FB/EPD

FB: No es con el ánimo de ser polémico porque sí, pero siento la necesidad de hacerle salvedades a mucho de lo que plantea Pablo aquí, y en algunos casos antagonizarlo de frente. Sigo pensando que esta conversación tiene sentido tenerla y se la debemos a la EPD. La EPD merece crédito por ella y es generoso de la parte de Pablo prestarse a ser quien recibe todo el honor y el vituperio. La crítica más de fondo que puedo tener es al tono como de “Gulliver en el país de los enanos” que adopta la EPD en algunos comunicados.

EPD: Algunas de las paradojas que describe Francois en su último texto son bastante certeras, aunque éstas estaban contempladas dentro de la misma estrategia de la EPD. Desde el inicio me ha quedado claro que este proyecto sería visto como algo proveniente del ¨centro¨, ya sea por la clase de apoyos que ha recibido o por el sencillo hecho de que vivo en Nueva York. (En Guatemala, hubo una clase de reticencia similar, pero en ese caso, sospecho, por el hecho de que soy mexicano.) Confié, sin embargo, – y creo que con debates como este comienza a comprobarse- que se pudiera superar la paranoia de que provengo «de fuera» para así hablar de cosas más interesantes.

FB: La paranoia de que «Pablo viene de fuera» es el motor de las cosas más interesantes de la discusión, a mi modo de ver. Sin la paranoia de que Pablo viene de fuera lo único que hay son estudiantes aptos escribiendo planas en su cuaderno (para usar la metáfora de salón de clase de la EPD): “La EPD nos brinda la oportunidad de entendernos mejor (bis)”. Y todo lo que la EPD haya previsto en su plan estratégico tiene que derribarse ante la realidad bruta del encuentro, de otro modo el viaje no vale la pena. A los que nos gustan las fábulas queremos ver a Pablo en algún lugar de la Patagonia diciendo «the horror» en su voz más carrasposa, de otro modo habría que concluir que no hubo viaje.

EPD: Por otra parte, también tenía muy claro desde el principio que las enunciaciones performáticas de índole sentimental, romántico y /o utopista del proyecto iban a generar toda clase de sarcasmo, como en una típica dinámica de escuela secundaria. Mi respuesta inicial al estudiante malcriado (Lucas) realmente no era una condena ofendida ante el uso del humor, sino que objetaba que las posibilidades de diálogo quedaran reducidas a burlarse de la nariz del «profesor» (aunque dicho sea de paso, en mi caso sería de esperarse).

FB: Pero tal vez Lucas no se ve a sí mismo como un niño disidente sino que él esta midiendo su nariz a la del líder del EPD, como un igual. No es el caso de un subalterno derrocando a la figura del Pater Familias. Lucas fue violento y hasta un poco injusto se puede decir, pero la objeción era sustantiva y no una pataleta que impide seguir el curso de la conversación «más interesante» sino más bien la punzada que abre una grieta hacia otros asuntos de fondo.

EPD: A fin de cuentas, el proyecto busca cuestionar aquél concepto que todos odiamos pero que no tenemos más remedio que usar (porque somos usados con ese termino), que es el de identidad. Y a través de diferentes dinámicas (coreografías ceremoniales, terapias de grupo, provocaciones reales y ficticias, el jugar al papel del turista-interlocutor ingenuo), se han generado reacciones que, negativas o positivas, siempre acaban cumpliendo el objetivo de ver forzado a un grupo a definir aquellos parámetros que definen una realidad local.

FB: No hay duda que el dispositivo, el interruptor EPD ha funcionado para estimularnos a todos a pensar lo que siempre toca pensar, lo que sólo si se logra pensar de manera nueva vuelve a ser interesante.

