De cuerpo presente

María José Arjona se está consolidando como una de las más destacadas performers del país. Su obra Lineamentum, expuesta en ¡No más chicha!, la última muestra de la galería Alcuadrado, sorprendió por su sobriedad y su calidad.

Cuando se atravesaba la puerta para entrar al silo –esa enorme torre en donde las fábricas cerveceras almacenan la cebada– lo primero que se sentía era la vibración de un sonido intenso que reverberaba en todo el espacio. El suelo estaba cubierto por una capa de agua que hacía las veces de espejo, de modo que se tenía la impresión de penetrar en la mitad de un túnel vertical. Tras unos instantes se veía un cuerpo sentado en una silla, suspendido a diez metros de altura. Ahí estaba María José Arjona, tocando un cuenco tibetano de los que usan los monjes para meditar. La obra se llamaba Lineamentum, que en latín significa línea dibujada. “Quería redibujar el espacio desde el cuerpo, generar un espacio virtual dentro del espacio y una visión trascendental. El silo se transformaba casi en una catedral, en un templo. El tiempo se detenía y te permitía el acceso a otra posibilidad de experiencia”, dice Arjona. Lineamentum hizo parte de ¡No más chicha!, la última exposición de la galería Alcuadrado, que hasta finales de mayo convocó a los artistas Miguel Ángel Rojas, Jaime Ávila, Pablo León de la Barra, Regina Silveira y María José Arjona para que intervinieran la Cervecería Andina, construida en 1949 como emblema de la modernidad en Colombia y cerrada en 1999.

¡No más chicha! fue el eslogan que las grandes cervecerías de los cuarenta utilizaron para introducir en el mercado el consumo de cerveza en el país. La exposición planteaba una reflexión sobre la posición del hombre contemporáneo frente a los grandes discursos, al transformar la fábrica abandonada —símbolo del progreso y del pensamiento moderno— en una serie de espacios poéticos. Arjona duraba seis horas al día frotando un bastoncillo de madera sobre el borde circular del cuenco. “Me interesaba la circularidad porque es algo orgánico: un contrapeso a todo lo que puede significar una fabrica”. Esa circularidad es recurrente en su obra. En History, performance presentado en la Trienal de Guanzhou, en China (2008), Arjona quiso mostrar cómo los acontecimientos suceden en un eterno presente circular y no de manera lineal como creemos en Occidente. Durante seis horas seguidas, Arjona lanzaba tres pelotas de letras mojadas en tinta china contra las paredes blancas del espacio de exposición. Las pelotas representaban los tres tiempos –pasado, presente y futuro–, que iban dejando sus ‘marcas’ en la pared así como en las manos y el cuerpo. Al final era irrelevante qué marca se había estampado primero, pues todas estaban allí al mismo tiempo: pasado y futuro se colapsan continuamente en el ahora. “El performance —dice— es un animal que está totalmente anclado en el presente”.

Fueron sus dos mentoras, María Teresa Hincapié y la serbia Marina Ambramovic, quienes inspiraron en ella una gran disciplina en el trabajo con el cuerpo y le señalaron la importancia del tiempo en el performance. “El tiempo es algo de mucho valor: es lo único que no compras, y es lo único que “se nos pasa y no podemos recuperar”. Por lo general María José tarda varios meses en plantear un nuevo proyecto, y casi todos sus performances son de larga duración. En The White Series (2008), expuesto en la Gallery Diet de Miami –donde reside actualmente–, necesitó dos meses para llevar a cabo un ciclo de cinco acciones que exploraban la imposibilidad del lenguaje para expresar lo que sucede en la experiencia. En una ellas utilizó su cuerpo como amplificador de las voces de muchas personas que llamaban a la galería para definir qué era performance. En otra, aludiendo a Alicia en el país de la maravillas, doblaba 365 enormes pliegos de papel para llenar el espacio de conejos de origami. En otra más escribía cientos de veces, sobre una pared que previamente había sido manchada con burbujas de tinta roja, la frase ‘Remember to remember’, que además lleva tatuada en la nuca. “El cuerpo habla un discurso muy diferente a la mente.

Habla un lenguaje que solo se entiende con la experiencia. Puedo describirle el performance, puedo mostrarle fotos y hasta videos, pero la experiencia es irremplazable. Me interesa cómo el cuerpo atraviesa por todas estas experiencias más allá de la identidad”. Además de China, Miami y Colombia, María José Arjona expuso recientemente en Nueva York y su White Series irá al festival de performance In Transit 09 de Berlín. Su propuesta va más allá del hecho de ser colombiana, de ser mujer o de llamarse María José. Apela simplemente al cuerpo y por eso es tan universal. “Es lo que pasa cuando se medita: se va más allá de la identidad y se accede a otro espacio del cuerpo. Por eso la gente que medita se puede dar cuenta de las capacidades reales del cuerpo, y por eso los performances se vuelven ejercicios para acceder a un cuerpo capaz”. Cuando vio cómo un artista europeo se cortó un dedo en el Festival de Performance de Cali en 1998, María José se replanteó muchas cosas sobre su trabajo como artista. Tardó diez años en volver a exponer en el país. Su regreso se llamó Retorno. En este performance tardó siete días tiñendo con burbujas de jabón y colorante rojo la sala de cirugía de una clínica abandonada, y siete más “limpiando” las mismas paredes con burbujas de jabón transparente. Fue un acto de sanación, una reafirmación del cuerpo a pesar y contra la violencia, en la pasada exposición de AlCuadrado, Sin remedio. “Los cuerpos tienen capacidad de trabajar como entidades, mucho más allá de la identidad, de reabsorber la enfermedad y transformarla en algo constructivo. El cuerpo, en cualquier parte del mundo, siempre busca la forma de reafirmar la vida. Por eso el cuerpo es sagrado”.

Rodrigo Restrepo*

* Publicado por Arcadia

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