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Un nuevo Tintin en el Congo

En un video el artista arrastra un gran cubo de hielo a través de las calles de Ciudad de México. El cubo se derrite hasta convertirse en un charco. En la pantalla aparece el pedagógico lema: “A veces el hacer algo no lleva a nada”. En otro video el artista se ha filmado mientras trataba de meterse en un tornado. La etiqueta que lo identifica en el museo expresa una colosal perogrullada: que la obra se ha “inspirado en el deseo humano fundamental de perseguir lo inalcanzable”. En un tercer video se ve un volkswagen escarabajo ascendiendo por una carretera en un entorno de reconocible pobreza, al son de una música de banda de pueblo. La música se detiene, el carro se rueda por la carretera y la banda ensaya la música.

Pasa lo mismo una y otra vez hasta que ha transcurrido media hora. Junto a la pantalla se lee que el artista habla de la “política del ensayo” y que ha hecho una metáfora de la relación ambigua de México con la modernidad y el progreso. Con sentenciosa superficialidad, el artista dice que ha explorado la “diferente estructura temporal de América Latina”. En un cuarto video se muestra cómo cientos de personas armadas con palas desplazan unos cuantos centímetros una duna a las afueras de Lima. Con el cinismo propio de la pornomiseria, la obra se titula “Cuando la fe mueve montañas”. En este caso, el perspicaz artista quiso ilustrar cómo puede ocurrir que un gran esfuerzo produzca un resultado nimio, y elaborar otra “metáfora” de la idiosincrasia latinoamericana. En una entrevista, con filosófico aplomo el artista enuncia incansablemente la importancia del “proceso” en la elaboración de la obra de arte (costó mucho tiempo y trabajo convencer a todos esos peruanos de palear arena) y hace de la palabra “proceso” un fetiche, como sólo sabe hacerlo el discurso sobre el arte conceptual.

El museo en el que tiene lugar la concurrida exposición que he narrado no es uno dedicado a los chistes de primera escena – segunda escena – título de la obra, sino el Museo de Arte Moderno de Nueva York. El artista es el célebre Francis Alÿs, belga como su colonialista predecesor Tintín pero radicado en América Latina, en México, lo cual debe de resultar conveniente para parecer transnacional y sensible a los problemas del “resto del mundo”, y para presentarse como un prometeico portador de un saber estético y social de la discutiblemente llamada periferia al discutiblemente llamado centro.

Podría escribir muchas páginas airadas sobre esa nueva artexplotación que ha patentado Alÿs, sobre su tramposo estupor frente a América Latina y sobre el efecto tranquilizante que puede ejercer su versión del subdesarrollo en el mercado del arte primermundista. Pero más que todo eso me inquieta la relación entre el tipo de arte que hace el belga y el lenguaje: la interdependencia entre la pobreza experiencial y teórica que trasuntan esas obras plásticas y la pobreza retórica de la crítica que se ocupa de ellas. Sin ir más lejos, hace dos años, cuando el Banco de la República exhibió en Bogotá una selección de las obras de Alÿs, la página de presentación de la exposición decía: “En la conducta creativa de Alÿs confluyen el tiempo, el espacio y el movimiento”.

Con su arte conceptual sin conceptualización, Alÿs ha encontrado la vacuna contra el “no entiendo” que el arte contemporáneo suscita entre el público turístico de los museos. Aunque el MoMa diga que el belga “emplea métodos poéticos y alegóricos para abordar realidades sociales y políticas tales como las fronteras nacionales, el localismo y el globalismo (…) y los beneficios y perjuicios del progreso”, el secreto del populismo de Alÿs estriba precisamente en evitar toda elaboración poética y toda interpretación política en atención a la mera ilustración y a la enunciación de equivalencias. Sus obras, que precipitan un entendimiento inmediato y unívoco, me evocan esas cartillas para aprender a leer en las que sale un oso y abajo se deletrea O-S-O. La revista Vogue presenta a Francis Alÿs como una “mente peligrosa”. Yo no he visto arte más conservador.

