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Historia del Arte Nazi en Colombia

Exposición “Arte Degenerado”, Medellín, 1938.

El expresionismo como síntoma de pereza e inhabilidad en el arte es el título de un texto escrito por el político Laureano Gómez y publicado en 1937 en Bogotá en la Revista Colombiana. En ese mismo año en Alemania se inauguraba Arte Degenerado, una muestra que le daba forma de exposición al “Entartete Kunst”, un término creado por los nazis para clasificar todas las piezas de arte que se apartaban de los lineamientos estéticos del “Arte Alemán” y el “Arte heroico” establecidos por el Ministerio de Propaganda.

La muestra que viajó varias ciudades de Alemania exponía una serie de piezas de arte acompañadas de frases garabateadas que hacían mofa de lo expuesto. El montaje se caracterizaba por un descuido calculado que enfatizaba el desdén por ese “arte degenerado”. La exposición iba acompañada de un catálogo pedagógico y de discursos aleccionadores, además contaba con visitas guiadas. Entartete Kunst fue el hito cultural del momento y su influencia, al menos en el aspecto funcional, se extiende hasta el día de hoy en salones y bienales que perpetúan el modelo fundacional de producción de exposiciones de la Alemania nazi.

Los lineamientos propuestos por Laureano Gómez en su texto y por el Partido Nacional Socialista en el catálogo de la exposición Entartete Kunst coinciden en tiempo y en su postura ideológica:

—Gómez: “Cabe ahora preguntar: ¿la época que nos ha tocado vivir es uno de esos momentos felices de claridad, pleno de dominio y de armonía, que señalan las cumbres alcansadas en la realización estética por la inteligencia del hombre? O por el contrario, ¿bajamos el declive de una pendiente de decadencia hacia un trágico abismo de inhabilidad y de ordinariez, descenso del que no podemos darnos cabal cuenta, perturbados por la algarabía de las trescientas ocas de que hablara el poeta?”

—Entartete Kunst: “pretendemos mostrar cómo estos revoltosos esparcieron síntomas de degeneramiento, infectando a gente de bien, gente incauta que, pese a tener talento artístico, no tuvo el buen juicio ni el carácter o sentido común necesarios para resistir unirse a la algarabía de los judíos y los comunistas.”

A finales de 1937, en Medellín, un grupo de empresarios en sincronía con el espíritu progresista del momento decidió contactar al Gobierno Alemán para replicar la iniciativa en Colombia. A comienzos de 1938, en las oficinas de Talleres Robledo, se organizó una exposición de “Arte Degenerado”. De esta muestra solo se conservan tres fotos: dos corresponden a la exposición y otra a la cena de gala que tuvo lugar luego de la inauguración.

Las dos fotos que se conocen de la exposición fueron tomadas por Erasmus Gerhard, un curador alemán que viajó a Colombia para traer algunas de las obras expuestas y del que se dice que por tener problemas con el Partido Nacional Socialista volvió al país para radicarse en Bogotá como ilustrador. En una de las imágenes se ve una multitud agolpada a la entrada de Talleres Robledo, en la otra se ve una masa variada de personas que atesta una improvisada sala de exposiciones. La hidalguía de dos damas con sombrero a la moda contrasta con la presencia de un hombre de atuendo rústico que se toma una cerveza, al fondo se ve a un hombre trajeado y de tez clara que se muestra algo desconcertado por la situación.

La foto de la cena de gala fue tomada por Jorge Obando en un club social de Medellín.

La versión criolla del Entartete Kunst incluía también un contrapunto entre las obras expuestas y frases que depreciaban lo expuesto. No se sabe si hubo discursos aleccionadores pero sí en varios recuentos se menciona la existencia de una gacetilla que se entregaba a la salida y que reproducía apartes del texto en mención de Laureano Gómez y del discurso dado por Adolfo Hitler en la inauguración de la Casa de Arte Alemán en Berlín en 1937:

—Gómez: “Un pintor colombiano ha embadurnado los muros de un edificio público de Medellín con una copia y servil imitación de la manera y los procedimientos del muralismo mejicano. Igual falta de composición. Igual carencia de perspectiva y proporcionalidad de las figuras. Sin duda, mayor desconocimiento del dibujo y más garrafales adefesios en la pintura de los miembros humanos. Una ignorancia casi total de las leyes fundamentales del diseño y una gran vulgaridad en los temas, que ni por un momento intentan producir en el espectador una impresión noble y delicada. Naturalmente, el coro sofista y seudo-literario elogia aquellos fantoches a rabiar. Ay del que no reconozca el número y la marca de la bestia divina. Es un atrasado, un reaccionario del arte, un intonso, un deplorable provinciano.”

