el archivo poliédrico

Cuando faltan pocos días para el cierre de la Documenta 12 de Kassel debemos reconocer que su visión nos decepcionó bastante menos o nos interesó bastante más de lo esperado. Especialmente nos interesó por el planteamiento y el proceso curatorial con todas sus paradojas. Una de las primeras y casi insalvables contradicciones que ha desarrollado el tándem Buergel/Noack es la de proyectar sobre un mundo supuestamente globalizado y deslocalizado (no muy diverso, por otra parte, del que mostró Enwezor en 2002) un ideario más cercano a los postulados «modernos» (o a los de un proyecto moderno «inacabado», como diría Habermas) que a los posmodernos que giran en torno a los conceptos de «valor» y «esencia».

Las bases teóricas que Buergel/Noack han expuesto en los escasos dos folios introductorios del catálogo hablan de la «experiencia del espectador», de la «poética de la muestra», de la «negociación en las relaciones arte-vida», de la «directa confrontación» con la obra más allá de todo componente teórico y de todo discurso interpretativo. En especial, de los «valores esenciales» (¿puede el arte ayudarnos a penetrar en lo que es esencial?, se preguntan), algo que hacía mucho tiempo no encontrábamos en los discursos curatoriales.

Mundo mundializado. Es decir, por un lado los artistas convocados pertenecen a «mundos mundializados» -Buergel y sus ayudantes han recorrido «con creces» la geografía artística global- y por otro, paradójicamente, los objetivos perseguidos en este recorrido son la búsqueda de unas «formas esenciales» transnacionales y trans-temporales o, dicho en otras palabras, el fenómeno de la «migración de las formas». Quizá ahí esté uno de los fracasos, ya que si bien a lo largo del siglo XIX y XX destacados teóricos e historiadores del arte germanos (Riegl y Wölfflin entre otros) trabajaron «in extenso» sobre la «pervivencia de las formas fundamentales», no pensamos que éste sea un concepto operativo para dar sentido a los más de 500 trabajos distribuidos en las diferentes sedes. Es poco operativo y quizá peca también de ingenuo o de excéntrico.

Probablemente, esta Documenta será considerada en el futuro como la «Documenta de las excentricidades», excentricidades que no sólo contemplan la inclusión anecdótica y mediática del cocinero (restaurador) Adrià, sino el constituir el «núcleo duro» del evento no en torno a un denso discurso teórico en la nómina de artistas notables o emergentes, o ni tan siquiera en la presencia potente de las obras, sino en los modelos expositivos o museográficos y en la «decoración» de los espacios que buscan privilegiar la «directa confrontación» del espectador con la obra.

Más palacio que museo. Con la absoluta voluntad de acabar con el «cubo blanco», Buergel/Noack han aplicado a cada una de las seis sedes del evento distintos «modelos expositivos», desde el palacio al gabinete de curiosidades, desde el hangar a los «cubos cromáticos», todos ellos más cercanos a los espacios de «habitabilidad» y «sociabilidad» que a los de estrictamente «exposición artística», espacios escenográficos en último término (bambalinas, decorados o tinglados) en los que los artistas actúan -casi- como «actores sin voz». En el desarrollo de este «discurso museográfico» pedagógico y publicitario, Buergel ha jugado también la baza de la repetición (una forma que se repite muchas veces es una forma más eficaz, como dictan los preceptos publicitarios) y la comparación (el efecto comparativo incrementa el impacto de un objeto).

Así, en el Museum Fridericianum, que gracias a los metros y metros de blancos cortinajes adquiere más el carácter de palacio que de museo, lo primero que se encuentra el espectador es la «sala de los espejos» centrada por la obra de unos de los tres artistas más «repetidos» en la «geografía» de la Documenta: John McCraken (los otros dos son Juan Dávila y Henry James Marshall). La multiplicación de perspectivas que uno experimenta -que por otro lado podemos ver en cualquier tienda-, la infinitud de las mismas, el protagonismo dado al visitante que se mira a sí mismo y se confunde con el resto de los visitantes, constituye una de las principales aportaciones de esta Documenta y funciona como metáfora de la misma: un «archivo» poliédrico de una multiplicidad de formas artísticas que encuentran su sentido no en lo individual sino en el conjunto, en sus zonas dialógicas (o «zonas de contacto», como diría Clifford) y en sus encuentros inesperados. Todo más cerca de la teoría del azar objetivo surrealista que del readymade.

