Sobre el Regional Pacífico (y sus críticas)

Camila Rodriguez se plantea una serie de preguntas sobre las críticas publicadas la semana pasada, entre ellas, la forma en que «se descalifica todo el trabajo y todos los eventos que se hacen aquí, comparándolos con eventos de otros países (los países de Europa especialmente) enalteciendo esos eventos extranjeros y descalificando los de aquí, locales» y concluye diciendo que ojalá estas reflexiones y críticas «puedan ir más allá de los amores y odios propios y no pasen a convertirse en una pelea de los que están a favor y en contra, sino que, por el contrario, todo este espacio de dudas se vuelva productivo y de aprendizaje para todos»

Monica Restrepo, De Mala gana, instalación 2015. Foto: Marine Lahaix.
Monica Restrepo, De Mala gana, instalación 2015. Foto: Marine Lahaix.

La discusión sobre el Regional Pacífico «Reuniendo Luciérnagas» continúa con estos dos textos (en los próximos días los curadores enviarán su respuesta a las críticas).

En el primero, Camila Rodriguez se plantea una serie de preguntas sobre las críticas publicadas la semana pasada, entre ellas, la forma en que «se descalifica todo el trabajo y todos los eventos que se hacen aquí, comparándolos con eventos de otros países (los países de Europa especialmente) enalteciendo esos eventos extranjeros y descalificando los de aquí, locales» y concluye diciendo que ojalá estas reflexiones y críticas «puedan ir más allá de los amores y odios propios y no pasen a convertirse en una pelea de los que están a favor y en contra, sino que, por el contrario, todo este espacio de dudas se vuelva productivo y de aprendizaje para todos»

El texto de la revista Visaje señala que «que para evaluar el proceso llevado a cabo por el Salón Regional es necesario reconocer su intención primera respecto a los colectivos culturales y artisticos de la región: visibilizarlos como complemento o alternativa a la figura del artista que trabaja en solitario, o bien con el apoyo de otros pero que exhibe su obra de manera individual»

Para acceder al album de imágenes de Las cosas en sí (una de las muestras de la curaduría Reuniendo Luciérnagas) pulse aquí.

Las cosas en sì (vista general) Foto: Marine Lahaix
Las cosas en sì (vista general) Foto: Marine Lahaix

Preguntas sobre Reuniendo Luciérnagas y sus críticas

Asistí hasta ahora dos veces a las tres exposiciones que están en el Museo La Tertulia y que hacen parte de la curaduría de Herlyng Ferla y Ricardo Giacconi para el 15 Salón Regional Zona Pacífico. He leído las críticas publicadas en esfera pública, la crítica del blog 200 pesos de cilantro, la crítica de Carlos Fernando Quintero, la crítica de el Heno Contraproducente, el comentario de Sandra Patricia Navia Burbano sobre el montaje de su obra en facebook, la crítica de Miguel Gonzalez (que lo escrito en el blog laplieguepegajosa, me ha dejado la duda si es de él) y la crítica del blog laplieguepegajosa y he tomado la decisión de dejar aquí algunas preguntas que me dejan tanto las exposiciones, como las críticas hasta ahora realizadas, porque encuentro que toda la discusión que se está generando entorno a esta curaduría, es una gran oportunidad para que nos hagamos preguntas, algo fundamental en todo proceso.

Comparto varias de las críticas que se le han hecho a estas tres exposiciones: críticas sobre el montaje de las obras, sobre la museografía y sobre la curaduría que reunió cada una de las obras en cada una de las salas. Después de visitar las exposiciones, pude conversar con un amigo, que también asistió a las exposiciones (de quien no digo el nombre, porque la decisión de escribir este texto es mía y no quiero traerle responsabilidades ajenas) sobre qué pensábamos y sentíamos sobre la propuesta hecha por Herlyng Ferla y Ricardo Giacconi, y más exactamente sobre esa parte del resultado de esa propuesta que habíamos visto, que son estas tres exposiciones, y en esa conversación coincidimos sobre varios puntos tratados en las críticas y que quiero dejar aquí, porque hacen parte de todas las preguntas que nos quedan y que son aprendizaje. Hablaré por mí, aunque todas estas preguntas nacieron de una reflexión compartida.