—Hitler: “Y, ¿qué crean ustedes? Seres lisiados, deformes y cretinos, mujeres que solo pueden despertar repulsión, hombres más cercanos a bestias que a seres humanos, niños que si viviesen en tal estado caerían bajo la maldición de Dios. Y esto es lo que estos crueles chapuceros se atreven a ofrecer como arte de nuestro tiempo, esto es, como la expresión de todo lo que moldea e imprime su sello en nuestro tiempo presente […] Las “obras de arte” que no son capaces de ser entendidas por sí mismas y necesitan de un manual de instrucción pretenciosa para justificar su existencia —hasta que por fin encuentren a alguien lo suficientemente intimida para soportar con paciencia semejante habladuría estúpida y obscena— jamás encontraran la manera de llegarle al pueblo Alemán.”

(Artículo publicado en la Revista Antio-quia, 2012)

 

 

 

 

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17 Opiniones sobre Historia del Arte Nazi en Colombia

  1. Gustavo Rico Navarro 2012/08/18 at 10:26 am

    Una vez más, se reitera la desinformación referida al Tercer Reich.
    ¿cómo se pretende analizar con alguna probidad histórica el fenómeno nazi en el arte si siempre se cita el mismo episodio sin reparar en otras facetas más afortunadas o simplemente más desapasionadas?
    ¿cómo quieren definir el arte nazi en este artículo si siempre que lo citan reiteran el mismo episodio con el mismo énfasis y la  misma visión?
    Vuelve a pecar el artisulista por falta de rigor intelectual en este artículo porque pretende definirse algo citando aquello que no es: ¿es posible definir a un perro diciendo que no tiene cresta, ni patas de pollo, ni alas de pollo, ni pico de pollo? ¿considera el artículista que se hace historia porque ha  condenado el hecho de que ese perro corretea pollos?
    Si ha de enunciar un título semejante para un artículo, pues que revise las fuentes originales y no sólo las oponentes pues ello consistiría en hacer historia de la peor: ¡positivismo ingenuo!
    Que el profesor Ospina revise todo un movimiento cultural y no sólo el peor de sus folletos, pues ello equivaldria a juzgar la Historia del MAMBO sólo por la exposición de Giorgio Anthei, o la Barbie.
    Estamos ansiosos de conocer las ideas nazis sobre el arte y la cultura; queremos reconocer sus rasgos estilísticos, sus obras magnas, la manera en que irradiaron otros pueblos y razas con sus ideas que son buenas o malas pero al fin y al cabo son ideas.
    Un esfuerzo más profesor Lucas ospina. No basta con suponer cosas a partir de dos fotos y las ideas positivistas que cualquier escolar sabe. 
    Un esfuerzo más, estoy seguro de que usted puede hacerlo.
     

