Esferapública: ¿Cómo percibe el caso de las Barbies en el MamBo nueve años después?, ¿Cómo se dio esa muestra y qué aprendizaje queda del proceso?, ¿Cómo lo relaciona con otros museos y lo que sucede actualmente en ese campo?

Carlos Salazar: Lo veo como la culminación de las luchas por el monopolio de la cultura en la que el nuevo Partido Príncipe de las Artes Sociales, como yo lo llamo en términos de Gramsci, comenzó en los 90 desplazando  a gestores con visiones ampliamente democráticas – hasta ese momento al menos – en cuanto a Contenidos Simbólicos, como Carolina Ponce de León y José Hernán Aguilar. Pero más allá de eso, más allá de lo infraestructural que es el terreno donde éste Partido Príncipe procura por todos los medios posicionar el debate – la cesión de un espacio museístico a Mattel y su gestión administrativa – lo veo, y en éste punto acudo a Althusser, como una estrategia de lucha por el control ideológico de un lugar específico. No hay exposiciones. Hay lugares ideológicos y parte de la naturaleza conservadora del “arte contemporáneo,” “político” etc. es evitar a toda costa involucrar la ideología como instrumento de análisis del arte.

Éste debate, temiendo ser examinado a la luz  de cómo se construye, disemina y conserva la ideología dominante – que aquí adopta lineamientos populistas, decoloniales y anti-modernos de identidad, memoria, país, nacionalismo y folklore – insiste nueve años después en ser visto en términos de gestión administrativa. Pero es básicamente un ejemplo, repito, de la dinámica de cómo los Aparatos Ideológicos  intentan  mediante anticuerpos discursivos, neutralizar un agente novedoso que amenaza la estabilidad del Sistema. En éste caso específico: Barbie.

En ese momento, 2003,  estaban frente a la fortaleza del Museo de Arte Moderno – fortaleza que 9 años después no se han podido tomar por cierto, afortunadamente – tratando de regular sus Contenidos Simbólicos y encerrarlo en lo que William López llama “límites conceptuales.”  El pretexto era  ejercer una “crítica” frente a la corporativización de la institución Museo a través de Mattel y al hecho de que el departamento comercial – vaya plebeyez – hubiera montado la exposición. Y tenían ni más ni menos que a la curadora, Ana María Lozano, como quinta columna.

El tiempo y la reciente historia museística a nivel global, han demostrado que la “critica” a la financiación es selectiva. Depende de si el contenido simbólico es ideológicamente útil o no. Nada más miremos el artículo de López sobre las Barbies y veremos que no se trata de quien financia o cura una exposición sino de si la empresa en cuestión financia lo que al poder le interesa en términos de difusión de la ideología. Una dictadura que siempre está imponiendo sus contenidos verticales con el pretexto de “un cambio” y que alega representar el sentir cultural popular. Siempre me ha parecido gracioso cómo el manejo de la cultura desde el posmodernismo es una nueva versión eufemizada de los manejos de la cultura en la Alemania de los años 30. La cultura nacionalista alemana en esa época también fue una cultura de “límites conceptuales.” Como en todos los regímenes totalitarios. Tema, contenidos simbólicos, política museal. Lo que en ese entonces se llamó Arte Degenerado hoy se llama Arte sin Responsabilidad Social.

Vauban. Un diagrama para las estrategias de sitio ideológico

Si Unilever en lugar de Mattel hubiera arrendado el espacio para mostrar material con un contenido simbólico relacionado no con o bello sino con lo sublime traumático, con el arte político que hoy en día es el entretenimiento preferido de la plutocracia europea y americana y la oligarquía rusa, ésta discusión no existiría. Por qué? Muy simple. Porque el monopolio de mercado del arte de lo sublime no se hubiera visto desafiado sino estimulado.

Mercado e ideología son las dos cabezas de un mismo cuerpo y el debate se reduce, detrás de toda la elocuencia administrativa y la jerga de gestión, a una situación en la que el intermediario ideológico – que paradoja- está arrendándole su poder retórico a un mercado que lo necesita para avalar filosóficamente sus ventas de “arte colombiano responsable” dentro y fuera de Colombia. Barbie contra Daros. El MamBo le arrienda su espacio físico a Mattel y el curador, el teórico y el educador le arriendan el espacio de su mente y su verbo al mercado del arte con Responsabilidad Social Corporativa que han decidido denominar unilateralmente “Arte Contemporáneo.” A Unilever, al Deutsche Bank o a la infinidad de arrendatarios museísticos que obviamente llaman, eufemísticamente “sponsors.”

Las ideas positivas o negativas – en el arte, en la política, en la educación- no las dicta la conciencia. Las dictan las Relaciones de Producción. El debate Barbie no es por supuesto la excepción. La campaña Barbie es la campaña populista de destrucción de una “idea negativa” a través de la semántica de “necesidad humanitaria” decolonial diseñada desde la academia filantrópica anglosajona. “Hay que devolver los museos del tercer mundo al pueblo para que recupere su memoria pre-moderna,” encerrarlo en su atraso beatificado  y permitir que primer mundo siga teniendo para sí el monopolio de lo bello, de lo lúdico, del placer y del goce: de lo moderno. Para el tercer mundo el dolor, el conflicto, la endogamia étnica y la premodernidad agrícola del folklore y la identidad.

