Quantcast

Entrevista A Carolina Ponce De León

A comienzos de la década pasada, la crítica de arte tiene en Carolina Ponce de León y José Hernán Aguilar a dos de sus representantes más activos y reconocidos.

Para su programa Correo especial Gloria Valencia de Castaño entrevistó a Carolina Ponce de León, entonces directora del Departamento de Artes de la Biblioteca Luís Angel Arango.

Bajo su dirección se implementó el programa de exposiciones Nuevos nombres, donde expusieron artistas jóvenes como Doris Salcedo, Maria Fernanda Cardoso, Delcy Morelos, Carlos Salazar, Rafael Ortiz, Miguel Huertas, Johanna Calle, por citar tan sólo algunos.

Igualmente, propuso curadurías internacionales de arte contemporáneo como AnteAmérica y seminarios internacionales como la Cátedra Internacional de Arte, de la cual se refiere en este programa.

Entrevista realizada en agosto de 1991. Dirección: Rodrigo Castaño.

14 Opiniones sobre Entrevista A Carolina Ponce De León

  1. José Hernández 2010/08/24 at 5:41 pm

    Buscando Desesperadamente Críticos

    El salón Nacional de artistas que terminó esta semana deja, entre otros tantos, un debate pendiente: la ausencia de crítica de arte en el país. Los periódicos (para los informativos de Tv. y radio la cultura no existe) emiten tan pocos juicios sobre esos procesos que muchos siguen añorando a Marta Traba.

    Se dirá que los periodistas deben, además de hacer el clásico registro, evaluar y poner en perspectiva esas expresiones culturales. Justo. Pero, por ahora, solo es un bello programa: no hay periodistas especializados. Desconocerlo es tomar los deseos por realidades.

    En el fondo, es en la cultura donde mejor se demuestra que el periodismo es un oficio para especialistas. Hasta hace algunos años algunos medios resolvieron ese problema delegando los análisis en personas inmersas en esas disciplinas.

    La mayoría de ellas trabajaban en instituciones. Así sus posiciones, en muchos casos, fueron analizadas más por su lugar de procedencia que por su contenido. El tono fue personalizado, y lo que se veía entrelíneas o directamente eran arreglos de cuentas que llegaron a convertirse, en algunos casos, en reales insultos públicos.

    No todos los críticos (o artistas que cumplían esa función) participaron de ese esquema. Pero el ambiente que se vivió en ese medio fue muy enrarecido hasta hace un par de años. Tanto que los bandos esperaban que hasta los periodistas se alinearan. Se esperaba que escogieran capilla.

    EL TIEMPO invitó a escribir sistemáticamente a algunos críticos hace un par de años. Con tres condiciones: que el periódico se reservaba el derecho de publicar o no según el contenido y el tono de la columna. Que no se le haría ningún eco a peleas de tipo personal o institucional. Que a través del diario se plantearían debates sobre el estado del arte en el país.

    Carolina Ponce de León y José Hernán Aguilar fueron los que más escribieron y mantuvieron así una línea respetada en el medio. Hubo debates en torno a sus columnas, lo cual es normal. Pero su actividad, hecha con altura profesional, unida a la de otros críticos en otros medios, cambió para bien el status del crítico en Colombia. Hay otro ambiente, a pesar de que algunos no se le hayan subido a ese tren.

    Carolina Ponce, como se sabe, ya era directora de Bellas Artes de la Luis Angel Arango. Sin embargo, la mayor parte del tiempo que escribió para este diario lo hizo cuando la biblioteca estaba cerrada. Un día cesó de escribir. José Hernán Aguilar continuó de manera permanente hasta ser nombrado director del Museo de Arte Moderno de la Universidad Nacional.

    Ahora sus funciones son incompatibles con su punto de vista como crítico? Sí. No se puede ser juez y parte. Y él, como Carolina Ponce de León, no son los únicos en ese caso.

    No escriben. Pero hay conciencia de la orfandad que esto crea en el medio. Y es grave porque, por ejemplo, no ha habido mayores análisis sobre el el Salón Nacional de Arte que terminó esta semana.

