siempre politico

Todo arte es político. Todo acto y toda omisión del ser humano son políticos.

Esto si aceptamos que el hombre es un animal político. ¿En que sentido? En el sentido en que todo cuanto hacemos o dejamos de hacer tiene una consecuencia. No hay efecto sin causa, nada existe en el universo que no haya sido producto de algo anterior. Todo es energía transformada.

Bien sea que ud. pinte flores o mujeres desnudas, o bien sea que ud haga obra gráfica sobre Vietnam o Turbay, su trabajo siempre será político. En el segundo caso es obvio y en el primero porque pintar flores o hacer una foto de una cobija al viento, equivale a decir: el mundo no me preocupa tanto como para ponerme a hablar de Bush o el calentamiento global, el país no me preocupa tanto como para trabajar sobre Uribe o la tragedia que todos los días veo en el semáforo de mi casa. Equivale a decir: El mundo podrá ser una mierda pero yo soy artista y los problemas del arte son los que me interesan. El arte de todas formas no va a cambiar al mundo.

Y sucede que hacer esta toma de posición es válido, y no sólo es válido, sino terriblemente valiente en un medio en el que todo el mundo se cree con derecho a juzgarlo y a volverlo pedacitos por internet o en persona diciendo: «¿Cómo es posible que en un país donde la gente se muere de hambre un artista esté dedicado a forrar un cuarto de terciopelo? Esto es el colmo»

Y resulta que no es el colmo. Resulta que es igual a que uno fuera ingeniero y se preocupara por hacer bien un edificio. Que esto se puede ver desde el punto marxista, pues sí. ¿Y qué no se puede ver desde ahí? Ya en ese custionario sobre el papel del artista que nos mandaron por este carro esferado hace un par de meses desde Cali, alguien decía que era un problema del capitalismo. Y pues sí, ¿y qué? El señor que escribe anónimamante, no puede pedirle a alguien que sale de los Andes y se va luego a hacer su maestría a Estados Unidos, que hable de desplazados si eso no lo ha tocado ni le interesa. Ningún artista debería ser presionado jamás en este sentido. Lo terrible sería que sin interesarle en lo más mínimo lo hiciera sólo por las custiones que señala William López.

Yo personalmente, aunque nadie me lo haya preguntado, me siento más atraido por lo que mal llaman arte político. Y así como respeto profundamante a los artistas que se dedican al arte por el arte, bajo la convicción de que sólo éste es verdadero arte, ido que se respete la decisión de seguir las pulsaciones de cada individuo. Si a mi me enferma Bush y Uribe me envenena, por favor, déjenme hacer eco de ello, no para tumabar al uno o al otro, no para reinvindicar a nadie ni a nada, sólo por el placer de hacer arte desde las entrañas.

Los que defienden el arte por el arte dicen: «Bueno, mire la historia del arte, los que han pasado a los libros son los que han indagado en la forma y han encontrado algo nuevo, los que han hecho un aporte a la historia del arte resolviendo pobremas pictóricos o escultóricos, problemas plásticos» Y es cierto, hasta cierto punto.

Si uno ve las últimas páginas de la historia de Gombrich, las fotos de las obras que se ven son de ¿Kandinsky, Matisse, Picasso (Violín y uvas y no el Guernica), Klee, Feininger, Brancusi, Mondrian, Calder, Moore, Chagall, Wood, Chirico, Magritte, Giacometti, Dalí, Polloc, Kline y otros hasta las tres últimas que son de Freud, Cartier-Breson y Hockney (Ni las de Freud ni las de Hockney son relativas a su condición gay, la del primero es de unas maticas divinas y la del último es la mamá del artista también divina).

Con esto uno podría decir: «Efectivamante, la historia del arte la hacen los artistas que se han preocupado por los problemas formales más que por otra cosa y acá habría que citar el ejemplazo de María Iovino sobre Goya.

Pero ahora la pregunta es: ¿Cuál historia del arte? La historia del arte hasta la modernidad. Porque si acepatmos que la modernidad es nuestra antigüedad, es decir que estamos ya en otra era, la post- modernidad, la contemporaneidad o la era post muere del arte, entonces deberíamos sospechar que esta nueva narrativa se escribe de otra forma. Si en un tiempo hubo arte religioso, sospecho que ahora hay arte «político». Por su supuesto, esto no significa que deje de reconocer que la obra de Miguel Angel pasa a la historia no por su fe, sino por sus calidades plásticas.

Pero fíjese no más en Daros-Latinoamerika, la versión de Art Basel. Ahí están dos brasileros cada uno desde su propia orilla. Por un lado Erneto Neto, este artista según Diego Garzón de Semana: «Insiste en que el arte debe ser más espiritual y que la relación del espectador con la obra debe ser más poética, y por eso crea enormes instalaciones, en este caso formando una escultura penetrable con medias veladas, que permite a los asistentes entrar en la obra, caminar entre columanas colgantes y hasta echar una siesta.»

Por el otro lado está Meirelles «También se le recuerda por poner un sello en cuanto billete pasaba por su manos, con la pregunta: ¿Quién mató a Herzog? como homenaje-denuncia a un periodista que desapareció en Brazil bajo la dictadura. Los billetes circulaban infinitamante de mano en mano, en la calle, en los buses y en los supermercados. En Daros presenta la obra Cómo construir catedrales, de 1987, que consiste en 600.000 monedas en el piso dentro de un cuadrado de cemento desde donde emerge una columna de 800 hostias hasta el techo, conformado por 2000 huesos de res».

Sospecho que el mundo recordará más al último que al primero, pero sólo el tiempo lo dirá.

Por ahora, tengo la certeza de que no hay ncesidad de tirar piedras de una orilla a otra, porque lo que importa es el río que corre entre las dos.

eledeabril