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Debate Antitaurino

Una de las cosas que se repiten una y otra vez cuando hay debate antitaurino es preguntarse -y preguntarle a los artistas- si la tauromaquia es un arte. Y se repite desde hace más de una década, cuando el Ministerio de Cultura declaró las corridas de toros como parte de nuestra identidad cultural. Le invitamos a leer este debate (2004) que inicia precisamente por el tema de la tauromaquia como “espectáculo artísitico”.

Michica.org: Como si no fuera suficiente con la propaganda taurina (cada año) en los medios de comunicación proclamando las corridas de toros como “espectáculo artístico”, este año (tras la aprobación del Reglamento Nacional Taurino el 17 de junio 2003) las corridas de toros pasaron a ser consideradas oficialmente como parte de nuestra identidad cultural al ser adscritas al Ministerio de Cultura.

Esta medida fue tomada (por congresistas) desconociendo el sentimiento de la mayoría de los colombianos (artistas y no artistas) que repudian la crueldad contra los animales, y los actuales principios éticos internacionales que reconocen que la crueldad contra los animales es inadmisible.

Si usted es artista y respeta los animales:

¡Hágale saber a la gente lo que piensa de las corridas de toros! (escriba a los medios, grupos de discusión, afiches, paginas web etc.)

¡los animales no se pueden defender solos!

¿que otras implicaciones tiene esta ley?

1 Pensar que se pueda determinar que un espectáculo sea o no “artístico” por un acto administrativo es discriminatorio y arbitrario. Sería más representativo que fuera el mismo sector artístico sea quién se defina a sí mismo y se regule, mediante mecanismos de participación y concertación.

2. Esta medida contradice el principio de la Mision del Ministerio de Cultura que aboga por “una cultura por la paz” ya que la violencia contra los animales, las personas y aun los bienes no es compatible con una cultura de paz por la cual aboga el Ministerio de Cultura.

3. Eventualmente nuestros impuestos contribuirán a financiar la sanguinaria “fiesta brava”.

Si le interesa participar de una “accion popular” para demandar esta ley escriba a michica@michica.org

para mas informacion sobre esta ley (ponentes, folio etc.) vaya a: http://www.michica.org/aniderechos/noticias/codigo%20taurino.html

sobre derechos animales en Colombia en general http://www.michica.org/aniderechos

Juan Guillermo Daza: Este rollo, empezado por gringos muertos del aburrimiento tras el fracaso generalizado que fue Viet Nam, eso que llaman “political correctness”, y que hace imposible que uno pueda fumarse un cigarrillo en paz en cada vez más lugares publicos por todo el planeta, tiene otra ramificación; la histeria colectiva por los derechos de los animales. Yo entiendo perfectamente que se restrinja la caza de ballenas, que se proteja animales en peligro de extinción, incluso, por la salud de los consumidores, que se proteste contra las granjas industrializadas donde se mutila y se hacina a los animales para estimular la producción. Por eso, cuando me voy a la 24 con 8va a comer chigüiro, pregunto primero si es de criadero. Por otro lado, si tengo un permiso de caza y un carné de la NRA, y estoy en un parque de caza en Montana, nada me hace sentir más humano, más en la cima de la cadena alimenticia, más evolucionado, que montarme por la tarde en mi pickup con el platón lleno de cadaveres de venado, cuya carne, de paso, me apasiona. No pienso acabar inconcientemente con la especie, ni mucho menos, pero si pienso ocupar mi lugar en el circulo de la vida.

Ahora bien, ya que tengo la atención, y el odio, de la mayoria de los lectores, quisiera decir unas palabras a favor de la fiesta brava. Por un lado, ya que en la misiva greenpeace-ista abajo adjuntada, se afirma que los animales no se pueden defender solos, quiero que me repitan eso mientras que los encierran en un circulo de madera frente a un toro de media tonelada con cuernos del largo de su brazo. Encuentro dificil de creer que la madre naturaleza no dotó al toro con un excelente mecanismo de defensa, especialmente contra un pobre diablo flacucho de 60 kilos. Si lo analizan bien, es una manera mucho más poética y sensible de morir para un toro que una electrocución casi fatal seguida de una puñalada en el costado, esa si mortal, por desangramiento, aplicados en el ambiente poco acéptico de un matadero en Soacha, sin ninguna ceremonia. Es mucho menos cruel darle al toro al menos una oportunidad de defenderse de su atacante. Será aplaudido, será reconocido y recordado por su bravura, y si es lo suficientemente berraco, se le otorgará el derecho de regresar con vida a la hacienda y morir de viejo, cosa que me parecería sumamente aburrida si fuese un toro.

Por el otro lado, existe el argumento que no entra tan bien en los oidos de quienes todavia piensan que todo lo que ha sucedido en nuestro continente desde 1492 es una invasion barbarica sin rastro alguno de beneficio, aquelos que repudian sus apellidos castizos, su lengua, su piel blanca, y que darían su carro, su televisor y su celular por una vida en taparrabos. Hablo de la belleza, la cultura y la tradición de la fiesta brava en sí. Este arte, como pocos otros, aún hoy vincula algunos de los países americanos con la madre patria culturalmente. Se trata de una tradición de honor, de disciplina y de estética sin rival en el resto del globo. Es realmente nefasto que una corriente reaccionaria que llevará no más de treinta años circulando, le gane la batalla a una expresión de civilización que desciende directamente de las fiestas y los juegos del coliseo romano. De suerte que en vez de las masacres de cristianos, halla sobrevivido hasta nuestros dias un acto mucho más culto, diseñado para simbolizar y alegorizar la gallardía y el heroismo del hombre peninsular, y el triunfo sobre la naturaleza del hombre en general.

A mi si me gusta la tauromaquia. Me gusta comer carne bien asada, me gusta el vino y la caza, y me encanta ver que todavia, al menos simbolicamente, la carne que mañana he de comerme, hoy puede hacer pedazos a un hombre como yo, pero que al final, la inteligencia del hombre habrá de triunfar, y cubrirá de gloria tambien al animal que puso su bravura en obstaculizar heróicamente esa inteligencia. Si quieren ser conservacionistas, busquense un oso de anteojos; a los toros bravos los crian para eso. Si mueren sin haber visto la arena, han vivido para nada. Yo alzo ahora un grito, en defensa del derecho que tiene el toro de batirse contra el hombre, de trabarse en combate con un animal con el cual sus superioridades y sus debilidades se balancean. ¡Alzo un grito por el arte taurino, por la cultura y por la civilización!

¡Y OLÉ!

Pablo Batelli: Supongo que los toros son a la ganadería como los autos de carrera a los autos de calle: un mecanismo para posicionar una marca (en este caso, la ganadería) Son el más sofisticado producto de las ensambladoras ganaderas, diseñados exclusivamente para correr en círculos haciendo alarde de su máximo poder.

Desde el momento mismo en que en un mono partió un hueso con otro hueso, se descubrió la tecnología y se desequilibraron las fuerzas. En este desequilibrio de fuerzas el hombre es estrictamente responsable por todas las especies vivas. Acaso ¿estaban en peligro de extinción los animales antes de estar en peligro de extinción? La tautología se responde a sí misma: no hay que esperar a que las cosas lleguen a lugares de no retorno.

Si bien existen causas más nobles y elevadas, al menos aquellas personas que nos oponemos a las corridas de toros, demostramos un cierto pudor frente a la crueldad humana. El asunto no es comer a no comer carne, sino masticar la muerte con la soberbia de una cherokee.

Establecí la relación entre los toros y la ganadería, porque es bien sabido el papel que ha jugado la cría de ganado en proponer causas nobles de defensa: desplazados, colonización, desfertilización de las tierras aptas de cultivo, por no decir además que la cría de ganado contribuye al calentamiento mundial (aunque suene risible).

Al Sr. Daza no le van a llover insultos ni olés, porque ya fuere que su opinión hubiese sido planteada en serio, parece un chiste, y si su opinión es en efecto un chiste, es el segundo mejor chiste de Esferapública desde que Salazar le gastó la broma a Falguer (aquella de cómo se pega el teflón si es antiadherente).

Dentro de las muchas causas que según Alejandro Orduz son dignas de defenderse, y dentro de las cuales he propuesto al menos una, me gustaría saber a cuál de todas él se adhiere.

Margarita Jiménez, michica.org: Juan Guillermo: Primero que todo desligitimar la defensa de los animales acusando la causa de “histeria” es un tanto exagerado en un pais como Colombia en el cual:

No existe ninguna entidad estatal para la protección animal // donde la única ley de proteccion animal es totalmente ignorada por las autoridades // un pais en el cual se nombra una Ministra del Medio Ambiente cuya principal vinculación con el tema ambiental es su previo cargo como Alta Consejera del “Plan Colombia (dinero que se financia la fumigación de todo Colombia, incluyendo los parques nacionales) // y donde para completar se emite una ley en la que se impone como identidad cultural un espectáculo en el que se tortura hasta la muerte a un animal.