    Difícil hacerlo peor. Muy bien montado, claro. Con dignidad y espacio. Demasiado espacio. Pero qué cantidad de instalaciones; la mayoría insulsas. Pocos jóvenes con propuestas renovadoras y, en cambio, sí algunos clásicos en franca decadencia, como Enrique Grau y Maripaz Jaramillo.

    Son debates que quedan en suspenso mientras surgen más críticos (sin cargos en instituciones) y los periodistas interesados en esos temas se forman.

    José Hernández
    29 de noviembre de 1992
    http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-249462

  2. Carolina Duarte 2010/08/24 at 9:05 pm

    Ya les decía yo José Hernan Aguilar y Carolina Ponce de León fueron unos verdaderos críticos. Qué falta hace el dinamismo de esa época; ahora resulta que tenemos tan solo críticos-artistas (Lucas Ospina) y críticos pensionados [Eduardo Serrano] según el programa Optica de Rueda.

    Se sigue buscando desesperadamente críticos o espacios para que la crítica tenga un espacio. Esfera creo, a diferencia de lo que piensa Serrano es un buen espacio. La crítica de periódico o revista luego de leída no hay comentarios, ni sobre la forma ni el contenido. Aquí, pese a los agarrones, a veces muy tontos, al menos se propicia una discusión. Los historiadores del arte en unos veinte años, tendrán un material invaluable de la crítica que se hace en la red hoy, que circula más que el papel impreso. Quienes han llenado el espacio de la red desde finales de los noventa, serán son los llamados a generar esa crítica de arte que hace falta en el país José Roca y…. veamos con lupa.

  3. Carlos Jimenez. 2010/08/24 at 9:05 pm

    A mí el debate sobre si hay o no crítica de arte en Colombia, al igual que el que se da en torno a la muerte de la pintura, me lleva a recordar la sugerencia que alguna vez le hizo James Joyce a los muy discutidores y obstinados independentistas irlandeses que en los años 20 se reunían en su apartamento de Paris: ¨ Si no podemos cambiar el pais por lo menos cambiemos el tema de conversación¨. Si, cambiemos de chip, de sintonía, de frecuencia de onda, de lo que sea, pero, por favor, !no discutamos mas si hay o no crítica de arte en Colombia¡

  4. Archivo Temporal 2010/08/25 at 6:41 pm

    Estoy plenamente de acuerdo con Carlos Jiménez. Aunque la idea de publicar esta entrevista con Carolina Ponce va más por el lado de establecer un contraste con la crítica y su forma de presentación en programas de televisión en la década pasada -actualmente ni los críticos tienen columnas en los periódicos ni sus temas tienen relevancia para medios como la televisión, a no ser, claro está, de dar su opinión en un noticiero sobre un escándalo o polémica mediática.

    Además de las columnas de Carolina Ponce y José Hernán Aguilar en El Tiempo, programas de televisión como el de Correo Especial -Gloria Valencia- presentaba en su particular formato críticos y artistas.

    Hoy en día los argumentos y modos de presentar en los medios impresos los artistas que ganan un premio o van a una Bienal no han cambiado mucho en relación con la forma como lo hacía Gloria Valencia en 1991, cuando Edgar Negret, Carlos Rojas y Manuel Hernández participaron en la Bienal de Sao Paulo de ese año. Llama la atención esa mezcla de cierta informalidad en la entrevista con el aura de los invitados, especialmente Edgar Negret.

    Fragmentos de otros programas de Correo Especial y Esta Noche Sí publicados recientemente por rodaryrodarprod

    En el nuevo estudio de Alejandro Obregón (1977)

    Beatriz González en el Pasaje Rivas (1978)

    Retrospectiva de Beatriz González en el MAM (1981)

    Conversación con Eduardo Serrano (1998)

  5. Ricardo Arcos Palma 2010/08/26 at 9:14 am

    Estimado Archivista, me parece que sería bueno completar su mirada con un programa magnífico que “los exiliados” en Europa veíamos con interés hace algunos años: “Plástica” patrocinado por el Ministerio de Cultura, así abrimos un poco lo reducido del dictamen al afirmar que no hay crítica de arte en Colombia y ser justos con la memoria en este país desmemoriado.

