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Decálogo del éxito arquitectónico en Colombia ¿Quiere ganar premios nacionales e internacionales? ¿Quiere conseguir contratos de edificios importantes? ¿Quiere ganarse los concursos de arquitectura? ¿Quiere que publiquen su obra? En fin… ¿quiere ser un ganador y no un perdedor? Joven arquitecto, estudiante de arquitectura: no se preocupe. Estamos en un buen momento. La burocracia eficientista en el poder le garantizará el éxito si usted sigue juiciosamente los diez mandamientos siguientes: 1. No lea. Eso es demorado y dispendioso. Vea, vea mucho. Recuerde: los premios y los concursos entran por los ojos y una imagen vale más que mil palabras. 2. Suscríbase a revistas extranjeras costosas (ojala Croquis) y copie los proyectos que hayan sido más copiados. Así estará “in”. 3. Apréndase de memoria los nombres del jet-set arquitectónico internacional para saber qué buscar en la sección de imágenes de Google. 4. No se preocupe por lo que hay adentro de los edificios. Lo importante es que el envoltorio sea fotogénico. 5. Intrigue ante jefes maleables para que nombren a sus amigos en los jurados para que lo premien a usted. Luego usted será jurado y premiará a sus amigos. 6. Haga edificios que se deterioren antes de 10 años. Así tendrán que hacer uno nuevo y lo contratarán de nuevo, pues para entonces usted sabrá cual es la moda. 7. No use ladrillo, madera ni piedra. Use vidrios y metales blandos. Tienen muy mala vejez. 8. Desprecie todo lo que suene a arquitectura específica de un lugar o que tenga algún asomo de identidad colombiana. Eso es anacrónico. Pose siempre de ciudadano del mundo. 9. Aunque construya todos los edificios importantes y monopolice los premios de las bienales, preséntese como una víctima perseguida. Eso siempre da resultados. 10. Pague para que lo publiquen en revistas de gran tiraje. Si esa estrategia le sale muy costosa, monte su propia página web, o al menos un blog. Silvia Arango Respuesta a Silvia Arango Estimada Silvia, Definitivamente esperaba más de usted en este debate, pero veo que ha optado por atrincherarse y “disparar” a diestra y siniestra contra lo que parece ser un tipo de arquitectura que usted desaprueba. Y no es que no se pueda desaprobar, pero creo que el decálogo se parece más a la pataleta de un adolescente que no puede obtener lo que quiere, que al trabajo de un crítico que es reconocido internacionalmente por su seriedad. Respetuosamente me permito hacer algunas observaciones a su “decálogo”. 1. ¿Por qué en lugar de oponer lectura y mirada no dice que también la mirada debe ser objeto de una cuidadosa educación? 2. ¿Por qué en lugar de proscribir las “revistas extranjeras” como si se tratara de una obra del mismísimo demonio, no dice que es necesario aprender a leerlas críticamente para no ser un consumidor inocente? 3. ¿Desde cuándo las redes profesionales y disciplinares son “Jet-Set arquitectónico”?. Vistos desde fuera, también los Seminarios de Arquitectura Latinoamericana podrían tildarse de Jet-Set arquitectónico. Por otra parte, la moda es un fenómeno cultural, tal vez uno de los más característicos de la modernidad. ¿Por qué en lugar de estudiarlo y comprenderlo como intentó hacer Simmel (tomé esos cursos con usted) se opta por el camino de la descalificación fácil? 4. ¿Por qué en lugar de señalar que el “adentro” es tan importante como el “afuera”, se opta por la actitud moralista de despreciar toda forma exterior? 5. Sin comentarios. Hipótesis demasiado aventurada. 