Texto crítico sobre la convocatoria del III concurso de Artes Plásticas de la embajada de Francia en Colombia y propuesta plástica para el evento.


Fotografía de un detalle de la pintura De dónde venimos? Qué somos? A dónde vamos? (1897), de Paul Gauguin y detalle del folleto de la convocatoria 2007 al concurso de Artes Plásticas de la embajada de Francia en Colombia.

i Texto crítico

“Después de Eugène Delacroix con su obra “La liberté guidant le peuple” (La libertad guiando al pueblo) en el 2005 y de Paul Cézanne con “Les joueurs de cartes” (Los jugadores de Cartas) en el 2006, el tema este año será las artes primarias (arte precolombino, indígena, africano, oceánico): el trabajo participante debe ser una creación contemporánea relacionada con esas artes. Un referente sería la obra del artista francés Paul Gauguin.”

Tomado de http://www.ambafrance-co.org/article.php3?id_article=894

El anterior, es el tercero de cuatro párrafos que constituyen la convocatoria en Internet para el III Concurso de Artes Plásticas, convocado por la embajada de Francia en Colombia. Por la forma en que está escrito el párrafo, se infiere una asociación entre artes primarias y arte precolombino. Las palabras “arte precolombino”, se encuentran en un paréntesis junto a las palabras “indígena, africano y oceánico”. Este paréntesis apuntala lo que –según la convocatoria- podría estar comprendido en el término “artes primarias”.

Esta asociación es una reducción difícilmente aceptable. El término “arte precolombino” abarca toda la producción “artística” que tuvo lugar antes de la llegada de Colón a América. Por tanto, comprende producción tan disímil, como puede ser una venus de Valdivia de 3.500 años A.C, a la pirámide de Kukulkan o el Observatorio en el complejo de Chichen Itza  500-1000 D.C, pasando por Macchu Picchu y toda la producción de templos, orfebrería y cerámica Inca y por los complejos construidos por los Aztecas, por mencionar algunos ejemplos.

Es dificultoso entender cuál será la asociación entre “arte primario” y producción tan sumamente refinada como una pieza de orfebrería Tayrona, un relieve en una edificación Maya o el sistema de acueductos en Macchu Picchu, no solo en términos formales, sino también en su trasfondo cosmogónico. Mientras en Mesoamérica se predecían eclipses con una precisión del 100% y se construían templos a partir del alineamiento con el sol en los solsticios, en Europa no había noción del cero como figura matemática.

Hacer una asociación descuidada del término “arte primario”, con el término “arte precolombino”, es una forma oblicua de ejercicio colonialista. Reducir, simplificar, pormenorizar, estereotipar, han sido mecanismos de discriminación utilizados a conciencia o sin ella -da lo mismo-, desde la hegemonía. Así se erosiona la posibilidad de comprensión a plenitud de otras culturas. Estos mecanismos son tan sutiles que circulan de manera imperceptible, como si fueran naturales: como que en un párrafo de una convocatoria para un certamen artístico, hecha por la embajada de un país europeo en Colombia, se equiparen sin el mínimo reparo, los términos “artes primarias” y “arte precolombino”.

Otorgando el beneficio de la duda, se puede pensar que la convocatoria tuvo el objetivo de traer a colación a la cultura francesa, al sugerir observar a Gauguin, y a su vez ecuánimemente, dirigir la mirada hacia particularidades de nuestro contexto. El problema radica en que la convocatoria por un lado propone a la obra de Gauguin como una práctica certificada, con significado para occidente -a la cual observar como referencia-, y por otro lado encasilla gruesamente a las prácticas artísticas precolombinas en el nicho de lo primario. Los artistas que responderán a la convocatoria son colombianos, es decir, de un país producto de procesos de colonización. Gauguin, un renegado de la civilización occidental  (que rendía cuentas en Paris porque ahí circulaba su obra) era un individuo que venía de un país colonizador. La identidad, preocupaciones, intereses y mirada de un colombiano de principios del siglo XXI, escasamente tiene algo que ver con la de un francés de finales del XIX. Las nociones de artista y de obra de arte en Bogotá de 2007 y en Paris de finales del ochocientos son difícilmente conciliables. La convocatoria tendría que ser mucho más compleja y detallada, pero la precariedad con que ésta fue enunciada puede ser útil como medio de contraste.

Sería simplista sugerir que un colombiano debe mirar al arte precolombino como simiente de identidad, en una época en que a una gran cantidad de ciudadanos locales les resultará más familiar el nombre Schwarzenegger, que Atahualpa o Cuauhtémoc. En América se han dado gigantescas epopeyas de hibridación, donde han tenido influencia culturas de casi todos los continentes del mundo en menor o mayor medida. Desafortunadamente, debido a simplificaciones que resultan en infravaloración, desconocimiento, confusión y finalmente menosprecio, la influencia de riquísimas prácticas y concepciones de mundo precolombinas, ha sucumbido frente a la influencia de parámetros europeos desde 1492 y estadounidenses a partir de comienzos del siglo pasado. No es lo mismo, pero el principio erróneo de estar lidiando con algo primario, está tanto detrás del mensaje que circula en la convocatoria citada al comienzo de este texto, como en la quema de bibliotecas indígenas por parte de Fray Diego de Landa, como en las construcciones españolas sobre los templos indígenas o como en los estereotípicos retratos contemporáneos de América Latina desde Hollywood (saludos al Señor y la Señora Smith…). Se piensa en algo menor, se habla de aquello como algo primario, sin conciencia de las dimensiones que abarca. Si las intenciones de la convocatoria son dirigir la mirada de creadores colombianos hacia uno de los componentes que han jugado un rol en la constitución de identidades locales (lo precolombino), articular relaciones entre Colombia y Francia y generar una comunicación e intercambio substancial, primero habría que revisar los supuestos desde donde se plantea la operación.

Andrés Matute

ii Propuesta plástica

La exhibición de las obras seleccionadas para la convocatoria en Bogotá tendrá lugar en la galería Alonso Garcés. En el primer piso de esta galería hay una tienda destinada a la venta de objetos y libros relacionados a arte. Esta tienda tiene tres vitrinas donde se exhiben joyas y enseres.

Mi propuesta plástica en respuesta a la convocatoria consiste en lo siguiente:

Montar el texto crítico anterior en una plataforma local de crítica de arte en Internet (canal equivalente al usado para la convocatoria). Montar la propuesta plástica en una plataforma local de crítica de arte en Internet, para ampliar el espectro de circulación del trabajo.

Imprimir el texto crítico anterior en vinilo recortable y disponerlo en las vitrinas de exhibición de la tienda en la galería Alonso Garcés. El área total del texto será equivalente a la suma del área de todos los caracteres y no será superior a las medidas límite de 1.5 m x 1.5 m. (Favor ver los bocetos)

Sustituir los objetos usuales de la vitrina por otros de la misma tienda, que tengan que ver con arte precolombino (tarjetas, libros, cerámica – la tienda los tiene). Estos objetos estarán a la venta a su precio regular, permitiendo que parte de la obra circule por fuera del lugar de exposición y llegue hasta la casa del público. Cada objeto podrá estar acompañado por un acetato tamaño doble carta con el texto crítico impreso, de modo que el comprador puede armar una pequeña pieza en una vitrina de su casa.

En caso de que esta obra sea seleccionada para la muestra, pero que la exposición tenga que montarse en otro espacio que no sea la galería Alonso Garcés, el montaje se hará en un lugar análogo a la tienda mencionada, donde quiera que la exposición suceda.

A.M.