    Plástica fue un programa que amplíaba la mirada de la crítica con algunos protagonistas del arte contemporáneo, entre curadores, artistas y críticos locales. De acuerdo con Carlos Jimenez, seguir hablando de la muerte de la crítica hoy o de la ausencia de la crítica es tan absurdo como afirmar que la la tierra es el centro del universo. El programa Optica de Santiago Rueda, también es un buen complemento a esta presencia de la crítica (en otro formato) y demuestra que la crítica no ha muerto. Los tiempos cambian los medios también.

    El arte es un tigre de papel:
    http://www.youtube.com/watch?v=YsO8UtwYKwA&feature=related

    La imagen subversiva:
    http://www.youtube.com/watch?v=Z1vc9nm27VA&feature=related

    Sobre la fotografía:
    http://www.youtube.com/watch?v=Yetv8WmfbV4

    Sobre la fotografía:
    http://www.youtube.com/watch?v=gzaSJazZpZM&feature=related

    Objetos en tránsito:
    http://www.youtube.com/watch?v=0il269mCKJo&feature=related

    etc…

    • Archivo Temporal 2010/08/26 at 9:24 am

      Apreciado Ricardo, como le comentaba a Carlos Jiménez, no se trata de afirmar por millonésima vez que “no hay crítica”. Todo lo contrario, tanto por los diez años que lleva operando Esfera Pública, como por la crítica “offline” (Arteria, Optica, Plástica, etc, etc), insistir en esa discusión es absolutamente innecesario y ocioso.

      Hace poco, Rodrigo Castaño publicó en la red fragmentos de programas como Correo Especial y Esta noche Sí. Con su publicación se puede establecer un contraste con la crítica y su forma de presentación en programas de televisión en la década pasada y la forma como se hace actualmente.

      Es sólo eso.

  6. Lucas Ospina 2010/08/26 at 10:29 am

    Tiene en algo la razón el Profe Palma, los medios cambian la cosa.

    Ya lo dijo William López hace unos años y ya se ha discutido acá el “devenir de la crítica online”; o Pablo Batelli ya ha mostrado en sus diatribas como el nuevo optimismo mediático también exagera, disloca o perfecciona condiciones y juegos de poder que antes apenas estaban latentes (activismo Nokia)… Seguir buscando a un nuevo “mesías trabista”, como lo definía en algún lugar Guillermo Vanegas, es solo un ejercicio atávico de regresión o una muestra tierna de ingenuidad. Le pueden meter a este asunto todo el revisionismo histórico que quieran, toda el rigor académico que les venga en gana, pero la crítica se hace aquí y ahora, en blogs y en fotocopias y más en medios pequeños y menos en medios grandes; esta escritura es un soliloquio paradójico: la hace un coro plural de voces individuales. El que quiera publicar lo puede hacer y solo un ejercicio mantenido de insistencia es lo que separa al comentarista ocasional del escritor, ni siquiera se requiere de gran inteligencia —lo confieso—, se puede tocar el teclado como un animal, solo basta algo de personalidad para poner la cara o crear un avatar. En fin, estas discusiones son el eterno retorno de lo mismo, solo que con la conectividad que da la red, el diluvio informático cambió muchas cosas, muchas jerarquías y puso en duda la sumisión, no darse cuenta de eso es ser un antediluviano… el que quiera enterrar la literatura de arte (o si prefieren llamarla “crítica”) le va mejor en el funeral de su abuela dadaísta o modernista, rezándole una camándula de citas y fuentes primarias y secundarias, en el velorio académico —a una distancia prudente— repitiendo glosas indexadas, leyendo salmos monográficos, hagiografías del arte, siendo parte de esa religión filistea que lee, por ejemplo, “esfera pública”, pero no se atreve a chuzarle peluca a la “esfera púbica” y que solo lo hará dentro de 10, 20 o 30 años cuando sea seguro meterle el dedo al cuerpo de la crítica, un placer beato de la necrofilia académica, del archivo de la morgue, y que está a la altura del terror seguro que le genera el “arte político” al mundo ilustrado del arte (como tantas veces lo ha señalado con jovialidad y lucidez Carlos Salazar).

    Amén.

    ¿Quiere ver la versión económica de esto?, ver:

    • Archivo Temporal 2010/08/26 at 4:43 pm

      Furor de archivo

      Es cierto, la fiebre académica por los archivos tiene ciertos protocolos.

