Objetivo-SubjetivoSe relacionan aquí las experiencias, pensamientos, sentimientos y emotividad que suscitó en nosotros la exposición “Objetivo-Subjetivo” del maestro Miguel Ángel Rojas (Bogotá, Colombia 1946), presentada en el Museo de Arte del Banco de la República en la ciudad de Bogotá, de noviembre de 2007 a febrero de 2008. Se expusieron allí obras que en su conjunto conformaban una retrospectiva de algo más de 40 años de trabajo del artista, mostrando técnicas que fueron del dibujo en grafito a la instalación, pasando por grabados en aguafuerte, fotografías y videos. El marco teórico desde el cual quisimos apreciar esta muestra, fueron los planteamientos respecto a Eros y el Amor que desarrolla Platon en sus Diálogos, muy oportunos por su relación directa con las temáticas en las que incursiona Miguel Ángel Rojas. Como un segundo punto de referencia para nuestro acercamiento a la obra de Rojas, tuvimos en cuenta los artículos publicados al respecto en la página virtual de Esfera Pública (www.esferapublica.org) por artistas como Mauricio Cruz, Guillermo Vanégas, Jorge Peñuela y Lucas Ospina, entre otros. Así mismo, tuvimos en consideración lo discutido en el panel que sobre esta exposición se llevó a cabo el pasado 3 de marzo en la Universidad de los Andes, y en el cual participaron los artistas antes citados. ¿Se puede apreciar en Miguel Ángel Rojas influencia del pensamiento de Platón? Platón en sus Diálogos exalta la importancia del amor en el hombre, poniéndolo por encima, incluso, de las ideas. En discursos como El Banquete y Fedro expone que la virtud juega un papel importante, pero esa virtud que enaltece al hombre solamente se encuentra a través del amor. Así, y desde una dialéctica emocional, se trata de alcanzar, desde lo tangible, lo que se entendería como “idea suprema”, como fin máximo, en el cual el amor es la guía que de escalón en escalón conduce la vida. En la doctrina platónica, esta dialéctica es el proceso intelectual que permite llegar, a través del significado de las palabras, a las realidades trascendentales o ideas del mundo inteligible. Sin embargo, el fantasear de los poetas respecto al amor no tiene cabida en los planteamientos del filósofo, que evita el contagio de la fantasía y la imaginación propia de los que versifican, prefiriendo el conocimiento ¾no privado de cierto hálito lírico¾ como único camino para llegar a la verdad absoluta. Miguel Ángel Rojas trabaja el tema del amor en la mayoría de sus obras, acercándose a los planteamientos de Platón ya que lo que muestra en su trabajo son ideas importantes que, íntimamente ligadas al amor y al eros, trata de sobreponerse a la censura. Así se evidencia en las series de fotografía Faenza y Mogador y en los aguafuertes. En este contexto la serie de fotografías David, en la cual el modelo expone los perfiles de su belleza física sin importar la carencia de una extremidad, es un claro ejemplo de transgresión que, sin embargo, se acerca al gusto clásico por la belleza masculina aludiendo, irónicamente, al David de Miguel Ángel, con lo que queda clara la postura conceptual de este Miguel Ángel del siglo XXI, que en su obra, implícitamente, desarrolla la dialéctica emocional planteada por Platón llegando por los diferentes caminos y bifurcaciones del arte a la “idea suprema”. Los temas en Rojas están al servicio de las ideas, de las imágenes, del desarrollo de situaciones, afectos y desencantos y, en un lugar de privilegio, al servicio de la exaltación del amor sin importar que sus posturas ¾desde el prisma miope de algunos sectores de la sociedad¾ resulten execrables e, incluso, escatológicas como podría ser el caso del círculo de semen que hace de marco de observación en la serie Mogador. En este punto Rojas se aleja de lo expuesto por Platón respecto del amor, pues los seres atrapados en sus obras están sometidos a una búsqueda de placer que no trasciende su circunstancia inmediata, su estado físico, su necesidad. Recordemos que Platón privilegia al amor como camino hacia la virtud y hacia la “idea suprema”. Los seres de Rojas lindan con un apetito que va de la oralidad al sometimiento a favor de la carne, lo que desde algunas posturas sería una abyección