Vik  Muniz comentó en una conversación que tuvo con Joan Foncuberta que no se le ocurrió ser artista hasta que fue mayor. Sin embargo, explicó que  varias experiencias  de su niñez lo llevaron a tomar esa decisión, como por ejemplo  la forma en que aprendió a leer. Contó que su abuela se encargó de enseñarle, pero ella, quien había sido autodidacta en el aprendizaje de la lectura, tenía un método especial que consistía en memorizar la forma de una palabra, más que concentrarse en sus sílabas. Muniz  era capaz de leer libros, pues para él las palabras eran imágenes, pero no podía escribir palabras completas.  Mediante el dibujo completaba las letras de las palabras que no conocía, y “mientras que la mayoría de los niños dejaban el dibujo por la escritura ” él empezó  “a dibujar precisamente porque no podía escribir”(1) . Con esto explicó que desde ese momento nunca dejó de dibujar. Esta anécdota muestra como un hecho que se escapaba de un aprendizaje formal fue fundamental en el desarrollo creativo del artista.  No fue un taller de arte, ni una clase de dibujo, ni una escuela  la que marcó el interés por el dibujo en Muniz.  Fue una experiencia durante su niñez la que hizo que siguiera dibujando, que deambulara con  la línea cuando no podía escribir.

“La Escuela peripatética: dibujo itinerante de América Latina” (título de la exposición que se encuentra en el Museo del Banco de la República hasta el 4 de junio de 2012) tiene tres  conceptos en los que es importante detenerse.  De América Latina  hace referencia a la posesión de  un espacio geográfico. Dibujo itinerante hace referencia a una acción que se lleva a cabo en un tiempo y lugar variable. La Escuela peripatética hace alusión a la escuela que fundó Aristóteles en la Grecia antigua, donde  buscaba fomentar el aprendizaje a través del deambular. Así, el titulo busca ser el preámbulo de dibujantes que dibujan, valga la redundancia, a partir de la experiencia de deambular  por el territorio de América Latina. Sin embargo, el halo de erudición que conlleva el título trae consigo confusiones. ¿Para qué referirse con la escuela aristotélica a un grupo de dibujantes que plantean estrategias enmarcadas dentro del recorrer?  Hacer esto puede producir que el público se lleve una vaga idea de lo que fue dicha escuela, tal como lo hago yo con el lector que lee este texto. Este tipo de títulos, que se explican en la mayor brevedad posible,  obligan al espectador a memorizar datos que no aportan a la experiencia del deambular dentro de las salas. ¿Por qué asignar un tipo de dibujo a Latinoamérica cuando en realidad son sólo nueve artistas los que se encuentran en la muestra? ¿Acaso ellos representan lo que ocurre en este vasto territorio? En verdad, son sólo algunos casos de lo que ocurre a nivel de dibujo en América Latina, más no el tipo de dibujo itinerante de América Latina.

Al pasar el título y entrar a la exposición  se puede observar cómo los viajeros han usado el dibujo como medio para registrar un paisaje, un lugar o un recorrido, o para indagar sobre estos mismos. Además de los dibujantes contemporáneos se exponen algunos viajeros que recorrieron diferentes lugares de Colombia durante el siglo XIX. Existen entonces dos aproximaciones al dibujo. En el siglo XIX el viajero debía “ocultar” la línea para componer una imagen. El espectador de estos dibujos ve  ríos, lagos, montañas, personas y burros pasando por pasos peligrosos. El objetivo de la línea en estos ejemplos era describir un recorrido, registrar lugares y situaciones para hacerlos transportables, y así hacer visible el paisaje para otras personas. Los artistas contemporáneos que exponen en la muestra indagan sobre la línea y el recorrido mismo. La línea no es ocultada por la acuarela, y ésta ya no está  necesariamente sobre un papel. El soporte del dibujo puede ser la misma pared de la sala, la línea puede estar en un video, el tipo de dibujo puede hacer referencia a objetos encontrados, o hasta el mismo taller del dibujante puede ser expuesto.

Si el espectador quisiera podría deambular en la exposición para pasar de un dibujo que registra, a un otro que indaga sobre la misma materialidad del dibujo. Podría caminar sin dirección determinada, como se explica el verbo deambular en la RAE. Ver un dibujo del siglo XIX y pasar a uno contemporáneo, y no seguir un camino recto de observación. El deambular no es aquí solamente algo teórico, podría pasar a ser parte de la experiencia del visitante.

 

Andrés Pardo

 


(1) Conversaciones con Fotógrafos.Vik Muniz habla con Joan Foncuberta. Madrid. La Fábrica,2007.pg. 10