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Carolina Sanin

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publicado por El Espectador

 

 

11 opiniones “Un Nuevo Tintín En El Congo

  1. Nonoema says:

    Francis Alÿs at MoMA: The McDonald’s of Conceptual Art?

    leer aquí

  2. mauricio cruz says:

    No encuentro objeción a su incomodidad con artistas ‘conceptuales’ como Alÿs (que son muchos, y muy celebrados), sobre todo porque evidencia, de manera indirecta, la falta de espíritu crítico y rigor curatorial que el Banco de la República ha demostrado en exposiciones recientes (el mismo Alÿs, Man Ray, León Ferrari, Beuys y más allá…), confundiendo a la gente con una admiración irreflexiva, sin la menor agudeza o el mejor discernimiento. Está bien generalizar un problema a partir del caso Alÿs, exhibido en vitrina mediática (MoMa), y dar a entender que no es por ‘ejemplar’ que lo atiende sino apenas por poner un ejemplo.

    Ahora, utilizar a Tintin (en el Congo, o en cualquier otro lugar del planeta) como un equivalente ‘colonial’ por la coincidencia de ser ambos belgas, pues no. Hergé, el creador del famoso reportero y su perro Milú, ha sido y será siempre objeto de estudios y extensa polémica a pesar y gracias a todas las ‘incorrecciones políticas’ en que incurrió en esas épocas. Este artista del comic, este dibujante con talento, es un tipo realmente más interesante y complejo que desborda el interés episódico que puedan ofrecer otros artistas actuales, sobre todo si se autodenominan ‘políticos’; que es como decir que son importantes sin serlo.

    http://passouline.blog.lemonde.fr/2011/07/30/le-tintinisme-est-il-un-humanisme/#xtor=RSS-32280322

    http://www.paulgravett.com/index.php/articles/article/herge_the_clear_line/

     

    http://www.paulgravett.com/index.php/articles/article/herge_the_clearline/

    • Carolina Sanín says:

      Hola, Mauricio. No hice la analogía basada solamente en la coincidencia de que los dos sean belgas. La hice también basada en el parecido del peinado.

      • mauricio cruz says:

        El copetico colonial? eso pensé al ver la foto del jovencito empujando el bloque de hielo, y el juego que le hace a los kaki (color mugre), que es el uniforme que utilizan los ‘blancos hegemónicos’ cuando pasean por fuera… Y en esa misma línea, no le pareció que el ensayo de Gravett es muy ilustrativo para alguien que le gusta pensar las imágenes?

  3. Celina says:

    Buenísima la nota!

  4. Con relación a este tema, va esta crítica de Dominique Rodríguez sobre el Pabellón Latinoamericano en la Bienal de Venecia.

    Bienal de Venecia: método, la ‘pornomiseria’ / Ni blanco ni negro

    “Entre siempre y jamás/ el rumbo el mundo oscilan/ y ya que amor y odio/ nos vuelven categóricos/ pongamos etiquetas/ de rutina y tanteo (…)”.

    Estos versos de Mario Benedetti son el soporte para la exposición ‘Entre siempre y jamás’, del Pabellón Latinoamericano de la 54 Bienal de Venecia, en curso en Italia.

    Para el curador de esta muestra, Alfons Hug (alemán), América Latina es un lugar homogéneo. Y miserable. Pintoresco. Y miserable. Incapaz. Y miserable. De nada le sirvió tener a dos coequiperas chilenas (Paz Guevara y Patricia Rivadeneira) para cuestionar esa mirada paternalista que ha simplificado el continente por décadas.

    Unos ladrillos a medio montar. Por un lado se lee ‘Yesterday’; por el otro, ‘Tomorrow ‘. Vaya originalidad para reiterarnos que aquí el progreso es imposible; una bandeja llena de muelas y dientes podridos, referencia de las brigadas socialistas que atienden a la población sin acceso a la salud; un hombre ciego guiado por una mujer negra mutilada por el terremoto de Haití, ¡qué ejemplo de colaboración entre los más necesitados!, y unos venezolanos leen en mal inglés la Carta de Jamaica que escribió Bolívar como evidencia de que permanecemos colonizados.

    Con cierta emoción, el artista colombiano Juan Fernando Herrán sentía que cumplía una etapa de su carrera al ser invitado a tan prestigiosa Bienal. Y, sin embargo, su trabajo cobra otra dimensión en este contexto. Si bien en NC-Arte sus fotografías dignificaban la arquitectura popular, sobre un muro de ladrillo ruinoso reiteran la miseria.

    Entre siempre y jamás‘ perpetúa esa mirada compasiva e insuperable de lo que ‘somos’. Se entiende a aquellos que critican cómo se lleva la ‘pornomiseria’ como bandera y cómo se venden nuestros países en Europa a base de discursos.

