Luis Camnitzer, “El arte como educación sigue siendo un fraude”

El problema de partir desde el artista profesional es que esta posición todavía acepta el proceso de filtraje y la creación de una meritocracia. Se propone como meta dividir al mundo en artistas y no artistas, y construir el proceso pedagógico de acuerdo a esta ideología. El artista entonces es un elitista que gracias a su conciencia política generosamente comparte su saber y sus métodos con los que están fuera de la elite. Pero lo hace manteniendo sus privilegios y promoviendo su carrera individualista, y peor aun, que las cosas que dice son importantes porque él o ella es importante.
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Mosqueteros, hegemonía, instituciones (primera parte)

El último artículo que Guillermo Villamizar publicó en Esfera Pública, me hizo volver a hacerme una pregunta que me surge frecuentemente cuando leo sus artículos o los de otros autores como Lucas Ospina y Carlos Salazar: ¿Qué diablos entenderán por arte político? A mi modo de ver, cada nueva obra de arte implica la posibilidad de redefinir lo que arte político puede significar (claro está, también implica la posibilidad de repetir modelos que la preceden o de defender la “autonomía” de la obra ante cuestiones políticas-¿pero es dicha autonomía, autonomía de pensamiento en artista?).
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