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Campos de Memoria

Campos de memoria 1

La muestra Campos de Memoria realizada en Berlín por el Curador Oscar Ardila, ganador de la Beca de Circulación Internacional para artistas bogotanos que brinda la Fundación Gilberto Alzate Avendaño, es todo un recorrido por diversas problemáticas sociales que afronta Colombia y el mundo.

El arte y el pensamiento unidos en la necesidad de contar las historias que se suceden en nuestro territorio y que afectan los modos de pensar, vivir y producir. Un arte de realidades, memorias y reflexiones humanas que puede permitir un pacto entre la sociedad civil y las instituciones estatales.

Los retratos son diversos, así como sus paisajes y realidades, que son contadas por seres humanos, quienes narran sus historias como testigos verdaderos de lo que pasa. El baño de guerrilleros de Wilson Díaz, las video confesiones de personas en las calles de Mapa Teatro, las estatuas intervenidas por Miller Lagos, las manifestaciones contra la desaparición o la libertad de expresión de Pertuz, los discursos en las calles de Jaime Iregui, las clases de puñal por un experto de Edwin Sánchez, Wilson Díaz hablando del asesinato de su hermana por María Linares, las huellas en el agua de un río por Felipe Arturo, las arengas narradas de Carlos Motta, las madres que buscan a sus familiares de Gabriel Posada, la gigantesca refinería en Barrancabermeja de Elkin Calderón y los sembrados o el aviso… ¨La Tierra No está en Venta¨ de María Buenaventura son miradas de una situación que no podemos callar.

Todas las voces unidas son una sola marcha por la vida, si no existieran los nombres de los artistas podríamos decir que vienen desde una sola voz… La Voz del Pueblo; a quienes ellos han decidido darle la palabra, el medio y la pared para expresar desde sus entrañas las injusticias en las que crecemos, y el mundo que merecemos. Cada una de las historias da cuenta de una región, de un tiempo y de sucesos que marcan muchas vidas.

El artista no puede ser ajeno a los acontecimientos que ve a diario, y como en anteriores ocasiones ha tenido que utilizar las herramientas plásticas para concientizar a otros, y esperar que las generaciones venideras no repitan lo que dejamos hacer.

Campos de Memoria es un espacio  silencioso que permite interiorizarnos en los diversos rostros que tiene un país en medio de conflictos financiados por los intereses de grandes empresas que exprimen nuestra tierra y por consiguiente nuestras vidas. Los problemas con la tierra y el poder económico están conectados con los desplazamientos masivos, las masacres, y los tratos degradantes a la población civil.

No podemos dejar a tras la historia que guarda Alemania y sus paralelos con acontecimientos sucedidos en Colombia, es imposible no sentir el dolor que aún llevan muchos de los moradores de las ciudades o pueblos, pues sus heridas se ven cuando tocamos algunos temas que el tiempo no ha sanado. El uso de la fuerza, el comercio de armas, la desestabilización interna y las luchas entre nosotros mismos recuerdan el dicho ¨Divide y Vencerás¨, con llevando a factores de distracción, que ayudaron, y ayudan a la industrialización. El pueblo en general ha estado en medio de dos bandos… las fuerzas del estado… y muchas otras…; el pueblo ha pagado con millones de víctimas la avaricia de unos pocos… Somos esclavos de nosotros mismos y de un sistema que succiona nuestra sangre.

Los campos de concentración se repiten tras el alambre de púas o las cadenas de nuestros secuestrados; la radio y la televisión siguen siendo usadas para domesticar al pueblo; el control de suministros es regulado para controlar la vida; los seres humanos son explotados en sus trabajos que no son dignos; y la seguridad social se tiene que exigir o pagar, porque no es un derecho… así que no estamos lejos de ser del primer mundo, si es que existe eso en realidad.

El curador Oscar Ardila ha reunido en Campos de Memoria una serie de trabajos que están relacionados por intervenir el espacio público, reflexionando sobre problemáticas sociales y políticas. La muestra permite pensar sobre los papeles que debe tomar el arte en medio de un conflicto; nos cuestiona sobre el espacio público y las relaciones del arte con la realidad.

El uso de la palabra está presente en casi todas las piezas conformando una marcha por la vida, una reflexión sobre las diversas formas de manifestarse ya que la protesta es la resistencia a la opresión, la ejerce el pueblo, por derecho natural, porque nacimos, somos y seremos libres. La marcha, el grito, el puño levantado, la pancarta, el grafiti, el volante, el pendón, la camiseta, son símbolos, señales de emergencia y herramientas que utiliza la comunidad para expresar sus inconformidades, visibilizar la violación a sus derechos; y defenderlos de las acciones perjudiciales a la sociedad por otro camino que no sea violento.

