Esto de arte corrosivo (Proyecto curatorial 15 Salones regionales de Artistas – Región caribe) resultó ser un verdadero fiasco al que no se le encuentra sentido por ningún lado. Resulta que ahora el proceso va a ser explicado en una publicación con las opiniones de otras personas, cuando se supone que toda investigación curatorial debe ser “explicada” en el acto expositivo (cualquiera que seas su naturaleza), del cual se desprenden prolongaciones del mismo a través de catálogos, etc. Una publicación va a explicar lo que una exposición no pudo? ¿Para qué se realiza la exposición? ¿Qué pretendió indagar el arte corrosivo? ¿Qué aporte propone en el contexto del caribe?

El texto que se encuentra en la entrada de la exposición es bastante confuso, trata de forzar diálogos inexistentes que terminan desvirtuando la misma exposición. Cada artista de la exposición puede decir con toda la tranquilidad del caso que hizo una exposición individual en Cartagena en el marco de los 15 Salones Regionales de Artistas en el caribe. Esta exposición es un verdadero jeroglífico donde cada proyecto se esfuerza por contar su propia historia. Asimismo, pretende incluir desacertadamente algunos ejercicios de talleres que en ningún momento logran conectarse con nada.

Ahora resulta que la propuesta es tan avanzada que no tenemos la sensibilidad para entenderla. Sería bueno que nos ilustre sobre la susceptibilidad por la que no entendemos el formato de residencias y creación in situ con los que iluminó las nuevas lógicas y lenguajes artísticos en el caribe. ¿Cuáles son esas nuevas lógicas y lenguajes artísticos que mostró la curaduría de arte corrosivo en el caribe?

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Aparte del texto: “Arte Corrosivo, aquel que impacta desestabiliza el entorno donde se inscribe (tanto físico como simbólico) por medio de crítica mordaz pero creativa”

La curaduría invita a que visitemos la página web del proyecto. Resulta que en esta página un mes después de ser inaugurada la exposición, no encontramos una sola imagen de la puesta en escena de la exposición. No es posible ver una imagen que nos muestre como se materializaron y como se ven las obras en el espacio expositivo.

Así se ve la pieza “Come-gente” del artista José Luis Quessep en la página web
Así se ve la pieza “Come-gente” del artista José Luis Quessep en la página web
Así quedó la pieza del artista José Luis Quessep devorada por el espacio.
Así quedó la pieza del artista José Luis Quessep devorada por el espacio.

El Sr. Ricardo Moreno debe tomarse un espacio para meditar y no seguir diciendo tantos disparates en tan poco tiempo. Por ejemplo, pretende hablar de semilleros de performance con unos talleres que hizo. No se le ocurrió decir esta barbaridad, en su momento, a las personas a cargo del proyecto curatorial “Hacer del cuerpo” (2010), y mucho menos a los coordinadores del laboratorio “Capirote” que durante 4 años (2010-2013) reflexionó sobre el cuerpo en Santo Tomás, Atlántico.

Cuando habla de fortalecimiento de espacios ¿Qué espacio fortaleció la curaduría en el caribe? Por ejemplo, un espacio como La Usurpadora, gestionado por María Isabel Rueda y Mario Llanos, quienes suministraron gran parte de la información que hará parte de la mencionada publicación y a los cuales no fue capaz de brindar siquiera una bolsa de agua. ¿Eso fortalece un espacio?. Quizás este espacio salió más fortalecido de la invitación a la Escuela de Garaje organizada por La Agencia en Bogotá, que de la asimétrica relación con el arte corrosivo.

En el caso específico de la artista Carmen Lucina Rodríguez y su obra “Agonía de un viaje”, la artista estaba sorprendida el día de la inauguración del Salón cuando encontró un pajarraco tirado en el suelo que no tenía nada que ver con el proyecto que había planteado. La artista desconcertada aun no sabe si el proyecto que está exhibido en el Museo Histórico de Cartagena, es un proyecto de ella o un proyecto de la corrosiva curaduría. También, se hace preguntas sobre los costos del proyecto.

“Agonía de un viaje” - Carmen Lucina Rodríguez, 2015. 
“Agonía de un viaje” – Carmen Lucina Rodríguez, 2015.

La artista plantea un proyecto que contemplaba la construcción de dos flamencos a escala natural conectados por un cilindro que producía sonidos. Inicialmente la artista estaba concretando la construcción de estas piezas en su pueblo (Fonseca) con la ayuda de algunos artesanos. Cuando le comenta esto a la curaduría corrosiva, esta responde que no le parece que esas piezas se produzcan en el pueblo por cuestiones de factura y calidad, desconociendo cualquier tipo de conexiones o valor intrínseco que pudiera existir en el hecho de que fueran los artesanos los productores de estas piezas. Es importante preguntarse: ¿Qué tipo de diálogos curatoriales se dieron entre las curadurías y los artistas de los salones regionales en el Caribe colombiano?

La presente versión de los salones regionales de artistas en la región caribe ha dejado un sin sabor y un panorama bastante desesperanzador. Creo que los salones no deben seguir siendo vistos como una simple exposición, deben ser pensados como una plataforma de circulación y difusión capaz de conectarse con las realidades de los artistas y sus contextos de trabajo.

 

Jaider Orsini