Un análisis del análisis del análisis… El texto Análisis del premio de crítica firmado por Gina Panzarowsky mira en detalle la actuación de los tres jurados de la pasada versión del Premio Nacional de Crítica. El análisis usa las planillas de evaluación, el acta de premiación y algunos de los textos presentados al premio para hacer su estudio. El texto usa un lenguaje afín al mercadeo y clasifica los resultados de “el muestreo de aceptación” hecho por el jurado y contratado por la “empresa Ministerio de Cultura” en cuatro zonas: una zona crítica positiva de aceptación alta, una zona crítica positiva de aceptación media, una zona crítica negativa de aceptación media y una zona crítica negativa de aceptación baja. Esas mismas categorías pueden ser útiles al momento de analizar el Análisis del premio de crítica: 1. Zona crítica positiva de aceptación alta: A. Critica a los jurados del Premio de Crítica El Análisis del premio de crítica usa la información que suministra la planilla de cada uno de los tres jurados para demostrar de manera irrefutable una obviedad: los tres jurados son tres personas diferentes —las similitudes, semejanzas y diferencias encontradas al cotejar las tres planillas son prueba de ello. Pero lo importante no parece ser la comprobación de que el hombre es un animal donde el individuo difiere de la especie sino el análisis que hace el texto para evidenciar el criterio de selección del jurado —es ahí donde el texto es valioso. El Análisis del premio de crítica invita, en sus propias palabras, “a reflexionar sobre el carácter emocional, frente a la opción de calidad y momento congnoscitivo que debe considerar el analista, para evitar extremar los criterios subjetivos involucrados en éste proceso.” Por “momento congnoscitivo” dice que se refiere a un término usado por Walter Benjamín y para ello acude a la siguiente cita de ese autor: “Una determinación del concepto de crítica de arte es impensable sin unos supuestos gnoseológicos como también sin unos supuestos estéticos; no sólo porque estos últimos implican los primeros sino, sobre todo, porque la crítica contiene un momento cognoscitivo”. Aunque la cita de Benjamín, tal vez por estar fuera contexto, se convierte en un silogismo irrefutable pero poco generoso o convincente, es posible que el análisis se refiera a una falta de sincronía entre los jurados y el espíritu de estos tiempos, a una falta de conocimiento e incapacidad estética que viciaron el momento en que los jurados tomaron una decisión para otorgar el premio. Esta asincronía es llamada “chochera” por algunos jóvenes, “anacronismo” por algunos ilustrados o “estar desactualizado” por algunos técnicos de computadores. En la segunda versión del Premio Nacional de Crítica, el acta de premiación del jurado fue criticada por uno de los participantes, Pablo Batelli, que afirmó encontrar inconsistencias entre lo dicho por el jurado y lo planteado en la convocatoria (ver el aparte “Premio Nacional de Crítica 2006” en http://chipcheapness.blogspot.com/ ). Gracias a esa experiencia se decidió, para la tercera versión del premio, hacer públicas las planillas de evaluación y publicar en la página de Internet del premio todos los ensayos recibidos para que el analista interesado en juzgar a los jurados y al premio pudiera contar con más datos (este flujo de información no sólo es de una vía sino que para la próxima versión del premio cada jurado recibirá los textos Análisis del premio de crítica de Gina Panzarowsky y Premio Nacional de Crítica 2006 de Pablo Batelli —los jurados reciben una carta oficial, la convocatoria, una breve carta que hace énfasis en la relación crítica-ensayo, las planillas de evaluación y una copia del libro El ensayo, entre la aventura y el orden de Jaime Alberto Vélez). El texto Análisis del premio de crítica permite ver en detalle algunas de las actuaciones de los jurados y, así se esté o no de acuerdo con las conclusiones de Panzarowsky, o con las acciones de los miembros del jurado, la lectura del análisis ejercita al lector en una práctica que es obvia para un jurado pero que ha sido evadida por un gran sector de la crítica: juzgar. B. El jurado A El Análisis del premio de crítica sopesa la actuación de los tres jurados del Premio Nacional de Crítica y hace énfasis en uno de ellos. Lo llama “Jurado A” y lo describe como “mujer [que] nació en Bucaramanga (1938), tiene 69 años y su nombre es Beatriz González. Es una reconocida figura del arte plástico Colombiano a quien le gusta incursionar en actividades de crítica y curaduría artística.”