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Desangre crítico y esferapública – la sociedad del éxito

Hace cosa de menos de un año se discutía (acaso de forma excesivamente acalorada y beligerante) sobre el riesgo que tenían las personas que habitualmente escribían para esferapública (y acaso también para otras “nuevas voces críticas”) de entrar en una condición de “crítica integrada” (Brea) si aceptaban la invitación que por ese entonces había lanzado José Ignacio Roca para publicar en el periódico impreso (y online) Arteria. La convocatoria circuló por esferapública gracias a la intervención del alias -cuya voz se sintoniza con la que podría ser la de un “vocero extraoficial” del exIDCT- “Mery Boom” (presumiblemente con el visto bueno y la autorización del mismo José Ignacio Roca >> esferapublica.org/nfblog/?p=526 ) y luego una parodia para el panfleto “Erguida” fué lanzada por iniciativa de Guillermo Vanegas (realizador “independiente” de Erguida, en donde participé con el texto “Extensión crítica”). La combinación de la generalizada deserción a la convocatoria realizada por José Roca (deserción que alenté con bríos acaso excesivos) y la parodia de idéntica convocatoria realizada por Guillermo Vanegas, mediada por el filtro oscuro y casi tenebrosamente invisible de Mery Boom, configuraron una situación en la que parecía no solo inaceptable trasladar los contenidos críticos construidos como patrimonio en la esferapública a la publicación Arteria, sino que se aceptaba tácitamente que ese tránsito sería la sentencia de su neutralización, es decir, la muerte o constatación de su posible ausencia de independencia.

(Arteria es o era en ese entonces dirigido por Nelly Peñaranda, “representante” en su vida “privada” de la Galería El Museo lo que equivale a decir máximo extremo de uno de los dos polos sobre los que pretendidamente se mueve esferapública: la crítica a las instituciones y la crítica a los modos de operación del mercado; recientemente se ha “integrado” a través de la estrategia de la crítica de la obra, que se reduce casi al encuadre académico de las obras que se presentan al premio oficial Luis Caballero).

En esencia, parecía que dicha combinación de circunstancias apuntaba a desprestigiar tanto a José Roca como a quienes eran -o éramos- definidos como detractores del extinto Instituto Distrital de Cultura y Turismo. Aparentemente ambas cosas fueron alcanzadas “exitosamente” (la sociedad del éxito).

¿Cómo leer ahora el viaje y el aterrizaje del moderador de esferapública -Jaime Iregui- desde la internacional y pretendidamente antiperiférica Documenta 12 hasta Arteria? Se sabe que el moderador de un canal no “se hace” responsable de los contenidos que expresan sus “colaboradores” (o asiduos) pero en cambio capitaliza a favor suyo y de terceros una incuestionable y poderosa “vocería representativa”, un capital “de archivo”. En esta suma de circunstancias se ha generado una nueva plataforma de acción del arte en Colombia que ha desbancado a José Roca como representante local del arte contemporáneo (a pesar de su proyección internacional) liderada por Jaime Iregui Restrepo desde esferapública, Guillermo Vanegas (bisagra institucional y continuismo Ceroniano, sentado a su izquierda), Víctor Albarracín, el “pedagogo” Lucas Ospina y una parte de la planta de arte de la Universidad de los Andes que se promueven internacionalmente con la ilusión del apoyo a lo marginal y lo independiente, virtud muy apreciada porque es autogratificantemente acorde a la identidad que el foráneo nos concede.

(Vale la pena hacer un recuento de los premios y distinciones que han recibido los profesores de esta universidad y que han puesto simultáneamente sus opiniones en circulación por el foro esferapública: el caso más protuberante es el de Fernando Uhía cuyo trabajo se vinculó casi como réplica de un antecedente realizado por Cildo Meireles -“Babel”, 2001 >> esferapublica.org/nfblog/?p=538 – y quien no obstante obtuvo la distinción principal del premio Luis Caballero expropiando además el capital crítico de un foro completo con su “parodia ingeniosa”, “masa crítica”. Otro caso es el de Lucas Ospina, quien rinde doble crédito a la universidad, con un proyecto propio y por intermedio de esferapública).

De otra parte, no hay que olvidar que esta universidad promueve las más retrógradas clases dirigentes nacionales y que para que dicha promoción pueda pasar inadvertida y conservar su efectividad -que consiste en la hipoteca de los capitales nacionales a las corporaciones extranjeras- es conveniente tener un departamento de arte que se proyecte internacionalmente con la bandera de “lo independiente”, lo “plural”, la ilusión de la reconstrucción del museo como foro democrático contemporáneo en donde se construye la opinión pública (o destruye). ¿Dónde está el foro y qué “patrimonio” estaríamos constituyendo sus más asiduos visitantes hoy?

Tal vez habría que celebrar el nacimiento de nuevas plataformas, excepto porque la defensa maniática y explícita de “lo contemporáneo” representa un eslogan de una reacción poderosa -a la que esferapública se adhiere en la medida en que se inserta a través del fenómeno de “lo integrado” o la crítica integrada- que nos hace pensar que nos encontramos frente a una serie de procesos y experiencias mediadas antes que nada por fanatismos y militancias de diversa índole en acuerdo tácito con intereses económicos superiores o no a sus agentes que han tomado la decisión de marginar a cualquier costo a sus disidentes ejemplarizando de esta forma cómo la cultura de la diferencia resuelve a sus “diferentes”: con la burla, la descalificación, la intriga, el aislamiento, la intimidación, la expropiación y el saqueo de los capitales ajenos (es decir, a través de la réplica de procesos de colonización que fueron los que terminaron constituyendo históricamente las diferencias entre los países: así esferapública se prepara para construir las diferencias entre sus artistas, entre sus interlocutores). En el tránsito por documenta y luego en el regreso triunfal por Arteria se abre un desangre crítico: la oficialización de esferapública que algunos como Lucas Ospina parecen (entre risas poco ambiguas) celebrar y otros vemos como la amenaza del hundimiento definitivo del foro y el fracaso completo de toda oportunidad de pensamiento crítico autónomo e independiente en Colombia. Documenta 12 no constituyó -en resumen- un proceso inocuo.

Pablo Batelli

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