El pasado jueves 3 de marzo, me fui a las instalaciones de la Biblioteca Rafael Carrillo Luquez de la ciudad de Valledupar, desde las 6:00 de la tarde, a esperar el anunciado lanzamiento del libro del escritor Eduardo Márceles Daconte, titulado: “los recursos de la imaginación –Artes visuales en el Caribe Colombiano-”, que se realizaría a las 6:30 p.m. en el auditorio “Consuelo Araújonoguera” de las mismas instalaciones. Tuve la oportunidad de leer gran parte del texto días previos, por primera vez, gracias a que un amigo lo obtuvo en la ciudad de Barranquilla y lo compartimos. Una vez tuve el texto en mis manos, en un acto espontáneo, se me vino recurrentemente a la memoria el texto de Álvaro Medina, “Arte en el Caribe Colombiano”, publicado en el año 2000 (hace algo más de una década). Desde ese momento me embargaron unas que otras “ligeras preguntillas”, eran una de esas preguntas que “crees” no debes hacer por su alto grado de “ingenuidad”, aunque en este caso, la ingenuidad era más parecida al respeto.

 

Portada del libro “los recursos de la imaginación. –Artes visuales en el Caribe Colombiano-”

En el escenario, se alistaron las botellas de agua (no recuerdo sus marcas), los micrófonos y uno que otro detalle que no puede faltar al protocolo. Márceles,  comienza relatando el proceso creativo y anécdotas de los 30 años de investigación de su libro, sin dejar de lado sus travesías a lo largo de su carrera en el asunto del arte: cuando fue y vino de New York, Cuando fue curador de un museo en Queens, Cuando según él, publicó el artículo más controversial en la historia del arte del Caribe colombiano, etc. Hasta ahí todo iba muy acogedor; pero yo seguía ahí, a la espera de hacer mi “elemental e ingenua pregunta”.

Poco después, llega ese momento en el que los micrófonos también pueden ser manoseados por el público, y fue ahí precisamente, donde hice mi “pregunta elemental e ingenua” al señor Márceles: ¿Cuáles eran las diferencias sustanciales de su texto “los recursos de la imaginación” –artes visuales en el Caribe colombiano” en relación al texto de Álvaro Medina: “Arte en el Caribe Colombiano”, como aporte a una historia actual del arte del Caribe colombiano, aún cuando éste último fue publicado hace algo más de una década? De hecho y como lo pueden ver, mi pregunta era muy elemental e ingenua. Márceles, aduce como respuesta, que su texto supera al de Medina en todos los sentidos: que es un texto más amplio, que abarca más contextos, que, hasta inclusive, la calidad de su impresión es superior, etc. Excepto lo último (y tengamos en cuenta una década de avances tecnológicos en procesos de edición e impresión de textos), lo aducido por Márceles, no es algo que parezca cierto si ponemos los textos en una mesa y los analizamos hoja por hoja (como curiosamente se me dio por hacer). Es bastante evidente que hay un momento en el que los dos textos llevan a la historia de la mano (“esa que está masticada y avalada”), pero llega ese otro momento en el que hay que trascender (por el mismo acoso de la época y, porque además, es una década la que está en juego) y es ahí donde el texto de Márceles, se nos convierte en un “mar” en el que por mucho que  nademos no vamos a encontrar una playa. Aunque eso no es el problema de este cuento, esa pregunta elemental e ingenua era resuelta con cualquier palabra que saliese de la boca del autor. Al fin y al cabo su texto es su texto y el de Medida, es el texto de Medina.

Posteriormente, ante el acoso de una moción de mi parte y bajo la ligera forma en la que Máceles pasaba la situación de un estado frio a caliente de manera determinante, expresando: “yo no vine a Valledupar a discutir con nadie, yo vine a Valledupar a presentar mi libro”. En ese momento, quedé en el limbo, no había imaginado que esa pregunta tan elemental e ingenua se prestara para una discusión y, mucho menos, que sacara de la ropa  al autor. Ahí mismo surgen otras preguntas más ingenuas aún: ¿Por qué el señor Márceles se ha descompuesto tanto ante una pregunta tan elemental e ingenua como la que le he hecho? ¿En que momento había pasado de ser una pregunta elemental e ingenua a una pregunta incomoda? Para mi seguirá siendo una pregunta elemental e ingenua. Se me hace difícil pensar que una persona que ande por el mundo escribiendo y lanzando libros, crea que en ningún escenario, en el más remoto de los escenarios, alguna persona no vaya a hacer una pregunta tan elemental e ingenua como la mía. Lo que más difícil me parece aún de creer, es que el señor Márceles piense que el lanzamiento de un texto es una fiesta en la que solo se aceptan aplausos hasta por una sonrisa equivocada.