–       Me pregunto sobre lo acertado o no de la escogencia de las vitrinas (una horizontal y otra vertical) para mostrar las obras. Yo pienso que las vitrinas, los vidrios y sus estructuras separan, generan, de antemano, una separación entre la obra y quien las mira, porque uno solo se puede acercar a determinada distancia, porque solo se pueden mirar desde un ángulo y porque existe (por más de que sea transparente) un objeto entre la obra y quien las mira. Entonces, la elección de realizar el montaje de una obra dentro de una vitrina genera una sensación que debería tener que ver con la obra y lastimosamente, en el caso de esta exposición, no es así. En ese sentido comparto la crítica de que esta elección de montaje fue desafortunada, porque no permitió una relación directa y amplia entre las obras y el público. Y en ese sentido encuentro mucho más desafortunada la elección de la vitrina vertical, pues muchas obras solo se pueden apreciar desde abajo y dejan, al espectador, en este caso a mí, la sensación de perderse mucho.

–       Me pregunto sobre lo acertado o no de la decisión del montaje de la obra de Sandra Patricia Navia Burbano, por lo alto que fueron puestos sus dibujos con relación a la vista del espectador de tamaño normal como yo. Es una obra compuesta de dibujos pequeños que uno quisiera poder ver bien, con detenimiento, acercarse, para poder apreciarla y la altura a la que fue puesta lo impide y uno como público se queda un poco con las ganas de poder apreciarla mejor.

–       Me pregunto sobre lo acertado o no de la decisión de no poner junto a las obras el nombre de los artistas y los datos de las obras, (el día de la inauguración no estaban), porque a veces cuando uno va a una exposición y ve una obra que le gusta, quiere conocer o constatar la técnica y quiere saber quien la hizo, para quizás adentrarse más en la obra de esa persona, poder buscar e investigar después, uno solo, la obra de esa persona. En este caso, que es una exposición de arte de una región en una ciudad de esa región, es una pena no saber quien hizo cada obra, porque quizás uno podría, si le interesa, llegar a hablar sobre ella con el artista, lo que podría ser constructivo para uno como público y para uno como artista.

–       Me pregunto y en la exposición me pregunté mucho sobre las pisadas que tenía la obra de Leonardo Amador, porque conozco algo de su trabajo y no había visto antes esta forma de su obra de interactuar con el público. Entonces me pregunté mucho sobre si esto era un accidente, una propuesta, parte de la obra y me pregunté además si uno debía pisar la obra, porque cuando la estaba viendo, vi que el artista estaba presente y vi a dos mujeres arriesgarse a pisarla, respondiéndose a la pregunta, que yo me hacía, afirmativamente. Después leí en la crítica que hace Carlos Fernando Quintero que esa obra no debía ser pisada, también conversé con alguien cuyo criterio le hacía pensar que era interesante lo que pasaba en la obra al ser pisada y ahora me pregunto mucho sobre que opina Leonardo Amador sobre lo sucedido con su obra, que puede leer él allí, en ese gesto de pisar la ceniza.

–       En la crítica de Miguel Gonzalez, que no se sabe si en realidad es de Miguel Gonzalez, por la duda de queda el texto del blog laplieguepegajosa, se reflexiona sobre la decisión de darle al artista Eduardo Motato toda una sala, una exposición individual, por lo que significa este acto. Él dice: “(…) Los espacios físicos, su intención e importancia, deben de obedecer siempre a un proyecto significativo, que se puede manifestar en obras que se consideran referenciales o especialmente relevantes (…)”. En la conversación que tuve sobre esta muestra, planteamos lo que genera para uno como espectador ver que un artista tiene toda una sala para él solo, en una curaduría de varios artistas. De alguna manera, esta decisión genera en uno la idea de que es algo importante y significativo y ese peso recae después sobre la exposición y el artista elegido. Me pregunto y me queda la duda si cada objeto dispuesto en esta sala era una obra o si la muestra como tal lo era, al reunir varios objetos que Eduardo Motato ha ido recogiendo para hacer sus pinturas, esculturas e instalaciones. Conozco el trabajo de Eduardo Motato y lo valoro mucho y espero que esta decisión, que cabe preguntarse si es acertada, no recaiga sobre él.