  2. Ricardo Arcos-Palma 2012/08/18 at 2:43 pm

    Es cierto que el título del artículo de Lucas Ospina es bastante pretencioso al plantear una “historia del arte nazi en Colombia” sin tener el rigor de un historiador. Pero no hay que pedirle peras al olmo dice el adagio popular. Ya tesis serias como las de Carmen María Jaramillo han aportado importantes datos al respecto.  Pero lejos de esto, el texto de Ospina es un artículo muy interesante y bien ilustrado pues pone de relieve lo que aún no ha sido muy escudriñado a profundidad: la relación y asimilación de ideas higienistas con políticas sociales y culturales en nuestro país, teniendo en cuenta que la noción: degenerado va unida al proyecto biológico que echa sus raíces en Oswal Spengler, quien se hizo conocer por su famosa obra “La decadencia de Occidente. Bosquejo de una morfología de la historia universal” publicada en fascículos entre 1918-1922.
    Estas tesis fueron acogidas con entusiasmo por buena parte de la generación del Centenario de la cual Laureano Gómez hacía parte junto con Luis López de Mesa y Armando Solano quienes  con razón comenzaron a interesarse por el indigenismo. Las recientes declaraciones sobre el pasado nazi de Reichel-Dolmatoff nos recuerdan que algunos como él encontraron en Colombia el terreno propicio donde las tesis de una degeneración estetico-racial y el proyecto higienista del país venía desde el siglo XIX desde la época de la Renegeración. Ellos pensaron que el futuro de una nación estaba en la fortaleza de una raza. No hay que olvidar los estudios del médico y cientifico Jimenez López quien a comienzos de siglo XX, insistían que los problemas de Colombia obedecían a problemas genéticos y no a causas sociales y políticas. Un ejemplo de estas políticas higienistas a nivel cultural, es la guerra contra la Chicha que impone la cervecería alemana Bavaria fundada en 1889.
    Desde esa óptica el texto de Ospina sí aporta al debate y los documentos fotográficos atribuídos a Reichel-Dolmatoff como la foto de Jorge Obando son testimonios importantes a tener en cuenta. De hecho este texto me motivó a echar un vistazo crítico al problema de higienismo como proyecto cultural y político que se puede consultar aquí: http://criticosvistazos.blogspot.com/2012/08/vistazo-critico-108-la-degeneracion.html

  3. Ricardo Rivadeneira 2012/08/18 at 4:19 pm

    Una apretada y muy forzada historia política del arte, donde Lucas Ospina cree ver nazismo. 

    El título del artículo de Ospina es inapropiado, pues no hubo Arte nazi en Colombia. Reclamaría desde la orilla de los historiadores un par de referencias mínimas, que permitan una lectura cada vez más plausible de los hechos históricos. La primera referida al tema de la extrapolación y supuesta influencia sincrónica de situaciones; la otra, la necesidad de explicar las supuestas coincidencias a la luz de los procesos de conformación del pensamiento burgués, en el transfondo del apoyo a las ideas nacionalistas.  
    Todos sabemos que el simple hecho de pretender pegar una cosa al lado de la otra no implica que ellas se relacionen de una forma lógica, comprensible. En este caso, y ese es el problema de muchos análisis posmodernos, es que las generalizaciones, provocan ficciones históricas, situación que desplaza el acto de tratar de comprender sosegadamente los indicios del pasado. 
    Si bien vivimos en una era neobarroca, con grandes necesidades de nutrir las narrativas, resulta importante que esos lances malabarísticos puedan trascender hacia el proceso de cotejar las fuentes de información con los postulados de investigación.
    Si se trataba en este caso de pedalear tras la rueda de Augusto Oyuela-Caicedo, lástima, pues el manejo de fuentes por parte de Lucas Ospina deja mucho que desear.

    • Gustavo Rico Navarro 2012/08/19 at 4:10 pm

      En Historia del arte tiene primacia el monumento sobre el documento. Por ello sugeriría al profesor Rivadeneira atender mucho más al entorno que a su afirmación categórica respecto a la inexistencia de influencias nazis en el arte nacional. Basta con observar las características estilísticas de las obras de muchos autores para concluir que esas influencias, como es natural, si existen.
      Para la muestra la foto del Panteón del Ejército Nacional de Colombia en el Cementerio Central de Bogotá.
       

