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El ojo del mecenas

‘Musa paradisiaca ’ (1993) de José Alejandro Restrepo, considerada por la crítica una de las obras emblemáticas del arte colombiano en los últimos 20 años, es una de las nuevas adquisiciones de la colección de arte del Banco de la República  Una muestra del Museo del Banco de la República en Bogotá revela quiénes serán los artistas que harán historia en los próximos años.

‘Musa paradisiaca ’ (1993) de José Alejandro Restrepo, considerada por la crítica una de las obras emblemáticas del arte colombiano en los últimos 20 años, es una de las nuevas adquisiciones de la colección de arte del Banco de la República

Si existe una institución en Colombia con ojo para identificar el buen arte es el Banco de la República. Basta decir que en 1957 comenzó una tradición de compra de arte joven que en ese momento incluyó la apertura del Salón de Arte Moderno de la Biblioteca Luis Ángel Arango con la obra El Mandolín, del entonces desconocido Fernando Botero. Junto a él aparecieron los nombres de Alejandro Obregón, Eduardo Ramírez Villamizar, Cecilia Porras y Judith Márquez, hoy íconos del arte y a quienes se les conoce como la ‘Generación de artistas modernos’. Desde entonces, ha realizado muestras históricas como las de ‘Nuevos nombres’, donde presentaron talentos jóvenes de los años 80 y 90 como José Alejandro Restrepo y Óscar Muñoz, ahora referentes del arte contemporáneo, y que ya hacen parte de una colección de más de 4.000 obras, lo que la hace la más representativa del país.

Es por eso que entre muchos especialistas de la cultura despierta gran expectativa el que se anuncie una exposición con el nombre de ‘Nuevas adquisiciones del Banco de la República’. Todos quieren conocer a dónde está mirando el gran mecenas de la cultura colombiana. La muestra tuvo como curadora a Mariángela Méndez, quien seleccionó 160 obras de las más de 400 que el Banco ha llevado a su colección en los últimos seis años. “Cuando una institución compra obras de artistas jóvenes no lo hace para completar la colección, sino para ir haciendo historia, con miras hacia el futuro”, dice Méndez. Por eso, antes de adquirir cualquier obra, un Comité de Arte evalúa el recorrido de un artista y si la obra es pertinente para las líneas de desarrollo de la colección. De ahí que no es lo mismo que el Banco compre la obra de un artista a que lo haga un coleccionista individual.

Si bien es cierto que bancos en todo el mundo tienen grandes colecciones de arte que nacieron por la afición de uno o varios mecenas, desde el principio el objetivo del Banco de la República ha sido catalogar, divulgar y preservar el arte colombiano. En las palabras de Miguel Urrutia, miembro del Comité de Arte del Banco, una colección que “cuenta una historia del arte en Colombia”, claramente definida en Arte Colonial, Siglo XIX y Siglo XX (en las que se incluyen también las del siglo XXI). Constituye así una colección que legitima la importancia de un artista, que hace que su obra no sólo se asegure un lugar en los libros de historia del arte colombiano, sino que se valorice y que tenga visibilidad. Se calcula que el año pasado a sus múltiples exposiciones asistieron más de 110.000 personas. En esta misma línea de apoyo al arte, el Banco fue el responsable de exposiciones como la de Andy Warhol y la de Francis Alys -consideradas las más importantes del año pasado- y destinó el 20 por ciento de su presupuesto cultural a la adquisición de nuevas obras para su colección.

En esta oportunidad ‘Últimas adquisiciones’ incluye también aquellas nuevas obras que han ingresado de otras épocas representativas del arte. De ahí que además se encuentren óleos de Gregorio Vázquez de Arce y Ceballos, arte religioso de la Colonia, y las acuarelas de Henry Price, el inglés que a finales del siglo XIX acompañó la Comisión Coreográfica de Agustín Codazzi. La exposición está dividida en cinco salas que más que presentar una colección completa, revelan las coincidencias temáticas entre artistas de distintas épocas. En la sala de Arte Religioso, por ejemplo, el Apocalipsis y la Inmaculada Concepción, un óleo anónimo del siglo XVIII, está junto al Sagrado Corazón de Juan Camilo Uribe que, lejos de mostrar lo sagrado, es una recreación kitch de la imagen que durante años ha permeado la cultura popular colombiana. La sala dedicada al tema de la identidad incluye obras en formatos tan dispares como La Barequera, una de las acuarelas más representativas de Pedro Nel Gómez; las fotografías de Martha Cecilia Rozo, y El Río, un video de Alberto Baraya. Aunque la colección del Banco pretende ser lo más completa posible, según Méndez, “se trata de una colección que sólo puede abrir y mostrar lo inasible, por eso siempre estará incompleta, aunque sea rica, inteligente y plena”.