. Al referirse a la actuación del jurado A dice que “fue quien menor puntaje concedió al juzgar las 28 muestras del espectro analizado, para un total de 823 puntos. Sin embargo, así como dio el puntaje más bajo (0), fue quien en dos oportunidades entregó el puntaje máximo permitido por los rangos establecidos (0 - 33) para cada una de las tres categorías que se tuvieron en cuenta para analizar el producto (99).” Y, luego de dibujar una larga serie de cifras y tabular datos, continúa: “El jurado A entregó un puntaje máximo de 99 al ensayo ganador y al ensayo que ocupó el quinto lugar; un quinto lugar inmerecido ya que los otros dos jurados le dieron una calificación mediocre en el caso de MH [Manuel Hernández] y de mala en el caso de OD [Olivier Debroise]. Miremos los comentarios: Para BG es un ‘ensayo organizado, profundo, bien escrito, con buen estilo e ideas organizadas’ y OD lo descalifica dándole un puntaje de 45 con una sentencia fulminante: ‘Ensayo poco crítico’. Pienso que es un ensayo perezoso cuando de buscar el ‘momento cognoscitivo’ de que habla Benjamin se trata. En la calificación de OD éste ensayo apenas llega a ocupar el puesto 16 y para MH, a pesar de su generosidad en puntos, ocupa apenas el puesto 19 entre 28, sin embargo y gracias a la generosa miopía crítica del jurado BG, llega al 5o lugar.” Al final, tras exponer algunos ejemplos que involucran a los otros dos jurados y notar un par de deslices gramaticales y un gazapo en la suma de un puntaje, el Análisis del premio de crítica concluye: “La parcialidad radical por un determinado sujeto de evaluación fue una constante en cada uno de los tres agentes en tres ocasiones puntuales, y constituyó la punta del iceberg que los unió para premiar lo que premiaron. ¿Democracia o demagogia cultural?.” 2. Zona crítica positiva de aceptación media: Palabras por laureles “¿Democracia o demagogia cultural?”, esta pregunta queda en el aire luego de leer el final del Análisis del premio de crítica. La pregunta no sólo abarca la decisión de los jurados sino al Premio Nacional de Crítica —después de todo, son los organizadores del premio los que escogen los jurados. Esta inquietud sobre la “demagogia cultural” no es nueva y ya había sido formulada de otra manera en el texto La Crítica de arte en Colombia: Amnesias de una tradición de William López, leído por el autor en el evento inaugural del Premio Nacional de Crítica (2005). Para referirse a esta iniciativa institucional López concluía: “Pero, a mi modo de ver, [el Premio Nacional de Crítica] corresponde más a una cortina de humo que se cierne sobre un gran vacío. Es difícil creer que con este premio el Ministerio de Cultura haya empezado a imaginar la Nación del arte.” El vacío al que se refiere López no puede ser llenado por las instituciones que convocan pues hacer los contenidos es lo que hacen los creadores o, para el caso de este premio, los críticos. Pero un premio de crítica tiene que estar atento a los cuestionamientos que se le hacen y ver hasta que punto la convocatoria y los procesos de selección influyen sobre lo que se escribe y cómo se escribe; el espacio de creación que propone el Premio Nacional de Crítica tiene que ser un dispositivo activo de debate y no solo un vertedero de residuos culturales donde se acoge y premia una floreciente producción de monografías, que son generosas en citas y recursos bibliográficos —la mayoría son productos académicos—, pero que carecen de la personalidad abierta que genera la mezcla de ensayo y crítica. Algunas