Estoy de acuerdo con que hay muchas otras causas que merecen atención, particularmente las que tienen que ver con la conservación de especies y ecosistemas silvestres (por ejemplo las ballenas y osos de anteojos que ud menciona). Y precisamente por eso es importante que las culturas revisen continuamente su relacion con los demás seres vivos (léase entorno natural).

1. HABLEMOS DE LAS TRADICIONES CULTURALES El exito de las culturas (civilizaciones) radica precisamente en su capacidad evolutiva (cambiar para adaptarse), de lo contrario estaríamos como ud dice “en taparrabos” (por ejemplo las mujeres no tendrían derechos civiles): Por eso no debe preocuparle que se cambie (en una generación) una tradicion bárbara de siglos ¡eso sería un exito cultural!

¿por qué es nociva y obsoleta la tradición de la tauromaquia? la tauromaquia nace de un imaginario medieval en el que el toro representa al monstruo (a la fuerza del mundo natural no-humano) y el torero representa al héroe, la supuesta superioridad mental y valentía del hombre, es decir lo que celebra la corrida de toros es “la conquista y la lucha contra la naturaleza”.

Ahora vivimos en un mundo muy distinto: ya no estamos ni ante la “Ibería salvaje” ni ante la exhuberancia natural que encontraron los conquistadores españoles al llegar al actual territorio colombiano, si revisamos el legado de esa cultura de “lucha contra la naturaleza”: nos encontramos con agotamiento de recursos naturales, devastación de bosques, extinción de especies animales y vegetales, etc., y se evidencia que es urgente replantear nuestra actitud hacia los demás seres vivos.

La tauromaquia es un rezago de una cultura que habitaba un mundo que ya no existe: si nuestra cultura continúa percibiendo al resto de la naturaleza como un recurso ilimitado para ser explotado de manera egoísta y sin límites éticos, perjudicará tanto su futuro como el de los demás habitantes del planeta. Por eso abolir las corridas es un acto simbolico positivo.

3. CON RESPECTO AL ARTE: A usted le puede parecer mas “poetico” matar a un toro torturandolo por 20 minutos en una plaza de toros que matandolo en un matadero “sin ceremonia”:

El problema con eso es es que los toros NO ENTIENDEN de ARTE: sienten dolor con parafernalia (lentejuelas, trompetas, claveles, paseillo) o sin ella.

Déjeme recordarle que (a diferencia de otras formas de arte) LO QUE SUCEDE EN EL RUEDO NO ES UNA REPRESENTACIÓN: El toro que muere ahogado en su propia sangre despues de ser torturado por 20 minutos ES UN ANIMAL REAL CAPAZ DE SENTIR DOLOR Y PLACER (físico y psicológico). Lo más grave de este hecho NO es que SE MATE a un animal sino que se le TORTURE por tradición (una cosa es matar para comer y otra torturar por diversión).

Teniendo en cuenta el estado al que hemos llevado a nuestro entorno natural: Hacer del espectáculo de la tortura y muerte de un animal real una celebración de orgullo nacional es un símbolo grotesco de la injusticia y arrogancia de una cultura para con los seres vivos con quienes convive.

4.CON RESPECTO A QUE LOS ANIMALES NO SE PUEDEN DEFENDER SOLOS: No estamos hablando de individuos sino de especies: nuestra especie es responsable de la extinción de miles de especies sivestres anualmente y mantiene a millones de animales domésticos en condiciones crueles (como ud menciona). Y los toros de lidia (como especie) no se pueden defender, y como individuos (en el ruedo) le recuerdo que un toro no se enfrenta (como ud. afirma) aun “pobre diablo de 60 kilos” sino a 6 hombres armados (con picas, banderillas y espada) y a uno (o varios) caballos, que a diferencia del torero NO escogió estar allí, que el toro es un animal miope, que antes de salir al ruedo ha sido en encerrado en un cajón oscuro, y que por lo tanto cuando sale al ruedo esta aterrorizado y simplemente busca una salida.

SI LA LUCHA FUERA TAN EQUITATIVA EL TORO GANARÍA MAS A MENUDO.

4. CON RESPECTO A LA CIVILIZACION Yo no desprecio la civilización occidental de por si (creo que ud insinua eso), pero tampoco creo en su “superioridad”. Tengo un concepto de “civilización” distinto al suyo: Para mi la civilizacion no yace en “tener celular y televisión” sino en la capacidad de una cultura para evolucionar y construir un mundo más justo entre los seres humanos y entre los humanos y los demás seres vivos.

Los humanos ya probamos que podemos subyugar (y exterminar) a los demás seres vivos, pero la “civilización” no radica en seguir subyugandolos y exterminandolos (¿eso para qué serviría?) sino en la capacidad de asumir la responsabilidad (como especie dominante) de conservar lo que queda, y eso se logra (en parte) cambiando tradiciones crueles.

5. CON RESPECTO AL CONCEPTO DE INTELIGENCIA Y LA VALENTÍA La inteligencia y la valentía se demuestran creando cultura y atreviendose a luchar contra lo que se considera injusto y no “montandosela” un toro muerto de miedo.

Andrés Hoyos: Los toros no son lo mío, pero no sé si reír o llorar cuando veo que en el territorio en el que alguna vez brillaron Goya, Picasso o Manet, todos ellos amantes de la fiesta brava (para no hablar de Colombia, donde se ha visto al menos una bella serie de grabados de Roda sobre la tauromaquia y un estupendo libro de fotos de Ruven Afanador), ahora se quieren instalar los pastores evangélicos y las hermanitas de la caridad.

Pero concedamos por un momento el punto a nuestros bienpensantes y supongamos que mañana en Colombia amanecen prohibidos los toros y que de ahora en adelante en la Plaza de Santamaría apenas oímos los cánticos y hosannas de los Hare Krishna o los discursos politiqueros. ¿Estaríamos en un país mucho mejor o apenas en uno un poquito más aburrido? Yo no sé, pero algo me dice que el gesto no ablandaría a Castaño o a Jojoy y que al otro día sus huestes no dejarían de cometer fechorías.

Lo malo de las hermanitas de la caridad y de los pastores evangélicos es que detrás de tanto cuento rosado se suele ocultar la cara maluca del fundamentalismo. Y al fundamentalismo no hay nada que le guste más que prohibir a diestra y siniestra. No ya prohibir las prácticas que pueden causar daño a los demás, como portar armas, manejar borracho, calumniar, robar o violar, sino que les encanta prohibir aquellas cosas que un adulto cualquiera podría desear hacer por gusto y sin afectarlos, como celebrar corridas de toros, comer carne de res, comer carne de cerdo (a los pobres corderos, de malas, se los comen en todas partes), tomar trago, fumar cigarrillos, fumar marihuana, tirar a mediodía, cantar desafinado por las mañanas en la ducha o caminar por la calle con zapatos amarillos. En fin, ya que nuestros “artistas” andan en vena prohibitoria, ¿por qué no se les ocurre prohibir lo más obvio? La mojigatería.

P.S.: por si acaso, no sobraría leer los ensayos de Isaiah Berlin sobre la libertad.

Oscar Collazos: Empezar entonces por borrar del mapa y de las paredes a Creta y la pintura rupestre; seguir, con mano segura y vengativa, dando un salto en el tiempo, a Goya y a Picasso; quemar la colosal enciclopedia de Cossío, los ensayos de José Bergamín y L´Age d´homme, de Michel Leiris; hacer una pira con los ripios de la piadosa moral de los prohicionistas e incinerar los estudios de antropología sobre los rituales “bárbaros”, todo en nombre de una civilización que mata sin escrúpulos seres humanos; borrar de la Historia aquello que, como fiesta y exorcismo contenga sacrificios, empezar la cruzada por llevar al matadero a los diestros de la fiesta brava. ¡Qué espectáculo, carajo! Derruir hasta reducirlas a escombros las plazas, empezando por el circo de NÌmes y siguiendo con la Maestranza y etc., etc.. Meter en el index “Yawar Fiesta”, la conmovedora novela de José María Arguedas, sin olvidarse de la última letra. Piadosos del mundo, uníos en la sensiblera cruzada “civilizadora”. ¡Y olé!

Michica.org: Hola defensores de la tauromaquia en esfera publica:

1. Ridiculizar las posiciones que fomentan el respeto y trato ético de los humanos hacia los animales, simplemente encajona la discusión en un callejón sin salida.

El problema con las corridas de toros no es un problema de “sentimentalismos” es un problema ético: pensamos que es importante revisar la posición ética de nuestra sociedad con respecto a la relacion que tenemos con los animales y el resto de nuestro entorno natural.

2. Nuestra intención no es “prohibirles” que vayan a las corridas de toros (aunque quisieramos vivir en un mundo donde no esxistieran), los únicos cambios en los que creemos son los que surjen de una reflexion al interior de la cultura.