No es un secreto que los distintos Museos de Arte Moderno en Colombia están en crisis, ni que las instituciones que apoyan el arte colombiano se pueden contar con los dedos. Se puede mencionar, acaso, el Museo de Antioquia y el Museo de Arte Moderno de Medellín que, recientemente, ha recibido apoyo de la Alcaldía y de las instituciones privadas. Por eso, que el Banco de la República les dé un espaldarazo a los artistas jóvenes del país, más que una apuesta por historia, es una por el futuro del arte en Colombia.

publicado por Semana

(enviado a esfera pública por Gabriel Merchán)

15 Opiniones sobre El ojo del mecenas

  1. Il Ghirlandaio 2010/02/12 at 5:20 am

    La coleccion de la Blaa carece de rigor y visión (cualidades mínimas que debe tener una reunion de obras para ser denominada “coleccion”) el aval dado por el comite de compras a la mayoria de obras adquiridas fue guiado y lo sigue siendo mas por”amores y odios” que por razón. En los tiempos de Urrutia donde Jose Roca tenia una alta dosis de poder y por ende una gran dosis de responsabilidad en lo que se adquiria el resultado fue penoso, pruebas “retrocedan” el cassette y recreen la exposicion llamada 10 anos de adquisiciones de la Blaa!!! deficiente o no?

    La Luis Angel Arango carece de una verdadera coleccion de arte Colombiano, lo que hay de Arte Latinoamericano es de una pobreza que salta a la vista y lo que se adquirio de arte Europeo son solo custodias y estampas Japonesas!!! Entonces mi pregunta es cual Coleccion? Cual mecenas? Cual Visión?

    Sigo leyndo el articulo de semana enviado por Merchán y me encuentro con este párrafo:

    -Si existe una institución en Colombia con ojo para identificar el buen arte es el Banco de la República. Basta decir que en 1957 comenzó una tradición de compra de arte joven que en ese momento incluyó la apertura del Salón de Arte Moderno de la Biblioteca Luis Ángel Arango con la obra El Mandolín, del entonces desconocido Fernando Botero. Junto a él aparecieron los nombres de Alejandro Obregón, Eduardo Ramírez Villamizar, Cecilia Porras y Judith Márquez, hoy íconos del arte y a quienes se les conoce como la ‘Generación de artistas modernos’. Desde entonces, ha realizado muestras históricas como las de ‘Nuevos nombres’, donde presentaron talentos jóvenes de los años 80 y 90 como José Alejandro Restrepo y Óscar Muñoz, ahora referentes del arte contemporáneo, y que ya hacen parte de una colección de más de 4.000 obras, lo que la hace la más representativa del país.

    El que escribe el articulo de semana o Mendez estan bastante lejos de la realidad a la hora de dar protagonismo a las instituciones estatales como “descubridores de talentos” cuando la verdad es que son los ultimos enterarse de la existencia de esos talentos!!!
    En el circuito del arte siempre han sido las galerias las que han cumplido esa funcion de “descubrir” los “talentos” que en futuro llenaran los muros y salas de Museos,Bienales o instituciones.

  2. Gina Panzarowsky 2010/02/12 at 7:42 am

    De plátanos y cacaos

    En Septiembre de 2006 la revista semana le dedicó portada al grupo Nule, calificándolos asi: “Son jóvenes, millonarios y talentosos. En tiempo récord han construido un conjunto de más de 30 empresas que facturan más de 200 millones de dólares anuales, emplean a unos 5.000 trabajadores, están presentes en varios países de América Latina y tienen en su hoja de vida más de 2.000 obras de infraestructura dentro y fuera de Colombia. Son los Nule, una nueva generación de empresarios costeños que se está convirtiendo en un flamante grupo económico. Y que si sigue así como va, a la vuelta de 20 años podría llegar incluso a convertirse en el sindicato costeño.”