      Uno de ellos viene definido más por presupuestos para la investigación e interpretación de archivos, como es el caso del papel que juega el Museo Reina Sofia y su apoyo a la Red de Conceptualismos del Sur y otros proyectos de mapeo y revisión de archivos a nivel local –

      A esto se le suma otro mandamiento: para muchos historiadores y teóricos sólo es atractivo historiar procesos que tengan más de 15 o 20 años. Historiar el presente no es una práctica viable a nivel investigativo.

      De todas formas, como lo afirma Lucas Ospina, ahí estan los archivos de Esfera Pública en la red con sus cientos de participaciones. ¿Será que hay que esperar una o dos décadas para “meterle el diente” a estos textos?

      Taller Historia Crítica de Arte
      http://es.wikipedia.org/wiki/Taller_Historia_Cr%C3%ADtica_del_Arte

      Red de Conceptualismos del Sur
      http://conceptual.inexistente.net/

    • mauricio cruz 2010/08/26 at 6:52 pm

      “El problema con nuestra época es que el futuro no es lo que solía ser.” -Paul Valéry. De ahí la nostalgia y el reclamo por ciertas resurrecciones.

  7. fanny ines 2010/08/26 at 9:10 pm

    BIEN POR LUCAS OSPINA………AQUÍ Y AHORA.

    fanny ines

  8. carlos jimenez. 2010/08/27 at 12:26 am

    Estoy completamente de acuerdo con la intervencion de Lucas Ospina en esta polémica, tan brillante e irónica como suelen ser siempre las suyas. Pero aún así me he desconcertado la última frase de la misma: ¨… el terror seguro que le genera el ´arte político ´( como tantas veces lo ha señalado con jovialidad y lucidéz Carlos Salazar)¨. O yo no he aprendido a leer todavia – y eso que llevo no se cuantos años intentándolo – o el que se equivoca en este punto es Lucas, porque si algo me queda de la lectura de la muy abundante producción ensayística de Carlos Salazar es justamente que toda ella responde al ´terror´ que le inspira ´el arte político ´, al que habrá denunciado con ´lucidez ´ pero en pocos o en ningún caso con ´jovialidad´.
    NB. Y visto lo visto, leído lo leido – incluido lo que yo ya he escrito – la polémica sobre si hay o no hay critica de arte en Colombia es un fatum, una maldición gitana, una tara irremediable de la que los nietos del coronel Aureliano Buendía no conseguimos librarnos, porque fíjense como estamos otra vez todos discutiendo el maldito asunto. ¡Por favor, que vuelva Cristo o, en su defecto, que baje de su encumbrada sierra el mas poderoso de los mamas arwaco y resucite de una vez por todas a Marta Traba a ver si asi nuestras conciencias pueden por fin descansar en paz!.