Por eso nuestra propuesta es que se pregunten a si mismos si en este momento de la historia es justo hacer un espectáculo de la tortura y muerte de animales.

3. Dejar de cometer actos crueles hacia los animales en nada coarta la libertad de los humanos. A no ser que se piense que los humanos son libres para tratar a los animales como se les de gana, a si sea solo para pasar una tarde de domingo.

4. Pensar que una sociedad sin espectáculos de crueldad hacia los animales es “mojigata” y “aburrida” denota una falta de creatividad para crear nuevas formas de entretenimiento.

5. Tampoco somos tan ingenuos como para pensar que por que los humanos adopten una posición ética en cuanto a su relación con los animales el Mono Jojoy vaya a entregar las armas (como afirman uds). Asumir una actitud hacia los otros seres vivos es un cambio ético no práctico. (Depronto ayuda indirectamente a la conservación de nuestro entorno natural).

6. No se trata tampoco de “borrar” la historia, se trata de revisarnos HOY: es que ¿acaso estamos condenados a seguir ciegamente la historia y lo que se representa en la pintura de “los grandes maestros”?

Si llegamos a la conclusión (como cultura) que la tauromaquia debe acabar, los murales de Creta, los grabados de Picasso y Goya etc. seguiran en pié para ser admirados como documento histórico y como experiencia estética.

Pero si lo que reclaman es la libertad y el DERECHO de hacer con los animales lo que se les de la gana, pues frescos, sigan haciendólo, en realidad en esta cultura somos tan pocos los que nos preocupamos por este tema que no presentamos para ustedes ninguna amenaza.

Lo único que podemos hacer es decir lo que pensamos y pedirles que examinen su conciencia. …si eso para ustedes es ofensivo y va en detrimento a su libertad…. pues de malas.

Camilo Calderón: No quisiera enfrascarme en una discusión ya de por sí dilatada al extremo, pero, ya que se respondió con un lúcido análisis de la Tauromaquia de Goya en el comentario “goya antitaurino” a la mención que tan a la ligera se hizo de artistas como Goya, Picasso o Roda con el ánimo de apologizar la fiesta brava a partir de la supuesta exaltación que de ella se hace en la obra de estos artistas, quisiera transcribir un comentario que el mismo maestro Roda hiciera sobre su serie homónima, con la única intención de disolver malos entendidos.

“Es difícil saber cuál es el origen de una obsesión. Les tengo fastidio a las corridas, las asocio al fascismo, al machismo y a algo peor, a la crueldad al servicio de la estupidez. (…) El espectáculo me recuerda una España que detesto (..). Los toros me repelen. En ellos también hay algo para mí repugnante. Claro que deliberadamente aludo en el título a Goya y a Picasso y a sus tauromaquias respectivas. Ellos son parte de lo español que, como los toros, es al mismo tiempo desagradable y al mismo tiempo obsesivo y fascinante (…) ¿Para qué repetir todo cuanto se dice sobre el elemento de sexualidad en el toreo? Pero, por más que quizás desde mi infancia no vaya a una corrida, ese elemento sigue vigente para mí, y sigue vigente también en esas expresiones tan repetidas sobre un espectáculo o un rito que proceden de un pueblo sexualmente confuso, sexualmente reprimido como el español. Y estoy seguro que los espectadores ven en la relación de toro y torero una relación sexual. La corrida es una matanza, un asesinato; pero también es una violación”.

Tomado del catálogo “Juan Antonio Roda: Habitar la pintura 1938-1992″, Banco de la República, 1992

Pablo Batelli: Si esa transferencia de la virilidad que estupidiza a los hombres estuviera en correspondencia con la extensión de los egos, los “artistas” varones seríamos los vanidosos ostentadores de un miembro que bien superaría la extensión de los cuernos del toro, inferiores solamente en tamaño a la extensión mortal de la espada visible del matador. Si se somete a un toro optimista a un escarnio público y a un permanente hostigamiento, es apenas predecible que el toro comience a cornear. De hecho, tal vez sea esta la causa de la extinción de la especie de los toros optimistas. Estos son los antecedentes de una serie de ataques que parecen infantiles. Lo que parece conducir a un error definitivo son las preguntas que se plantean mal: ¿Se deben prohibir las corridas de toros? o ¿Por qué existen las corridas de toros? ¿Cuál de las dos es la pregunta correcta? o mejor, ¿tenemos aquellos a quienes no nos gustan las corridas de toros el derecho a prohibirlas? Al final parece que no se trata de un asunto de justicia, sino de mecanismos y procedimientos; si los mecanismos resultan efectivos, las corridas se prohiben o sostienen. De allí la relevancia de pasar directamente a la acción cuando se propone una alternativa hacia el activismo.

Este es apenas un breve antecedente para destacar la enorme perplejidad y tristeza que me produjo el silencio de María Margarita Jiménez frente al respaldo que ofrecí a su “acción popular”: ¿Estaba realmente preparada para adelantar tal acción? ¿Estaba verdaderamente en disposición de recibir adhesiones? ¿Le parecería altamente inconveniente unir fuerzas con el mal afamado Batelli? De acuerdo a la parábola inicial, puede inferirse el enorme esfuerzo que implicó ofrecer un apoyo. No me acompañaban malas intenciones, pero debo reconocer que alguna intención había en querer medir hasta que punto Margarita tendría la altura y generosidad suficientes para sobreponerse a las rencillas y adelantar una causa común, superior a las diferencias entre las personas. Y la razón por la cual mi propuesta fué respondida con el más indolente silencio, es porque Margarita tal vez no defiende una causa, sino el derecho que todos tenemos de expresar nuestra inconformidad en voz alta. Es un buen punto de comienzo, pero no es un mecanismo efectivo, no propone una causa superior a nuestros tradicionales ego “tor de cuerno sized”, que aunque monumentales en términos de una transferencia viril, son de todos modos muy poco en relación a la escala planetaria. Igualmente perplejo me dejó su enorme capacidad de conmoverse ante el dolor de un animal, y su frialdad frente a la necesidad humana. Lo que no quiere decir que los animales no deban ser protegidos de la crueldad y voracidad humanas.

Estoy en disposición de reconocer que la pobreza generalizada a costillas de la desproporcionada riqueza de algunos no puede personalizarse ni encarnarse en una figura específica; sin embargo, es apenas natural, como en el caso del toro optimista, que sometido a escarnio y a ridiculización, se pierda a veces la calma y se cornee de forma ciega y violenta. De allí la importancia de los mensajes que aparecen de vez en cuando haciendo un llamado a la serenidad. De allí también el enorme valor de la palabra como mecanismo de protección de la integridad física propia y de los otros: todas las reacciones impulsivas deberían estar mediadas en primera y última instancia por la palabra.También me parece que más allá de la ridiculización, es un hecho que al presente ritmo de consumo el mundo se va a acabar, o al menos va a sufrir un deterioro irrecuperable. No en balde, las personas verdaderamente ricas del planeta intentan por todos los medios invertir sus capitales en la adecuación de Marte. No creo que a estas inversiones en dinero se las pueda descalificar como ficciones de un grupo de excéntricos. (Motivación: Pinche Molotov : “¿Dónde Jugarán las niñas?”, track nn: “El mundo se va acabar”). La sensación de atropellar será siempre mas amarga que la de ser atropellado.

En lo que se refiere a una intervención reciente de Lucas Ospina, quisiera detenerme en la siguiente digresión:

Bien, enceguecido como un toro al que le hubieran puesto anteojeras y no banderillas, y creyendo que al echar un simple vistazo cerraba la lectura, me pasó por alto el sentido enigmático de la intervención de Lucas, sentido que al final desestimé y que ahora intento revisar. Me pregunto: ¿Cuánto tiempo tardará mi sangre en enfriarse una vez que se calienta?

Al final, tanto el primer artículo citado por Lucas como el segundo, contribuyen a la construcción de un sentimiento de perplejidad que parece que se vería esclarecido si supiéramos de dónde proviene la voz final: “El ascensor llegó al primer piso, al abrirse las puertas vi el toro…”. Dado que podría tratarse de la primera frase de algún cuento importante podríamos depositar nuestra esperanza de esclarecer las intenciones si conociéramos el cuento. Pero dado el contexto, parecería hacer alusión a otro hecho periodístico más, sucedido no en Madrid sino en la ciudad de Bogotá. Algo aparece remotamente en mi memoria vinculado a este extraño suceso de encontrar un toro dentro de un ascensor. Lo cierto es que esta situación plantea una pregunta interesante en torno a encontrar un toro presumiblemente de lidia fuera de su contexto natural que es el ruedo preparado para la corrida.