–       En este mismo punto no estoy de acuerdo con lo que plantea Miguel Gonzalez (si es Miguel Gonzalez) de que la obra de Eduardo Motato sea un refrito de Lehner y Gaitán, porque aunque es cierto que Lehner y Gaitán trabajan sobre objetos encontrados y recogidos (reciclaje) y tienen un trabajo conocido y fuerte, ellos no son los dos únicos artistas que lo hacen, ni siquiera los dos únicos artistas caleños que lo hacen, por lo tanto, la obra de otros artistas caleños que trabajan con estos objetos no debe ser calificada de refrito sobre Lehner y Gaitán. Es una calificación que puede enceguecer sobre las propuestas de estos otros artistas y que para mí puede volverse muy peligrosa.

–       También se ha hablado mucho de la decisión de oscurecer la sala subterránea y aquí yo también tengo varias preguntas. En la sala subterránea habían dos obras en video: la obra de Alberto de Michelle y la obra de Leonardo López, que son varios televisores dispuestos en varias partes del espacio emitiendo luces, y estaba la obra de Natalia Correa que es una sombra sobre una cortina. Pido disculpas si mi descripción de las obras no es la adecuada, pero lo digo así, porque lo que quiero decir es que esas obras, a mi manera de ver, necesitan de espacios oscuros para verse bien: son videos y la proyección de una sombra a través de la luz. El video se ve mejor en espacios oscuros y más cuando son videos hechos con tan poca luz en su propuesta artística como el video de  Alberto de Michelle o cuando son una sombra proyectada con luz. En ese sentido y por esas obras no me parece que la decisión de oscurecer esta sala sea del todo un desacierto y que su decisión este relacionada únicamente con que la exposición anterior ya había dejado esta sala oscura. Pero cabe preguntarse si esa oscuridad beneficiaba a las otras obras puestas en este lugar y si en ese sentido habría tenido que plantearse otra museografía para esta  muestra.

–       Respecto a la propuesta de estas tres exposiciones también quisiera hacer referencia a la queja de los artistas, de que no se tuvieron en cuenta los montajes propuestos por ellos para sus obras. El montaje es muy importante, es parte fundamental de la obra o por lo menos eso es lo que yo he ido aprendiendo y realmente es un desacierto que esos montajes no hayan sido tenidos en cuenta, porque al no atenderlos, se desatendió una parte importante de las obras seleccionadas. Esta es una pregunta y una reflexión muy importante que queda para los curadores y artistas y no sólo para los curadores y artistas de esta muestra, sino para todos, porque es algo importante en donde queda un aprendizaje fundamental.

Ahora quisiera hacer referencia a las críticas que han surgido entorno a estas tres exposiciones y a las preguntas que me quedan de ellas.

–       Yo me pregunto, y me lo pregunto mucho, por qué antes de realizar una crítica sobre un evento concreto, se descalifica todo el trabajo y todos los eventos que se hacen aquí, comparándolos con eventos de otros países (los países de Europa especialmente) enalteciendo esos eventos extranjeros y descalificando los de aquí, locales. Me pregunto, y me pregunto mucho, hasta cuando nos vamos a comparar tan destructivamente y vamos a valorar lo que somos y lo que hacemos y vamos a empezar a crecer desde allí. Yo no digo que todo lo que hacemos esté bien, creo que el arte y el cine en Colombia están en un proceso de crecimiento, y por lo tanto hay muchas cosas que crecer, pero creo que en ese proceso de crecimiento es fundamental crear una identidad y dejar de compararnos con otros, para acentuar nuestros errores. Hay que ver nuestros errores, pero sin que esto sea un descalificativo tan fuerte de todo lo que hacemos, para afirmar que no vale la pena ir a los eventos o que no vale la pena hacer eventos, porque así no se genera crecimiento. Yo por mi parte, animo a toda la gente que hace, para que siga haciendo, porque solo haciendo y aprendiendo sobre eso que hacemos, vamos a crecer. No comparto esa calificación de que todo lo que se hace aquí sea terrible, porque conozco iniciativas que realmente me han aportado mucho y que no he visto en otros países y he tenido la fortuna de asistir a eventos, exposiciones, ver obras y películas de otros países y ellos también cometen errores y no todo lo que hacen está bueno.

