“Es ya un lugar común que las innovaciones tecnológicas de la Revolución Industrial no sólo transformaron la artesanía tradicional, sino que las industrias nuevas dieron origen a multitud de formas novedosas que disputaban su legitimidad, basadas ya sea en su carácter estético o utilitario.”

Raúl Domínguez Rendón

Si se cree en el divorcio arte/industria, la ecuación es simple: la historia de ambas esferas es incompatible. Si se acepta un encuentro de estos dos ámbitos, quizá sea posible alterar ciertos modelos de interpretación. Podría ser que al reunir objetos desarrollados por equipos de diseño en décadas pasadas y aplicar sobre ellos un análisis que articule percepción estética y posibilidades de existencia material, los resultados fueran iluminadores. La molestia es que siempre tenemos que contarnos esa historia. Una y otra vez, debemos recordarnos que los procedimientos de la Revolución Industrial condicionan poderosamente las prácticas de l@s artistas.

“Múltiples y originales” es una exposición que presenta obras de la década de 1970 con título aburrido de la década de 1990, donde se hace el quite al enamoramiento teórico de artistas y críticos que hacia finales del siglo XX empezaron a admitir la presencia de procedimientos de reproducción dentro del circuito artístico. Por esto, es de agradecer que no haya manifiestos por la fotocopia, la fotografía expandida o digresiones inútiles sobre el conflicto genealógico de siempre.

Además, hay que añadir que uno de los resultados de la metodología del Equipo Transhistoria es el reconocimiento de la publicidad como un eje común para ciertos  modos de experimentación artística de la época. Gracias a esta decisión, aparecen –o se actualizan- nuevos actores en este panorama (Agencia Leo Burnett y Manuel Alexiades), para complejizar y contextualizar desde ubicaciones disciplinarias específicas los vuelos creativos de tanto talento que floreció en esos días mágicos. Observando –quizá en exceso- el uso de medios procedentes de la industria (artes gráficas, fotografía publicitaria, cine), se reúnen obras y proyectos donde una amplia proporción de l@s artistas seleccionados parecía gritar “¡consuma!”, objetos o ideología.

Desde esta perspectiva, pareciera que la curaduría deja sin examinar la manera en que los artistas presentes asimilaron las lógicas industriales de producción visual. Si la idea era dar un relato admirativo sobre algunas personas que se acercaron a la publicidad, bien. Si se buscaba algo más, no aparece: respecto al conjunto de obras expuestas, la cuestión no es el binomio multiplicidad u originalidad, sino más bien la producción de formas de persuasión. Y la falta de resolución en este sentido interfiere en el mensaje subliminal que constituyen algunos textos dispuestos en las salas:

“La necesidad de fortalecerse como Estado había dado lugar [en Colombia] a la implementación de convenios internacionales como la Alianza para el Progreso, que para ciertos sectores pudieron percibirse como intervencionismo extranjero […] este y otros apoyos internacionales atravesaron escenarios institucionales, comerciales y culturales, que impactaron en hábitos de consumo y estimularon campos de producción visual a nivel corporativo, publicitario y artístico.”

“… Estos movimientos, dentro de sus prácticas de difusión y divulgación, generaron espacios donde artistas y realizadores pudieron acompañar estas luchas y resistencias de diferente manera: algunos apostaron por una propuesta visual poética alejada de ideologías de partido, otros asumieron una militancia política, pero en suma todos aportaron producciones visuales fundamentales para la consolidación de imaginarios en en el proceso de reivindicación de estos sectores sociales… etc.”

Si uno es un espectador aborregado que se pone en el juego de buscar esos índices, se encontrarán reiteraciones que, por acumulación, terminan siendo significativas aunque no analizadas. O si decidimos exceptuar algunos cuestionamientos lanzados por un pequeño grupo de cineastas en Cali, falta apreciar de qué manera se interpreta la lectura que hizo tant@ artista de esa década sobre franjas de población localizadas en estratos diferentes a los suyos. En esta muestra resulta fácil encontrar pautas de relación entre un ideal de artista experimentalista y una difusa ciudadanía resignada a las lacras del Frente Nacional. Sin embargo, falta por saber cómo el Equipo Transhistoria analiza el tema o si, probablemente, lo deja en manos de la invocación de “la publicidad” como unidad significativa. Puede que el lente que den cuarenta años de distancia y miles de acciones paliativas de la pobreza a partir del arte, permita lanzar una interpretación. O no. La molestia es que no tratamos de contarnos esa historia. O que en Múltiples y originales no la encontremos. Pero, si eso nos pasa, pues nos vamos a otra exposición o a leer y ya.

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Guillermo Vanegas