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Colombia es un país que entró a, tal vez, el momento más extremo de polarización de los últimos tiempos, cuando los resultados del plebiscito favorecieron el voto por el no por una mínima diferencia. Muchas personas que no se sintieron identificadas con el resultado pronto hicieron sentir su voz de indignación y sufrimiento, entre ellas la artista Doris Salcedo.

Doris Salcedo, escultora colombiana de talla internacional, actualmente parte de la galería White Cube de Londres y quien ha expuesto en museos como el Guggenheim de Nueva York y el Tate Modern de Londres, el 12 de octubre llegó a uno de los puntos más altos de su carrera artística al crear la obra ‘Sumando Ausencias’ que como objetivo tiene dar un tributo a las víctimas del conflicto. Al respecto, ella afirma:

“Yo en la ciudad he hecho varias piezas a las que denomino acciones de duelo. Las hago en momentos dramáticos del país, y creo que este es uno. Alcanzamos a soñar con una paz, la tuvimos cerca y de pronto se desvaneció. De nuevo estamos de duelo”

Para complementar su punto sobre el momento histórico, Salcedo agrega lo siguiente:

“Hemos tenido muchas experiencias de duelo en Colombia (…), sin embargo este duelo, cuando nos mataron la paz, ha sido el más duro de todos” en referencia a los resultados del 2 de octubre del plebiscito.

La acción artística de Doris contribuye su parte para dar una resignificación a la Plaza de Bolívar, en un gesto que podría servir para rebautizar el espacio como Plaza de la Paz, dadas las múltiples manifestaciones ciudadanas que se han dado en los últimos días para enviar un mensaje contundente al mundo del anhelo de una paz verdadera. Después de una historia que no cesa de oscura guerra, una luz se asoma para iluminar el camino de un país ansioso de paz, de armonía y convivencia sana con su entorno, a través de una tela blanca que simbólicamente logra captar todos los colores del espectro visible, todas las variedades de dolor, pero también de posibilidades por las que ha atravesado el país.

Al finalizar la obra ‘Sumando Ausencias’, se ondea una gran bandera de la paz, compuesta con trozos de tela de blanca de 2 por 2.5 metros con los nombres 1.900 víctimas del conflicto armado en Colombia escritos en ceniza,  los pequeños fragmentos que cada víctima representa para, en conjunto, lograr que los afectados por la guerra en Colombia estén en el centro de poder del país (judicial, religioso, ejecutivo y legislativo) y sean visibilizados en este importante escenario, dejando un precedente para la memoria y un mensaje de nunca más. Pero no todas las víctimas se sienten recogidas allí. Isaac Valencia, víctima participante del Campamento por la paz y líder de la Mesa de Víctimas de Soacha menciona: “Si yo fuera el que realizara la obra, no utilizaría sólo el nombre de la víctima, porque eso no es muy diciente,  podría ser cualquiera. Es necesario también mencionar al victimario y la fecha en que ocurrió para darle más carne y hueso a una víctima, para que en verdad sea alguien mucho más real.” Por otra parte, frente a los nombres en ceniza, Doris, con una visión un tanto diferente, amplia diciendo “No sabemos si esa ceniza se va a dispersar o a olvidar y perder, o si logramos que algo surja de ellas”.

Si bien en la obra intervinieron más de 10.000 personas para lograr su exitosa ejecución de acuerdo a la revista Semana, un protestante cercano afirma que “la obra no es de la gente sino de la gran artista”.  Más aún, en una acción que duró 7 días por la urgencia de la situación, según afirma Doris, también quedan muchos puntos sueltos que deja el afán y que afectan un impacto mucho más grande que pudo haber tenido.

Para comenzar, sobre las barreras que rodean la obra, en un cartel de cartulina se puede leer el mensaje: Doris Salcedo, ¡No trafique más con el dolor de las víctimas! Al respecto, el protestante dice: “Las víctimas solo son un capital simbólico que usufructúan muchos artistas”. Sin embargo, el no es la única persona que se muestra en desacuerdo con los ocurrido en la Plaza de Bolívar. Isaac Valencia, afirma lo siguiente: “A mí no me importa tener mi nombre plasmado ahí (refiriéndose a la obra ’Sumando Ausencias’, sabe que me importa a mí la solidaridad que tienen ustedes (los participantes del Campamento por la Paz de venir aquí de decirle al gobierno por las víctimas queremos unos acuerdos ya. Nosotros las víctimas queremos reconciliarnos con el país (…), nosotros queremos sentirnos identificados con las personas que verdaderamente nos están apoyando”. 