6. ¿Por qué no enseñar a proyectar la desintegración y el fin mismo de los edificios? ¿Por qué no enseñar a que mientras dure, un edificio debe ser impecable, pero que no debe cargar con el peso de tener que durar para la eternidad? Hay estudios bastante serios en esta dirección. El 99,9% de los edificios que se están construyendo en la actualidad no durarán más de 50 años. No pueden hacerlo. La dinámica de transformación de la sociedad contemporánea atenta contra ello. ¿Dónde está el error de pensar un edificio para 20, 30 o 50 años de uso? Por qué no enseñar a preguntarse por las consecuencias que esta condición tiene sobre el proyecto de arquitectura? ¿Por qué una investigación proyectual no puede centrarse en pensar la obsolescencia de la obra? 7. ¿Por qué no enseñar las formas de envejecimiento de los materiales, o como dicen los que saben del tema en inglés el “weathering”, en lugar de proscribirlos?. Ningún material es de por sí “bueno” o “malo”. Hay que reconocer que en manos de un buen arquitecto, hasta el material más despreciable es ennoblecido y viceversa. ¿Por qué no enseñar que el problema no está en los materiales sino en lo que se es capaz de hacer con ellos? 8. La experiencia de la deslocalización es una experiencia real vivida cada día por más y más personas. Algunos dicen que es ésta justamente una de las experiencias existenciales de la modernidad. ¿No puede haber cabida para este tipo de experiencia en la arquitectura? ¿No puede haber una búsqueda arquitectónica en la que ser colombiano, jamaiquino, brasilero, francés o chino dé lo mismo? 9. Sin comentarios. Hipótesis demasiado aventurada. 10. Personalmente he servido de puente para que alguna de la arquitectura que usted desaprueba sea publicada en revistas de arquitectura de América Latina y Europa. Yo no he pagado por ello y tampoco mis colegas cuyas obras han sido publicadas. ¿Por qué resulta tan difícil aceptar que por fuera de Colombia existe un interés legítimo en publicar lo que se considera un fenómeno nuevo y emergente que ha venido a refrescar la cultura arquitectónica local luego de décadas de aplicada militancia regionalista? Estimada Silvia. Estoy convencido que usted sabe que este no puede ser el camino de una crítica constructiva. No es que no podamos aguantar un poco de ironía o que no necesitemos algo de distensión pero este decálogo me parece que raya en la ofensivo y por ello expreso mi desacuerdo, no sólo con su contenido sino con la forma de hacerlo. Apelo a su reconocida estatura intelectual para invitarla a que desde ahora, en lugar de la descalificación fácil, contribuyamos a construir un verdadero espacio de debate en el que los argumentos estén por encima de los gustos personales. Hugo Mondragón López ¿nuevo, viejo o recurrente? Me pregunto si este decálogo fue promovido en algún curso universitario, por allá en los años 50 o 60, en alguna de nuestras facultades. Digo lo anterior porque, de mis conversaciones con algunos arquitectos en uso de buen retiro, y de la lectura atenta de algunos textos de historia (entre los que obviamente se encuentra la Historia de la Arquitectura en Colombia), he concluido que: 1. Los que ahora consideramos como Maestros del racionalismo moderno en el país no leían, y en cambio veían muchas fotos de edificios modernos publicadas en libros y revistas de todo el mundo. 2. Entre estas revistas, L’Architecture d’aujourd’hui, Architectural Record e incluso Japan Architect - no precisamente las más baratas - servían como fuente inagotable de “inspiración”. 3. Aunque no existía Google, los nombres de Breuer y Neutra, Mies y le Corbusier, Tange, Niemeyer y Yamasaki, entre otros, circulaban amplia y libremente. De hecho, cada vez que he tenido la oportunidad de oír a uno de estos Maestros, antes que a una reflexión sobre su oficio, me he enfrentado a una lista de influencias, específicamente ligadas a los nombres de arquitectos famosos. 4. y 7. Suficiente se ha escrito ya sobre el proceso de transformación epidérmica de nuestra primera arquitectura moderna. Tanto desde el punto de vista funcional, como desde el material, se han registrado curiosidades como la construcción de cubiertas planas “mentirosas”, con tejas de barro sobre estructuras de madera, ocultas tras áticos que simulan techos planos, u obras dependientes de muros de carga que intentan presentarse como plantas libres por medio de un cuiroso decorado de fachada que intenta reproducir las “fenêtres en longueur”, en una clara muestra de la incoherencia entre interior y exterior propia de la simple reproducción lingüística. 