y, desde otras, quizá, un camino propicio para la consumación del eros. En este punto Miguel Ángel Rojas, el artista, se revela como ser humano, como hombre de carne hueso y alma, como materia viviente habitada por apetitos y preferencias: las mieles de los que son iguales a él ¾como en un juego de espejos¾ son las que su piel anhela, y así lo plasma en su obra. Debate: Obra, Diseño, Curaduría y otros En la Universidad de los Andes Natalia Gutiérrez, Mauricio Cruz, Guillermo Vanégas, Jorge Peñuela y Lucas Ospina desarrollaron las posturas que habían presentado previamente en artículos publicados en Esfera Publica. Ya en el panel, la presencia de los autores matizó cada escrito; el tono narrativo del artículo de Vanegas, por ejemplo, en labios de su autor se siente menos formal sin perder la seriedad de sus planteamientos. Natalia Gutiérrez desarrolló una postura curatorial deteniéndose en el título de la exposición: Objetivo-Subjetivo al que calificó de “realmente bello”, lo que no fue compartido por sus compañeros de mesa que vieron en ese mismo título una postura maniquea que caía o conducía a una contradicción quedando en el plano de lo blanco-negro, obvio-abstracto, objetivo-subjetivo que en nada aportaba a la obra expuesta. Los panelistas observaron que la retrospectiva de Miguel Ángel Rojas estaba montada como un recorrido parcial por algunas etapas de su vida artística, hicieron énfasis en sus últimos trabajos, consideraron que lo expuesto no era propiamente una retrospectiva de su obra, sino más bien un recorrido mutilado, con la gran ausencia de sus pinturas, y en donde se desarrollan temas como la violencia, la globalización, el narcotráfico... con un lenguaje directo, literal, donde el artista cae de manera consciente en la obviedad. Se presentaron, entre otras opiniones, la de Lucas Ospina que critica el hecho de que el diseño gane en la exposición de Rojas mucha más importancia que la misma obra. Así mismo, y a pesar de que fue evidente la relación estrecha entre el curador José Ignacio Roca, y el artista, el montaje de la exposición demuestra desorganización, como lo señaló Guillermo Vanegas en su artículo donde pone de manifiesto cómo dos módulos salen de la pared y atrofian un espacio clave de la exposición, por lo que es inevitable pensar que aquella sala no era el lugar propicio para montar la obra de Rojas. A manera de conclusión A nuestro parecer Miguel Ángel Rojas con esta exposición, a pesar de las posibles fallas en su montaje, presenta una obra honesta, quizá cruda, en donde sus imágenes desprovistas de maquillaje entregan un mensaje directo que encara a una sociedad pacata que no se atreve a mirar de frente, que se niega, que privilegia y hasta premia la doble moral. Aquí, el artista, muy cerca del eros y un tanto alejado de la platónica “idea suprema”, se convalida como ser humano y a diferencia de la sociedad que lo circunda, que lo atrapa, que a veces lo asfixia... él sí la mira de frente y le muestra –con su arte– la intimidad de sus intestinos, los nocturnales asedios a los que lo somete su carne. Pero no se queda allí. En su obra Rojas involucra al espectador y lo hostiga para que camine hacia el abismo: al suyo, al de la obra y al de quien la mira como en el video en el cual un soldado se refriega la cara con sus muñones, como si tratara de lavar la tristeza que la guerra ha tatuado en su rostro. En conclusión, aciertos y desaciertos, como es natural, en los que el creador propone acertijos que se resuelven de manera rápida y clara, manejando la incógnita y la obviedad, como en Cali – London, desarrollando temas inocentes como en Quiebramales... ¿Pero quién dice cuáles son los aciertos y cuáles los equívocos?, ahí queda la obra frente al mayor crítico, al implacable: el tiempo. Este artículo es apenas el resumen de las sensaciones que el trabajo expuesto por Miguel Ángel Rojas inoculó en nuestros ojos de estudiantes de Artes, es la calma chicha después de la turbulencia que nos suscitó el asistir a esta exposición. Escrito por Natalia Castillo Verdugo, Manuel Sánchez Otero y Javier Acuña Balbuena. Estudiantes primer semestre Artes Plásticas y Visuales ASAB
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