  9. Víctor Quinche 2010/08/27 at 6:49 pm

    La razón por la que siempre será un tema este de la crítica de arte en un medio como Esfera Pública (EP) es plural: como se trata de un medio dedicado al arte, el problema de la calidad del arte es uno de los aspectos inevitables; la crítica de arte es uno de los actores en la evaluación pública de las obras de arte, luego, en EP será siempre relevante ocuparse en la crítica de arte…
    Creo que lo mismo sucede en las demás ramas de la institución mundo del arte y en los demás actores del mundo del arte: siempre es necesario que alguien -diferente al artista- evalue y comunique validez pública a las obras, esta es una de las funciones de la escritura sobre el arte, pero en términos de agencia es una tarea que desempeñan los curadores, los galeristas, los mercaderes de arte, etc.
    Creo que parte de lo que L. Ospina afirma es que la diferencia entre escritura sobre arte y crítica de arte es estadística:
    -no es un asunto de inteligencia, confiesa
    -no es un asunto de desempeño en el medio, porque los colegas son los más acérrimos críticos del desempeño de un crítico (se molestan cuando el que critica es artista, o no artista o no tiene credenciales, o no es un miembro establecido del mundo del arte)
    -no es un asunto de pedigree
    -se lleva a cabo de la misma manera independientemente del medio (de la revista a la radio, a la prensa, a la red)
    -las modificaciones que le resultan relevantes a Ospina tienen que ver con la interactividad (a otros interesados también)
    -para saber si se ha dado el paso de escritor sobre arte a crítico, basta con revisar el número y frecuencia de artículos publicados (índice público de profesionalismo), yo aumento: no importa que sean malos o buenos, porque no es tarea del crítico de arte hacer esto, los historiadores de la crítica harán después sus evaluaciones de la producción… en épocas cercanas a la producción la evaluación es blanda por parte del teórico o historiador de la crítica -el caso sería W. López-, y fuerte por parte del colega (Panzarowsky-Serrano-Salazar-Ospina-Ponce de León-etc), en periodos de tiempo posteriores la crítica de la crítica se hace más fuerte, parece que esto se debe al “primado hermenéutico de la distancia en el tiempo” (como lo llamó Gadamer).
    Como el tema es inevitable, yo propongo respetuosamente que en el futuro se identifiquen las posibles posiciones (que son finitas) con nombres propios; a cada nombre propio corresponderá un conjunto estándar de afirmaciones… ofrezco un primer listado alfabético, escojo nombres comunes, cada uno es una postura o uan representación de una postura:
    -ANA: “es siempre conveniente revisar el estado de la crítica, para que no nos vayan a orientar desde fuera”
    -BERTA: “esto de andar juzgando la crítica es irrelevante, ¡hay que hacerla!”
    -CARLA: “siempre volveremos a este tema, es inevitable”
    -DIANA: “es una cuestión política”
    -ELSA: “ha muerto”
    etc…
    Citar un nombre propio de estos permitirá eludir las redundancias y “hacer el papel”, quiero decir, cada vez que uno de los participantes en EP reitera una de estas posturas no está presentando lo que piensa sobre la crítica, está desempeñando un papel dramático (o cómico) en el que simplemente recita un guión que ya antes alguien más -incluso él mismo- ha puesto en público. Esto al final resulta aburrido y poco económico, por esta razón propongo respetuosamente que se complete el listado de nombres y, de esta manera, en el futuro cuando alguien quiera escribir un truismo o un lugar común, en lugar de emplear un elevado número de palabras simplemente envia una contribución a EP en la que se leerá “pienso que ELSA” O “para mí LEONOR es lo correcto”, finalmente la utilidad será la misma que escribir parrafadas pero nos ahorramos un tiempito los lectores.

  10. Pablo Batelli 2010/08/28 at 7:56 pm

    La tesis “Quinche” me recuerda un chiste en el que una persona pretende enumerar todos los chistes y luego hacer reir a sus amigos simplemente invocando un número en la lista; pero el propósito fracasa, resulta un mal chiste y un mal método, sus amigos ya no se ríen de sus chistes -que son ahora números- y se hace evidente una necesaria relación entre la extensión y la minucia desperdiciada de un lenguaje ineficiente y el acto de la risa.

    Si el mundo y el lenguaje es explicable a través de unas categorías binarias que pueden ser reducidas a unas “clases de equivalencia”, no creo que exista todavía un hardware creado por el hombre con un poder de cálculo suficiente como para realizar este propósito; creería que esa máquina es, como un mapa que coincide con toda la extensión del territorio, del tamaño del universo y coincide exactamente con él; por ello no podría ser fabricado por el hombre. Aún cuando esta afirmación pueda ser probada o refutada, no se ven las razones para imponer a otros uno u otro punto de vista, como no sea el del interés humano de dominar a través de doctrinas académicas (no teorias). Mi creencia no puede ser arrebatada por ninguna doctrina de pensamiento.

    Se entiende que para los propósitos docentes parece extremadamente eficiente reducir los procesos de la educación a categorías de inventario en el que no existe el pensamiento sino únicamente sus protocolos aparentemente objetivos de circulación e interacción. Aumenta la predictibilidad de la pregunta, la respuesta, y ya no se requiere acudir a la censura, pues el formato de flujo se diseña para impedir cualquier descarrilamiento o punto singular.

    Si de todos modos me viera inmerso en un mundo en el que por diversos propósitos y medios, a los que me inclino únicamente en denominar totalitarios, me viera obligado a pensar en términos de categorías ultrasintéticas, daría a la clase de objetos del discurso que abarca todo lo trivial el nombre de “Quinche”.

    ¿qué “QUINCHE” podría impedírmelo?