5. Una breve revisión (y un cruce) de los nombres de profesores universitarios relevantes, miembros de la SCA, autores publicados en Proa, jurados de los concursos y diseñadores de los proyectos importantes de las dos décadas mencionadas no debe arrojar un listado demasiado amplio. 6. Por otra parte, si en lugar de considerar ignorantes o criminales a quienes han demolido o reformado radicalmente las obras de este racionalismo moderno de los años 50 y 60, pensamos por un momento que estos proyectos han resultado funcionalmente ineficientes tras el paso de dos o tres décadas, debemos aceptar que los edificios se deterioran de diferentes maneras, y que es tan efímera una obra materialmente frágil como una funcionalmente obsoleta. 8. Por más que Carlos Martínez promoviera un vínculo entre la arquitectura colonial y el racionalismo moderno, es evidente que el programa de la mayoría de los arquitectos modernos (el nombre de la revista Proa es suficientemente elocuente en este sentido) intentaba “romper” y “avanzar”, dejando atrás todo aquello que se consideraba obsoleto y malsano en un país evidentemente atrasado. 9. No tengo noticia de que estos arquitectos a los que me refiero se consideraran “víctimas perseguidas”, pero en algún texto de Francisco Ramírez Potes sobre la arquiectura moderna en Cali se alude a casos en los que estos profesionales manifestaron que, así como en el concurso de la Liga de las Naciones en Ginebra, los mejores proyectos (los suyos, obviamente) habían sido despreciados en competencia debido a la mentalidad reaccionaria de una sociedad que privilegiaba los monstruosos remanentes de lo clásico y lo académico en el país. Creían esto aún siendo los constructores de la mayor parte de los edificios diseñados por arquitectos en nuestras ciudades durante más de veinte años. 10. Evidentemente, no existía la red, ni los blogs. Aún así, estoy seguro de que la publicación de proyectos colombianos en alguna revista internacional (como las que menciono atrás) fue vista, en su momento, como un motivo de orgullo para el arquitecto publicado y para el gremio. Ahora bien, no me atrevería a afirmar que pagaran por aparecer en una revista, como tampoco me atrevería a asegurar que esa sea una práctica corriente hoy día. En resumen, todo lo anterior me lleva a dudar de la actualidad de este decálogo que, repito, resulta aplicable al trabajo, tanto de los prohombres de la arquitectura moderna de los años 50 y 60 (considerados por algunos como héroes y Maestros de la arquitectura colombiana), como de algunos profesionales exitosos de hogaño . Por otra parte, si la intención de estos diez sarcásticos enunciados es criticar el trabajo de algunos arquitectos contemporáneos (algo que me parece perfectamente válido e incluso necesario), concluyo que, al menos en este caso, se peca por incoherencia, toda vez que aquello que se demerita en la obra de algunos ha sido alabado en la obra de otros. Así (y en este sentido estoy de acuerdo con Hugo Mondragón) me parece que debe apelarse a una estrategia diferente (quizás más sesuda y culta, y menos acalorada y efectista) para enfrentar aquello que, creerán algunos, es necesario enfrentar. Yo, entretanto, me soprendo viendo cómo los espíritus de tiempo y lugar (tal como los menciona el siempre admirado Enrique Browne), continúan su tránsito pendular por las páginas (ahora electrónicas) de la breve historia de nuestra arquitectura. De preocuparnos por estar a tono con un mundo que consideramos avanzado y deseable pasamos a buscar nuestra identidad, y viceversa. Jorge Alberto Mejía Out There: Architecture Beyond Building Estimados Colegas, Estoy muy complacido por el tono de la discusión que se está dando en ESFERA PUBLICA. Considero particularmente relevante poder hablar de ARQUITECTURA, de historia-teoría y crítica de la arquitectura, a partir de una obra de ARQUITECTURA contemporánea como lo es la Biblioteca España en Colombia. Supongamos que esta obra dio pie para que estemos hablando del rol de la arquitectura en la cultura y en la