–       Yo me pregunto por qué cuando en un evento concreto vemos desaciertos, nos creemos con el derecho, en las críticas, de sobrepasar los comentarios, críticas, y argumentos hacia ese evento y calificamos tan peligrosamente a los artistas, curadores y seres humanos. No estoy de acuerdo con calificaciones o comentarios como: “(…) Herlyng Ferla, un esforzado artista emergente que ni conceptualiza ni escribe, y poco habla; así como de Riccardo Giacconi, visitante italiano que aterrizó en Cali gracias a “Lugar a Dudas”, y se “quedó” en la ciudad como alternativa. Naturalmente no sabe nada del arte local, ni del nacional ni del latinoamericano. Tampoco habla ni escribe (…)”. Son comentarios irrespetuosos que le quitan toda seriedad a las críticas. Comentarios que en vez de aportar, destruyen y que, para decir que un evento tuvo desaciertos, no son necesarios. Creo que los críticos, también deben ser muy cuidadosos en su trabajo, porque las palabras pueden ser muy destructivas y no es necesario dañar a nadie para decir que algo que esa persona hizo, podría ser mejor.

–       Yo me pregunto porque se nombra a Lugar a Dudas en estas críticas, si tengo entendido que esta es una beca del Ministerio de Cultura y fue realizada por Herlyng Ferla y Ricardo Giacconi y no por Lugar a Dudas. Todo lo que se dice en las críticas sobre Lugar a Dudas son suposiciones y puntos de vista y no sé, que relación existe entre ellos y los desaciertos o aciertos de este trabajo. Yo comparto muchas de las preguntas que hay entorno a Lugar a Dudas y su lugar en Cali, comparto las preguntas y sobretodo el temor de la existencia de una influencia tan fuerte como la que ejerce Lugar a Dudas en el arte y en lo que se muestra y lo que no del arte local, ya que es uno de los pocos espacios que existen en la ciudad y que, es innegable, tiene una gran influencia. Pero no por eso puedo culpar a Lugar a Dudas de todo lo malo o todo lo bueno que pasa con relación al arte en Cali o de los procesos afortunados o desafortunados de los artistas y/o curadores de la ciudad. Yo creo que el camino para contrarrestar esa influencia tan fuerte que puede ser peligrosa es proponer otros espacios, como por ejemplo el trabajo que hace Casa Fractal o las exposiciones en casas que hacen muchos colectivos de artistas y que son tan valiosas, a mi manera de ver, más que intentar destruir a Lugar a Dudas, que con los errores que puedan tener, también es cierto que han generado movimiento y visibilidad al arte de Cali y que, a través de ellos hemos podido conocer y entrar en relación un poco más directa con el arte que se produce a nivel internacional. Entonces, yo me pregunto, porque las críticas sobre un evento concreto se dispersan en exposiciones pasadas, lugares de arte que no tienen que ver con el evento, calificativos sobre las personas, la generalización de que todo lo que se hace aquí está mal o comparaciones desafortunadas (por lo generalizadas y destructivas) de lo que hacemos con lo que se hace afuera.

–       Yo por mi parte, me pregunto: Un año es tiempo suficiente para realizar una investigación profunda sobre el arte de toda una región? Cuál es el grado de responsabilidad del Ministerio de Cultura y las bases y tiempos dados en sus convocatorias, en que un evento de esta magnitud tenga decisiones desafortunadas? Las personas que hacen las convocatorias de arte y cine, conocen realmente lo que pasa en el arte y en el cine, los procesos, los tiempos y todo lo que implica hacer un evento como este? Cómo funcionan las influencias y las relaciones en el arte y siempre este funcionamiento le hace bien o mal al arte? Quiénes deberían ser las personas para realizar estos eventos tan importantes? Que una persona tenga una trayectoria importante es garantía de que no cometerá errores o que una persona tenga menos trayectoria es garantía de que lo hará mal? Realmente de eso depende? Entre otras muchas que ya se hará cada uno de los curadores, artistas, colectivos y asistentes…

Ojalá todas estas reflexiones y críticas que se están generado entorno a las tres exposiciones que están en el Museo La Tertulia y que hacen parte del proyecto Reuniendo Luciérnagas puedan ir más allá de los amores y odios propios y no pasen a convertirse en una pelea de los que están a favor y en contra, sino que, por el contrario, todo este espacio de dudas se vuelva productivo y de aprendizaje para todos.