    El artículo de la revista semana, sobre la colección del Banco, no ahorra esfuerzos para elogiar ésta altruista labor en el campo del arte nacional, poniendo como ejemplo a éste bello commodity (excelente comodín) de la geografía estética nacional.

    Si la revista actuara con mayor prudencia, habría podido preveer que tanta solidez del grupo Nule no era tan cierta!! (Un simple traspié, mi chato querido)Aunque en su momento los indicadores que leyeron los periodistas con seguridad demostraban lo contrario. ¿Hizo falta mayor investigación? Lo que sube como cacao puede caer como plátano!!

    GP

  3. Gabriel Merchán 2010/02/12 at 8:06 am

    En los más de diez años de José Roca en el Banco, además de haber un curador que contrarestaba el excesivo poder del Comité de Adquisiciones, pudo realizar importantes exposiciones de arte contemporáneo. Ahora que Roca ni su sucesora (Carmen María Jaramillo) están en la institución, no hay nadie -un tecnócarta es el nuevo director- que ejerza contraposición al poder del Comité. Es precisamente ahora cuando el Comité detenta un alto poder decisorio y difícilemnte se va a dejar arrebatar es privilegio.

    ¿Qué estarán pensando los directivos del Banco sobre esta condición vitalicia del Comité? ¿Tendrá tanto poder Beatriz Gonzalez como para permancer otros 5 o 10 años más?

  4. Javalee Garcia 2010/02/12 at 9:21 am

    Solo por curiosidad, ¿cuánto cuesta un racimo de bananos de esta gran obra de José Alejandro Restrepo?.

    • mauricio cruz 2010/02/12 at 2:25 pm

      Cada plátano cuesta un huevo.

      • Java Lee García 2010/02/13 at 11:34 am

        Los intermediarios de las frutas especulan mucho con los precios; al racimo de banano le están metiendo mechas y trastos y el coste se encarece en 10000 por ciento, si lo compra un museo.

        Al agricultor le llega siempre muy poco de las ganancias, dada la especulación discursiva de los precios.

        Sobre Ferguson no tengo el gusto, pero donde un museo llegue a hablar en Colombia sintiendo en su organismo un cuadro de Andrés de Santa Maria acariciado por un racimo de bananos conceptuales, lo único que gritaría seria: !Socorro!

  5. Lucas Ospina 2010/02/12 at 11:51 am

    “La relación de los periódicos con la vida coincide más o menos con la de las echadoras de cartas con la metafísica”
    —Karl Kraus

    Sumo otra perla de espiritismo, perdón, de periodismo cultural:

    http://www.planb.com.co/evento-foro/conoce-espiritu-del-arte-criollo/5673.aspx

    Y a este novelón le faltan más personajes: Angela Pérez, José Darío Uribe, Dario Jaramillo, Juan Camilo Sierra, Carolina Ponce y hasta Botero, con su “autodonación”, cabe ahí…

  6. Catalina Vaughan 2010/02/12 at 12:44 pm

    Misteriosa aparición

    Hace varios años el joven artista Andrés Cuervo logró colocar -luego de meses de observación de los sistemas de vigilancia del Banco- una obra de su autoría en la Colección Permanente. Allí estuvo colgada durante más de un mes sin que nadie notara que había una obra de más en tan connotada colección.

    Como ya lo anotó Lucas Ospina, el retrato de Ernesto Cortizzos a cargo de Ricardo Acevedo Bernal (donación de la Señora Hilda Strauss) no se encontraba el día de la inauguración ¿Será otra “intervención” de Andrés Cuervo? ¿o se tratará efectivamente de una adición post-curatorial por parte de una de las “Señoras de la Cultura“?

    • Mauricio Cobos 2010/05/03 at 9:04 pm

      En el 2008 tuve la oportunidad de conocer a Andrés Cuervo me parece que fue en una conferencia sobre Arte y Poder o Arte y Política, la verdad no me acuerdo bien, pero sí recuerdo que él estaba en ese momento intercambiando unas palabras con Antonio Caro sobre el estatus del arte hoy en día y porque el arte o por lo menos el arte contemporáneo ya no tenía una relación inmediata con el espectador.