sociedad contemporánea. Supongamos que una obra emblemática de la arquitectura contemporánea colombiana, logre mostrar al “Jet-Set” que también en países en vía de desarrollo se construyen grandes IDEAS y probablemente con solo un cuarto del presupuesto de países como Suiza, Inglaterra u Holanda. Supongamos que una piel por el mismo hecho de ser una piel barata, construida con tecnología low-tech, acepte filtraciones. Acepte que se pueda rápidamente deteriorar, y que eventualmente, cuando sea necesario, pueda ser substituida. Que pueda ser modificada su forma externa, su aspecto y su revestimiento, entregando a la ciudad un nuevo icono nuevamente acorde a sus tiempos. ¡No es eso lo que nos interesa¡ No es la piel, no es la imagen. Es la estructura, son los libros que están adentro, lo que nos interesa y sobre todo que la gente los pueda leer. Supongamos que para hacer sentir la propia voz en el contexto arquitectónico internacional, un arquitecto tenga que construir rocas en vez de bibliotecas. ¿Cuál es el problema si lo logra? Absolutamente todo es perfectible. Pero considero que una obra de arquitectura ejemplar como ésta va analizada con categorías especiales que consideren además de la “Firmitas, Utilitas y Venustas vitruvianas”, el idealismo, la fuerza expresiva y por último, pero no menos importante, el marketing. Con eso no quiero decir que es suficiente hacer un obra que se “venda bien”, pero considero que una obra que se vende bien es capaz de transformar un barrio o inclusive una ciudad (tal es el caso de Bilbao con Guggenheim de F. O. Ghery, un edificio que personalmente no aprecio, pero es un hecho demostrado que ahora gracias a ese y otros edificios la ciudad vive también de turismo cultural y arquitectónico). Supongamos que la Biblioteca España de Medellin en Colombia refleja precisamente los conceptos y la ideas que están detrás de la ultima Biennale di Architettura di Venezia cuyo título es “Out There: Architecture Beyond Building”. ¿Qué es lo que va más allá del edificio? Personalmente considero que son las ideas (mejor si son construidas como en este caso), los ideales, los conceptos, las discusiones, las polémicas, los debates (como en este caso) y mucho más. Concluyo citando a Hugo Mondragón diciendo que esta OBRA “ha contribuido a construir un verdadero espacio de debate en el que los argumentos están por encima de los gustos” y estoy particularmente agradecido a Giancarlo Mazzanti en demostrarme que hay obras que “van más allá del edifico”. Umberto Bonomo Tria Arquitecto IUAV (Istitituto Universitario di Architettura di Venezia) Candidato a Doctor. Doctorado en Arquitectura y Estudios Urbanos. Pontificia Universidad Católica de Chile. La crítica como cosa pública ESTIMADOS COLEGAS Y AMIGOS: Dos artículos publicados recientemente muestran interesantes facetas de la manera como se enfrenta hoy en día la discusión sobre temas arquitectónicos. El primero, es un artículo de Germán Téllez Castañeda, publicado hace unas semanas en El Espectador. En él se cuestionan condiciones de calidad de proyectos y construcciones internacionales contemporáneas. El segundo artículo fue publicado en la sección de arquitectura de la Revista Semana (edición 1377), bajo el enigmático título “Vida después de Salmona”. Los dos artículos se diferencian radicalmente en sus enfoques, y en esta carta no entraremos a analizar sus diferencias. Sin embargo hay coincidencias en la manera de aproximarse al tema: Germán Téllez introduce su escrito describiendo la sorpresa de encontrar información sobre el debate arquitectónico actual en una revista de línea aérea, donde el interés publicitario y comercial es el criterio principal de selección editorial. En la revista Semana el artículo se encuentra inmerso en una densa maraña de escritos especulativos sobre las condiciones sociales, judiciales y políticas de la actualidad nacional. Los dos artículos – de muy diferente calidad en su escritura – dan cuenta de la curiosa eventualidad de los medios en los cuales se presenta la información sobre la