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Mambo, techno y descontrol

¿Cómo repensar el Museo de Arte Moderno de Bogotá?

El 21 de Marzo de este año, el MoMA PS1 anunciaba a través de sus redes sociales la versión número 20 del Warm Up, una serie de presentaciones de música electrónica que se toman las instalaciones del lugar durante 10 sábados del verano y que se organizan en colaboración con artistas, curadores y miembros de la comunidad creativa de Nueva York y del mundo. Con este evento, la institución ha logrado generar, año tras año, un espacio de encuentro entre el arte contemporáneo, la música electrónica y su audiencia, una que -de nuevo- año tras año, se ha dejado cautivar por la propuesta al punto en el que el Warm Up se ha instaurado como una tradición veraniega para los Neoyorquinos, que implica todo un despliegue artístico y logístico al interior de la ciudad.

El 8 de Julio de este año, el Museo de Arte Moderno de Bogotá (Mambo), anunciaba a través de su Twitter la 2da edición del Mambo Alive. Un evento que, según la institución, reuniría la música electrónica con una inigualable exhibición de obras de arte, con el cual, seguirían enamorando a los bogotanos por medio de una propuesta nueva y atractiva. Menos mal era una propuesta nueva y atractiva. El Museo anunciaba también que la primera versión había sido todo un éxito y, por ello, continuarían con la propuesta.

Yo no había ido a la primera versión del Mambo Alive, no me enteré, pero este año Facebook se encargó de hacerme saber sobre él. Llegué con dudas de entrar, no por los 30 mil pesos de la entrada, dinero que no tenía claro a que tipo de fondo iría, tampoco porque el evento se llevara a cabo de 1:00 pm a 8:00 pm, más bien porque no había logrado quitarme de la cabeza la pregunta ¿qué tienen en común un artista conceptual francés, la marca de jeans Americanino como sponsor, la 32 Bienal de arte de Sao Paulo y 5 djs de techno? Me sonaba a un cóctel, uno muy ecléctico, pero algo tenía que tener de interesante como para que el Mambo le estuviera apostando.

En fin, una vez adentro me dejé llevar por los semi-círculos de Daniel Buren, el francés de mi pregunta, que me condujeron hasta la entrada del Mambo, donde estaba expuesta la obra in situ que el artista había desarrollado para el museo titulada Del medio círculo al círculo completo: un recorrido de color. Había gente, mucha gente, muchísima más gente de la que uno suele ver en cualquier museo o galería en Bogotá. Sólo había visto tantas personas alrededor de una obra de arte en, tal vez, Artbo, sin embargo, nunca había visto a tantos tomándose selfies con obras de arte. Daniel Buren: eres muy trendy -pensé-.

Towards a homoerotic histography, Carlos Motta. (2013-2014)

Luego de esquivar varios celulares, bajé las escaleras y llegué a lo que parecía ser la muestra de la 32 Bienal de arte de Sao Paulo: Incerteza Viva. Apareció entonces una obra de Carlos Motta, brutal, minuciosa en explorar la anatomía humana y, desde luego, su sexualidad. Una serie de pequeñas figuras con una estética medio precolombina que exageraba los rasgos sexuales humanos.

Recorrí la salita, algunas otras obras y terminé en lo que el Mambo decidió llamar Espacio para el error. No lograba conectar en mi mente las obras que acababa de ver, especialmente la de Motta, con la sala que, específicamente, era de juegos. Había varios visitantes jugando parqués y ajedrez, junto a algunos sofás como para que uno se pusiera en modo relax. A la entrada, un texto que planteaba la sala como “un escenario para vivir, sentir, pensar y discutir la incertidumbre” donde el fracaso debía asumirse “como una herramienta creativa”. Y seguía sin comprender: ¿Cómo podría un visitante entender el fracaso como un principio de producción y creación jugando ajedrez con el amigo? ¿Qué tiene que ver una partida de parqués con asumir el error y, más aún, con una obra que exaltaba la opresión de la sexualidad de los nativos en época de la colonización? ¿En qué pensaba el departamento de educación del Mambo al plantear este espacio para el error siendo la sala el error mismo?

DJ Magdalena, Mambo Alive. Foto en el Facebook del Mambo.

