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¿Cómo imaginar un salón de artistas?

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Anoche imaginé que todos éramos iguales, con los mismos derechos y oportunidades, anoche imagine un medio equilibrado, equitativo y justo donde existían espacios, reflexiones, publicaciones y circulación para cada uno; era un día donde las instituciones estatales, educativas, públicas o privadas se esforzaban por defender la diversidad de pensamiento y creación; anoche imagine un nuevo mundo donde todos podíamos estar y compartir, un mundo sin selecciones, clasificaciones, divisiones, ni rechazados.

Desde hace muchos años me ha rondado la pregunta de cómo se seleccionan las obras para un salón… más que los individuos; desde años atrás me he cuestionado quien toma la decisión de escoger a quienes nos representan en la Bienal de Venecia, la Documenta de Kassel, la Bienal de la Habana, la Bienal Mercosur o la Bienal de Sao Pablo, quien decide que obra entra a la colección del museo nacional o del banco de la república ; y para no ir más lejos cómo se seleccionan las producciones y/o pensamientos para los salones locales, regionales o nacionales, quienes determinan las normas y cómo se destinan los recursos públicos para la realización de dichos eventos y para que ciertas obras representen internacionalmente a un país diverso y policultural?

Muchas de estas respuestas se encuentran tras una cortina de humo, un mito o un halo de oscuridad que no permite que se vea claramente lo que sucede.

Pero fue hasta que imaginé un salón donde se reunían las creaciones más relevantes de los últimos dos años, un salón donde se analizaba que conceptos eran los que sobresalían en las investigaciones de teóricos y artistas en esos 730 días de pensamiento creativo sin que se repitieran obras o investigaciones vistas en anteriores salones, imagine un salón donde los curadores y artistas tenían los mismos honorarios, además de recursos para realizar el encuentro, un salón donde no se comisionan obras o arte por encargo, ni se destina dinero para producir nuevas piezas, pues como decía anteriormente allí se reunían las realizadas durante esos dos últimos años y no veíamos a esos artistas que solo producen obras para el salón y el resto del tiempo son invisibles.

También imaginé un medio transparente donde todo era publicado, analizado y votado, un evento donde las tarifas son estándares en todos las regionales, un salón donde se da a conocer los conceptos de las propuestas, el porqué de su realización y selección, un salón donde públicamente conocemos los proyectos que aplican, un salón donde los artistas son quienes deciden como se expone su obra, con que marco, en que espacio, con qué condiciones de iluminación, un salón que respeta los planos de montaje y las ideas originales de cada creador; anoche imaginé un salón donde los que exponían comparten sus ideas y procesos, un salón con visitas guiadas, charlas, seminarios y talleres realizados por organizadores pero sobre todo por participantes, un encuentro para encontrarnos, hablarnos, escucharnos y educarnos entre participantes y asistentes.

Imaginé un salón publicado durante décadas en la web del Ministerio de Cultura, donde podíamos ver y estudiar lo sucedido desde hace años y en los años venideros, una publicación donde investigadores locales e internacionales encontraban las propuestas de todos los regionales y por supuesto del salón nacional, una base de datos continua, alimentada por los textos de los artistas, teóricos así como por las imágenes de las obras presentadas y no solo por las fotos sociales de abrazos y risas.

La continua confusión, o difusión de límites entre curaduría, crítica y montaje a con llevado a cambios sustanciales en la forma de concebir, distribuir y presentar las investigaciones y obras de muchos artistas; igualmente el uso de espacios no convencionales que obligan no a instalar sino a acomodar propuestas donde sea y no donde se necesite, influyen en el buen funcionamiento de los salones.

Millones y millones de pesos han sido invertidos para pagar arriendos o acondicionamientos de espacios, miles de paneles, módulos, o materiales para oscurecer los lugares son utilizados y desechados posteriormente; más los millones de pesos destinados a los alquileres de video proyectores, monitores, computadores, así como el gasto en cableado, redes de internet, y circuitos eléctricos que ya abrían financiado la compra y acondicionamiento de espacios, e igualmente hubieran facilitado disponer de un sin número de equipos necesarios y básicos para el buen desarrollo y funcionamiento de nuestros salones.