actualidad de nuestra profesión. En principio, no podemos afirmar que estos sean escritos con visión crítica sobre la arquitectura – pero sí – que la arquitectura está entrando en una especie de “umbral de la moda” que le otorga la posibilidad de ser inserta en publicaciones no especializadas, de tiraje masivo. Esta condición nos genera preguntas: ¿Por qué el inusitado interés de los medios de hablar hoy de arquitectura? ¿Por qué la crítica arquitectónica está tomando rango de cosa pública? La respuesta a estas preguntas demanda mas espacio del que me propongo utilizar aquí. Sin embargo creo pertinente enfatizar que en el ambiente – de legos y profanos – se están alzando voces que demandan aclarar el panorama de la crítica de la arquitectura actual colombiana. La actividad del ejercicio de la crítica actual en arquitectura –en nuestro país y en el continente – es importante desde donde se le mire. Por eso leer la discusión que circula en el Internet, en el lugar de “Esfera pública” ha producido un ambiente apropiado para reflexionar y opinar en torno al tema. Es necesario reconocer que hoy hay un huracán conceptual engendrado en las tibias corrientes de la indiferencia de un gremio que cada día tiene menos cohesión y representatividad. Esas falencias han sido transmutadas – por arte de ilusionistas – en el argumento contemporáneo de la necesidad urgente de posicionamiento y figuración. Esta condición se evidencia en la asimilación de la arquitectura a la producción de objetos de marca; a la espectacularidad irresponsable que deviene de enfatizar vacuos contrastes. El problema del afán de posicionamiento y figuración –en nuestro medio – se concentra en la reproducción fragmentaria y selectiva de imágenes, reconocibles en el ámbito de las apariencias publicitarias, de las veleidosas novedades arquitectónicas. Es en el camino de la reproducción plástica de ecos visuales globales, donde ha quedado atrapada la arquitectura en incómodas contorsiones plásticas. El resultado son objetos extraños: no arte, no arquitectura, mucho menos ciudad. ¡Eso sí! algunos de ellos registran bien en las fotografías. Hoy no hay duda de la contundencia de la imagen. Y es que la imagen, como atributo de todo lo construido, es una cualidad general, comparable, imitable, que no transmite información específica sobre la calidad de la obra de arquitectura; tampoco da cuenta – en la realidad – de la dimensión social y el compromiso cultural profundo que caracteriza a la arquitectura. La imagen – si nos proponemos citar sus cualidades – es posible de editar, contrastar, recortar, y finalmente, difundir a través de amplias redes publicitarias. Por esa razón, la crítica responsable no puede tener como fundamento las colecciones aleatorias de imágenes de obras arquitectónicas. La arquitectura es un hecho construido, que permite experiencias, donde – más allá de su apariencia física – expresa la inquebrantable vitalidad de la cultura. De manera similar, no se puede asumir que un juicio ambiguo y confuso –que otorga un premio casual – pueda servir de argumento para considerar que una obra de dudosa calidad pueda transformarse – por avatares mediáticos – en paradigma de la labor profesional de la arquitectura colombiana. ¿Acaso es mérito de la arquitectura construir deficientes edificios convencionales recubiertos de endeble utilería? Aprovechemos que la tormenta de opiniones y señalamientos está alejando – por el momento – la nube de apatía tradicional del gremio. Propongámonos concurrir en una discusión formativa sobre los juicios de valor aplicables a la formulación de la crítica seria. Es esta una invitación a abandonar el incomodo recinto de la polémica acalorada, para pasar a formular criterios, establecer mecanismos de análisis, para finalmente aproximarnos a establecer (hay ya notables antecedentes) canales posibles de crítica arquitectónica responsable. Cordialmente, Jorge Ramírez Nieto Puede acceder a todas las intervenciones de este debate pulsando aquí
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