EPD: Esta reflexión se me hizo muy clara en el caso colombiano dentro de lo que era el subtexto de la fábula de Lucas: ¿Quien se ha creído este neoyorkino que viene a hablarnos a nosotros, los colombianos, de lo que es el desasosiego? ¿Quien es el para venirnos a hablar de fronteras, cuando a nosotros no nos dejan entrar a ningún país? ¿Quien es él para venir a que le roben su computadora y así sentirse más víctima que nosotros? De manera interesante, y así como el tema del panamericanismo generó una reacción emocional en Caracas, lo mismo hizo el tema del desasosiego en Bogotá (donde casi nadie habló de panamericanismo). Pero sobre eso quizá cada quien deba de sacar sus propias conclusiones.

FB: La mía, que llevo una década por fuera de Colombia y que por lo tanto admito que hay mucho que se me escapa hoy en día, es que esta no fue la objeción que recibió la EPD, que esas palabras son la caricatura de una objeción más seria y menos fácil de parafrasearse a la ligera, con esas ideas, que me parecen un poco preconcepciones sobre lo colombiano. Además no sucedió pues la “colombianización de México”? Ya el desasosiego colombiano no le es foráneo a un mexicano.

EPD: En todo caso, lo que ha caracterizado al «debate» colombiano de la EPD, a diferencia de los otros países y aparte de su peculiar intensidad (y de la tendencia que todo el mundo tiene aquí de citar profusamente), creo que ha sido su obsesión con las relaciones centro-periferia, que de manera oblícua surgió en un debate que tuvimos sobre el individualismo en Colombia, y que terminó con el enfoque a mi persona como agente externo y hegemónico, como un Quetzalcóatl a la vez cursi y maligno.

FB: Pero es que la EPD lo es – cursi y maligna (como dice más arriba «sentimental, romántica y utópica») – y por eso puede volverse agente provocador de las verdaderas discusiones, de las realmente imprevistas, esa es la virtud de someterse a los avatares del viaje. Dios libre a la EPD de ser fiel a su libreto inicial, porque, ese se puede redactar con el estilo de los comunicados de las embajadas, con el director de La Americas Society, Miles Frechet, de donde salió la EPD.

EPD: Pero como bien sabemos después de una década de hablar de centro-periferia (y como ahora se está abordando en el SITAC esta semana), la fabricación de la noción de periferia en el arte y en el mundo intelectual es más bien una conveniencia postmodernista que no tiene mucha sustancia fuera de su dinámica política y promocional.

FB: «Heroin is so Passé» cantan los Dandy Warhols con sutil ironía sabiendo que para un junkie la cosa como que no es tan sencilla. Otra fabula: Digamos que en el centro, que sí existe, aunque se multiplique por todas partes, se dedican a hablar de la inveterada cuestión de “centro y periferia” y en una década el discurso, gastado, empalagoso, indigesto ya nadie se lo soporta (está bueno el tono de un escrito reciente de Franceso Bonami al respecto http://www.nettime.org/Lists-Archives/nettime-l-0608/msg00021.html). Y todo el mundo dice que ya basta de ese discurso posmoderno y que hay que pasar a otra cosa. El actor que siempre faltó en cada escenificación de ese libreto sigue faltando porque la naturaleza misma de su existencia es faltar, pero en su nombre se desató todo el sonido y la furia de los que ahora sienten que se superó el tema.

EPD: En realidad, todo aquél que involucrado o interesado en el mundillo del arte contemporáneo en mayor o menor medida está ultimadamente formando parte de un mismo medio que, estando en NY o en Bogotá, comparte referencias similares, ya sea citando a Rosalind Krauss o invocando a Andrea Fraser. Todos somos los otros y todos somos nosotros mismos, pero en el mundo del arte todos somos neoyorkinos.

FB: Sin guardar proporción alguna yo diría que ese mito de que todo el mundo es neuyorkino en el arte contemporáneo es idéntico al de una sociedad sin clases. Es como en el diseño arquitectónico: entre más se hace uso del vidrio en los edificios corporativos o gubernamentales para dar la ilusión de transparencia, más intrincado se vuelve el laberinto de códigos que maneja el personal de seguridad para que no pase el que no conoce el protocolo. Siga no más, ahí a la vista está el referente común, ya lo atiendo.

François Bucher