Si el arte es tan fundamental para el desarrollo de una sociedad y de sus individuos por que no imaginar que las instituciones de cultura locales y nacionales se ponen de acuerdo para juntos poder financiar espacios que sirven para la educación, creación, muestra y difusión de las artes; o si muchos museos son financiados con dinero público por que no se realizan los salones en dichos espacios, si muchas universidades estatales cuentan con museos por que no se hacen allí y si varios espacios alternativos reciben dinero público por que no se les propone que a cambio se realicen parte de los salones allí. Igualmente, si un sin número de casas de cultura, galerías de la cámara de comercio y bibliotecas públicas que se financian con dineros dados por el estado o la empresa privada son utilizadas para muestras de arte ¿por que no hacen parte de la infraestructura para los salones?

También me pregunto qué espacio merecen dentro del salón regional y nacional las galerías, fundaciones, organizaciones culturales, colectivos de artistas, espacios alternativos, historiadores, críticos, editoriales, publicaciones, sitios web y demás entidades que durante meses trabajan incansablemente apoyando y difundiendo el arte y a los artistas así como fortaleciendo la cultura… por qué no son parte del salón?. Y aún más por qué las academias o facultades de arte no tienen espacios sagrados dentro del marco de los salones?

Más que criticar y destruir el trabajo realizado por el Ministerio de Cultura o por el de los curadores de los salones, debemos es plantearnos como un equipo, como un colectivo, como una comUNIDAD puede construir un modelo cambiante de salón que permita abrir las puertas a un arte destinado a una sociedad y no un arte encerrado en paredes blancas a las que solo accedemos los del medio artístico, o es que acaso solo nos interesa que dichos espacios sean visitados por un mínimo grupo, si desde muchos puntos de vista se dice de la importancia del arte en la evolución humana y social.

Muchas son las cosas que escuchamos en los corredores, en las salas de exposición, en talleres y casas de artistas o en las tiendas y bares donde frente a un trago y junto a nuestros amigos criticamos los salones pero poco o nada es lo que proponemos públicamente para el mejoramiento y la transformación de dichos espacios que directa e indirectamente afectan nuestras vidas.

Miles o más bien millones de artistas trabajan a diario en todas las zonas geográficas de nuestro país y muy pocos son los que se visibilizan, hablamos continuamente de una cultura de la democracia, de la importancia del arte para la construcción de paz y sociedad, pero seguimos construyendo y aceptando modelos de salones que restringen la participación por presupuesto, por intereses personales o por miedo a difundir otras maneras de pensar, de crear o de vivir.

De que nos sirve producir e invertir en salones regionales si son escasas las publicaciones que deberían perpetuar la memoria de lo realizado, que dejen al descubierto los intereses que tienen los creadores más que los intereses de uno o dos curadores, donde están los libros publicados durante los últimos años sobre lo que acontece en los regionales y en el nacional, donde pueden estudiar los nuevos y futuros organizadores sus regiones y lo que se produce en la nación, como es que se dan becas, apoyos, estímulos sin que anualmente se publiquen libros sobre cómo y en que se han invertido los dineros públicos y lo peor es cómo es que muchos de estos proyectos apoyados, reconocidos y premiados por el ministerio no hacen parte de los salones de cada región, ni del salón nacional.

Igualmente me cuestiono el uso de intermediarios para la realización de los salones donde dineros se quedan en el camino a manos de entidades administradoras, o de entidades que gestionan o cotizan equipos tecnológicos, o en manos de grupos de montaje, llegando más estos dineros a esas manos que a la de los propios creadores…

Desde hace algunos años venimos discutiendo sobre las tarifas de los artistas, se viene proponiendo que exista un porcentaje destinado a honorarios, sabemos que debemos reconocer el trabajo y la entrega de muchos y todos somos conscientes de las necesidades básicas que tiene cualquier ser humano. No es absurdo pensar que el estado destine unos recursos para todos aquellos artistas que exponen, para todos aquellos que organizan muestras, y para muchos espacios que invierten a diario tiempo y recursos. Podemos destinar los dineros de la estampilla de la cultura, necesitamos igualmente la ley de la cultura así como la ley del cine para que la empresa privada invierta a cambio de rebajas en sus impuestos, podemos esperar que las grandes universidades destinen recursos para apoyos, becas, premios y publicaciones en artes. Y cómo no destinar un porcentaje sustancial de los impuestos de la venta de arte en las ferias y espacios comerciales, ya que con estos recursos podríamos entregar a los artistas un dinero cada vez que exponen a nivel nacional e internacional y no esperar que hagamos todo por amor al arte y que vivamos dignamente como lo hacen otras profesiones.