Por último y aclarando que esta es una pregunta ya muy personal, quisiera dejarla aquí.

–       Me he preguntado y me pregunto mucho, si cuando alguien entra a una exposición lleno de prevenciones, pensando de antemano que seguramente todo estará mal, tiene realmente la oportunidad de apreciar algo de lo que se ha hecho?

 

Camila Rodríguez Triana

publicado en Dos o Tres Luces

Las cosas en sì (vista general) Foto: Marine Lahaix
Las cosas en sì (vista general) Foto: Marine Lahaix

El 15 Salón Regional de Artistas del Pacífico “Reuniendo Luciérnagas” abrió su exhibición el pasado viernes 3 de julio en el Museo de Arte Moderno La Tertulia. Algunos asistimos y pensamos que fue una curaduría muy interesante y una propuesta de exhibición poco usual que le planteaba juegos de posicionamiento al espectador. Sentarse, caminar, agacharse, mirar hacia arriba y al suelo. Situarse / aproximarse de manera distinta al trabajo de cada artista. Nos recordó, más allá de la Sala Subterránea que mantuvieron pintada de negro como rezago de la anterior exhibición, a “Un hechizo en el espacio” de la curadora Ericka Flórez, la cual estuvo abierta al público al mismo tiempo que “El diablo probablemente” de Alejandro Martín.

Estas tres exhibiciones parecen guardar un deseo de plantearle a los espectadores interrogantes sobre sus formas de aproximarse, física y mentalmente a las obras, a través de diversos ambientes y sensaciones derivados de unas decisiones museísticas. Aunque a juicio de algunos asistentes, estas decisiones pueden confundir, nos parece interesante cómo estas tres curadurías plantean finalmente preguntas (desestabilizadoras) sobre nuestra forma de aproximarnos a las obras y al museo, dejando a su vez en en evidencia, la fragilidad de los sistemas de verdad en el arte sustentados en nociones específicas de lo que debe ser el museo, o del lugar que deben ocupar el espectador y el arte, en una hipotética escena local.

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Cuando el Salón Regional del Pacífico “Reuniendo Luciérnagas”, curado por Herlyng Ferla y Riccardo Giaconni, optó por una propuesta curatorial que se saliera de visibilizar al artista y propusiera universos (conjuntos de artista en pos de ello) esto causó un gran revuelo, y por esta razón se ha empezado a debatir con intensidad lo que debe o no debe ser y hacer un Salón Regional. Qué debe ser el Salón Regional en el año 2015?

No obstante, pensamos que para evaluar el proceso llevado a cabo por el Salón Regional es necesario reconocer su intención primera respecto a los colectivos culturales y artisticos de la región: visibilizarlos como complemento o alternativa a la figura del artista que trabaja en solitario, o bien con el apoyo de otros pero que exhibe su obra de manera individual. Esta intención primera del 15 Salón Regional del Pacífico surge a su vez del reconocimiento de la noción del artista como una construcción que obedece y le debe mucho de su legitimidad a ciertas condiciones históricas y económicas que atravesaron la evolución del arte en occidente, pero que no necesariamente se corresponden totalmente con nuestras nuestras especificidades temporales y prácticas culturales locales. Caso de ello es el proyecto que actualmente desarrolla Revista Visaje junto con Videodromo Cineclub e Incinerante-Incineradora, todos tres promotores de espacios de cinéfilia o formación de públicos en la ciudad que han tenido como preocupación constante el trabajo de los otros en relación con nuestro contexto local.

[continúa en la RevistaVisaje]

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¿El Salón Regional en La Tertulia es un fiasco?

Por Observatorio

¿El Salón Regional en La Tertulia es un fiasco?