Si Lucas plantea una crítica a las corridas de toros, esta crítica está cifrada en unos códigos suficientemente precisos como para evitar ser comprendidos por mentes no demasiado suspicaces y entrenadas. Y si no plantea una crítica, esta ausencia se suple con las suspicacias del que lee, que podría pensar que en efecto allí -en el acto de presentar la opinión, la contraopinión y la repercusión local a la escala de La Cometa -, se encuentra la crítica.

Y complementar con otra breve digresión:

Evidentemente Lucas parece resistirse a encajonarse en un a favor o en contra, posiblemente para no entrar en la beligerancia del activismo. Lo cierto es que echo de menos una cierta rusticidad que me parece más clara a efectos de establecer una comunicación, y más riesgosa, puesto que la equivocación cuando la posición es clara es mucho mas notoria que la equivocación cuando la posición es cifrada. Echo de menos la virtud de la brutalidad del pintor…

A lo que se puede añadir:

Una tercera o cuarta relectura del artículo citado por Lucas, escrito por Antonio Caballero el 30 de junio de 2001 sirve para ponernos los pelos de punta a quienes encontramos desagradables las corridas de toros, pero al mismo tiempo, podría servir de apología para quienes las disfrutan: de hecho, con este acento lo escribió su autor. De manera que esta cita, aparentemente terrorífica, puede servir a los argumentos de las dos partes. Y es aquí donde aparece mi preocupación frente a un deseo de resguardarse de incurrir en un error, de apartarse de un activismo que reduce la situación en un a favor o en contra, de mantenerse en una objetividadfinamente orientada, pero objetiva a fi de cuentas. Es inevitable incurrir en los errores. Creo entonces que lo que está en juego es la vigencia de los mecanismos activistas y su relación con ese territorio difuso de las artes plásticas y los vínculos con la política, aunque puede parecer apresurado decirlo. En verdad, salvo algunos actos extremadamente osados de algunos artistas en ciertos momentos de crítica coyuntura ¿tenemos un solo ejemplo de alguna causa defendida por grupos de activistas organizados?

Creo que la tradición de las artes vinculadas a la tauromaquia y el acto mismo de matar el toro se encuentran en dos niveles distintos de la experiencia humana. Algunos pensamos que puede resultar censurable la muerte del toro para la diversión humana, pero no creo que entre quienes comparten esta posición se encuentren demasiadas personas inclinadas a utilizar esta sensación como base para una apología para destruir una tradición plástica. Estos juicios donde se reduce a la contraparte al papel de un idiota mental solamente favorecen, como se ha señalado muy bien -y es la razón por la que deben evitarse-, la discusión por medio de lugares comunes y no de razones (aunque puede decirse que a veces un lugar común es una buena razón). Lo que perjudica a aquellos que son capaces de exponer razones. Por este motivo, me parecen también interesantes las miradas sobre Goya, en particular cuando se escarba en las motivaciones comerciales que pudieron inducirlo a trabajar una serie específica -no porque esto lo enaltezca o envilezca-. Simplemente por la curiosidad de comprobar que hay comportamientos de mercado que no cambian a lo largo de siglos (por ejemplo, compraventa de sexo) y la afición por los toros podría haber servido de base para conjeturar el éxito económico de un trabajo sobre el tema. Me pregunto si en la alusión al nuevo proyecto de la Galería La Cometa, existe la intención de señalar el vínculo entre las representaciones taurinas y sus oportunidades comerciales en Bogotá, situadas al día de hoy.

Yo seguiré entonces expresando mi desagrado por las corridas de toros; pero con igual “fundamentalismo” estaré dispuesto a defender cualquier oportunidad para un intercambio de ideas acerca de la naturaleza de las modificaciones que habrían de hacerse para generar una sociedad con menores niveles de injusticia, y dentro de estos cambios, encuentro dos que me parecen esenciales: no quiero cansar invocando con uno de los que ya he citado; el siguiente sería tal vez revaluar el papel del Estado como papá protector que dicta el buen comportamiento a sus hijos-ciudadanos e iniciar una discusión sobre las consecuencias de la legalización de la droga en las diferentes instancias, desde la siembra hasta el consumo final. Creo que una discusión sobre este tema podría darse sobre la base de: impactos ambientales, beneficios de seguridad, niveles de riqueza, prioridades de gasto de una sociedad, respeto al libre albedrío.

Antonio Caro: Aprovechando un grato atardecer bogotano, divago y escribo con el deseo de participar en el “Paseillo” del tema actual. Puedo decir, sin demeritar a quienes reenvían el correo de “Esfera Pública” que aparte de uno que otro par de banderillas y una que otra embestida, la corrida está sosa y sin gracia, los toros sin casta, los toreros sin ángel, incluso, la Presidencia negligente.

Quiero acotar que aunque no sea tan sofisticado como un producto transgénico y que Dios me perdone, por cruzamientos, el toro de lidia es un producto absolutamente humano… Y preguntar, donde estaban quienes hoy se rasgan las vestiduras cuando el Ministerio de Cultura dio el rango de tradición, a la tauromaquia?

Es bueno que las sociedades tiendan a mejorar su comportamiento ético pero, debemos recordar que nosotros mismos, somos “demasiado humanos” y que tal vez, si mucho reprimimos nuestros atavismos puede, como sucedió en la civilizada Alemania, resurgir el caníbal…

Andres Hoyos: A la larga las reiteradas preocupaciones de los artistas plásticos nacionales con la suerte del ganado bovino me han llevado a reflexionar. Sí, claro, al toro de lidia le dan su espadazo en el morro, acto muy criticado por Goya en una carta que todavía está por descubrirse, pero así y todo los toros que mueren en las corridas son relativamente pocos —¡qué digo, son una ínfima cantidad!— en comparación con el resto de sus congéneres. Además, los toros de lidia mueren con todos los estandartes de su género en posición de lanzamiento, como se suele destacar en la iconografía del toreo, hasta el punto de que algunos han dicho que en este bárbaro deporte el papel de la mujer lo desempeña el torero, con sus lentejuelas, sus vestidos de colores carnavalescos y su moño, mientras que el toro representa la ya abolida virilidad.

Piénsese en cambio por un instante en el destino del resto de los bovinos del planeta, con la única excepción de los que habitan en la India. A cientos de miles de éstos cada año, y hablamos apenas de Colombia, los matan para comida, lo cual como ha señalado un amigo de la Esfera sigue siendo reprochable si bien es un poco menos doloroso que ser capoteado en una plaza, ya que en el matadero no hay musiquita insidiosa ni gente gritona, y la cosa se hace de un solo golpe. Lo grave, empero, es que estos pobres novillos van al matadero con la bolsita escrotal vacía, porque apenas natura les empieza a ofrecer con qué gozar de sus instintos, llega un veterinario o un simple capataz desalmado y procede a despojarlos del armamento, es decir a castrarlos, acto bárbaro y repugnante si los hay, y ello sólo para que su carne sea más tierna y tenga mejor sabor en la boca de los horribles humanos. ¡Oh injusticia incomparable

De ahí mi propuesta, mucho más modesta y más básica que la de prohibir el toreo: empecemos por lanzar una gran campaña que busque prohibir la castración de los toretes de todas las razas, y por ahí derecho la castración de los demás animales de criadero en el país y en el mundo.

Ya en ello, me parece muy injusto que los humanos se aprovechen del ciclo lactante que se da durante el puerperio de los mamíferos y que unos desalmados, o hasta una máquina, les agarren las tetas a las pobres vacas dos veces al día, se las estrujen y les expriman la leche puesta ahí por la naturaleza no para nuestra insaciable glotonería, sino para la de los terneros. No hay evidencia de que las vacas gocen con este proceso, de suerte que eso tampoco puede seguir siendo así.

¡Faltaba más! Ganada la batalla de la castración, habrá que ganar la del ordeño. De suerte que trabajo hay, y mucho, para las campañas que quieren emprender los amigos de las lechugas. ¿Sufren ellas mucho al ser arrancadas de la tierra? Bueno, en ese caso sí ya no sé yo. Dejo la inquietud para que quizá algún esferista nos ilumine sobre el punto.

Gloria Posada: En las últimas controversias planteadas en Esfera Pública referentes al arte contemporáneo y a la tauromaquia, dos temas al parecer disímiles pero que algunos quieren relacionar, se evidencia la gran diversidad de planteamientos y la imposibilidad de llegar a un consenso.

Por lo demás, en el caso del arte contemporáneo lo que menos se pretende es llegar a un consenso o lograr la legitimación de sus detractores. Dada la extensión del presente texto, en otra oportunidad desarrollaré algunas inquietudes sobre la discusión sobre arte colombiano iniciada hace unos meses, que no obstante el tiempo transcurrido me parecen pertinentes.

