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los imaginarios frente a « imageenering » Imprimir E-Mail
Saturday, 19 de May de 2007

El proyecto Imaginarios urbanos plantea un método de trabajo que, partiendo de la semiótica, la psicología, y en colaboración con ámbitos académicos afines, estudia la manera en que los ciudadanos conciben las propias ciudades y construyen un imaginario colectivo de éstas. Dirigido por Armando Silva y llevado a cabo por un gran número de colaboradores en las diversas ciudades estudiadas, el proyecto ha dado lugar a programas de conferencias y presentaciones diversas, así como a una interesante actividad editorial. Los imaginarios, como base de un urbanismo de los ciudadanos, permiten estudiar los registros de la participación ciudadana en la construcción simbólica de la ciudad, con el fin de entender sus usos y definir otras formas posibles de habitar desde una dimensión de estética.

Durante diez días (mayo 3 al 13) la Fundació Antoni Tàpies presentó los archivos que el proyecto Imaginarios urbanos ha generado en el contexto de estudio de las ciudades latinoamericanas.

Articulada a partir  de un espacio de consulta, una publicación que empieza a circular en junio con el titulo: IMAGINARIOS URBANOS: URBANISMOS CIUDADANOS (Fundación Antoni Tapies, 2007), un seminario y un ciclo de conferencias y proyecciones, esta presentación posibilita una aproximación crítica y compleja al método de investigación planteado por Silva, y propicia un espacio de reflexión sobre el tema de los imaginarios urbanos y sobre las maneras de abordar su estudio desde disciplinas distintas.

A continuación uno de los textos que hicieron parte del seminario en la Fundación Antoni Tapies:



los imaginarios frente a « imageenering »

En Eudoxia, que se extiende hacia arriba y hacia abajo, con callejas tortuosas, escaleras, callejones sin salida, chabolas, se conserva un tapiz en el que puedes contemplar la verdadera forma de la ciudad. A primera vista nada parece semejar menos a Eudoxia que el dibujo del tapiz, ordenado en figuras simétricas que repiten sus motivos a lo largo de líneas rectas y circulares, entretejido de hebras de colores esplendorosos… Sobre la relación misteriosa de dos objetos tan diferentes como el tapiz y la ciudad se interrogó a un oráculo. Uno de los dos objetos –fue la respuesta– tiene la forma que los dioses dieron al cielo estrellado y a las órbitas en que giran los mundos, el otro no es más que su reflejo aproximado, como toda creación humana.

Italo Calvino, Las ciudades invisibles

 

 

            El proyecto Imaginarios urbanos de Armando Silva se centra en «cómo construimos, a partir de nuestros deseos y sensibilidades, formas colectivas de ser, vivir, habitar y abandonar nuestras ciudades». Un proyecto comparable, en el título y el contenido, al de Las ciudades invisibles de Italo Calvino. Calvino nos presenta una vívida antología de ciudades imaginarias, cada una con un nombre de mujer –Leonia, Clarice, Sophorina, Eudoxia, etcétera–, explorando los límites de lo que podría ser una ciudad merecedora de nuestro afecto.

            En la América del English only, al norte del Río Grande, contamos con nuestros héroes del urbanismo moderno que también imaginan alternativas a las distopías de Bladerunner, de Dick, o de Hijos de los hombres, de P.D. James. Éstos se aliarían sin duda con Armando Silva y Calvino en la busca del mismo objetivo, a saber, una ciudad merecedora de nuestro afecto. En este grupo incluiría a Mike Davis, Edward Soja y Michael Sorkin.

            Lo que aporta Armando Silva a sus aliados intelectuales del norte (entre los cuales tengo a bien contarme) es una sensibilidad delicada y atenta al detalle con respecto al papel que desempeña la imaginación popular en la creación de la ciudad futura. De este modo descubrimos la riqueza de sus investigaciones: de los graffiti en cuanto expresión explosiva y sin censurar del antiautoritarismo juvenil urbano con intenciones macropolíticas; de los álbumes de fotos familiares que dan testimonio silencioso y digno del desmoronamiento del orden de la familia tradicional ante la presión del desplazamiento geográfico y de otras realidades de la existencia urbana posmoderna; de actos individuales y colectivos de protesta que poseen y manifiestan una importancia simbólica que sobrepasa su expresión local; de gentes que se echan a la calle para airear sus reivindicaciones a diestro y siniestro, o sencillamente salen en masa de una manera festiva; los olores y colores de la ciudad; el concurso de belleza; los rostros en la multitud; las fantasías sexuales y criminales. En palabras del propio Silva, lo que le interesa es el imaginario urbano «asociado con la fecundidad simbólica del lenguaje; el imaginario como una inscripción psíquica que se manifiesta mediante la perspectiva de una lógica inconsistente; y el imaginario en tanto constructo social» (Documenta 11,  pag 39)

            Se trata de un imaginario que se opone dialécticamente al «Imagineering» (palabra compuesta de «imaginación» + «ingeniería») de Disney, en el que la empresa del entretenimiento, dedicada a diseñar parques temáticos, se ofrece a soñar por nosotros. Para mí, el momento más deprimente de la obra de Silva se encuentra avanzado el proyecto de Álbumes Familiares, cuando una familia colombiana que se ha trasladado y vive en Nueva York documenta fotográficamente su nuevo lugar de vacaciones favorito: Disneyworld. Han desaparecido las alegres imágenes de las disparatadas fiestas de disfraces y con las caras pintadas, los picnics, las quinceañeras con enormes ramos de flores y trajes largos elegantes, los baños de los bebés y los nuevos descapotables: mil y una maravillas imaginadas. Ahora la libido se ve estrechamente encauzada hacia una mascota corporativa: un ratón de dibujos animados.

