QUERIDA L, ANDABA ABURRIDO con el prospecto de escribir una columna adolorida sobre la catastrófica selección colombiana de fútbol, o casi igual de aburrido de tener que criticar a unos “Miembros del Consejo Académico” de la Universidad Distrital que este domingo en El Tiempo publicaron un anuncio inane y sin firma, es decir, medio encapuchado, en defensa de unos encapuchados, cuando de repente empezaron a soplar vientos de cursilería en el mundo de arte y eso me salvó.

De seguro viste en la letra menuda de la prensa de tu país que la semana pasada se robaron en Bogotá un grabado de Goya llamado “Tristes presentimientos de lo que ha de acontecer”. El grabado estaba mal custodiado en la Fundación Alzate Avendaño, lo habían subvalorado a la hora de asegurarlo y hasta puede que con este lío la directora de la Fundación, doña Ana María Alzate, termine por cosechar los frutos del desprestigio que cultiva hace rato.

Lo jocoso es que un profesor de la Universidad de los Andes llamado Lucas Ospina, pescando en río revuelto, se inventó un “Comando Arte Libre S-11” y optó por suplantar el comunicado con el que el M-19 anunció el robo de la espada de Bolívar en 1974. En su chiste Ospina pretende que con el robo el grabado de Goya “vuelve a la lucha”. Claro, todo viene en clave cursi, así que el enemigo en este caso no es el Estado colombiano sino, digamos, la diputación de Zaragoza. El crimen, pues, le sirve a nuestro profesor para librarse a una diversión “artística”, poniendo de paso en aprietos a sus serísimos anfitriones del portal Esfera Pública en el que difundió su pastiche.

De todos modos, no es del todo imposible que un día de estos algunos loquitos del fondo de la olla de grillos del así llamado “arte contemporáneo”, el mismo que por supuesto también distribuye montones de plata entre sus devotos y permite la venta de tiburones podridos por decenas de millones de dólares, tomen a pecho las vacuas invitaciones a la politización de los mandamases y decidan pasar de la simplicidad conceptual a la acción intrépida.

Lo digo porque el esquema del robo no es ajeno al espíritu de simulación que cunde de tiempo atrás en los salones posmodernos. No hace mucho un deschavetado por allá en Centroamérica dejó morir de hambre a un perro en una galería dizque para protestar por el maltrato a los animales. Como quien dice, te pego un tiro porque estoy en contra de la pena de muerte.

Supongo que estás enterada de que el M-19, al que invoca Ospina en su chiste, se enterró a sí mismo el 6 de noviembre de 1985 cuando asaltó el Palacio de Justicia en plena Plaza de Bolívar de Bogotá lo que, sumado a la estupidez del Ejército de entonces, terminó con un holocausto del cual la justicia colombiana sigue sin reponerse. Nada de eso es un chiste. ¿Lo sabrá Lucas Ospina?

De cualquier modo, el lío del grabado de Goya tiene sus bemoles. Como bien sabes, en la época de Goya no se destruían las planchas de los grabados, de modo que es incierta la cantidad de copias de cada uno que puede haber en el mundo. Con el tiempo y el abuso, las planchas se deterioraban, pero bien pudieron salir más de mil copias de cada grabado antes de que nada de eso se notara. Por eso, en el siglo XX se instituyó la práctica de destruir las planchas.

Cuando por fin se sepa quién se robó el grabado, te cuento, y aunque supongo que a la Policía no le va a hacer mucha gracia la falsa pista, convengamos en que Ospina no es culpable de nada, como no sea de un cierto mal gusto. Te envió un abrazo.

Andrés Hoyos

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