  4. Monica Restrepo 2012/08/19 at 4:20 am

    “JESÚS FERNÁNDEZ-GÓMEZ
    Cartagena de Indias, 1910-Berlín, 1945:
    Hasta que treinta años después de su muerte la editorial El Cuarto Reich Argentino diera a conocer una parte de sus escritos la vida y la obra de Jesús Fernández-Gómez permaneció sumida en el anonimato. Los libros publicados fueron Años de Lucha de un Falangista Americano en Europa, especie de novela autobiográfica de unas 180 páginas escritas durante los treinta días que el autor pasó en el Hospital Militar de Riga convaleciente de heridas de guerra y en donde Fernández-Gómez narra sus aventuras en España durante la Guerra Civil y en Rusia como voluntario de la División 250, la famosa División Azul Española; el otro libro es un largo texto poético titulado Cosmogonía del Nuevo Orden.
    Empecemos por este último. Los tres mil versos que componen el poema están fechados entre Copenhague y Zaragoza, a lo largo de los años 1933 y 1938. El poema, de intención épica, narra dos historias que constantemente se intercalan y yuxtaponen: la de un guerrero germano que debe matar a un dragón y la de un estudiante americano que debe demostrar en un medio hostil su valía. El guerrero germano sueña una noche que ha matado al dragón y que sobre el reino que éste subyugaba se impondrá un nuevo orden. El estudiante americano sueña que debe matar a alguien, que obedece la orden que le ordena matar, que consigue un arma, que se introduce en la habitación de la víctima y que en ésta sólo encuentra una «cascada de espejos que lo ciegan para siempre». El guerrero germano, tras el sueño, se dirige confiado a la lucha en donde morirá. El estudiante americano, ciego, vagará hasta su muerte por las calles de una ciudad fría, reconfortado paradójicamente por el brillo que provocó su ceguera.
    Las primeras páginas de Años de Lucha de un Falangista Americano en Europa revisan la infancia y adolescencia del autor en su ciudad natal de Cartagena, en el seno de una familia «pobre, pero honrada y feliz», sus primeras lecturas, los primeros versos. Continúa con el encuentro en un burdel de Bogotá con Ignacio Zubieta, la amistad de los jóvenes, las ambiciones compartidas, el deseo de ver mundo y romper con las ataduras familiares. La segunda parte consigna los primeros años en Europa: la vida en un piso de Madrid, las nuevas amistades, las primeras peleas entre él y Zubieta que en ocasiones se saldan a puñetazos, las viejas y viejos viciosos, la imposibilidad de trabajar en casa y sus largos encierros en la Biblioteca Nacional, los viajes que suelen ser felices pero que en ocasiones también son desdichados.
    Fernández-Gómez se siente maravillado por su propia juventud: habla de su cuerpo, de su potencia sexual, de la longitud de su miembro viril, de su aguante con la bebida (que detesta: bebe porque así acostumbra Zubieta), de su capacidad para estar sin dormir durante días. También se siente maravillado, y agradecido, de su facilidad para aislarse en los momentos más difíciles, del consuelo que le proporciona el ejercicio literario, de la posibilidad de escribir una gran obra que «lo dignifique, que lo limpie de todos los pecados, que dote de sentido su vida y su sacrificio», aunque sobre la naturaleza de este «sacrificio» corra un tupido velo. Procura hablar de sí mismo y no de Zubieta, pese a que, como él mismo reconoce, la sombra de Zubieta la lleva «pegada al cuello, como una corbata necesaria o como una lealtad mortal».
    No se extiende en consideraciones políticas. Considera que Hitler es el hombre providencial de Europa y poco más dice de él. La cercanía física del poder, sin embargo, lo conmueve hasta las lágrimas. En el libro abundan las escenas en que, acompañando a Zubieta, participa en saraos o actos protocolarios, entregas de medallas, desfiles militares, misas y bailes. Los detentadores de la autoridad, casi siempre generales o autoridades eclesiásticas, son descritos detalladamente, con el amor y la morosidad de una madre en la descripción de sus hijos.
    La Guerra Civil es el momento de la verdad. Fernández-Gómez se entrega a ella con entusiasmo y valor, aunque comprende de inmediato y así lo hace saber a sus lectores futuros, que la presencia de Zubieta a su lado constituye una pesada carga. La recreación que hace del Madrid de 1936 en donde él y Zubieta se mueven como fantasmas entre fantasmas a la búsqueda de los amigos ocultos del terror rojo o visitando embajadas latinoamericanas donde son recibidos por funcionarios desmoralizados que poco o nada pueden informarles es vivida y vibrante. No tarda Fernández-Gómez en adaptarse a lo extraordinario. La vida castrense, la dureza del frente, las marchas y contramarchas no hacen mella en su disposición ni en su ánimo. Tiene tiempo para leer, para escribir, para ayudar a Zubieta que depende de él en gran medida, para pensar en el futuro, para hacer planes sobre su regreso a Colombia que nunca llevará a la práctica.
    Terminada la Guerra Civil, más unido a Zubieta que nunca, pasa casi sin transición a la aventura rusa de la División Azul. La batalla de Possad está narrada con un realismo sobrecogedor, exento de lirismo y de concesiones de cualquier tipo. La descripción de los cuerpos destrozados por la artillería se asemeja en ocasiones a las pinturas de Bacon. Las páginas finales nos hablan de la tristeza del Hospital de Riga, de la soledad del guerrero postrado, sin amigos, abandonado a la melancolía de los atardeceres bálticos que compara desfavorablemente con los atardeceres cartageneros de la patria lejana.
    Pese a su carácter de obra no corregida y revisada, Años de Lucha de un Falangista Americano en Europa tiene la fuerza de la obra escrita en los límites de la experiencia, además de algunas sabrosas puntualizaciones sobre aspectos desconocidos de la vida de Ignacio Zubieta que pudorosamente omitiremos. Entre los múltiples reproches que Fernández-Gómez le hace desde su lecho de Riga anotemos tan sólo aquella de carácter puramente literario sobre la paternidad de la traducción de los poemas de Schiller. En cualquier caso, fuera como fuere, lo cierto es que los amigos se volvieron a encontrar, si bien con la presencia de un tercero, el pintor Lemercier, y juntos reemprendieron el camino con la discutida Brigada Carlomagno. Es difícil discernir quién arrastró a quién en esta postrera aventura.
    La última obra de Fernández-Gómez salida a la luz pública (aunque nada hace temer que sea realmente la última) es la novelita galante La Condesa de Bracamonte, aparecida bajo el sello editorial Odín de la ciudad colombiana de Cali en el año 1986. El lector avisado reconocerá fácilmente en la protagonista de este relato a la Duquesa de Bahamontes y en sus dos jóvenes antagonistas a los inseparables Zubieta y Fernández-Gómez. La novela no está exenta de humor, sobre todo para la época en que fue escrita: París, 1944. Probablemente Fernández-Gómez exageró un poco las tintas. Su Duquesa de Bracamonte tiene treinta y cinco años y no los cuarenta y pico que se le calculaban a la auténtica Duquesa de Bahamontes. En la novela de Fernández-Gómez los dos jóvenes colombianos (Aguirre y Garmendia) comparten las noches de la Duquesa. Durante el día duermen o escriben. La descripción de los jardines andaluces es minuciosa y no carece de interés.”
    Tomado de Compendio biográfico de literatura nazi en America, Autores colombianos, Capítulo 2. A.A.V.V. Compilado por Ávalos Bolaño Roberto, 1996.