Desde hace varios días se han venido publicando fuertes críticas al Salón Regional que se inauguró el pasado 3 de julio en el Museo La Tertulia: Miguel González, crítico y ex-curador del Museo La Tertulia, señala entre otras cosas que la curaduría “invisibiliza, despedaza y usa como rehenes obras para que obedezcan, como en este caso, a etiquetas fatuas” y reclama al Ministerio de Cultura que “debe de asesorarse mejor al escoger los curadores”. El crítico Carlos Quintero escribe que “El gran problema es la pésima museografía y el dudoso montaje. Al parecer, y siguiendo los “lineamientos” museales de la institución, a los “curadores” se les ocurrió “jugar” con las obras en el espacio… Pues, ¡perdieron!”

Discusión Regional Oriente

A partir de un texto de Alberto Borja

La curaduría como un viaje performático alotrópico

Cada curaduría apuesta precisamente por esa acción investigativa que pretende develar una forma de ver el arte desde dos posiciones diferentes. La primera, Zonar: Estar en situación, perforar el contexto surge de un equipo curatorial bastante curtido en la mecánica de la gestión cultural intermunicipal (entre Floridablanca y Bucaramanga) y la segunda, Este: Coordenadas Itinerantes, con las mejores intenciones y una experiencia muy corta en ese tipo de operaciones. Perforar el contexto hace pensar en el principal renglón de nuestra economía: el petróleo, deprimido este año ante la caída inesperada de su precio.

Universiteca

Por Guillermo Vanegas

La Escuela de Garaje, es un proyecto de tres etapas que parte de la alteración de la hipótesis principal del proyecto Salones Regionales. Como este plan de estímulo es centralista, el equipo curatorial decidió modificar la noción de “región” que lo circunscribe.

3 comentarios

Cito el texto apócrifo de la revista Visaje:

«Esta intención primera del 15 Salón Regional del Pacífico surge a su vez del reconocimiento de la noción del artista como una construcción que obedece y le debe mucho de su legitimidad a ciertas condiciones históricas y económicas que atravesaron la evolución del arte en occidente, pero que no necesariamente se corresponden totalmente con nuestras nuestras especificidades temporales y prácticas culturales locales. »

¿Y esto es lo «innovador» y lo «novedoso»? Como que el agua moja, ¿no? ¿Acaso no es lo que se supone debe hacer un curador? Acá el problema es otro. Aquí hay actitudes y acciones que han lesionado artistas y obras y con el afán «innovador» y «novedoso» desconocieron los procesos y proyectos de muchos de los artistas participantes e incluso intervinieron (lease dañaron) obras. Los «curadores» desconocieron lo básico y fundamental de la profesión.

Es interesante lo de visibilizar a los colectivos y sus propuestas, pero este no es el problema. El problema es con los artistas y sus obras (no sólo objetos, sino proyectos y procesos), que han sido sistemáticamente maltratados y mal presentados.

Pues yo quiero hacer un comentario a la revista visaje.
Mira no estoy desacuerdo con ustedes cuando dicen:
“Estas tres exhibiciones parecen guardar un deseo de plantearle a los espectadores interrogantes sobre sus formas de aproximarse, física y mentalmente a las obras, a través de diversos ambientes y sensaciones derivados de unas decisiones museísticas”

me pregunto que si Wilson Díaz, Osar Muñoz y artistas de su talla, hubiesen permitido que sin su autorización desmembraran su obras y sobre todo las expusieran sin ficha técnica? Y cual habría sido la reacción de ellos?

Si lo que los curadores querían mostrar es lo que ustedes dicen, debieron hacer obras de ellos y montarlas así como piensan, no utilizar las obras de los artistas para sustentar su discurso. Da la impresión deque así como no hablaron con los artistas para el montaje, tampoco lo hicieron para investigar que pasaba en la región. y entoldo caso tampoco logran lo que ustedes dicen se quedan en la intención.
Si se trata de borrar el autor, entonces que ni si quiera hubieran puesto los nombres de los curadores.

una cosa mas que me parece muy importante: LOS CINECLUBES Y PROYECCIONES COMUNITARIAS, QUE SON TAN VALIOSAS, NO DEBERÍA SER UN PROYECTO DEL FESTIVAL DE CINE DE CALI Y NO DEL SALÓN REGIONAL?