      Me acuerdo que cuando hable con Andrés tuvimos una discusión en torno al caso BanRep y me menciono la curiosa anécdota de que efectivamente cuando lo habían citado a rendir indagatoria en el Banco de la República después de que se supo lo de su obra, Roca lo había criticado porque su intervención no había sido original y que se habían percatado de la intervención porque el cuadro en cuestión no estaba a la altura de los demás cuadros de la colección (sin embargo se demoraron más de un mes en notar eso y que solo hasta que lo descubrieron es que hicieron esa asociación)

      Lo chistoso es que el me dijo que de hecho había realizado una segunda intervención y que hasta la fecha no la habían descubierto y agrego que jamás diría donde y cual fue, ya que si la primera no fue descubierta sino hasta más de un mes después, esta llevaría muchísimos años antes de que alguien la descubriera.

  7. carlos salazar 2010/02/12 at 3:21 pm

    Bueno no creo que sea para tanto.

    Se podría habilitar un espacio alterno- algún sótano- para mostrar el arte que según los lineamientos programáticos de la curadora no obedece a “el contexto de un discurso” . Traducción: las obras que no obedecen a la dirección correcta, como diría Mao en el Foro de Yenán, con que la Institución define qué es histórico y que no y quienes van a ser sus “favoris” en lo años por venir.

    Mi forma de enunciarlo es barata. El estilo con el que la curadora nos cuenta como funcionó su dedo -Dios no juega a los Daros- a la hora de la elección, es aterciopeladamente autoritario, bíblicamente profético y seductoramente dominatrix:

    “El museo es la institución del arte por excelencia y las exposiciones son un lugar de intercambio, el lugar donde la institución plantea su discurso. Las exposiciones no son simples conjuntos de obras reunidas en un mismo espacio con la excusa de un título o un programa; tampoco son solo el lugar donde la obra se presenta materialmente ante su público; son, en cambio, la instancia que complementa la obra al incluirla en el contexto de un discurso. En la distancia entre obra y obra habitan los diálogos entre artistas y coleccionistas, entre artistas y curadores, entre los artistas y la institución, entre la institución y la historia. Todas estas transacciones invisibles son necesarias para la circulación y visualización del arte, muestran la cultura política de los museos, actores legitimados—como ­la biblioteca y la universidad—para hablar de la identidad o la historia a través de los objetos que coleccionan.” […]
    LA ESCENCIA Y LAS APARIENCIAS.Guía de estudio. Mariángela Mendez
    http://lablaa.org/exposicion-ultimas-adquisiciones-guia-de-estudio.htm

    Vale la pena leerlo todo, solo por voyeurismo estilístico. Si alguien quiere saber cómo se ejerce una Dictadura Temática desde la Institución por medio de un lenguaje de “bajo perfil”, éste es un discurso ejemplar.

    Dado que en éstos momentos me encuentro visitando las comunidades episcopales en los alrededores de Biloxi, Mississipi y es difícil acceder a Internet, no conozco la lista de la curadora.

    Un cuadro mio que el Banco adquirió en 1991, “La Lectura Interrumpida”, desapareció de la Colección después de haber tenido un sitio privilegiado hacia 2001. Nunca pude averiguar por más empeño y curiosidad que le puse al tema, donde fue a parar. Ni porqué, aunque me lo imagino. Mi mente perversa y mala leche, animada por éste paisaje donde la bomba de gasolina, el café Internet y la Iglesia quedan en la misma casa, se imagina mi pobre cuadro en las mazmorras del Palacio o exiliado en alguna colección del Banco en la Orinoquia. Solo se anima al delirar, tal vez por el efecto del olor a pizza mezclado con gasolina sin plomo de éste sitio, con que el cuadro fue quemado en una ceremonia a lo 10 de mayo de 1933 en un Rally de Artistas Sociales.

    Existen sitios como la National Gallery de Londres donde todo lo bueno, Piero de la Francesca, Cézanne, Van Eyck, está en el piso principal y todo lo malito está en el sótano: pintura inglesa y ese tipo de cosas. ¿Porque no hacer lo mismo en la Colección del Banco? No me refiero a separar lo bueno de lo malito porque sería un corto circuito logístico y moral, sino poner, digamos, lo de importancia “histórica”, el Arte Correcto en un espacio y lo demás en algún otro lado. Sótanos es lo que hay en ese barrio.