De la segunda controversia -la de los toros- a pesar de no ser fanática de uno u otro bando, por el nivel y la intensidad con que ha sido tratado el tema en las múltiples intervenciones, he constatado que despierta más pasiones e intereses intelectuales o personales, que muchas otras problemáticas planteadas en éstas páginas, incluso han escrito nuevos autores que en otras ocasiones no habían manifestado su opinión. Tal vez ello se deba a que la tauromaquia involucra dimensiones donde están comprometidas la vida y la muerte, el sacrificio, la estetización del combate y el dolor, y el espectáculo que en ésta época se ha “virtualizado” y tiene muy pocas expresiones “hiperrealistas” como las manifestadas en las corridas de toros. Digo “hiperrealistas” entre comillas, porque desde los diversos argumentos en contra de las corridas, es innegable que el enfrentamiento entre toro y torero es sólo un “simulacro” de combate, y empleo la palabra simulacro pensando en los términos utilizados en la llamada o mal llamada, o malinterpretada o manipulada –según los intereses de cada cual- “potsmodernidad”.

Siempre me ha inquietado desde la antropología, las relaciones entre tradición y cambio, la construcción de las identidades, las transformaciones, mutaciones, imbricaciones, mestizajes, rupturas, transculturaciones; implicadas en las múltiples valoraciones sociales sobre lo que se conserva y lo que desaparece, sobre lo que es nuevo y lo que se preserva de otras generaciones. Algunos de éstos fenómenos podrían catalogarse como nostalgias o por el contrario, rupturas o innovaciones que en ésta época denominada por muchos investigadores como “aldea global”, se generan aceleradamente.

Para cualquier antropólogo estudiar las tradiciones, las fiestas, los rituales, los acontecimientos, donde se expresan numerosas relaciones y mecanismos de socialización, es un privilegio, y las corridas de toros han sido abordadas por los campos de estudio de diversas disciplinas. Pero eso no quiere decir que el investigador no esté conciente de que éstos eventos se desarrollan en contextos urbanos y no bucólicos, en una sociedad como la occidental donde corrientes artísticas y culturales transformadoras de las mentalidades, como el Romanticismo en el siglo XIX o la Contracultura en el siglo XX –entre otros- incidieron en una relación diferente con el paisaje y la naturaleza.

También desde la antropología, me cuestiono siempre si algunas costumbres tradicionales que tienen una dimensión simbólica y una intensidad expresiva y estética –aunque no se podría decir que algún acto humano carezca de éstas dimensiones-, y que son estudiadas y analizadas, deberían ser preservadas o transformadas, o simplemente el investigador debería tener una distancia y una neutralidad que garanticen su objetividad inmune a cualquier valoración moral o ética influenciada por su propia cultura. Me refiero más allá de lo que implican las corridas de toros, a asuntos que desde mi punto de vista considero graves como la clitoridectomy –amputación del clítoris- realizada por algunas comunidades en el Cairo y otros lugares de África, o la cosida de los labios vaginales cuando el esposo sale varios días de caza en algunas comunidades tribales de África, con la posterior descosida para el uso del dueño; ambas prácticas al servicio de preservar la fidelidad de la mujer en el matrimonio, en sociedades donde es impensable la autonomía o el conservar la soltería. Igualmente, el apaleamiento y desmembración de mujeres “adúlteras” por sectas musulmanas, es otro de los ejemplos posibles de actos legitimados a nombre de la tradición, y asumidos como normales o de derecho en su contexto de desarrollo, donde están investidos por la autoridad religiosa, y se interpretan desde afuera como practicas singulares de la diversidad cultural. Desgraciadamente, muchas veces son las propias mujeres las que educan a sus hijos, transmiten la tradición, y perpetúan el modelo –las madres presiden la amputación del clítoris de sus hijas-.

El dilema entre tradición y cambio, entre intervenir o no para que alguna práctica desaparezca, tal vez nunca será resuelto, pero se ha planteado que las innovaciones en los grupos son realizadas muchas veces por jóvenes que introducen nuevas prácticas, técnicas, usos y significados –esto hasta en los primates se ha comprobado-. Por éste aspecto dinámico de la cultura, lo que en una época puede ser concebido o entendido como “tradición” o “patrimonio”, en otra es olvidado, revaluado, re-significado, y en algunos casos des-hecho.

Lo que es patrimonio o no, está determinado por significaciones colectivas, procesos de valor, de interpretación, y de representación, pero en muchos casos en la sociedad occidental son los denominados por Roland Barthes “grupos de decisión” quienes señalan y deciden qué se debe conservar y qué debe desaparecer, o qué es patrimonio o qué no. Aunque no lo queramos reconocer en muchos aspectos, es un problema de decreto, de función, o incluso abuso en el ejercicio de poder; atributo que se toma el Estado. Afortunadamente, numerosos aspectos y manifestaciones culturales escapan a ése dominio y control gubernamental.

Creo, que en éste sentido apuntaban los primeros textos que aparecieron en Esfera Pública sobre la tauromaquia, dado que el Ministerio de Cultura de Colombia decidió que éstas prácticas tienen un valor patrimonial y por tanto deben ser estimuladas y preservadas. Pero aunque a ultranza, por decreto, se señale que una expresión determinada de la cultura, es un patrimonio, eso no quiere decir, que todos los colombianos tengan que hacer reverencia a un evento que en la sociedad actual puede tener más un carácter de espectáculo o de negocio. Por ejemplo, así titula el periódico El Colombiano el inicio de la temporada taurina en Medellín: “Faenas con estilo” y subtitula: “con la temporada taurina llega la moda a la plaza” “algunas ideas de vestuario para cortar oreja” “verse bien y estar cómodo en las tardes de toros es posible”, y le dedican varias páginas a la feria y a los toreros, que en comparación con las notas sobre arte, literatura, danza, teatro, arquitectura, cultura popular, etc… son desproporcionadas (ver pags. 1d, 6d, 7d. 7 de febrero de 2004) ¿Otros patrimonios del país despiertan tanto despliegue e interés?.

Sería importante preguntarse si todos los que van a las corridas lo hacen por disfrutar la visión del toro y el torero. Si mas bien, no es un espectáculo social-exhibitivo, donde se lucen las últimas tendencias de la moda, se puede aparecer en las páginas de los periódicos y revistas, etc,… Además, ¿es éste un patrimonio colectivo del que pueden disfrutar grandes sectores de la población, o sólo algunos grupos sociales pueden pagar el costo de las boletas?, ¿vale lo mismo ir al estadio, ir a cine, ir a un museo, o ir a una corrida?. Este aspecto lo ignoro, pues nunca he ido a una corrida y no disfruto ver el sometimiento de un animal, y la furia y el miedo de quien va a ser asesinado. Pero tal vez, esto último no es un problema personal, sino generacional, sobre ello doy un ejemplo: El escritor Ernest Hemingway fue un apasionado de los toros y lo disfrutó intensamente en sus diversas estadías en España, además dio testimonio de ello en su obra literaria. Su nieta Margaux, realizó un documental sobre los viajes de su abuelo y en la sección de las corridas no ocultó ante las cámaras su horror, atribulación, y desencanto frente a la matanza del toro.

Pero retomando el eje de la discusión, si la tauromaquia es un patrimonio lo son también sus espacios y arquitecturas, entonces ¿por qué el Ministerio de Cultura permitió la completa “modernización” y transformación abrupta de la Plaza de Toros La Macarena de Medellín, llamada ahora “Centro de Espectáculos La Macarena?. La plaza tenía más de cinco décadas de construida, y arquitectónicamente poseía implicaciones patrimoniales más fuertes que muchas de las actividades realizadas en ella.

Igualmente, es inquietante la arbitrariedad del Ministerio en otros asuntos relacionados con el patrimonio del país, y me refiero a la demolición del Pasaje Sucre en Medellín, un hermoso edificio emblemático de la arquitectura de principios del siglo XX en Colombia, que estaba clasificado como patrimonio arquitectónico, que no se encontraba en ruinas, y que muchos esperábamos ansiosamente su restauración. Lo evidenciado con el decreto patrimonial anulado por el Ministerio ante la petición de la administración del alcalde Luis Pérez, y con la inmediata demolición del edificio sin que nadie tuviera tiempo de evitarlo, fue el desconocimiento de la incidencia de los procesos históricos en la identidad y el autoconocimiento cultural, tanto para el presente como para las futuras generaciones. Valores mancillados muchas veces por dirigentes locales, especuladores de la renta del suelo, y arquitectos que pretenden el ejercicio de un poder y la erección de una “historia” iniciada por sus construcciones egocéntricas.

En el último año de mandato del señor Pérez pasaron todas éstas arbitrariedades con el patrimonio de Medellín, y fueron avaladas por el Ministerio de Cultura. Lo asombroso es que en tan corto tiempo el Ministerio esté tan preocupado por el patrimonio, y quiera ahora suplir sus errores decretando a la tauromaquia como valor cultural de nuestro territorio.