  5. antonio josé díez 2012/08/19 at 4:08 pm

    Pero a todas estas, Sí existió un Laureano Gómez, un Gilberto Alzate Avendaño, un Luis López de Mesa y otros famosos personajes del pasado nacional que simpatizaron con las teoría nazi de la higiene social; que pensaron que el espíritu estaba condenado a pensar, sentir y actuar según la apariencia externa del cuerpo; sin ninguna posibilidad de cambio.
     
    Los artistas siendo de común apadrinados por los poderosos del momento, probablemente se plegaron a  complacer los intereses e inquietudes estéticas de sus señores, como solía pasar, como suele pasar.

    Ahora bien: tenemos de otra parte que Gerardo [Erasmus] Reichell-Dolmatoff, militó de joven en el partido nazi, que incluso participó de las SS; que fue luego expulsado de ellas y trabajó para la oposición [derechista también] contra Hitler. 
    Y que, finalmente, podemos ver cómo en su etapa temprana como ilustrador en Colombia; sus trabajos artísticos perfectamente podían estar dentro del llamado arte degenerado

    Difícil desde el arte, juzgar al científico que, de joven errático se opuso a su propia producción “artística” posterior; como difícil es establecer cuáles son los artistas nazis de Colombia, si lo pretendemos encerrar dentro de un estilismo formal único no lo vamos a poder ver.