En el Campamento por la Paz, del cual soy miembro, fue sólo hasta 2 días antes de ejecutar su obra que Doris Salcedo visitó la Plaza de Bolívar para hablar de su propuesta y lo que requería para ejecutarla. En la reunión participaron Doris Salcedo, María Jimena Duzán, columnista de Semana, María Belén Sáez, directora de Patrimonio Cultural de la Universidad Nacional y Diego Bautista asesor de la oficina del Alto Comisionado para la Paz, al igual que 5 miembros del campamento por la paz. Si bien Doris estaba dispuesta a escuchar, su propuesta, de utilizar la totalidad de la Plaza de Bolívar como lienzo para componer su acción parecía ser inamovible. En la mesa se plantearon algunas contrapropuestas que permitirían hacer una integración mucho más simbiótica con el Campamento por la paz, que precisamente al ser una iniciativa con el objetivo de empedrar a las víctimas, iba ligada de forma directa al concepto artístico de Salcedo. Sin embargo, ella planteaba que “la perfección estética, la ejecución rigurosa, la puesta en escena impecable son elementos necesarios para que la obra tenga el peso y valor para las víctimas que merece”. El interés último era anudar esfuerzos para responder a la urgencia de tener un acuerdo de paz ya y tener las víctimas como centro de toma de decisiones. En el ejercicio se habló cómo dos grupos unidos por la misma visión, aunque tal vez a través diferentes acciones, podríamos mostrar al país que llegamos a un acuerdo, que pudimos limar nuestras diferencias y encontrar la forma de llegar a  un acuerdo gana-gana, en contraposición con lo que ha ocurrido a nivel político, donde el país se enfrenta por el deseo de protagonismo y poder de unos pocos. Como campamento lo más importante era contar con la seguridad de poder realizar nuestro ejercicio sin ser desalojados y poder brindar mayor visibilidad a la iniciativa, puntos en los que el equipo de Doris Salcedo se comprometió firmemente.

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Para lograr lo anterior, se discutió en el subcomité de arte y cultura del campamento las diversas formas en las que la propuesta de Doris podría adaptarse a nuestra situación sin que eso implique un desalojo y también dando relevancia al campamento como ejercicio de construcción de paz y participación ciudadana. Como contrapropuesta se llevo una en la que las carpas nuestras estarían rodeando el campamento, en una forma de mostrar que toda la ciudadania está con la víctimas, que los rodeamos, que los acogemos en nuestros hogares y que ellos están en el centro de la reparación del tejido social que el país debe hacer. En la asamblea general del campamento, la propuesta fue aprobada para ser discutida el día siguiente con Doris Salcedo y de no ser posible, se llevaría a cabo directamente la obra tal y como fue concebida. En esta reunión, se siguió insistiendo en la necesidad de tener una obra prístina, sin ninguna posible falla, sin ningún doblez o parte que rompiera con la visión de la artista. Había una presión clara sobre el campamento de a nivel de comunicaciones de cómo podría verse que un grupo trabajando por la paz se oponga a que se ejecute una obra que va en las mismas líneas, ya que allí podría perderse la consistencia como movimiento. Pues entonces como campamento nos movimos en frente del Palacio de Justicia para permitir que otras expresiones que también plantean usar el espacio público donde estamos temporalmente, que es de todos, tengan cabida.

Ahora bien, acá comienzan a aflorar detalles muy simbólicos de la realidad que atraviesa el país. El “desplazamiento” del campamento es representativo del fenómeno que ha ocurrido en el país, donde más de 5 millones de personas han tenido que abandonar sus tierras, su hogar, muchas veces por motivos que no necesariamente propician el bien común. Martha Díaz*, una víctima que hace parte del campamento dijo: “Nos sentimos como ratas, siendo marginados, siendo llevados a una esquina en donde quedamos en el olvido, invisibles, como si nunca hubiéramos existido aquí como campamento”. Aunque la obra buscó conmemorar a las víctimas que estuvieron en el centro del acuerdo pactado en La Habana: “Ellas solo estarán presentes si las recordamos”, como dijo su autora, hay que reflexionar sobre el siguiente punto, si las víctimas vivas, las que ya están en la Plaza de Bolívar son llevadas al margen, son cubiertas por unas carpas desde el cielo que ocultan una realidad que estaba ocurriendo, la del campamento, la de brindar una voz a la ciudadanía y a las víctimas para estar en el centro de la conversación, no tendríamos un mensaje donde se pretende sumar ausencias, pero en realidad se está multiplicando la exclusión al no incluir la opinión, al no mostrar la colaboración activa, la co-creación en conjunto con las víctimas vivas, las que aún tienen la capacidad de sentir lo que un homenaje significaría para ellas, de reconocer que son importantes para el país y que son integrales para construir un capital social de verdad. La memoria no debería estar limitada a los que ya no están presentes, que la desaparición o muerte a arrebatado su recuerdo, pero también a los que vivos, quieren ser parte de la sociedad pero se ven segregados.

Tal vez a la hora de sumar ausencias se olvidó mencionar a los más 10.000 contribuidores de la obra como legítimos autores de la misma, al igual que hacer que la acción artística más allá de crear un tejido físico de hilo y tela, creara un tejido social en donde las víctimas que aún viven no sean invisibilizadas, y en cooperación con la ciudadanía, el gobierno y los artistas, hicieran su existencia fundamental para crear la unidad de esas sociedad que queremos, que como conjunto se agite para satisfacer el clamor de millones: ¡Paz!

 

Leonardo Párraga