RE-conociéndonos en ArtBo y La Otra

Todos hemos experimentado ese sentimiento extraño de ver en nuestros álbumes familiares, retratos de personas que por más que nos repitan, no consideramos “familiares”, aparece la tía y sus hijos que ni siquiera conocíamos, la prima hermana de la mamá, que ignorábamos existía, los papás de nuestros papás que ni siquiera recordaban nuestro nombre. Nosotros mismos somos los más extraños en esas fotos. Lo familiar en realidad es todo menos familiar, sin embargo aunque “ilusión bien fundada”  LA FAMILIA se establece como algo a lo que no podemos decir que no, algo casi que sagrado; lo cierto es que nos avergonzamos de ella, de sabernos parte, quisiéramos desconocerla y sin embargo la re-conocemos y en ella también nos re-conocemos, somos parte de ella, es inevitable.

En esta semana que termina, fuimos testigos de uno de esos RETRATOS, aquellos en que necesitamos nombrar a cada uno de los fotografiados para recordarlos, como podríamos olvidarlos. Los retratados no son los primos, o los tíos, son algunas de las acciones repetitivas (llámese comentario, habito, figura, discurso, personaje, etc.) que siempre se hacen presentes en acontecimientos del tipo de ArtBo y La Otra. A continuación propongo algunos de ellos, no sin antes reconocer el olvido momentáneo de muchos de ellos que seguramente se ofenderán al no ser tenidos en cuenta para la foto. Así mismo me imagino que en las manos de alguien (anhelo) existe otro “retrato”, en el que los miembros fotografiados en realidad hagan parte de lo que queremos llamar arte, de ser así, por favor compártanoslo.

En el RETRATO aparecían en orden de derecha a izquierda:

-Los protocolos almidonados (tiesísimos como izadas de bandera) que valoran más los “marcos” que las obras. -Las grandes frases como: La vitrina del arte, plataforma independiente e interdisciplinaria, la rigurosa selección, abierta a todos los públicos, acceso a mas de tres millones de personas al mundo del arte, arte vivo como política distrital, en un espacio de interacción constante entre los participantes, una Bogotá llena de arte, a partir de hoy el arte esta donde lo quieres ver, no, La Otra, la callejera…-El desorden, en apuestas interesantes que se pierden precisamente por este. -La cantidad de figuras importantes como El doctor y La doctora, que pasan por ahí, como si de verdad por fuera de este retrato les interesara EL ARTE. -El ir para que me vean y no para ver. -Los bordes tenues, entre la improvisación y él: se me salió de las manos. -Las masas que recorren y que jamás compraran arte (joven). -Las frases que mueren como frases: es que es in situ, sin embargo  ¡ha este berraco espacio con tanta humedad! Y tómele la foto pero que no se vea el hueco en la pared  o eso cuélguelo ahí.– Las boletas carísimas, perdón bonos o donativos.-Los vigilantes, que recuerdan constantemente que eso es arte, no lo puede tocar, ni fotografiar.-Las conferencias interesantemente planteadas y generalmente poco visitadas, las otras solo planteadas. -El  criterio de compra, lejanísimo de todo lo que nos enseñan en las facultades de arte (y que nos creímos). -La sospecha de los que no expusieron sobre los que si expusieron: eso es pura rosca.  -La sospecha de los que si expusieron. Ellos también sospechan de los otros. -La creencia de que el arte en realidad es para todos. -El abuso del término “contemporáneo” para justificar cualquier proyecto, cualquier montaje, cualquier discurso. –lo lejano que sigue siendo el arte de otros que también hacen  arte. –las políticas culturales pensadas  por esos que no hacen parte del arte.

En fin desafortunadamente habrá que recordar  lo que dice Bourdieu sobre la familia:

Los ritos de institución (RETRATOS como estos) van a constituir a la familia en una entidad unida, integrada, unitaria y por lo tanto estable, constante, indiferente a las fluctuaciones de los sentimientos individuales.

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Isabel Kristina Díaz.