Expresarnos es la libertad que tenemos de pensar y dar nuestra posición sin causar perjuicio, es el ejercicio de los derechos naturales, de los derechos fundamentales, de los derechos del hombre, de los derechos de la mujer, de los derechos del niño, de los derechos LGBT, de los derechos humanos, de tus derechos y de mis derechos.

Marchas de conquista, marchas de independencia, marchas por la libertad han sido, son y serán conformadas por miles de seres en un sentimiento y pensamiento, por el bienestar de toda la comunidad. Manifestaciones y Acciones no violentas se toman el espacio público moldeando el pensamiento social y político, que en medio de la diversidad reúne un gran número de personas que claman por una vida digna para todos.

Los últimos años se han visto marcados por las diversas protestas nacionales e internacionales en contra del secuestro, la guerra, rechazando el paramilitarismo, denunciando los crímenes de estado, defendiendo los derechos sexuales de la comunidad LGBT, exigiendo salarios dignos, implorando por un intercambio humanitario, solicitando justicia por los falsos positivos, pidiendo por los derechos de los animales, requiriendo la protección del medio ambiente, señalando las masacres, la deforestación, la contaminación y en general protegiendo la vida de todos los seres que habitamos este ecosistema.

La protesta reúne diversos manifiestos individuales y colectivos que dan cuenta de la situación social, política y cultural, siendo parte esencial de la memoria colectiva y la lucha por la libertad.

Gritos de independencia, gritos de libertad, gritos de auxilio, de emergencia se unen a la pancarta, al volante, al grafiti, al impreso, a los escritos a mano, a las pinturas espontáneas o a las representaciones y performances que se ejecutan en calles y plazas públicas por la preservación de la vida, el agua, la seguridad, la estabilidad económica, la alimentación,  la educación, el trabajo, la privacidad, la presunción a la inocencia, la libertad de opinión, de reunión y asociación pacífica; unidas a muchas otras necesidades de los miembros de un país y un planeta.

Campos de Memoria abre preguntas y afirmaciones que narran los acontecimientos que construyen historia y compromiso. No importa el lugar, la manifestación es a diario, en cada plaza, donde estés, en tu casa, en tus pensamientos, en la esquina, en el colegio, en la universidad, en la ciudad, en la selva, en los nevados, en los ríos, pero sobre todo debe ser en la conciencia y en el interior…

El conflicto armado en Colombia lleva muchas décadas y se agudiza en el momento que los grupos al margen de la ley, las fuerzas del estado, las mafias, los partidos políticos y las multinacionales invierten en un enfrentamiento por los recursos desde hace miles de años, dejando a la población civil en medio de una guerra que es contra la sociedad.

Nuestra memoria colectiva está llena de recuerdos dolorosos de un conflicto económico, social y político que a diario persigue, secuestra, desaparece, descuartiza, viola, y asesina a  personas que no quieren esta guerra. Una guerra irregular que solo busca el control de la tierra y de las personas por medio de métodos violentos que siembran miedo y desconfianza.

Las profundas relaciones entre todos los actores armados demuestran que los intereses económicos prevalecen sobre la justicia y verdad superando los intereses de la población civil.

La sociedad es la víctima, pero también es la cómplice por su silencio e indiferencia. Tristemente las familias, los colegios, las universidades, los sindicatos, las religiones,  entre otros, mantuvieron y mantienen una actitud pasiva ante los hechos violentos que terminan señalándonos a todos como culpables o infiltrados.

El duelo y entierro colectivo solo se puede dar a partir del esclarecimiento de la verdad, lo  que significa trabajar con la memoria de una sociedad que no puede, pero sobre todo no debe olvidar, ya que es un compromiso ético que todos tenemos con las generaciones venideras.

Construir esta memoria significa poner sobre la mesa las diferencias, afrontar las responsabilidades ante las víctimas y aceptar los delitos cometidos, un proceso de sanación donde intentamos reparar a toda la comunidad.

El arte como otras profesiones tienen la responsabilidad de señalar la injusticia, la violación de los derechos humanos, el desempleo, el abuso, el racismo, las masacres, los desastres de la guerra, la toma de poblaciones o la lucha por las libertades sexuales; pero sobre todo tienen la posibilidad de moldear una sociedad que necesita una transformación inmediata.

La memoria organiza, conecta, concientiza y reacciona a diversos estímulos que archiva; por tanto la memoria es la encargada de escribir la historia y exigir justicia en un proceso de participación colectiva e interactiva.

La situación afecta a todas las razas, a todos los estratos, a todas las creencias, y a todas las regiones del planeta, por ello cada individuo debe ser participe activo en cada acto cotidiano que realice.

Cuando tenemos memoria, tenemos conciencia colectiva y responsabilidad social bases para estimular una crítica social que permite construir un mundo mejor.

 

Fernando Pertuz

 

 

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