    Por cuenta de exposiciones legitimadoras como estas se refuerzan preconceptos y se valida un mercado del dolor que no para de crecer en las ferias de arte. Y allí, los artistas tendrían que hacerse un par de preguntas al respecto.

    DOMINIQUE RODRÍGUEZ

    http://www.eltiempo.com/entretenimiento/arte/pabelln-latinoamericano-en-la-bienal-de-venecia_10061085-4

  5. La verdad es que yo no estoy seguro de haber visto la misma exposición que ha visto el critico de ¨Entre siempre y jamás¨, pero de lo que si estoy completamente seguro es que es muy dificil descalificarla de un plumazo, argumentando que es un ejemplo mas de la predileccion por la ¨pornomiseria¨ de ciertos medios y círculos culturales y sociales. Quizás podrian merecer esa descalificación los videos de Gianfranco Foschino o las fotos de Juan Fernando Herrán, que se centran en los tugurios, e inclusive el video de David Pérez Karmadavis, ¨Estructura completa¨, en el que vemos a un señor paseando a una mujer negra mutilada por la calle, pero no creo que el resto de las obras y trabajos exhibidos merezca ser incluido en el denigrante apartado de la ¨pornomiseria¨.

    ¿Pornomiseria, ¨You had no ninth of may¨ la sofisticada instalación de Julieta Aranda? ¿Pornomiseria, los ironicos comentarios a la iconos, los símbolos y las leyendas nacionales realizados por Alexander Apostol, Sila Chanto, Fernando Gutierrez o Leticia El Halli Obeid? Obras, intervenciones o performances que resultan pornomiserables sólo porque muestran hasta qué punto suenan hoy patéticos los símbolos y las leyendas patrias. ¿Pornomiserable el ¨Falso león¨ de Regina José Galindo que desacraliza el Leon de Oro bañado en oro que con tanto aparato y solemnidad le fue entregado por el presidente de la Fundación de la Bienal de Venecia, para materializar o dejar constancia expresa de la decisión del jurado de la edición del 2007 de la bienal de reconocerla como la Mejor artista menor de 35 años representada en dicha edicion?

    La pornomiseria es un concepto que acuñaron en su dia Luis Ospina y Carlos Mayolo para referirse a aquellos que documentan crudamente la miseria de los otros para comercializar las imágenes de la misma y para reafirmar su propio sentimiento de superioridad ante unos miserables que no podian, no pueden siquiera, soñar con salir de ese estado de postración y alcanzar el estado de bienestar del que disfrutan tanto esos documentalistas como el público adicto a sus perversos documentales. Y por lo tanto no puede aplicarse al trabajo de los artistas que critican, ironizan o satirizan símbolos y estructuras de un poder con el que disienten o se sienten profunda y legítimamente insatisfechos.

    Carlos Jiménez

  6. jmy says:

    Hola, muy interesante su visón para muchos aquí en la Europa menos europea…

    Pero tambien me preocupa a donde dirijimos nuestra mirada constantemente, MOMA, TATE, VOGUE … en fin, es dificil salirse de esto…

    Yo el trabajo de Alys le veo falto de compromiso, como que pretende o parece pretender expiar un, no se que, complejo de culpa… (aparte de lo que mencionabas en el texto, multiculturalidad…) y mas bien va a Mexico a buscar la representación de un vigor, que en estas sociedades opulentas y decadentes hemos perdido…

    No es solo el quien se va a Mexico, vease Santiago Sierra…

  7. Irene O’Connor says:

    La noción de id-entidad, como algo inmodificable, singular y circunscrito al lugar de nacimiento, fue revisada con intensidad, justamente en el mismo siglo de las aventuras de Tintín. La nacionalidad jurídica, aceptamos hoy, no es el único elemento que constituye identidad(es). Por eso, el caso de Francis Alÿs, quien vive desde el 87 en México (desde sus 28 años), evidencia lo infructuoso de definirlo como «belga». Ahora bien, su permanencia durante veinticinco años en México puede que no lo autorice a decir que ha explorado “la diferente estructura temporal de América Latina”, pero este hecho tampoco fue significativo para Sanín, al estimar la afirmación del artista como de “sentenciosa superficialidad”. Sentenciosa y superficial podría ser tal vez la selección de obras y fragmentos de textos hechos por la escritora (restringidos al MOMA), o la manera en que silencia los múltiples trabajos del artista, en los que su “centro” no es Latinoamérica, como las Siete caminatas, The Nightwach o Fabiola, por citar algunos.