instituciones pueden descansar tranquilas, las fallas en las convocatorias y en los actos de selección no parecen influir sobre la cifras positivas de sus indicadores de gestión cultural, pero el Premio Nacional de Crítica no puede obviar la crítica que se le hace pues corre el riesgo de convertirse en un evento inocuo, un premio de crítica sin crítica. Ser sordo a la crítica es un síntoma institucional de “demagogia cultural”. El comité del Premio Nacional de Crítica oye la crítica y no sólo responde cuestionamientos y genera interrogantes —en documentos, conferencias y publicaciones—, sino que trata de aprender de la experiencia. Esta es una convocatoria anual que con el tiempo puede madurar y, bajo la filosofía de ser espacio de debate, llegar convertirse en un apoyo real y permanente para la crítica de arte en Colombia. Gracias al texto Análisis del premio de crítica se ha hecho aun más visible la participación de los jurados y la crítica a la que se somete todo el que se atreve a juzgar a otro (“si uno se mete con la gente, la gente se mete con uno”). Sin embargo, por más consideraciones logísticas que se empleen en el asunto, la importancia del Premio Nacional de Crítica debería recaer sobre todo en los textos y no tanto en sus instancias de selección. Es en la lectura de los contenidos donde adquiere peso el premio y la transacción entre ensayo y crítica queda en riesgo. La interpretación que se haga de los textos determinará la necesidad de esta iniciativa y el futuro del Premio Nacional de Crítica: en la medida en que los textos publicados generen lecturas críticas y que estas lecturas a su vez se escriban —tal vez mediante otros ensayos—, esta iniciativa tendrá sentido y podrá ser vista como algo más que un mero intercambio anual de palabras por laureles o como un evento que sólo sirve para practicar anualmente el tiro al blanco sobre las planillas y actas de los jurados. 3. Zona crítica negativa de aceptación media Crítica a la crítica En un extenso texto llamado En torno a la discusión sobre el F11, que circuló por el foro de internet Esfera Pública, su autor, Gina Panzarowsky, decía: “Fácilmente se confunde crítica con comentario o análisis con opinión. De nuevo el manoseado y mil veces citado Walter Benjamin nos puede echar una mano en este caso: ‘Sólo con los románticos se afirmó definitivamente la expresión crítico de arte (Kunstkritiker) frente a la mas antigua de juez de arte (Kunstrichter) A través de la obra de Kant, el concepto de crítica había adquirido un significado casi mágico para la joven generación. Ser crítico quería decir impulsar la elevación del pensamiento sobre todas las ataduras hasta el punto de que, como por encanto, a partir de la inteligencia de lo falso de esas ataduras vibre el conocimiento de la verdad. En virtud de este significado positivo adquiere el proceder crítico una afinidad estrechísima con el reflexivo, y ambos se superponen’… La crítica es pues un espacio abonado para la reflexión y no un decálogo de sentencias concluyentes. De ahí que toda crítica deje abierto un espacio para el debate, un debate que nunca debe permitirse caer en el ataque personal o confundirse con el.” A la luz de los problemas que propone la cita del texto de Panzarowsky (por ejemplo, “La crítica es pues un espacio abonado para la reflexión y no un decálogo de sentencias concluyentes”) dejo para el análisis del lector dos comentarios que, sobre el ensayo ganador, hace Panzarowsky en su Análisis del Premio de Crítica: “Ni hablar del panegírico ganador que navega sobre las espaldas de una artista que surfea sobre la cresta de la tragedia Colombiana —mientras vende su silenciosa pero eficaz mercadotecnia artística— y que no pasa de ser un empalagoso texto sobre desarraigo y muerte mezclado con sensiblería poética y sentimentalismo lírico.” “Estimado maestro Guerrero Hernández: La Casa de Poesía Silva lo espera con el próximo ensayo de su lúcida mente para que le aclare a los colombianos los límites desaparecidos entre arte, poesía y crítica que usted acaba tan magistralmente de inaugurar, y le regalamos el afiche con la última baratija que la querida y conmovedora Doris tomó del último desplazado de Córdoba, sin pagar derechos de pobreza.” 