximo su relación por amor al arte. De hecho, protagonizan un documental sobre su relación que hoy se ha convertido en una bonita amistad y un modo de vida, ya que dan conferencias sobre lo que significó para ellos su vínculo amoroso y artístico, que no han dejado de explorar.

Marina Abramovic es hoy una septuagenaria atractiva, operaciones de cirugía estética evidentes aparte, y Ulay un anciano flaco que preserva su magnetismo. Hoy parece que están a partir un piñón, pero tras su coincidencia, orquestada claramente, en Nueva York, a la vista de todo el público, han tenido sus enfrentamientos. En 2015, Ulay demandó a Abramovic para reclamarle una parte de los derechos de las obras que realizó con ella. El juez le dio la razón y ella le ha tenido que pagar 250.000 euros.

Marina, que también tuvo relaciones turbulentas con sus dos ex maridos, también artistas (Paolo Canevari, más joven que ella, y Nesa Paripovic), dijo en su defensa que Ulay fue una especie de nefasto marchante de sus obras durante una temporada, que vendió a muy bajo precio a personas que no sabían apreciarlas.

Pero bueno, todo esto es ya papel mojado. Sus instalaciones, como la de besarse hasta desmayarse por quedarse sin oxígeno, o la de abofetearse hasta la extenuación, pasando por sostener un arco y una flecha al borde de la muerte, incluso dar vueltas en círculo sobre su furgoneta durante toda una noche, forman parte ya de la historia del arte. Echen un ojo al documental, que va mucho más allá del reencuentro romántico en el MOMA.

 

Beatriz Miranda, publicado por El Mundo