Crónica de un congreso descolonizador en España

España, mejor, su cultura hegemónica, se lleva muy mal con su pasado, que en vez de asumir en lo que tiene tanto de portentoso como de atroz idealiza de una manera de manera tan extrema que hoy resulta difícil de aceptar. Y esta actitud tan obstinada como difusa es especialmente irritante en lo que respecta a su pasado colonial. Ese largo y decisivo tramo de su historia en el que evidentemente se forjó la España moderna tal y como hoy la conocemos y que, sin embargo, sigue siendo comúnmente leído e interpretado en claves no por beatas menos colonialistas. O dicho de otro modo: en los términos de una santificación de la compleja y duradera empresa colonialista encabezada por la corona española y secundada eficazmente por la iglesia de Roma, a la que se depura de todo el horror y el espanto que la acompañó como una sombra desde el comienzo hasta el final. De allí la importancia del congreso Historia sin pasado. Contraimágenes de la colonialidad. España/ América Latina que se realizó entre el 20 y el 21 de abril en el Centro 2 de Mayo de Móstoles – una ciudad de la periferia de Madrid –   entre cuyas intenciones se contó la  de revisar la historia de ese colonialismo, sacando a la luz algunos de los aspectos más reprobables. El congreso no se centró sin embargo en ese único cometido sino que explayó en un programa y en un temario en el que tuvieron cabida asuntos tan diversos como el análisis de las celebraciones del bicentenario de la independencia en algunas de los países latinoamericanos (Argentina, Colombia, México), la recepción del arte moderno y contemporáneo en España y en el Reino Unido, el estudio de algunas experiencias decolonialistas en el terreno del arte como la Ghetto Biennale que se celebra en Haití y la exposición de unas potentes relecturas críticas de la historia aún hegemónica en la península. Esta dispersión temática respondió por lo demás a la interpretación que Yayo Aznar y María Iñigo Clavo – las organizadoras – dieron al concepto de colonialidad, acuñado por Aníbal Quijano, que afirma que la misma es inseparable de la modernidad y que todavía hoy continúa generando ¨ discursos de poder, saber, representación y diferencia¨. Aquí no voy sin embargo a presentar un informe detallado del despliegue de este temario sino simplemente una relación de los que para mí fueron sus momentos más intensos y significativos que se dieron a lo largo del congreso. Empiezo por la conferencia de Guiseppe Cocco, profesor de una universidad paulista, titulada programáticamente CorpoBraz. Su antecedente inmediato: la presentación que un día antes había hecho, en la sede Traficante de sueños de Madrid, de su libro MUNDOBRAZ. El devenir- mundo de Brasil y el devenir-Brasil del mundo, cuya traducción al castellano está próxima a aparecer en dicha editorial. Cocco presentó en el congreso primero las tesis básicas de dicha obra – de evidente inspiración deleuziana –  y luego expuso su idea de que Brasil sólo puede asumir los desafíos que supone su emergencia al primer plano de la escena mundial sino procede a una trasmutación nietzscheana de todos los valores apoyándose en el legado de la antropofagia simbólica defendida por los hermanos De Andrade, la reivindicación poética del cuerpo de los pobres hecha por el cineasta Glauber Rocha y la recuperación y la revaluación de la actitud vital de las culturas amerindias ante la naturaleza que el antropólogo Eduardo Viveiros ha realizado en obras como Mètaphysiques Cannibales. Este aglomerado heterogéneo vendría a estar articulado, según Cocco, por la noción de cuerpo, crucial en esta etapa del capitalismo cognitivo e inmaterial. Y no cualquier cuerpo sino un cuerpo pobre, un cuerpo Brasil, un corpobrasil.

Otro momento intenso fue el protagonizado por la conferencia El triángulo museológico de las Bermudas, de la profesora de la Duke University Esther Gabarra. Ese triángulo está formado, según ella, por los museos del Prado, de América y de Antropología – los tres de Madrid – y en los que ha desaparecido literalmente la historia de la colonización española de América. O por lo menos su representación artística. Y eso que el llamado Siglo de Oro del arte y la cultura española – en el que se inscriben figuras tan decisivas como las del Greco, Velázquez, Murillo o Zurbarán – es al mismo tiempo el del apogeo de la expansión imperial de la corona española. El carácter de síntoma, de manifestación anómala de lo reprimido, de esta flagrante omisión fue sin embargo negado por Antonio Urquizar y por Eduardo Subirats con el argumento de que esos museos se constituyeron cuando ya España había perdido la mayor parte de su imperio, a diferencia de lo que había ocurrido con el Museo del Louvre o el British Museum, ambos fundados por imperios que sólo bien entrado el siglo XX comenzaron su irreversible declive.

La conferencia de  Eduardo Subirats, notable ensayista y profesor de la Universidad de Nueva York, propuso otra reforma radical, en su caso la de la memoria histórica española, que no solo calla sobre el genocidio indio perpetrado en América sino que excluye dos extraordinarios legados: el de las culturas hispano judía e hispano musulmana. Ambas protagonizadas por artistas, arquitectos, científicos, escritores y pensadores, así como místicos y teólogos, de alcance y significación europea.  La crítica de la cultura hegemónica en España realizada por el antropólogo de la imagen Jorge Luis Marzo puso la atención, en cambio, en lo que él mismo llama ¨el d-efecto barroco ¨ y que caracteriza como el prolongado y omnipresente esfuerzo de lo que Antonio Gramsci llamaría ¨ el bloque histórico ¨ español por darle una ¨ solución ¨ cultural a los conflictos económicos, políticos y sociales que han desgarrado la historia de ese país. El ejemplo más destacado de esta estrategia es la cultura barroca, afirma Marzo, pero no es el único. En las últimas tres décadas – añadió – la generosa promoción institucional del arte contemporáneo ha cumplido en España el mismo papel.

Cabe mencionar por último, dos de los ejemplos de recuperación o reelaboración del pasado de carácter artístico. El primero, el del Grupo Etcétera, integrado por Loreto Garín y Federico Zukerfeld, quienes realizaron una performance paródica de la historia nacional argentina durante las pasadas celebraciones del bicentenario de la independencia en Buenos Aires. Y el segundo, el ejemplo ofrecido por el Pabellón del Bicentenario, el proyecto nómada y virtual con el que un colectivo encabezado por Jaime Iregui interrogó algunas de las claves de la celebración de ese mismo bicentenario en Bogotá.

 

Carlos Jiménez