4. Zona crítica negativa de aceptación baja A. Reunión deliberatoria El texto Análisis del Premio de Crítica refuta el uso de la palabra “unanimidad” en el acta de premiación, dice: “entre el jurado se negociaron los premios, desmintiendo aún más el falso criterio de unanimidad invocado en el acta de premiación con notario a bordo”, y específica en una nota a pie de página lo que quiere decir “Quiero decir: hubo acuerdos para determinar favorabilidades porque previamente los puntajes no arrojaban consenso.” En el plegable de la convocatoria del Premio Nacional de Crítica, en la sección Proceso de muestra, selección y evaluación, dice lo siguiente: “Cada jurado preseleccionará y emitirá concepto escrito de los ensayos que a su juicio deben presentarse ante la reunión deliberatoria que se realizara en la ciudad de Bogotá. Entre los ensayos presentados a deliberación se elegirá un ganador y tres finalistas.” El veredicto unánime por parte de los jurados sólo se podía dar luego de la reunión deliberatoria, no antes. En las planillas de los tres jurados hay similitudes, semejanzas y diferencias así que en la reunión deliberatoria o, para usar el lenguaje de Análisis del Premio de Crítica, en la “negociación de premios” o en los “acuerdos para determinar favorabilidades”, el jurado discutió y llegó a una decisión unánime que quedó consignada en el acta de premiación “con notario a bordo”. B. ¿Anacronismo contemporáneo? En otro aparte del texto En torno a la discusión sobre el F11, Panzarowsky decía que una obra de Tintoretto la llevó a reflexionar sobre las cualidades técnicas que manejaba el artista Renacentista: “El hombre renacentista es en sí mismo la tecnología, su cuerpo mantiene latentes todas las extensiones que la promesa de la edad moderna se encargará de crear, desde la máquina de vapor, pasando por el teléfono, la cámara fotográfica, la televisión, etc., hasta los últimos ipods que la aventura contemporánea nos ofrece.” A la luz de los problemas que la cita del texto de Panzarowsky propone, dejo para al análisis del lector un comentario que expone Panzarowsky en su Análisis del Premio de Crítica; ahí, para ejemplificar el carácter conservador o reaccionario de uno de los jurados, hace una crítica a la obra de José Antonio Suárez y que al parecer, por usar “técnicas tan antiguas y en desuso como son el grabado y el aguafuerte”, no alcanza el estado de excepción o “la promesa de la edad moderna” con que Panzarowsky si salva del anacronismo y actualiza para la mirada, o “aventura contemporánea”, la obra de Tintorretto: “Para el caso del ensayo que BG calificó con 99 puntos se observa una inexistente relación entre los aportes de la obra juzgada (La miniaturas gráficas de José Antonio Suárez, inspiradas en técnicas tan antiguas y en desuso como son el grabado y el aguafuerte) y la relación con el campo del arte contemporáneo. Con todo el respeto que merece la obra de José Antonio Suárez, no veo por ningún lado el aporte que pueda estar haciéndole a la cultura visual contemporánea de nuestro país. Se puede calificar simplemente como ‘Alta artesanía retro’”. Expongo estas comparaciones de Panzarowsky con Panzarowsky para señalar como en un crítico, o bajo un mismo nombre, conviven fuerzas contradictorias; un hombre es muchos hombres y el nombre, así sea un seudónimo o un personaje ficticio, no es más que un espacio temporal para una alternancia de heterónimos*. Lo que habría que determinar es cuando un cambio de opinión se debe a una libre oscilación de la inteligencia o cuando es sólo un acto de oportunismo. —Lucas Ospina**
* heterónimo: http://es.wikipedia.org/wiki/Heter%C3%B3nimo ** Miembro del comité del Premio Nacional de Crítica / Profesor asistente / Departamento de arte, Facultad de Artes y Humanidades, Universidad de los Andes.
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