Utopía

Tania Bruguera, una artista amante del riesgo y de la auto exposición cumple a cabalidad su tarea, oliendo perico frente al público hasta que se le acaba la plata o, mejor, hasta que muere, convulsionando de sobredosis ante un grupo atónito y morboso de personas que acudieron a verla performar. La víctima, el guerrillero y el paraco se reparten la plata que queda en el maletín y guardan la coca que les sobró. Salen tranquilamente de la universidad…

cooptania

Tania Bruguera recibe una carta de invitación a un encuentro internacional de performance en Bogotá. Se siente tentada a realizar una acción en la cual estén juntos los “actores del conflicto colombiano” y la sustancia que, ha visto en CNN, lo impulsa. Se dice entonces que podría contratar a guerrilleros, paramilitares y víctimas para que dieran un discurso que ella misma podría libretear, en una mesa frente a un público que los escucha mientras huele coca. Sin embargo, Tania se queda pensando, apenas un minuto, y se da cuenta de que eso no tendría chiste, porque, habiendo entrado en relación con varios artistas colombianos y habiendo visto un montón a Angela Patricia Janiot en CNN, cae en cuenta de que eso es lo que ocurre todo el tiempo: que hay alguien que le paga a un grupo de paramilitares, víctimas y guerrilleros para enunciar un discurso libreteado que distrae la atención del público y genera un halo de falsa moralidad que empuja el consumo de coca. Tania se da cuenta de que en Colombia las víctimas, los guerrilleros y los paramilitares producen discursos para mojar pantalla en televisión, mientras los colombianos que no se sienten víctimas, guerrilleros ni paramilitares, cansados de tanto discurso manoseado, ven esa televisión y huelen perico en las fiestas a las que los invitan.

Entonces se dice: “coño, chico… lo que yo debería hacer entonces es, ya que soy una artista política que busca generar un espacio de utopía que disloque las metanarrativas de lo político (o bueno, quedemos en que dice apenas “coño, chico…”), y procede a darle la vuelta a su acción.

Como le siguen interesando los mismos elementos, se decide a conservarlos, pero cambiando la función de esos actores, por no decir decorados, que constituyen su obra. Entonces se va a Freud, compra media libra de perico, busca a un paramilitar, una víctima y un guerrillero y lleva en una maleta, digamos, cinco mil dólares. Dispone una mesa en un recinto de la universidad nacional, invita a un montón de personas, manda poner unas sillas para que estén cómodas, pone al para, el guerrillero y la víctima alrededor del mesa y les da, a cada uno, un tercio del perico que compró. Luego, va sacando plata y les va pagando (a precios de París) las líneas de coca que estas personas le van surtiendo y que ella huele con voracidad.

Tania Bruguera, una artista amante del riesgo y de la auto exposición cumple a cabalidad su tarea, oliendo perico frente al público hasta que se le acaba la plata o, mejor, hasta que muere, convulsionando de sobredosis ante un grupo atónito y morboso de personas que acudieron a verla performar. La víctima, el guerrillero y el paraco se reparten la plata que queda en el maletín y guardan la coca que les sobró. Salen tranquilamente de la universidad, pensando en que por fin el arte social les dio algo con qué poder hacer un mercado y con qué montar una microempresa.

La raíz del conflicto no radica en las posturas ideológicas de los actores, sino en el acceso que, como personas, estos tengan a unos medios que les garanticen su supervivencia, es decir, a la plata que artistas e instituciones derrochan en arte político.

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La Cooperativa Multiactiva Tania Bruguera es una inicitiva de emprendimiento colectivo formada por víctimas, paramilitares y guerrilleros de base, quienes se han unido para formar una microempresa de producción, distribución y venta al menudeo de estupefacientes de alta calidad y precios democráticos, que busca garantizar el digno sostenimiento de sus miembros y la ruptura de las cadenas de distribución que hacen del comercio de las drogas un mercado de capitales inflados y, en consecuencia, productores de violencia. La cooperativa propende por la creación de cadenas sociales que se distribuyen de manera equitativa las utilidades desprendidas de su negocio, reinvirtiendo los excedentes en programas de desarrollo social y reeducación política de comunidades vulneradas por la inhumana explotación de la que han sido víctimas a manos de estamentos diversos de poder.

¡Por la plata para mi mercado y el de los otros, Presente, presente, Presente!

Víctor Albarracín