En un país como Colombia, donde la mayor parte del presupuesto nacional cubre gastos de la deuda externa, y del área militar y burocrática, y donde el poco dinero para la cultura es muchas veces criticado y vilipendiado desde diferentes intereses y puntos de vista, es indudable que el Ministerio de Cultura tiene patrimonios mas importantes que promover y proteger que las corridas de toros, que han sobrevivido al tiempo por la devoción de algunos de sus adeptos y de sus ganaderos.

Creo que en éste punto, respondiendo de alguna manera a aquellos que defienden las corridas de toros como una tradición cultural, no es excesivo reiterar -a pesar de que algunos patrimonios se han perdido para siempre- que lo que es considerado en un momento histórico como patrimonio tangible o intangible, es relativo, cambiante, y en muchos casos arbitrario, al igual que las identidades, que en ningún momento son estáticas o inmutables en el tiempo, a no ser que se pertenezca a sociedades regidas por mitos y ciclos materializados en rituales renovadores del tiempo sagrado primigenio –véase a Mircea Eliade-. Pero, a pesar de que en muchas comunidades tribales en África, Oceanía, o Latinoamérica, se sigan haciendo sacrificios con animales, y esto implique trascendentales significados culturales que constituyen rituales de cohesión y supervivencia del grupo, es innegable que en la sociedad occidental la “asepsia” de la muerte y del alimento, invade y rige la vida cotidiana.

La división del trabajo en las sociedades industrializadas, generó que muchas prácticas pasaran del ámbito familiar o personal a la especialización de individuos, grupos o instituciones. Por ello, el matar la gallina para el almuerzo, tal vez éste relegado a unos cuantos sectores rurales. En las ciudades se “recolecta” la gallina o la vaca muertas y desplumadas o despellejadas en el supermercado, donde nada nos relaciona con la vida o muerte de ése animal, simplemente existe una relación comercial y la satisfacción de una necesidad de supervivencia, ya que sin el consumo de carne el hombre no hubiera evolucionado. La cantidad de proteína brindada por la carne fue fundamental para el proceso de hominización, y para tener otras ocupaciones diferentes a la de conseguir todo el día alimento, entiéndase esto como tener la posibilidad del ocio y del pensar y el hacer, más allá del comer.

Desde tiempos ancestrales el arquetipo cazador-recolector ha regido diferentes sociedades, y se ha relacionado al cazador con lo masculino y al recolector con lo femenino, éstos roles han sido fundamentales para la supervivencia, pero en la contemporaneidad no son claros en su función y significación. Perseguir, acechar, desplegar el poder frente al otro, es algo de lo que podría decirse que muchos hombres sienten una especie de “nostalgia paleolítica”. Expandiendo el término, me arriesgaría a decir que unos se dedican al “deporte” de la caza, y otros a atracar y matar transeúntes desprevenidos (ojalá el mencionar esto, no se convierta en mecanismo de distracción para que lleguen E-mails desviando la discusión actual hacia el machismo o el feminismo, pues ésa no es mi intención).

En la historia, cada vez que el antropocentrismo se erige, algo lo des-centra: El hombre no es el centro del universo, y ni siquiera controla su propia psiquis dominada por un inconsciente imposible de manejar e incluso predecir. Vivimos en un planeta que gira alrededor de un sol y es sólo uno de los tantos sistemas donde sería posible la vida.

Para terminar, narraré una anécdota arqueológica que recuerdo a grandes rasgos: En una excavación en una cueva se encontraron huesos humanos al lado de huesos animales –lo que los arqueólogos llaman un sitio y en éste caso concreto un basurero-. La interpretación mas obvia regida por nuestro antropocentrismo cultural, era que un grupo humano había vivido ahí, los restos animales eran huellas de cacerías que habían servido a su alimentación, y los restos humanos eran de miembros del grupo muertos y dejados allí cuando el grupo habitó otros lugares. Pues, un análisis más exhaustivo, comprobó que la cueva fue habitada por un animal depredador y que otros animales y hombres sirvieron a su alimentación.

PD/ Quisiera plantear unas consideraciones finales: -Sobre la presencia de la tauromaquia en la literatura y en las artes plásticas, a pesar de que ya se han planteado muchos argumentos, me permito añadir que Picasso pintó el Guernica, pero eso no quiere decir que la matanza en la población vasca sea un valor cultural a perpetuar. La importancia de las obras no la da el tema a tratar o representar, sino la calidad expresiva de los artistas. El tema es simplemente un testimonio histórico de una época.

-Sugerente y encantadora la frase de Lucas Ospina: “El ascensor llegó al primer piso, al abrirse las puertas vi el toro” escrita en la mejor de las versiones generadas por aquél mini-cuento de Monterroso que en mi memoria es “…y cuando despertó el dinosaurio estaba allí”, además relacionada con la obra de Ospina en la V Bienal de Bogotá, donde exhibió sus dibujos en el ascensor del Museo de Arte Moderno, al parecer ¿en ésa ocasión el toro fuimos todos los que recorrimos y vivimos la Bienal?.

-En otro orden de ideas, el tono de algunas de las intervenciones del señor Pablo Batelli en ésta controversia, evidencia que él predica pero no aplica, y que está obsesionado por encontrar una militancia o si no ¿por qué hace ése reclamo a Margarita Jiménez?

Catalina Rodriguez: Queridos “columnistas” de esfera pública:

I 26. y dijo dios a su amigo imaginario: “hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.” génesis 1:26

será que dios, al decir señorear, se refería a mortificar y chuzar a un animal para la diversión del señor?

la “bella” ilusión de pensar que el “señor hombre” está ubicado en el punto más alto de la cadena alimenticia es otra de la cadena de patrañas que nos ha vendido la santa iglesia católica. y cómo nos llegó la iglesia católica a nosotros? pues por los españoles quienes, y para efectos de pertinencia en la discusión que nos ocupa, también nos hicieron el divino favor de introducir una práctica tan inútil como la religión misma: la tauromaquia.

por favor no sigan alegando que es cuestión de tradición porque si de eso se trata, es de las tradiciones más ridículas y dañinas que se puedan preservar.

***el papa ha dictaminado que el condón es muy peligroso haciendo así que miles de personas pendientes de sus “sabios consejos” se encuentren en peligro de tener muchos hijitos desgraciados que vivirán en un mundo completamente cerrado para casi todos.***

esto va para las hermanitas de la caridad a las que se refiere el papa de la cultura y del buen juicio: andrés hoyos. andrés: no proyecte. la hermanita de la caridad es usted y su credo es la libertad ridícula para poder tirar a medio día o usar zapatos amarillos. los pilares de su supuesta necesidad y derecho a divertirse no se sustentan en nada. ni siquiera en su dios (que en este caso es la certeza de su propia estrechez mental – será en lo único que tocará darle la razón al tardío pablo batelli).

II la gente que necesita gritar a los cuatro vientos que es librepensadora, que está a favor de la legalización de la droga o que tiene muchos amigos maricas y lesbianas, en realidad intenta desesperadamente ocultar su maniqueísmo mezclado con godarria recalcitrante y una homofobia que ay dios, líbranos a todas!

III la invitación hecha por michica.org a manifestarse en contra de las corridas es simplemente eso, una invitación. en ningún momento se ha intentado dar cátedra de nada.

… es usted uno de aquellos a quien le interesa pronunciarse y tomar acción en contra del gusto por divertirse a costa del maltrato de un animal? pues cuéntele a michica.org para que ella pueda contar con su ayuda en el momento en que las cosas estén listas para adelantar acciones concretas (eso si, no se ponga bravo como el señor batelli porque no lo llaman inmediatamente a darle besitos por haber ofrecido su ayuda).

si usted piensa que la abolición de las corridas de toros sería equivalente a que le quitaran el aire para respirar porque el gozo que le produce ver a ese valiente en medias veladas enfrentándose a la temible bestia, entonces definitivamente ni lo considere! su estabilidad emocional podría estar en peligro. …

IV por qué será que la gente piensa que reflexionar sobre algo y eventualmente reconsiderar su posición es una señal de debilidad y acabamiento? es esto acaso un vestigio adolescente?

V será verdad que ser omnívoro le quita legitimidad a la lucha de aquellos que como yo comemos de todo (incluyendo carne) y a la vez nos parece que chuzar y mortificar un animal por “diversión o placer estético” es completamente innecesario. será que alguno de los iluminados que ha dado este argumento para “”enriquecer la discusión”” puede explicar esta “””interesante””” relación?

VI espero que la próxima vez que oiga un “ole” esté seguido por hijuepuerca y que el contexto sea una amena e interesante charla con un hermano santandereano.

VII y ahora si. espero que LOS INTERESADOS en manifestarse en contra de las corridas de toros nos acompañen este domingo 15 de febrero desde las 12 m. en la carrera 7a al frente del planetario. y los que no, que les vaya muy bien y pilas porque se sabe donde viven…

pd. dios es un pescado

Michica.org: La abogada del equipo para la demanda (Alexandra C.) encontró un dato sobre la ley “Reglamento Nacional Taurino” (en la Biblioteca del Congreso y de la Corte Constitucional) posterior al que teníamos de su aprobación (junio 13 2003). Esta es la última información que tenemos pero seguimos adelantando investigaciones.