    El argumento de “él” como europeo con “su tramposo estupor frente a América Latina” tiene un tono moral que insiste en reafirmar la sospecha sobre “el extranjero”, y digámoslo más abiertamente, sobre el extranjero europeo, definido por su fenotipo: blanco, con mechón de comic belga, al que la escritora insiste en enfrascar dentro de una saga de corte colonial. Siguiendo esa línea entonces, ¿los artistas no deberían salir de sus lugares de origen?, o si lo hacen, ¿deberían traerlo todo ready-made?, o ¿tal vez no deberían hablar de las problemáticas de los demás países? (como si también los problemas fueran exclusivos de ciertas geografías), o ¿el mensaje es que quizás puedan hacerlo, pero siempre y cuando se aseguren de que la retórica producida por el medio no esté plagada de perogrulladas? Ahora bien, juzgar las piezas de Alÿs por la retórica mediocre de los textos que acompañan sus producciones en los museos, es como juzgar la calidad de reconocidas películas, por la pobreza lingüística imperante en las fichas técnicas.

    Por otra parte, no hace falta ser «europeo» para “presentarse como un prometeico portador de un saber estético y social de la discutiblemente llamada periferia”. ¿Acaso no sobran ejemplos de «nacionales» de diversas latitudes ejecutando el papel que Sanín le otorga a Alÿs? No hace falta haber nacido en Bélgica para ser un exponente del artexplotación, si bien es cierto que tampoco hay que haber nacido en América latina para escapar de él. La sentencia: “Con su arte conceptual sin conceptualización, Alÿs ha encontrado la vacuna contra el “no entiendo” que el arte contemporáneo suscita entre el público turístico de los museos”, es un remedo de los mismos enunciados hechos por comentaristas culturales cuando hablan de arte y escudan sus críticas superfluas en el argumento de la incomprensión. ¿Entonces solo el arte contemporáneo suscita el “no entiendo” achacado a los turistas de museos?, ¿no ocurre igual con el arte del Renacimiento italiano, o con el Moderno?; ubiquemos de nuevo al especímen “turista” frente a las Demoiselles D’Avignon, ¿qué dice?, ¿tiene que decir algo?, ¿es el problema del arte, un problema de no entender? No mucha gente aspira a leer un paper científico o un proyecto de Ingeniería y entenderlo, pero por su puesto se espera que la vacuna funcione o poder cruzar el puente; se ha creado una falsa expectativa en la que críticos y curadores explican las obras, como si las prácticas artísticas se limitaran a asuntos del entendimiento, si así fuera, ¿dónde queda el lenguaje del arte?

  8. Sofia Lalinde says:

    Excelente observacion. Bravo. Al fin alguien contradice la muy bien montada mentira de Sanin. Pense, cuando lei el texto, que escoger la obra de Alys como ejemplo de artexplotacion resultaba un poco exagerada. Si quiere hablar de ese tema y para que entendamos, hable de Sierra, por ejemplo, donde es mas obvio o problematico eso. Digo “mentira”, porque parece que con artilugios literarios y buen uso de la retorica nos “convencio’ de cualquier cosa.

    Carlos, gracias por contextualizar el termino pornomiseria. El tema es que no podemos seguir haciendo lecturas donde la oposicion sea, colonizador-colonizado, ¿qué más “colonial” que eso?

    • Juan Aguilar says:

      Hablar de mentiras a estas alturas cuando el arte ha dejado de ser verdadero es como exigir juego limpio en una cueva llena de bandidos. Promulgan desde hace decadas la ausencia de ética, técnica y moral y cuando se sienten atacados vienen algunos a pretender moralizar a los demás sobre las “mentiras” de los otros…

      Cada quien verá de que se convence y de que no, pero lo que si hay que elogiar es una columna como la de Carolina donde le pone el punto sobre la íes a tanto pajazo que pasa como arte hoy.

      ¿ Y que si el articulo es colonial? ¿Acaso la democracia y las calzas de los dientes no lo son? No me diga que usted quiere que volvamos a vestirnos con taparrabos y que rechacemos la medicina occidental y de paso destruyamos los museos de arte antiguo.

      Todos esos juegos “decoloniales” de su religion son simples reencauches del colonialismo más bravo, así que ese no es el problema señora, el problema es la mentalidad que lleva a pensar en semejantes disparates y darles el nombre de “arte”.