    • mauricio cruz 2010/02/12 at 8:30 pm

      Ahora sí que se lució nuestra amiga. Qué tal ésta, por ejemplo:

      “La muestra reúne lo que encaja entre sí bajo una idea general de lugar, ya sea el cielo, el infierno, el interior de la casa o el paisaje, la identidad que habita el yo, o (frase increíble entre todas) EL ESPACIO QUE NOS GANAMOS A COSTA DE VIGILAR A LOS DEMÁS.” (mis asombradas mayúsculas).

      De donde se desprende una buena definición de curador: “la identidad que habita el yo” del artista. Especie de posesión demoníaca la que habría, por todos los medios, que poder exorcizar.

      Y ese último párrafo, broche dorado en que un tal Ferguson nos informa que sólo “al concebir y entender la exposición como un acto de discurso, sabremos quién le habla a quién, por qué, cuándo y bajo qué condiciones. SÓLO ENTONCES PODREMOS ACARICIAR LA ESPERANZA DE COMPRENDER LO QUE REALMENTE SE DICE CUANDO EL MUSEO HABLA. Y habrá la posibilidad de que las exposiciones sean recíprocas, mutuas, discutibles y debatibles en un diálogo enriquecido y comprometedor. De lo contrario la exposición como discurso continuará siendo un monólogo seguido de un largo silencio. El silencio que lamentablemente alberga en los museos de arte en nuestros días.”

      Ante tanta obviedad pretensiosa, no nos queda más que optar por EL SILENCIO; y entre más mudo, mejor. Pues sólo así entonces podremos acariciar la esperanza de comprender lo que realmente se dice cuando el museo CALLA.

      LA ESCENCIA Y LAS APARIENCIAS. Guía de estudio. Mariángela Mendez
      http://lablaa.org/exposicion-ultimas-adquisiciones-guia-de-estudio.htm

      • Femina Malefica 2010/02/12 at 11:24 pm

        Te faltó poner le acento consteño a la cosa AJA!!

    • Libardo Archila 2010/02/13 at 10:06 am

      Ya quisiera yo!! que al menos hubiese una Colección en el Banco de la Orinoquia, aunque fuera de obras en destierro, pero tal suerte no ha ocurrido ni ocurrira. Y como podria ser si nuestro director cultural, el de las mazmorras de la orinoquia,es un contador publico que ni cuenta cuentos ni cuenta obras, solo reparte libros.
      Bienaventurados los del centro con sus palacios de cristal y obras dignas representantes del oficialismos y del buen ver.

  8. Mauricio Cortés 2010/02/12 at 11:34 pm

    Nuevas adquisiciones de mi colección

  9. Jorge Torres González. 2010/02/15 at 10:38 am

    A veces creo que la palabra mecenas no hace parte de nuestro lexico cultural, aqui aportar o ayudar se lee como mendicidad o incluso comodidad.
    A veces pienso que los mecenas son cosa del pasado, en la epoca de Leonardo y Miguel Angel y que no encajan en nuestro mundo de gestores y autogestores, investigadores y estudiosos de los lenguajes plasticos y visuales.
    A veces me ilumina un presentimiento y alcanso a ver a un ministerio de cultura tratando de suplir todas las necesidades de los creadores, incluida su seguridad social y su dignidad fundamental.
    A veces creo que soy artista y a veces creo que no.
    A veces pienso como artista y a veces no.
    A veces leo en mi entorno la lucha solitario de los verdaderos artistas y me pregunto para que necesito un mecenas.
    A veces compra, maltrata, desprecia, humilla, subvalora, ayuda o engorda su caja o gabinete fino y muy bien selecionado, con tanta “exquisitex” que hasta ahora nada ha logrado superar este concepto de belleza segmentada y comprada de todas las maneras posibles, incluida la infamia y el descaro.
    A veces recuerdo a Beuys y su lenguaje…”todo ser humano es un artista” y para mi, todo artista debe ser ante todo humano.
    Colombia requiere de una conciencia y confianza mas generosa y de menos azar.
    Creo, aún creo, es más…. quisiera crer un poco más.