En septiembre 2003 el gobierno realizó una “objeción por inconstitucionalidad” sobre varios artículos de la ley “Reglamento Nacional Taurino”, entre esos el 1º (el que lo declara “netamente artístico” que es el que ha causado tanta polémica). Eso significa que por ahora el “Reglamento Taurino” vuelve a ser un proyecto de ley, y es casi imposible que si lo intentan pasar de nuevo a debate en el Congreso (que es posible) se incluya el mencionado articulo 1º.

Ese es un pequeño avance pero queda un largo camino por recorrer : Las corridas siguen existiendo como el espectáculo (y negocio) que actualmente son, pero por lo menos no se adscriben al Ministerio de Cultura por lo tanto no son parte de la política cultural oficial, y no se destinarán dineros de nuestros impuestos (como planteaba dicha ley) para financiar escuelas de toreros (entre otras cosas).

Por ahora único que se me ocurre que podemos hacer es hacer que la gente oiga lo que opinamos quienes no estamos de acuerdo con las corridas de toros (o con cualquier hecho que consideremos injusto PARA CON HUMANOS Y NO HUMANOS) y esperar que el debate público haga que en algún momento esta cultura para promover cambios politicos: Si nos quedamos callados dejando que la única opinión que se oiga sea la de los medios de comunicación esta tradición nunca va a cambiar.

Yo se que ante el poder de los medios y la clase política esto parece poco efectivo (como bién dice Pablo Batelli), pero por ahora no se me ocurre nada más.

Si alguna persona tiene mejores ideas con gusto nos adherimos.

A continuacion les presento lgunas acciones legales recientes para la proteccion animal y del ambiente para los interesados en el asunto: El año pasado estuvimos (varios colectivos animalistas ADA y REN) trabajando en un proyecto de ley para instaurar las “corridas sin sangre” en contraposición del mencionado “Reglamento Taurino” (que se estaba debatiendo en el congreso y que pasó casi por unanimidad en junio), pero el congresista que se había ofrecido para presentar este proyecto de ley en el congreso (Jairo Clopatofsky) nunca lo presentó para debate.

También hemos apoyado a ADA (Asociación Defensora de Animales) y a REN (Resistencia Natural) en la elaboracion del proyecto de ley para la prohibición de circos con animales silvestres en el territorio colombiano, en la elaboración de las normas para regular el estado de los caballos de las “zorras” y en este momento hay un proyecto para reformar el Estatuto Nacional de Protección de los Animales.

En la pagina de michica.org pueden encontrar mas información sobre legislacion no solo sobre legislacion sobre animales sino sobre políticas ambientales (como la controvertida reforma a la ley 99 del 93, (ley del Medio Ambiente)

Si alguién quiere saber más detalles jurídicos sobre asuntos de animales en Colombia me pueden escribir y les mando información.

PD. Ofrezco disculpas a Pablo Batelli por no reponderle (fué un descuido). A los que me escribieron directamente les respondí contandoles que la investigación jurídica para la acción popular estaba en curso y esta semana les tendría noticias.

Paquita la del Barrio: Puedo entender el juego de dignidades heridas entre los bandos pro y antitaurinos que han entrado en esta discusión. Puedo sentir la pasión con la que mutuamente banderillean sus argumentos de razón y sinrazón. Puedo apreciar el frenesí que envuelve la autoconfianza de ambos bandos, tal cual envuelve un empaque de chocolatinas jet la única laminita que le falta por llenar al juicioso coleccionista de álbumes. Y puedo ver, en medio de mi astigmatismo, que tanta pasión, confianza y frenesí son perfectamente inofensivos para todos, y que el debate mismo se plantea cuando ya es un poco tarde. Como esos en los que se discute si era mejor el koolaid que el zumm.

Quienes viven cerca de las plazas de toros en Colombia, de la Macarena y la Santamaría, pueden apreciar que cada día hay allí más espectáculos musicales, cada día más desteñidas las presentaciones popseras, cada día más juanes chaquiras y cabas, y cada vez menos toros; las lentejuelas decoran cada vez menos la supuestamente inflada masculinidad de los toreros para realzar los tetamenes de las divas de turno. Las plazas se llenan cada vez más de vacas y gallinas. Y no es de extrañar: ese espectáculo taurino ya no pega entre las nuevas generaciones, o ¿cuál de los defensores de la tauromaquia en este debate tiene menos de cuarenta años? A las nuevas generaciones les aburre el espectáculo de la sangre del toro, les parece muy poco ascéptico, les parece que le falta color a los rojos de la sangre, que le falta beat a los mugidos, que sería mejor con surround, que la muerte se ve mucho mejor en la tele.

El toreo representa un escenario y unos valores en desuso: coraje, valentía, arrojo, o eso se pretende. Es un espectáculo propio de una clase social en vías de desaparición, o muéstrenme a uno o dos yupis que salgan de corrida para irse a invitro o la sala o monitor, o cualquiera de esos chuzos a los que van los yupis. El toreo pecisa la apropiación de una jerga técnica inentendible y demasiado diversa en una época dominada por la metonimia. El toreo precisa ser fan de lo que dice Pacheco, y Pacheco gaguea tanto que nada se le entiende.

El toreo es lento, y queremos velocidad; el toreo tiene tantos preludios como las películas eróticas de Jess Franco que le gustan a los ejecutivos barrigones, y lo que queremos es porno triple x; el toreo precisa de botas llenas de manzanilla, y queremos ketamina; en las corridas solo hay lagartos, burócratas, cuchibarbis y descendientes de gallegos que han puesto almorzaderos tradicionales de domingo en Bogotá, y este paisaje nos parece absolutamente desolador. Por lo tanto, dejemos en paz a los lagartos, los burócratas, las cuchibarbis y los gallegos. Ellos también merecen esparcimiento. Así como los impotentes merecen viagra y las gordas liposucciones. Los pocos toros que quedan por sacrificar lo harán de buena gana, como los palestinos en los buses de Tel Aviv, pues saben que son los últimos, y que en poco tiempo la arena sólo será pisada por la infinita planicie del pop.

Con un saludo muy espcial para todos,

Carlos Salazar: Extractos de “La Psicología del Toro”

En la vida del toro en colectividad, el toro verdaderamente bravo no acomete a los demás y, consciente de su poder, aparece pacifico y tranquilo; lo contrario del toro débil, que carga y desafía y se rodea de un gran aparato amenazador antes de acometer. Toros que tal hacen suelen ser mansos. Estudiando las costumbres de los toros, describe el toro mandón, como le llaman los ganaderos, que pretende siempre imponerse con sus flamenquerías análogas a las humanas. Trata, finalmente, del lenguaje del toro. Este muge de distintas formas y expresa distintamente su estado de animo: muge por celos, por pelea, demandando ayuda, y muge en la huida. En este ultimo caso, el mugido time dos modalidades perfectamente diferenciables, según que huya desafiando o totalmente vencido.

Característico de estos temperamentos es el autismo, o sea, el no permitir que nadie se adentre en su ser; tal carácter cree descubrirlo en el empeño del toro, pese a su instinto gregario, de aislarse, de separarse en el campo, y «cuando una res nueva entra en la piara es recibida con hostilidad y los primeros días la hacen (las demás) victima de golpes y pernadas, hasta que se amadrinan, según la expresión pastoril; el toro bravo rechaza la res desconocida, le molesta la presencia de un extraño, incompatible con su aislamiento individual». Otra propiedad específica del temperamento esquizotímico es la timidez, y aunque Sanz Egaña no se atreve a aceptar en el toro semejante sentimiento emotivo, piensa que «la timidez resbala fácilmente al miedo y el toro es un animal miedoso, reacción de defensa que se traduce por signos exteriores manifiestos al observador».

El toro acomete a los objetos o seres movibles por miedo; el toro ante un móvil, repara, se espanta…; en ocasiones, el miedo es superlativo, y se desmanda huyendo sin dirección; el toro acomete a la muleta roja porque le molesta a la vista, fatiga la retina, le ocasiona dolor y quiere librarse del sufrimiento.»

Existe también en el toro la memoria o facultad asociativa de imágenes o estados de conciencia, y en general, de toda clase de fenómenos psíquicos, ya sean conocimientos, sentimientos o tendencias. La complejidad de esta función puede hacer suponer en el toro la inteligencia en grado superior. Pero tales fenómenos pueden interpretarse suficientemente en el toro de sentido porque asocie la idea del hombre a la del castigo en la dehesa por algún pastor, y ello le decide a atacar a este y no al trapo.

Los toros son animales bastante emotivos; cualquier fenómeno les irrita, como les sucede hasta con las moscas, que a veces les hacen estar con la cabeza metida entre la hierba o salir corriendo ciegamente con el rabo erecto.