    Pero el asunto, sí se puede percibir, porque el arte no es sino un problema de forma, que muestra maneras de pensar.

    Todo cambia, el tiempo lo enseña. 

     

  6. Gustavo Rico Navarro 2012/08/19 at 5:39 pm

    La ciencia  nos enseña que la historia la escriben los vencedores. Y por ello resulta lógico que a los vencidos les crezcan los defectos y les disminuyan las virtudes y las ideas.  Por ello, es natural que de los vencidos sólo nos llegue su caricatura.
    Esa caricatura que hicieron los romanos de los cartagineses; la que hicieron los católicos de albigenses y lolardos, y la terrible visión que con sus películas nos hizo el valeroso Jhon Wayne con sus películas repletas de salvajes y desalmados apaches. 
    Felizmente, el conocimiento humano a veces se corrije y hoy sabemos que los cartagineses no devoraban sus hijos, que albigenses y lolardos no adoraban a Satanás ni celebraban orgias y asesinatos, y que los apaches que perseguian  la diligencia repleta de colonos inocentes en nuestras películas Hollywoodenses, son un pueblo tan valioso como los demás.
    Estamos demasiado próximos  a los eventos de la segunda guerra y estamos bastante cercanos a los vencedores como para poder saber todo lo que en realidad sucedió.
    Los artículos propuestos por Lucas Ospina y Ricardo Arcos  giran en torno a la visión de vencedor. Pero los datos históricos muestran  una historia que se distancia lo suficientemente de las películas de Spielberg como para poder sorprendernos a nosotros las inocentes víctimas de la propaganda de posguerra. Al respecto sugiero la siguiente lectura: http://vho.org/aaargh/fran/livres4/Bochaca-Crimines.pdf  y también el siguiente artículo:http://extrados.mforos.com/612523/3864201-hubieron-soldados-negros-en-la-werhmacht/
     
    Pero más allá de esa visión canónica que nos habla de los nazis como los que exterminaban a los NO rubios del mundo  y de los aliados como los justicieros que nos libraron de una amenaza mundial; sugeriría aproximarse al asunto del arte nazi a partir de documentos más elocuentes que permitan ayudarnos a vislumbrar con más precisión el asunto tratado: http://socialismoeuropeo.blogspot.com/2006/06/discursos-de-adolf-hitler-sobre-arte.html
    Mi humilde opinión es que aunque algunas de esas ideas me inquietan, no quisiera causar la desaparición del brillante  Woody Allen y me encantaría ofrecer mi casa por cárcel a la preciosa  Natalie Portman, pues mi condición  de afrodescendiente no negro y  mi amistad con Benjamín (¡Saludos Benjamín!) no me impiden mirar con cierta objetividad  una serie de documentos como los propuestos para dilucidar un norte que evidentemente no aparece en los documentos que sobre arte nazi se han escrito en Colombia.
     
     
     

  7. Ricardo Arcos-Palma 2012/08/20 at 2:12 pm

    Arte, verdad y mentira: 
    La sospecha que pone de relieve Ricardo Rivadeneira, quien está muy acostumbrado al rigor que todo historiador serio debe tener frente al uso de las fuentes primarias y documentos, tiene sus fundamentos. Y estoy de acuerdo con él y hay que tener precaución al afirmar lo que afirma Ospina desde el título de su texto, sin tener pruebas serias. El texto de Ospina, así haya abierto una puerta para indagar sobre la presencia de una cierta estética nazi en Colombia es un documento que debemos tomas con pinzas, no “tragar entero” y dudar su veracidad, sobre todo cuando el artista nos ha acostumbrado a sus obras que falsean una cierta realidad como la de Pedro Manrique Figueroa. Las fotos que él atribuye a Erasmus Gerhard son fotos retocadas y sin duda no pertenecen a él. Basta con ver en la primera foto la leyenda que con corresponde al resto de la foto. Además la imagen “original” es un documento que si hablaba de la exposición de arte degenerado y por supuesto no es en Colombia sino en Alemania aunque el letrero de esta foto “original” también deja serias dudas por el contraste de color con los grises y blancos de los vestidos de los visitantes al lugar. La foto “original” se puede fácilmente encontrar en internet buscando en google: “arte nazi” aunque también deberíamos desconfiar de su veracidad, no todo lo que circula por internet es verdadero; la foto la pueden ver en este sitio web publicada en 2008: 