Si esta muy positivo lo que dice Camila Rodríguez Triana, por que hay que revisar todo esto para mejorar, no para destruir. Pero hay que ser sinceros al revisar lo que paso con este salon y los anteriores

No entiendo los afanes que han acarreado estas discusiones, que más que discusiones parecen juicios –casi medievales- a tres escenarios específicos de un evento que dura dos meses. (Claro, seguramente no entiendo porque yo he llegado más que tarde a este panorama, pero no me voy a sentir mal por haber estado aún en el colegio a finales de los años 90). Y con afán me refiero a la manera en que aparecieron las “críticas” (si, entre comillas) que sepultaron, y siguen sepultando, todo el salón regional bajo la premisa de lo que está expuesto únicamente en tres salas del museo La Tertulia. Si estamos hablando del irrespeto efectuado hacia los artistas, habría que considerar hasta qué punto no constituye un irrespeto con los artistas o colectivos cuyas participaciones en el salón aún no pasan, haber salido a exigir en este momento rendiciones de cuenta al ministerio y condenar tal evento como un “despropósito” –como se lee en el reciente artículo publicado por El País-, y plantear discusiones en torno al tema “aprovechando la experiencia que nos ha dejado este evento” es una manera, por demás violenta, de excluir de la visión general del Salón Regional propuestas como la de Circular, Videódromo y la del Colectivo 83. Lo mínimo que se pediría es que estos dichos “primeros conversatorios de acercamiento” que ahora plantean en bellas artes hubiesen contado con un rigor mínimo desde su enunciación, por respeto o por lo que fuera, de aclarar que lo que se quiere es hablar de tres exposiciones del salón regional. O de sus tres curadurías. O de sus curadores. ¿o del modelo del regional? Es que no se logra entender muy bien, porque han sido tantas las voces y tan mal pronunciadas que no es claro qué es lo que critican. O lo que atacan.

Ahora bien, si aceptamos la premisa que estas tres exposiciones son un “despropósito”, habría que tratar de apreciar bien las causas de dicho despropósito. Aparentemente los dedos que juzgan ya están sobre los curadores y será labor suya dar cuenta de sus acciones en la reunión del martes frente a los artistas “cuyos trabajos fueron desmembrados y esparcidos, desvirtuando y banalizando los planteamientos que alguna vez animaron las propuestas originales.” como lo plantea Gonzalez en su texto (ah si, el único entre las más severos de las críticas que si aclaró que hablaba de tres exposiciones).

Pero bien valdría la pena preguntarse por el papel de dichos artistas en este “despropósito” en términos del criterio, o la falta de criterio, con la cual enviaron sus obras sin una aparente claridad de un guión curatorial, sin aparente exigencia alguna de un documento que garantizara el “buen trato” que se debía tener de las obras, además de la “falta de comunicación entre curadores y artistas” a la que apela el comunicado del Ministerio.

Entonces, ¿entregaron sus obras y ya? Y ante la falta de respuesta o comunicación, ¿dejaron que todo siguiera adelante y ya? Si lo que veían por parte de los curadores era desorden e improvisación ¿No hubo criterio suficiente para retirar las obras de la exhibición antes de que sucedieran tan nefastos eventos? Creo que eso habría sido mucho mas contundente frente al proyecto curatorial y el mismo modelo del Salón Regional; la imagen de un Salón Regional que se quedara sin artistas qué mostrar, una acción concreta y contundente (ya que las quejas, reclamos y críticas serias en torno al tema que sí se han presentado, como nos comparte Yohanna M. Roa y que aparentemente no han funcionado). Pero la cantidad de musarañas y vociferaciones alzadas por redes sociales solo configuran este escenario, que resulta más digno de un bochinche de vecindario que cualquier otra cosa. Y si bien parece que se preocupan por los artistas participantes de este Salón, más aún cuando entre los exhibidos se encuentran al menos una profesora y alumnos, ¿qué pasó entre los talleres de clase y el momento post-inauguración? ¿un pequeño lapsus en el que la opción de no mostrar se olvidó? ¿O querían aparecer a como diera lugar? No son para nada claros los mecanismos de acción ni de un lado ni del otro. Pero si el momento en el que nos encontramos se ve activado por impulsos que obedecen más a “las ganas de saludar a las amigas de años y el MORBO más que los buenos propósitos” está claro que este será el escenario que seguiremos teniendo, en un medio en que “como que nada importa”.