La codicia en el toro es también originada por la excitación o irritabilidad que le produce el engaño constante del torero, el cual le exaspera cada vez mas y a lo cual aquel reacciona comiéndole el terreno. La cualidad opuesta es la incertidumbre, la indecisión, la perplejidad en acudir al engaño queriendo atacar a todo y no haciéndolo a nada o quedándose en la suerte por falta de hostilidad hacia quienes le rodean.

Siente el toro simpatía o antipatía por pastores y lugares (querencias), en los que encuentra sensaciones gratas, llegando a dejarse acariciar hasta por niños. No ha sido este caso infrecuente, y es digno de recordarse el del toro Civilon, de Cobaleda, que tanto dio que hablar y que tan mediano juego dio en la plaza. Les agrada no variar de cama, comen en el mismo sido siempre y, recordando los lugares vividos por ellos, recorren distancias enormes, volviendo a sus dehesas, cuando son separados de ellas y pueden hacerlo, con una facilidad para recordar y reconocer caminos y sendas que el hombre no tiene.

En la vida sexual ya quedan reseñadas sus costumbres mas características, y en busca de emociones agradables luchan unos toros con otros, dándose frecuentes casos de chulería propios del hipergenitalismo.

Las emociones son exteriorizadas por el toro por medio de las actitudes o gestos que constituyen una forma especial de expresión (mímica), a la que aluden palabras como: estampía, encampanarse, extraño, respingo, cernerse, amusgar ,ventear, etc. El mugido o bramido del toro, en sus múltiples modalidades de intensidad y tono, expresa lo mismo el amor maternal de la madre que llama al ternero, que la ira de un toro que huye o que desafía a su contrincante o que el dolor físico que una herida les produce. Cuando con-templan en corro los toros una pelea, comentan sus incidentes en forma de rumor o verraqueo que anima a los toros luchadores. Cuando alguna victima surge, la plebe taurina rodea al muerto dando muestras de horror y a la vez de complacencia.

Cuando el animal se ve forzado entre dos tendencias, forzosamente necesita elegir (ejercer una volición) la que mas le atraiga en presencia de percepciones y sentimientos recordados y asociados. Si una vaca come y oye la voz de la cría, elige entre ir o seguir pastando.

Los movimientos de todas estas clases son en el toro de gran energía, ya que la falta de ideación superior le hace obrar en el sentido egoísta que de momento le atrae con mayor fuerza: el hambre, la emoción sexual, etc.

Por el instinto de asociación, los toros gustan de vivir en manadas y se enfurecen y excitan al verse solos, atacando a todo cuando se les pone por delante. Por el de imitación andan tras los cabestros tranquilamente, y por el son domados los bueyes domésticos.

La vista de la sangre solivianta a los toros (de aquí el color rojo de las capas), porque les recuerda la lucha y a ella se aprestan nerviosos y crueles, pegando todos al que resulta vencido y acatando vasallaje al vencedor según los casos. Este instinto de lucha es la acometividad o bravura tan característica del toro y cuya mayor o menor carencia constituye la mansedumbre.

El toro vencedor asocia la idea de la victoria a las agradables de dominar a sus semejantes, que le ceden por terror la comida y las vacas que prefiera en la ganadería. Y este recuerdo asociativo, que muchos consideran el principio de la inteligencia, le hace insistir en la pelea con quien osa discutir su primacía o su puesto de mandón, según le llaman los vaqueros. Esta acometividad seguramente será consecuencia del mayor o menor grado funcional endocrino de las glándulas genitales masculinas, activadas por las suprarrenales hasta originar el hipergenitalismo. En las hembras no existe el hiperovarismo, sino más bien el hipervirilismo.

Margarita Jimenez, Michica.org: ACLARACION SOBRE LA OBJETADA LEY REGLAMENTO NACIONAL TAURINO Me gustó mucho la intervención de Gloria Posada, sin embargo me parece importante aclarar el siguiente punto:

El Ministerio de Cultura NO fue el autor del proyecto de ley “reglamento Nacional Taurino”, el autor fué el representante Manuel Ramiro Velásquez Arroyave y los ponentes: HH.SS. Bernardo Hoyos Montoya y Jesús Puello Chamié.

Lo que lo adscribe al Ministerio de cultira es el articulo 1ro que dice: “el presente reglamento tiene por objeto la regulación (…) de los espectaculos taurinos (…). Los espectaculos taurinos son espectáculos..netamente artísticos y por lo tanto adscritos al Ministerio de Cultura.”

Cuando conocí el proyecto de ley “Reglamento Nacional Taurino” (antes del debate que la aprobó en junio 2003) envié un derecho de petición al Ministerio de Cultura preguntando como se determinaba que un espectaculo era o no artistico y a quien le competía esta desición. El ministerio me envio una respuesta larga he interesante diciendo básicamente que eso era muy difícil de determinar, pero que consideraban que no era democrático que la desición se tomara en el congreso (le puedo hacer llegar esa respuesta por que es interesante).

Acabamos de enterarnos que la ley fue “objetada por inconstitucional” por el gobierno (en septiembre 2003) precisamente por ese articulo: el Ministro de Hacienda Alberto Carrasquilla Barrera, la Ministra de Cultura María Consuelo eran los encargados de estudiar el proyecto junto con el Presidente para determinar si le daban la sanción presidencial. En este caso no se la dieron y fue objetada parcialmente por ellos por inconveniente y por inconstitucional en ciertos artículos del texto.

No obstante, las objeciones por inconstitucionalidad fueron fundadas en criterios mas de forma que de sustancia Por ejemplo: el artículo 1o es considerado inconstitucional por vulnerar el 154 de la Constitucion y el art 50 de la ley 489 de 1999 que se refiere a la creación de organismos o entidades administrativas.

SOBRE LO DEL ESPECTACULO SOCIAL-EXHIBITIVO que menciona Gloria P.: A mi me parece que dice mucho de esta cultura el hecho que asistir a las corridas de toros sea el evento social donde se legitima la pertenencia a las esferas de poder en el pais:

¿a que otro espectaculo asisten (el mismo día) desde Carlos Ardila Lulle hasta Fabiola Zuluaga pasando por Enrique Goméz Hurtado y la señorita Colombia?

De pronto la familia Goméz Hurtado lleva varias generaciones asistiendo a corridas pero muchas personas asisten por primera vez el año en el que tienen su 1/4 de hora (en la farandula, el jet set o la politica): El acto de pisar la plaza por primera vez legitima la “admisión” a determinada élite.

Se podría decir que asistir a esta tradición española es el rito de paso para quienes entran en las esferas de poder en Colombia. Es sintomático que la elite colombiana funde su identidad en una tradición española. (se podría escribir un ensayo sobre esto)

Me atrevo a afirmar que este fenómeno es un vestigio de estructuras sociales heredadas de la época colonial.

PARA LOS PABLOS: Si nos les respondí fue un descuido, en el mail de la convocatoria yo escribí mi mail y pedí que me respondieran alli, y a esa lista fue a la que le mande la respuesta. les juro que no tengo ningun casting ni nada por el estilo, si no respondo a alguién seguro es una equivocación y les ruego me vuelvan a escribir recordandome el asunto. Es muy bobo distraernos por algo tan bobo.

Pedro Falguer: Paquita, independientemente de estar uno en pro o en contra del espectaculo taurino, me gustaria verla en medio de la plaza, muy vestida de luces y todo, lista a verificar si la emocion de la contienda supera o no sus excitantes peliculas triple xxx. Y en lo que tiene que ver con su ‘argumento’, es como decir que si ya casi nadie lee El Quijote o Shakespeare es porque seguramente son una tonteria.

Lo que si es claro es que a todos nos gusta el boxeo.

Gloria Posada: Agradezco a Margarita Jiménez su necesaria e importante aclaración. Igualmente me complace que el Ministerio de Cultura haya tenido una posición tan sensata en éste asunto. Por supuesto que me encantaría conocer el texto completo.

Por último, y ya para salir del ruedo, me pareció “refrescante” el humor de Paquita la del Barrio en el texto Retrotauromaquia y ultrapop, algún día me gustaría conocerla y realizarle una entrevista…

 

#PolíticaEditorial

Desde febrero de 2017 la política editorial de [esferapública] estará enfocada en propiciar la reflexión en torno al archivo de debates y textos a través de proyecto #LeerLaEscena. Por esta razón, en el portal se estarán publicando análisis de debates, entrevistas y lecturas en voz alta con el ánimo de revisar temas sobre los que se debate reiteradamente (crítica al arte político, el estado de la crítica, especulación y mercado, espacios de artistas, museos y espacios de arte en crisis) y, a partir de esta revisión, replantear formas de discusión, políticas editoriales y, si es el caso, una nueva plataforma para [esferapública].
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