Los «encuentros fortuitos» a partir del cuerpo, el objeto y el espacio, entre la artista japonesa Tanaka Atsuko y Sheela Gowda y también de Atsuko con Florian Pumhösl, insistiendo más en cuestiones pedagógicas, nos parecen lo más interesante del Fridericianum, junto con nuevos entrecruzamientos no jerarquizados entre Oriente y Occidente que proponen E. Antin, Monastyrsky, Zofia Kulik , Zheng Guogu, Hu Xiaoyuan o Martha Rosler. Buergel ha buscado pues distanciarse de etiquetas y ha buscado el efecto «sorpresa». ¿Cómo entender la decisión de pintar de azul celeste los altísimos y elegantes muros de la Documenta Halle que se convierte así en la «habitación de los niños» con juguetes de todo tipo, desde la jirafa a escala real de Friedl a los macropeluches de Cosima von Bonin pasando por el camión de Manglano-Ovalle? Juguetes cuyas narrativas de origen quedan desdibujadas ante una buscada desmitificación de la «experiencia expositiva».

El efecto sorpresa. Los que tuvimos la oportunidad de contemplar la experiencia curatorial de Buergel en Barcelona bajo los auspicios del Macba en ¿Cómo queremos ser gobernados? disponemos de algunas pistas para entender el porqué Buergel ha decidido privilegiar el «lugar» por encima de la «obra».

De ahí que el Aue Pavillon se convierta en un hangar «brutalista» alzado sobre el césped, en el que el espectador desde cualquier lugar puede contemplar una multitud de obras. Hace que queden descontextalizadas piezas que podrían merecer una mayor «especificidad» como las de los históricos Jorge Oteiza y Leon Ferrari, o las interesantes vitrinas de Lu Hao «integradas» visualmente en las piezas de Monika Bart, George Osodi o Zheng Gougu.En este «efecto palimsesto» objetual y visual, Buergel ha presentado piez
as difíciles de justificar en una macroexposición como Documenta y sorprende, por ejemplo, la abundancia de obras de pequeño formato propias de un gabinete de curiosidades. Son piezas con un claro acento en lo autógrafo (escritura, trazo, gesto) que llenan buena parte del Schloss Wilherlmshöhe.

Este gusto de lo «exquisito» y «erudito» se repite en la Neue Galerie, en el que el cubo «blanco» es desafiado por distintos «cubos cromáticos» en los que se «alojan» dispares propuestas que acogen dibujos, cuadros de pequeño formato, fotocollages (Ines Doujak), fotografías (Andrea Geyer) o vitrinas a modo de archivo como la de Solakov. Sin olvidar otro tipo de obras, como las instalaciones político-documentales de Yael Bartrana o de Ibon Aranberri y la casi abyecta de Churchill Madikida que expone las condiciones de vida y muerte en torno la pandemia del sida.

El «gran ausente». Si exceptuamos contadas obras con voluntad «monumental» como los vídeos de J. Coleman o de Danika Dakic y la instalación de Mary Kelly, que privilegian lo estético, es evidente que la Documenta 12 perdurará como una propuesta de «archivo del mundo del arte», casi como la versión expositiva del Atlas de Richter (artista presente con una obra en pequeño formato, Betty de 1977) o de los álbumes, también anómicos, del artista alemán H. Peter Feldmann. Así lo entendimos cuando en la ciudad de Hannover, a escasas dos horas de Kassel, pudimos ver en el Sprengel Museum una monográfica (Buch/Book 9) del pensamos «gran ausente» de la Documenta, el citado Feldmann.

La Documenta 12 se ha de entender pues como un «archivo visual» ¿Cómo explicar, si no, la inclusión, en un espacio privilegiado del Fridericianum de una reproducción fotográfica de la obra de Klee El ángel de la Historia (1922), una obra que es imposible no relacionar con Walter Benjamin y su reflexión sobre el fracaso, la historia y el tiempo? Entre tantas paradojas y trampas por parte del tándem curatorial, en las que han caído muchos visitantes y no menos críticos, destaca el acierto de dar voz y visibilidad a revistas alejadas del mainstream de la teoría internacional. Acierto «coherente» de una Documenta que, aparte cuestiones de gusto, no dudamos que sentará «escuela» (sobre todo entre el comisariado).