Algunos meses previos al lanzamiento del libro y de hacerle esa pregunta elemental e ingenua al señor Márceles, una gran cantidad de colegas manifestaban su felicidad por un correo que les había llegado de parte del señor Márceles, a través del cual les invitaba a enviar una imagen de sus obras para ser incluida en el libro “los recursos de la imaginación” –artes visuales en el Caribe colombiano-, en ese momento me pareció interesante el hecho de que en su proyecto tuviese inmersa una herramienta investigativa especializada para la recolección de datos como lo es el correo electrónico. Los artistas acudieron al llamado enviando las imágenes que tenían disponible en formato digital (en ese momento no importaba si era la obra más importante del artista, si era la obra más relevante en su región o para la escena artística del Caribe, etc.), cosas de que el artista siempre muestra lo que tiene y lo que quiere. Debido a ello, ahora hay muchas “cosillas” que me generan discrepancia al pensar que estamos hablando de 30 años de investigación, pero como dije antes, ese no es el problema. Si miramos el texto, nos vamos a encontrar con unos contextos generalizadores de lo que es el Caribe en relación a la producción artística, es como imaginar un contexto social, político, tecnológico, etc. Y además, agregar imágenes para ilustrarlo, es por ello que el texto de Márceles aparece cargado de mucha imaginación en correspondencia a su título. En ese caso cada artista u obra corresponde a un ilustrador e ilustración de ese contexto imaginado, y no de las condiciones “reales” en la que se produce y acciona el artista y su obra. De esa manera estamos frente a la imaginación imaginada (“divina”) y no frente a una imaginación como imaginario (hipótesis). 

Volviendo a la escena del lanzamiento del libro, ya el señor Márceles un poco desbordado de ese tema, inicia un discurso bastante airado de cara a las políticas del  Ministerio de Cultura y los salones regionales y nacionales de artistas; en este discurso, más emocional que razonable, se muestra en desacuerdo y manifiesta: “…que el ministerio está graduando a “curadores jovencitos” que no tienen ni idea que es una curaduría porque no superan los 25 años, también aduce que el antiguo modelo de los salones regionales era mejor que las nuevas versiones porque al artista se le daba un premio, además dice, que han surgido unos grupos de curadores sin sentido… una cosa que le llaman “este lado arriba” otra y que “practicas de ver” y otras y que “Maldeojo”.

Yo no voy a entrar a  defender al ministerio de cultura ni a los salones regionales y nacionales, ya que ellos tendrán quienes los defiendan. Pero mi pregunta va dirigida a si ¿Es responsable valorar las condiciones de los salones regionales y nacionales a través de un premio? Se refiere a los “jovencitos” de esa manera tan peyorativa, como si en Colombia fuese un “pecado capital” ser y pensar como joven (no está de más recordar que cada generación es producto de su época y que cada época ve caer sus relatos como lo señala Danto). El hecho de que piense que los modelos de los salones regionales y nacionales eran mejor antes que ahora, es una posición respetable, pero no compartida; hay que analizar todo a profundidad y abrir el debate. Los discursos no pueden seguir siendo discursos superficiales, airados y emocionales que conduzcan a la personalización de los mismos. Creo que eso de hablar indiscriminadamente de la incursión de jóvenes en el campo de la curaduría, genera un efecto búmeran que nos conlleva a preguntarnos “ingenuamente” ¿Cuál ha sido el aporte significativo del señor Márceles al ejercicio de la curaduría en la región Caribe a lo largo de sus 60 y más años? Ese tipo de discursos en los que se intenta sublevar la actividad de las nuevas generaciones parece más una pataleta ante el ocaso de su época. ¡Viejo Márceles! nada de nuevas generaciones pasivas y aletargadas, así que recomiendo tener más cuidado, porque cada día más, hasta los niños por su condición de niños resultan difíciles de sorprender.

Terminando el asunto, debo señalar que estuve pendiente de estrechar la mano de Márceles una vez bajó del escenario, pero me di cuenta que finalmente éste decide tomar la charla a manera visceral y personal, no como algo que deba analizarse de cara a la construcción de un conocimiento. Además, decide hacer réplicas airadas y cargadas más de emociones  y sentimientos egocéntricos, que de otra cosa; manifestándose peyorativamente sobre “el jovencito que le hizo la pregunta” en la ciudad de Valledupar. ¡Una pregunta elemental e ingenua me ha generado una enemistad!

Que lástima que no me haya dejado terminar la parte donde iba a hacer el gran reconocimiento a su labor, ya que, ante todo, no debemos desconocer el valor del texto como precedente investigativo a la hora de visionar un “estado del arte del arte del Caribe colombiano”.

Moraleja: ¡las preguntas elementales e ingenuas no existen, existen respuestas elementales e ingenuas!

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Jayder Orsini