Mucha es la responsabilidad que le depositamos al ministerio de cultura o a las instituciones distritales y locales de cultura, pero es hora de recapacitar y de darnos cuenta que nuestra indiferencia, así como las críticas destructivas han colaborado en perpetuar un sistema que nos absorbe, hemos llegado a un momento donde todos debemos proponer ideas en la construcción de esos modelos de salón que merecemos, nuestro silencio nos ha convertido en cómplices y en verdugos contra nosotros mismos.

Por último cabe anotar que muchas de las personas que dirigen las instituciones culturales no son creadores y debido a esa distancia entre la administración, la gestión, la producción y la política cultural es que muchos de los creadores y gestores culturales debemos aportar públicamente ideas a partir de nuestras experiencias para con ello colaborar con el cambio que necesitan las instituciones culturales públicas y privadas.

Una palabra, un comentario, unas líneas podrían contribuir, anímate y participa de esta discusión que entre autodidactas, estudiantes universitarios, profesores, instituciones y demás interesados puede dar luces para el cambio.

¿Cómo imaginar un salón de artistas?… ¿Sin artistas?… ¿Sin espectadores?… ¿Sin sociedad?

 

Fernando Pertuz

 

2.699 consultas

2 Opiniones sobre ¿Cómo imaginar un salón de artistas?

  1. Solange Pachón 2015/08/09 at 9:21 pm

    Buen artículo. Una muy buena asesoría y gratis para el Ministerio de Cultura. El problema está en la política pública y en los funcionarios que con su poca visión tienen a cargo la ejecución de la misma. Si los artistas no se juntan para exigir una transformación en la política las cosas siguen igual y es algo que no es tan complicado.

  2. Jorge Acero 2015/08/10 at 12:33 pm

    (copy-paste is beautiful) PRIMER SALÓN NACIONAL DE ARTISTAS
    Por Beatriz González *

    El presidente de la República Eduardo Santos y su ministro de Educación Jorge Eliécer Gaitán inauguraron el Primer Salón Anual de Artistas Colombianos el sábado 12 de octubre de 1940, el cual se encontraba exhibido en dos salas de la nueva Biblioteca Nacional. Ese mismo día se declaró oficialmente la Fiesta de la Juventud Colombiana.

    La exposición presentaba una selección de 73 artistas -entre ellos 16 mujeres-, con 155 obras en total, escogidos por el jurado de admisión. Este jurado estaba conformado por Rafael Maya, Luis Vidales, Rafael Duque Uribe, José Prat y Pierre Daguet. El jurado calificador lo integraron Enrique Restrepo, Jorge Obando Lombana, Roberto Suárez, Jorge Zalamea y Gustavo Santos. Se otorgaron dos premios, uno en pintura y otro en escultura por un monto de 1.500 pesos cada uno. Las demás distinciones eran medallas de oro, plata y bronce, además de una mención.

    Los artistas premiados fueron: en pintura, primer premio a Ignacio Gómez Jaramillo, y medallas de oro, plata y bronce, a Santiago Martínez Delgado, Sergio Trujillo Magnenat, José Rodríguez Acevedo, respectivamente. En escultura: el primer premio fue para Ramón Barba, y medallas de oro, plata y bronce, a José Domingo Rodríguez, Josefina Albarracín y Hena Rodríguez, respectivamente. Se otorgó una mención al joven pintor Enrique Grau Araújo por su obra La mulata cartagenera.

    En el discurso inaugural, Jorge Eliécer Gaitán planteaba que “la intervención del pueblo en ese episodio cultural no debe circunscribirse a la situación pasiva de mero espectador. Por el contrario: su función esencial debe ser la de juez de conciencia que tiene que decidir, en última instancia, si hay o no un arte propio.