Luego de salir de la exhibición principal, en honor a la cual se organizaba -supuestamente- el evento, fui a donde se reunía la mayoría de los asistentes. Ya habían tocado varios de los Djs programados para la tarde y acababa de iniciar la presentación de Magdalena, quien se encargó de robarse toda la atención pues la selección de música de esta joven estuvo excelente; para mí, haber tocado Blue Monday de New Order opacó por completo los pobres círculos de Buren, relegados a la sala que ya nadie habitaba para las siete de la noche.

Tras escabullirme en búsqueda de un baño dentro del edificio, el vacío edificio, comprendí que el Mambo Alive no había sido un evento que pusiera en diálogo el arte -ni internacional y mucho menos nacional- y la música, con nuevos públicos. Los Djs y los food trucks que se ubicaron en lo que suele ser la zona de parqueo del museo, lograron captar la atención de los asistentes por mucho más tiempo de lo que lo logró la obra de Buren junto con la muestra Incerteza Viva. No era una casualidad que al finalizar el evento no hubiese un alma merodeando las obras, pero si una multitud eufórica ante la dj paisa. No lo era porque crear una fiesta de techno, para inaugurar exhibiciones de arte contemporáneo, dentro de una institución que debería dedicar sus recursos y esfuerzos museográficos a cumplir su misión como Museo de Arte Moderno de Bogotá, era hacerse el harakiri de manera enfática.

Todo parecía un absurdo y, peor aún, un absurdo premeditado por el mismo Mambo. Se terminó el evento y yo no sabía cómo sentirme: feliz porque me habían puesto New Order o frustrada porque lo que se proyectaba como un evento para renovar el Mambo terminó siendo una -floja- imitación del Warm Up del MoMA PS1. El duelo de sentimientos terminó en cuanto uno de los asistentes le preguntó a su acompañante, mientras todos salíamos del lugar, que ¿quién era ese artista que estaba exponiendo? Porque por el nombre, parecía ser de acá. Luego de una googleada, descubrieron que Daniel Buren no era cualquiera, que era un francés, un grande del arte conceptual, uno que en Bogotá lo opacó Magdalena, la dj. Ellos se fueron felices, a mí me dolió un poquito.

No me dolió que a Daniel Buren lo opacaran, tampoco me dolió -tanto- la sala de juegos que pretendía mostrarse como una sala educativa e interactiva con el público. A mí lo que me dolió fue que este nuevo esfuerzo por renovar el Mambo y exaltar en el camino el arte colombiano, se vio frustrado. La exhibición poco logra en la misión de relacionar el arte con nuevos públicos al estar lamentablemente relegada a un segundo plano. El nuevo público del Mambo fue a bailar techno y a comer hamburguesa de Gordo, pero no a siquiera preguntarse por qué en un evento hecho para reconectar el arte colombiano con su público, había un artista francés y una farra en el parqueadero. Muy bien que apoyen la música electrónica del país y también tremendo que venga un “duro” a exponer, pero sería bueno exigirle a una de las instituciones que deben velar por el arte colombiano que expongan más y más artistas nacionales a la vez que promuevan la visita y discusión de su obra. Es decir, menos farra y más encuentros por el arte.

Eventos como este demuestran que acá las diferentes partes pecan por igual: la institución por falta de orden y seriedad, el público por no exigir calidad y los medios ¡Ay! Los medios colombianos, que desinforman antes que informar, que elogiaron el evento por “transformar el museo con dos exposiciones interesantes”[1] y porque habían “funciones de música electrónica y hasta la exposición de una bienal”[2], como si exhibir arte no fuera el trabajo de una institución que tiene por nombre Museo de Arte Moderno de Bogotá. En cualquier caso, este texto, esta opinión, sólo pretende repensar el museo, así como el mismo Mambo lo propone en sus últimos seminarios. Es importante que tanto instituciones como sus audiencias comiencen a cuestionarse sobre sus acciones y plantear, de pronto, situaciones eficaces en las cuales el arte junto con otros actores y disciplinas sean un solo evento, un solo fenómeno.

 

Lina Useche

 

 

[1] Ana María Escallón, “Entre el miedo y la incertidumbre,” , August 12, 2017, https://www.las2orillas.co/miedo-la-incertidumbre/

[2] Joaquín Mauricio López , “En 12 días llegará la segunda versión de Mambo Alive en Bogotá,” La República, August 1, 2017, , https://www.larepublica.co/ocio/en-12-dias-llegara-la-segunda-version-de-mambo-alive-2532325

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