Ana María Guasch

publicado en abc

gauguin habla con guasch

Abrebocas provocativo e irresponsable para una crítica cultural a Ana María Guasch

Paul Gauguin:
Soy Gauguin el renegado,
el bárbaro de Hivaoa
el primitivo de Taití
en pena hoy revolcado
en un concurso convocado
por primitivos engendrado…

Ana María Guasch:
¡Alto Gauguin! ¡No entiendo!
mejor con detalle explica
la causa que aquí te ubica
y la razón de tu descontento,
por qué tu espectro profundo
va en Bogotá y no en Martinica?

PG: ¡Ay de nosotros, rondada mía!
Me han puesto de mal ejemplo
en un certamen descalabrado
de una embajada de mi pasado
que habla de Mayas, Incas y Aztecas
como si fueran obra de un día;
de San Agustín y Olmecas
de la Tolita y de Zacatecas
de Valdivia y La Chorrera
como si fueran del mismo templo,
como si fueran bisutería.

Y entre tu y yo Ana María,
no hay tal distancia ni correría…
No creas que trago cuento
con eso de minorías
con eso de un nuevo mundo
sin centro ni hegemonías

De tus conferencias fui testigo y…

AMG: ¡Gauguin me estás atacando!
Y mi discurso estás mancillando
no entiendo caro maestro
de qué me acusas con grosería
si yo he venido a este vecindario
a hablar bonito en mi abecedario
y digo bien que no hay periferia
sino mil puntos de geografía
puntos diversos que dan al traste
con el síndrome de Kassel.

PG: Fácil es desmentirte
amiga historiadora
y en mi ansia desaforada
buscando alivio en el purgatorio
lanzo mi flecha cuestionadora:

¿Cómo es posible señora Guasch
que llegue usted a Colombia
a hablar de un nuevo orden
de un mundo equivalente
de paseantes y de turistas
de etnógrafos y migrantes
de diásporas y de crítica
dialogada, dialogada,
si al menos dos, aquello implica?
Pero de diálogo poco tiene
su coqueto murmullito,
cuando solo habla de Venecia y Documenta
y de acá nada o poquito.

AMG: ¿Te volviste loco?
¿Qué clase de espíritu corrupto eres?
¿No eres Gauguin el de las mujeres?
El de las púberes virginales
de catorce años a tres preñaste
¿Casi de sífilis no murieres?
y hasta salvaje te proclamaste
para venderte con mejor arte
diciendo que en busca fuiste
de primitivos y paraísos,
a ver si es que en Occidente
alguien te sigue la corriente?

PG: No secundaré tu juego,
de vituperios y pesadeces
yo soy Gauguin, hombre con creces
pintor francés, genio mil veces,
quien de entre indios y adefesios,
entre ídolos y tótems,
llevé a París mundo y colores
jamás posibles, jamás mejores!

AMG: ¡Ja, ja, ja! Paris adentro,
Paris tus ciernes,
nunca fue entonces un juego justo,
con los primarios deuda tuviste,
pues fue a Europa a quien respondiste.

PG: Y tú que cantas, paloma triste?
Tu no eres santa, jamás hiciste
lo que en boca y verbo pusiste.

Los señores de la embarrada,
los que yo cuento que la regaron
por ensalzarse de fomentar
el intercambio cultural,
terminaron sugiriendo
y en los incautos instituyendo
refrendando con el ejemplo
mi actitud como modelo
y menospreciando a otras culturas
cual básicas criaturas

Tu vienes a recitar:
¡No hay norte! Hay muchos puntos,
y a cada uno hay que estudiar,
y así en el mundo todos van juntos
no más discursos grandilocuentes
no hay dominantes, quizá emergentes

Y sin embargo desconoces
a los artistas de este lugar,
¿cómo puedes entonces,
hacer que estas personas
existan en tu historia, si no las
sabes ni de memoria
ni de argumentos
ni de entremeses?

¿Y no sé si has reparado,
en que un libro es un mecanismo
instaurador, así mismo
de significado?

Si alguien no existe en una historia
porque el histo
riador no le dio gloria
desaparece frente a aquellos
de quien se habló con euforia.

Cuando los cándidos entusiastas
lean tus libros para aprender
no podrán jamás saber
de los artistas de los que no hablas

Lindo es decir que hay
muchos puntos y sapiencias
pero te puedes contradecir
si excluyes unos por inconciencia
y solo hablas de Documenta.

AMG: Me has enredado con tus palabras,
no entiendo nada, yo escribo historia,
y en este mundo globalizado,
no tengo tiempo para Colombia…

Andrés Matute