    “Otro de los fines que se propone el Ministerio con la institución del Salón Anual de Artistas Colombianos es el crear en el artista una conciencia del valor de su obra, que además de estimularlo en la creación estética personal, lo habrá de capacitar para juzgar y estimar, con meridiana imparcialidad y sin prejuicio de escuela o de tendencia, el arte de los demás”.

    En el acta de los jurados del primer salón se propuso crear “una nueva voluntad cultural” que consistía en que los artistas abrigaran “una razonable confianza en el estímulo del gobierno” y que en el público se despertara “una curiosidad que sólo puede convertirse en entusiasmo”. Para esta “nueva situación cultural” representada en un evento competitivo, el país no estaba listo, ni existía una infraestructura para organizarlo. Sin embargo, el salón representó un rompimiento efectivo con el arte finisecular: la muerte del paisaje de la escuela de Barbizon -sólo dos paisajistas tradicionales se presentaron, José María Zamora y Eugenio Peña, cuyas obras no tuvieron ninguna resonancia- y del retrato académico. El salón representó, en esta primera etapa, un rompimiento efectivo con el centenarismo dentro del arte colombiano.

    Claro que ese Salón no fue en ningún momento revolucionario y eso lo reconocen los comentaristas de su época como Alberto Durán Laserna: “El conjunto general de las obras presentadas no indica nada nuevo, ni nada extraordinario, fuera de que casi todo lo conocíamos desde exposiciones anteriores. Rara vez sorprenden los consagrados. Apenas si asoman valores nuevos (…) Nada sorprendente. Nada revolucionario. Nada que se salga de las ‘buenas maneras’ en pintura (excepto los cuadros de Carlos Correa). Esta exposición tiene un estupendo tono menor”.

    El público acudió en masa a visitar el Salón. Más de 10.000 personas firmaron el libro de asistencia. La polémica no la originaron las tendencias o algunas obras en particular sino los premios. Y esa ha sido una de las constantes en la larga historia del Salón. Marta Traba llamaba “batallas” a sus críticas a los premios y entregas de los salones entre 1957 y 1969. Otra de las constantes ha sido el escándalo que causan ciertas obras, la mayoría de tipo religioso.

    Después de 64 años y 38 entregas, el Salón Anual de Artistas Colombianos ha sido considerado “el primer escenario del arte colombiano” desde la fecha de su fundación y el “termómetro infalible”, según la crítica de arte Marta Traba, en la década de 1960. Hasta el momento continúa siendo la referencia del estado de las artes colombianas.

    El Salón Anual de Artistas Colombianos ha sido el espacio adecuado en la lucha para la comprensión del arte moderno en el país. Ha sobrevivido a los embates de las ideologías reaccionarias. Al margen del sectarismo político, y ya en el terreno de la sociología del arte, el Salón fue una creación de un gobierno liberal. Se debe tener en cuenta que el primer intento oficial de crear un salón de artistas propiamente dicho tuvo lugar el 8 de agosto de 1931, durante el gobierno de Enrique Olaya Herrera.

    El Salón Anual de Artistas Colombianos ha sobrevivido en el terreno de las artes plásticas a las innovaciones de los no-objetualistas y a la desinstitucionalidad de los posmodernistas. Sin embargo, el Salón Nacional de Artistas, como se denomina actualmente, es otra cosa, en su estructura moderna. El gobierno propuso desde 1976 un proyecto descentralizador llamado Salones Regionales. Aunque su fluidez no ha sido la esperada, sólo 10 salones regionales en 27 años, ha mostrado su eficacia por medio del florecimiento de artistas y obras en las regiones más apartadas del país. De centralista se convirtió en regionalista.

    Los Salones Regionales son la materia prima del Salón Nacional de Artistas -la institución artística más persistente en la historia del arte del país-, y su importancia radica en los aportes al futuro de todo el país. Las regiones, después de la Constitución de 1991, han asimilado los mensajes del centro y han tomado ventaja hasta convertirse en centros de poder, y esto no sólo ha sucedido en el terreno político sino en las artes

    *Pintora

    https://www.youtube.com/watch?v=enozRHs5IIs