    Ahora bien, con la exposición de arte degenerado, pese a la perversidad de los curadores nazi, logró algo que nadie esperaba: la producción plástica de enfermos y alienados mentales si tiene que ver mucho con el arte moderno y de vanguardia: ¿Cuál es la diferencia entre la locura y la razón? se preguntaba el artista Jean Dubuffet en 1945 cuando acuñó el término Art Brut, que recoge las prácticas artísticas de no iniciados al arte incluso la de alienados y enfermos mentales como Adolf Wolfli. 

    Algo similar sucede con el texto de Lucas Ospina pese a su idea de hacernos que creer que hubo una exposición de arte nazi en Medellín: sí es fácil rastrear algunos ejemplos donde la estética con valores neoclásicos al estilo nazi, hicieron camino en Colombia: El Monumento Banderas realizado por el escultor Alonso Neira en 1948 para la IX Conferencia Panamericana que se realizó durante el gobierno del presidente conservador Mariano Ospina Pérez 1946-1950 es un ejemplo de ello. Pero coincido con Rivadeniera, no se puede hacer una conclusión tajante sobre la existencia un arte expresamente nazi en Colombia. 

  8. Gustavo Rico Navarro 2012/08/21 at 5:58 pm

    Buen aporte el hecho por el profesor Arcos Palma.  Sin embargo quisiera saber si, en realidad, la foto ha sido retocada por pedro Manrique Figueroa o por el mismo Lucas Ospina. 
    Centro mis sospechas en el hecho de que en el letrero presentado por el artículo del Profesor Ospina hay graves fallas de ortografía y de perspectiva. Y esas dos cosas no se le escaparían a Laureano Gómez y sus amigos.
    Podría suceder que estemos ante un experimento estético del corte del Ministerio de la Verdad de 1984 de Orwell.
    Habrá que reflexionar en torno a tan explosiva obra que remueve los más sensibles corazones ajenos a esas artes caducas del dibujo.

  9. antonio josé díez 2012/08/22 at 2:11 pm

    A un artista comprometido consigo mismo, las preguntas que más le valen en torno a este asunto, serían algo así:

    “¿Qué tan nazi soy con mi entorno..?” 

    “¿Soy intolerante con otras estéticas que no practico..?”

    “¿Creo que existe una sola estética verdadera y las demás son falsas..?”

    “¿Merecen desaparecer de las calles [por ejemplo], esas espantosas y mal construidas esculturas que entorpecen mi mirada..?”

    Sin entrar en asuntos de líneas de pensamiento, hay un grave problema y es la deificación de los hombres hasta convertirlos en héroes. No de otro modo me puedo explicar las lágrimas del profesor Oyuela Caycedo al “descubrir” el pasado oscuro de Gerardo Reichel Dolmatoff; a quien heroificó hasta el punto de no permitirle haber tenido [acaso], una mancha en sus convicciones que luego hubiere corregido.

    Gerardo Reichel fue un hombre y no un dios. Los héroes griegos eran humanos tratando de ascender al nivel de los dioses, como tal, imperfectos; pero héroes de esa clase. No son héroes de cómic.

    Los humanos cometemos errores, Laureano Gómez no fue sino uno ordinario; tanto, que no tuvo capacidad de reflexionarse y revisar su pensamiento.

    Hay entre nosotros mucho nazi, y entre los artistas [no nos mintamos], muchos de corazón.
     

  10. mariano montes 2012/08/23 at 10:37 pm

    arte nazi

  11. Andrés Felipe 2012/08/24 at 11:30 am

    GOTHISCHE SCHUTZSTAFFEL-KUNST
    ARTE DE AUTODEFENSA GÓTICA GLOBAL
    AHORA EN CINES, OTRA VEZ.