            Y es precisamente la insistencia de Silva en el poder de la imaginación cotidiana lo que se echa en falta, y se necesita, en Norteamérica, y en los análisis norteamericanos. En City of Quartz, Mike Davis se refiere a Los Ángeles como un espacio que se asemeja al inconsciente de la posmodernidad, simultáneamente machacón y repelente, el equivalente geográfico de la música heavy metal. Es evidente que Davis no quiere renunciar a la esperanza en el caso de Los Ángeles ni negar su potencial para reinventar lo urbano. Pero tropieza con muchas dificultades en su búsqueda del mecanismo de esa transformación. En Postmodern Geographies, Edward Soja propone un método para la comprensión de la ciudad mundial que está emergiendo. Esta nueva ciudad sin límites definidos, sostiene Soja, está constituida por una sucesión de estratos de textos geográficos ocultos, con una simultaneidad y unas cualidades paradójicas ilimitadas. A Soja le interesa sobre todo sacar a la luz lo soterrado, lo oculto y lo invisible. Realiza un trabajo magistral al desvelar el orden económico que subyace bajo el manto semiótico. Pero lo «oculto» no es lo «imaginario». Lo oculto de Soja está siempre presente, por ejemplo: el centro de Los Ángeles. Sencillamente aguarda a que el maestro lo desvele. En sus perspicaces críticas a las prácticas actuales de planificación urbana, Michael Sorkin documenta la propagación a escala mundial de copias de la «Mainstreet USA» de Disney (la «calle mayor» estadounidense) en los nuevos proyectos de urbanización y de reurbanización de los barrios céntricos. Con una dura crítica de lo que denomina Variations on a Theme Park («Variaciones sobre un parque temático») y de la nueva «arquitectura de equivalencia universal», Sorkin suma su voz a la de otros que reclaman un urbanismo alternativo convincente.

            Lo imaginario, según Silva, es algo que todavía no se ha hecho realidad del todo. Es el potencial que planea sobre nuestros actos simbólicos, o «conciencia de la ausencia». Si se me permite hablar un momento desde una perspectiva fenomenológica técnica, Silva ha situado sus estudios donde la carencia psíquica se topa con raros momentos de conciencia de la ausencia. No es extraño que los críticos impregnados de empirismo angloamericano tengan ciertas dificultades para captar lo imaginario. Aparte de las semejanzas en el lenguaje, no veo la menor relación entre los Imaginarios urbanos de Silva y la «Imagined Community» sobre la que escribió Benedict Anderson. El «imaginario» de Anderson plantea la cuestión del nacionalismo: ¿cómo es posible que personas que tienen poco o nada en común, aparte de su identificación con una nación Estado, vayan de buena gana a la guerra y sacrifiquen sus vidas por una ilusión fantasiosa de unidad nacional? Se trata de una pregunta importante, sobre todo en Estados Unidos: ¿cómo se crea una ficción positiva (aunque peligrosa) a partir de la carencia de relación personal? Los Imaginarios urbanos de Silva tienen un punto de partida distinto, incluso opuesto, al examinar las «formas de mediación y las relaciones que existen entre los ciudadanos y la ciudad» (Documenta, pag 23). Es posible que en la brecha que separa los textos críticos y el trabajo de estudio de Michael Sorkin sí exista un imaginario urbano que merezca tal nombre. Se trataría de sueños a macroescala: barrios, ciudades y regiones urbanas enteros, funcionales, bellos, humanos y sin precedentes en las prácticas actuales. Pero en general, la cualidad refractiva, de piedra preciosa, de los imaginarios urbanos de Silva no aparece en los mejores y más acreditados análisis realizados en Norteamérica.

            El proyecto de Silva no pretende transportarnos a lugares imaginarios, a utopías o a distopías, sea Aztlán, la Atlántida, Oz, El Dorado, Xanadú, o «Mainstreet USA». Lo «urbano» de esta importante obra no puede representarse en dos dimensiones, ni siquiera en tres. Silva trae a colación la metáfora de la mariposa como apropiada para dar cuenta de los «frágiles, evanescentes sueños y fantasías» que constituyen el imaginario que él quiere atraer a la existencia real. Intentemos captar la belleza y el significado de una nube de imágenes individuales, de todos nuestros sueños en formación, volando entre la tierra y el cielo en un orden que no deja de cambiar, que responde primero al tiempo y luego al espacio. Seguidamente podríamos empezar a percatarnos de todo el potencial de nuestras nuevas ciudades sin límites y a tratarlas con el afecto que merecen, como una especie de frágil «segunda naturaleza».

           

Dean MacCannell

The University of California

 

 

Imaginarios urbanos en América Latina: urbanismos ciudadanos / Urban Imaginaries in Latin America: Urbanisms of the People

Colaboradores: Miguel Ángel Aguilar, Fernando Carrión, Daniel Hiernaux y Alicia Lindón, Manuel Delgado Ruiz, Lucrecia Escudero, Luz Mary Giraldo, Tulio Hernández, Dean MacCannell, Mónica Lacarrieu y Lyliam Alburquerque, Mariluz Restrepo, M. Belén Sáez, Armando Silva 

 

 

 

 
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