El mundo como supermercado (de la universidad a Unicentro) Algunos estudiantes le han puesto apodos a los nuevos, y también recién remodelados, íconos de la Universidad de los Andes. Al nuevo Edificio Mario Laserna lo llaman “el Mol” —dicen que por su parecido con un centro comercial (o Mall para escribirlo en inglés); al nuevo Edificio Julio Mario Santo Domingo lo llaman “el Piedad Córdoba”, dicen que “tiene dos culatas negras” —sus fachadas norte y sur son oscuras, muy oscuras. A la “nueva cara” del correo electrónico le dicen “corabastos” porque “tiene todo tipo de letras” —que contribuyen a su pobre legibilidad (muchos usuarios se han mudado a otros servicios de correo más sobrios, estables o atractivos y ya no usan el portal “uniandes.edu.co”); a la nueva página de internet de la universidad la llaman “el blog” —dicen que su diseño, tipografía y navegación son tan planos, inocuos y simplones como los de un portal casero de hágalo usted mismo (no corresponden a lo que se espera de una universidad que tiene la autoridad de asignar el dominio “.co”). Y, finalmente, a la imagen remozada del logo de la universidad los estudiantes la llaman “la paleta” —los ornamentos del ciprés fueron podados, la figura quedó lisa, relamida, sin atributos, ligera, de fácil digestión y cómo lo explica el manifiesto de diseño inteligente que cuelga de la página de internet de nuestros símbolos de la universidad: “la versión actualizada le da aire más moderno, más abstracto y a la vez orgánico; en un solo trazo se fusionan el árbol y el escudo”. No creo que estos actos profanos de bautismo hechos por los estudiantes se deban sólo a un pensamiento reaccionario, a una jerga frívola de ocurrencias maldicentes o a una forma ociosa de grafitti verbal; creo que más allá de adjudicarle un tufo moral a los comentarios de los estudiantes hay que pensar en los diseñadores y arquitectos de los nuevos íconos: ¿qué pensará un arquitecto al oír que los estudiantes llaman a su edificio “el Mol” o “el Piedad Córdoba”?, ¿Qué pensará un diseñador al oír que los estudiantes llaman a sus diseños “corabastos”, “el blog” o “la paleta”? Puedo aventurar una respuesta: los arquitectos y diseñadores de los nuevos íconos de la universidad no pensaran mucho e ignoraran los comentarios —las obras que han hecho parecen estar tan ajenas al sentido de autocrítica que la crítica ha quedado a cargo de unos estudiantes, o clientes, que vagan por el mundo como si éste fuera un gran supermercado. —Lucas Ospina
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