     

  12. mauricio cruz 2012/08/28 at 6:59 pm

    neonazismo chistoso

  13. Halim Badawi 2012/08/28 at 11:04 pm

    Muy buen sentido del humor el de Lucas Ospina. Curioso que en la octava fotografía (que supuestamente presenta una vista de la exposición ‘arte degenerado’ en Medellín), aparezca el “Autorretrato con bufanda roja” (1917) de Max Beckmann.
    En las fechas en que, según el artículo y la fotografía, esta obra estuvo expuesta en Medellín (primavera de 1938), realmente estaba siendo mostrada en la exposición ‘Entartete Kunst’ de Berlín. Sobre esto hay bastante documentación histórica, y no creo que la obra de Beckmann tenga el don de la ubicuidad.
    Por otra parte, hay suficientes evidencias para creer que ninguna obra de primer nivel del expresionismo alemán pisó suelo colombiano antes de la década de 1950. Según la tradición, las primeras obras de Kokoschka y Beckmann fueron importadas por el librero Karl Buchholz en la década de los 60 (por ahí hay algunas fotografías de las obras en su casa, reales).
    Pero no todo lo que nos cuenta Lucas es invención, ni todas las imágenes son trucadas. Laureano Gómez y Álvaro Gómez Hurtado efectivamente escribieron lo que escribieron en sintonía con las tendencias estéticas del nazismo. Y también intentaron impulsar, fallidamente, un ‘arte heroico’, una especie de remix de escultura grecolatina, mitología griega, realismo histórico, monumentalidad fascista, visión panóptica y religión católica.
    De semejante despliegue de lobería, nos quedó muy poco: sólo los dos tritones en bronce que enmarcan la entrada de la (valga decirlo, liberal) Escuela de Artes Plásticas de la Universidad Nacional de Colombia.

    • mauricio cruz 2012/08/28 at 11:34 pm

      muy bonita ‘Expocisión’, no es sino ver la arquitectura, la indumentaria y el tipo racial de la gente agolpada a la entrada de los Talleres Robledo. En cambio los de adentro si están de un boyaco subido, y no sé si por allá tomen cerveza en las exposiciones a pico e botella

  14. mariano montes 2012/08/29 at 2:05 pm

    El nazismo desaparece con el fin de la guerra como discurso pero queda un residuo, un cuncho, que le viene bien al establecimiento, y se establece como mecanismo social en el mestizaje. Ese cuncho, ese tufillo ayuda a darle su reputación y respetabilidad a la derecha.

    Sin duda el holocausto que se vive en Colombia desde la época nazi no tiene una relación directa con la migración de nazis al país, pero entre las élites conservadoras, se siente, se ve, se respira esa relación ya que son las mismas élites las que han financiado el holocausto; alusiones publicitarias como “La inmensa minoría”, campañas fotográficas como las de los bancos, las farmacéuticas, las aseguradoras, la cerveza, dan cuenta de lo bien recibido que pudo haber sido y que efectivamente fuera el alemán migrante de principios y mediados del siglo XX y su discurso.

    El ajiaco se sublima con la discriminación de la arracacha por decirlo de alguna manera.

    En el arte es donde más claramente se ve la convivencia en condumio erótico del establecimiento con el nazismo, es la relación (que se ha discutido acá con frecuencia) entre el artista y el mercado del arte, porque las obras que entran a circular en el mercado pierden por ello su función social originaria y se transforman en mercancías, no importa que haya un mercado serio y diferenciado de otro que no lo es. Ese es el vínculo perverso entre el artista y el establecimiento.

    Entre el establecimiento y el nazismo también hay un vinculo perverso que se expresa en el arte a partir del desplazamiento que ocurre con la función social de la obra en tanto que elemento de consumo. ¿Pero entonces sería un error calificar  de nazi a un artista solo porque vendió un cuadro?

    No hay escapatoria, el establecimiento acoge al nazismo y ese tufillo impregna al establecimiento, el problema no se soluciona dejando de comprar ropa en zara una vez te enteras que esta la fabrican esclavos, cualquier marca que compres tiene la misma connotación…