El proyecto de reforma de la ley 30 reproduce la segregación que padecen las/los artistas mediante el concepto de universidad positivista que estructura la universidad colombiana. Las funciones de ésta siguen siendo las mismas: docencia, investigación y extensión. La creación no es una función universitaria, por lo tanto, sigue siendo una actividad marginal y romántica, tal y como lo ha determinado el régimen estético, en el sentido de Jacques Rancière. Por lo tanto, los/las artistas no tienen la posibilidad de acceder a recursos del Estado, que no sean aquellas pequeñas migajas-estímulos que las damas de la cultura graciosamente distribuyen entre sus favoritos. La creación que caracteriza el campo del arte no ha tenido realidad, ni la tendrá con esta nueva ley. Los/las artistas son menores de edad y no se les puede otorgar autonomía financiera.

Ahora, el Título IV del proyecto de ley ha sido denominado De la Investigación y la Innovación. La ministra de educación reproduce el sofisma con el cual Colciencias está absorbiendo cuantiosos recursos del Estado: innovar es crear. ¡Pues no! La innovación está centrada en el mejoramiento de las máquinas y de los consumidores autómatas de tecnología. Al contrario, la creación artística transforma la sensibilidad de los hombres y las mujeres, construye la dimensión humana en la cual todas y todos nos guarecemos del bárbaro que llevamos dentro. Los artistas construyen lo común de nuestra especie, lo mantienen, y, por ello mismo, lo transforman permanentemente.

Dice el artículo 83. “La investigación como una de las fuentes del conocimiento y medio de avance de la sociedad, se constituye en factor para el desarrollo y fortalecimiento de la Educación Superior, y como función esencial de las Instituciones de Educación Superior según sus objetivos y niveles de formación”. La investigación es la función esencial y a ella se seguirán destinando cuantiosos recursos. Por lo tanto, como sucede en la actualidad, los/las artistas deben disfrazarse de científicos sociales para poder conseguir financiación para sus proyectos. En efecto, dirá la ministra, existen otras fuentes de conocimiento. No obstante, la ley no dice cuáles son para no tener que pasar por la pena de decir que no tienen recursos para autosostenerse.

En la actualidad la creación artística no puede acceder ni a los recursos de Colciencias ni a los Centros de Investigación de las universidades, porque no se la reconoce como investigación, como correspondería, si en nuestro país hubiéramos superado las miserias del positivismo. ¿Las facultades de artes de nuestro país han pensado presentar ante la Ministra de Educación la exigencia que hacen las artes en cuanto al reconocimiento de la creación como “factor de desarrollo y fortalecimiento”, no sólo de la Educación Superior, sino para la trasformación de la sensibilidad de este país agrario y celeste? Reconocimiento aquí significa declarar expresamente que las artes son conocimiento de lo sensible y que se les asigna recursos que no dependan del estado de ánimo de la burocracia estética de nuestro país. El río está revuelto.