A través de su FaceBook, Dimo Gracia me hizo llegar un artículo de Andrés Hoyos acerca del 42 Salón Nacional de Artistas. Iba a decir “sobre”, pero el efecto hoyos me contuvo. El señor Hoyos nos cuenta hoy lo siguiente: “estaba con mi equipo de redacción esperando que terminara el proceso de impresión de El Malpensante y como no teníamos nada que hacer, nos dedicamos a realizar la corrección de estilo a algunos textos producidos para el Salón Nacional”. Bueno, a mí me parece bien eso de la corrección de estilo, pero, “coño”, yo esperaría más de una pluma eulálica como la del señor Hoyos. No creo que la mitad del 42 Salón Nacional sea Paja. Tampoco que la que queda pueda reducírsela a Mierda. Si el señor Hoyos ha hecho una crítica, para salir de su aburrimiento, creo que el Salón debió tener algo bueno.

Los problemas del Salón Nacional no son de estilo. Tampoco provienen de personas tercas que no cejan de hacer resistencia al arte de galería que ama el bolsillo de nuestra aristocracia comercial. El problema es la curaduría como institución. Por lo tanto, en este caso específico, no se trata de si quien escribe habla coloquialmente debiendo hablar como manda la Academia de la Lengua, o como nos lo exigen los manuales de LOS CORRECTORES DE ESTILO del Premio Nacional de Crítica de Estilo. Se trata de que los/las artistas hagan lo que saben hacer y no se metan en camisa de once varas. Otro tanto deben hacer otros profesionales.

Ahora bien, el señor Hoyos ha preguntado con perspicacia algo que debemos remitir a las academias de arte: ¿aprenden algo los estudiantes de arte contemporáneo en sus academias? Esto sí inquieta nuestro pensamiento, pero no porque las academias estén enseñando nada. Yo pregunto: con la laxitud académica con que se forma la juventud colombiana en los programas de Educación Media, ¿pueden los maestros de las arte enseñar algo en Colombia, o de cualquier otra tradición de pensamiento? ¿Quiere nuestra juventud colombiana aprender algo de sus maestros o de sus correctores de estilo? Me temo que no. Algo está por venir. No necesariamente malo. Al contrario. Nuevas subjetividades y singularidades están balbuceando un lenguaje que no se puede decodificar mediante el dispositivo de los manuales de los correctores de estilo. ¿La mediocrización de nuestra educación media que ha traído algo bueno a nuestro horizonte contemporáneo?

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