El punto es que lograron, por decirlo de alguna manera  llevar a cabo – siempre Gramsci – la primera fase. La fase de Sitio. Haber llevado el MamBo a la situación actual es parte de una estrategia de extenuación logística. Hacerlo una ruina para criticarlo por ser una ruina – y ese si sería el debate – y tener un pretexto para tomar su control.

El suceso Barbie es una especie de 11 de septiembre del 2001 en el arte colombiano reciente. Un suceso coyuntural  que se toma como punto de partida para dar inicio a una total permisividad del poder en el ajuste arbitrario y definitivo de las políticas de invasión material del espacio museal y  del control ideológico (límites conceptuales) del arte colombiano. ¿Y cómo se expresa y se hace propaganda? Utilizando una jerga democrática de liberación en nombre de la lucha contra el terrorismo estético: todo lo que no es “arte político” desde entonces es terrorismo. Lo bello en sí y sin intención socializante es el nuevo talibanismo.

Barbies? Nunca más. Ni ahí, ni en ninguna parte. Ese es el precedente que quedó. Creo que en 2003  murió la poca libertad de expresión y democracia temática que quedaba en el Arte Colombiano y que entonces ya era bien precaria. El ciclo que se había iniciado en los 90 con la desaparición de Carolina Ponce y Aguilar del medio, se cerraba. El debate no fue un debate. Fue una arenga de guerra santa en nombre del control de la cultura. Fue una forma de disuasión basada en el “bullying” curatorial y teórico – que aún domina las dinámicas de control ideológico – sobre quien se atreviera a salirse de los “límites conceptuales” del Partido Príncipe de las Artes que ya dominaba, y aún lo hace, toda la infraestructura museística salvo el MamBo. Hoy dominan todo el mercado, la institucionalidad burocrática y desde luego toda la academia.

¿Quién se ha atrevido a hacer otra exposición parecida desde entonces? Nadie. El terror a otro debate parecido paralizó el medio y convirtió a Colombia en lo que es hoy. El país más radical e intransigente del mundo en el control de los contenidos temáticos del arte por parte del aparato ideológico. Colombia es hoy en día una especie de Turmekistán de las artes plásticas donde todo el mundo lee los contenidos de un solo libro de cocina artística para producir arte.

Mercado e Ideología. Infraestructura y Superestructura que llamaría Marx. El bloqueo al Museo de Arte Moderno y a las Barbies sentó a mi manera de ver un precedente policial-curatorial en cuanto al control posterior de los Contenidos Simbólicos o “límites conceptuales” – que eufemismo más inelegante para llamar a la dictadura conceptual – en Colombia. La exposición de las Barbies marcó no solo el fin de la democracia en términos de Contenidos Simbólicos sino lo que es peor, inauguró la revisión de la Historia del Arte Colombiano. Una especie de “guerra étnica” de los Aparatos Ideológicos contra los  “Contenidos Simbólicos inconvenientes”  del pasado. Una revisión que ahora padecemos y que es tan peligrosa en términos no solo históricos sino incluso de la vida física, material, de conservación de las obras que retrospectivamente no entran dentro de “los límites conceptuales” requeridos. Las obras de la modernidad.  No solamente es que la modernidad colombiana desaparezca de los libros y los museos. Es que las obras desaparezcan físicamente.

El Museo Tomado, Unase al Equipo, 2003.

Lo positivo – siendo ésta la razón del tono de amargura y la obsesión por no soltar la presa que domina el debate – es que los agentes ideológicos no han logrado completar la fase de aniquilación y control total. Siguiendo con Gramsci, la segunda fase. El MamBo es actualmente la única república-museo independiente que no tiene una postura de limpieza étnica frente a la modernidad y que  le da a todo tipo de contenidos la misma importancia y las mismas oportunidades. Es la aldea-museo de Astérix que no han podido tomarse estos romanos del Estado y la burocracia. Todos los demás museos están en manos del Partido Príncipe: el Museo de la Universidad Nacional, el Museo de Arte del Banco de la República, la Alzate, el Museo Nacional, nombre el que quiera en Bogotá o fuera. Controlan el Premio Nacional de Crítica, el premio Luis Caballero, el Salón Nacional, el tránsito de los curadores que llegan al país y el mercado de exportación. El acceso a las Bienales y a las colecciones. Controlan la Universidad y sus programas académicos. Controlan el ICDT y el Ministerio de Cultura. Y el MamBo ahí.

Como parte de esa estrategia, yo veo la resurrección del debate por Esfera no solo como memorabilia sino como pretexto para intentar otra carga contra la aldeíta gala moderna y rebelde. La idea estratégica es, sospecho, que el Distrito se apodere del museo para quemar la aldea  y fundar encima un espacio encerrado dentro de unos “límites conceptuales” en cerca de alambre gobernado por alguno de los Príncipes de la Memoria. La idea es completar la segunda fase. Se estancaron en la primera fase y se quedaron a vivir en las trincheras embarradas de la opinión pública por 9 años. Esa es la situación del debate hoy en términos de estrategia de poder.

Vauban. El trabajo en grupo de los intermediarios en el sitio ideológico.

Finalmente, el “Barbicidio,” el “nunca más,” marcó el comienzo del opresivo monotematismo artístico y el cliché “político” por el que somos conocidos en todo el mundo. Artes plásticas, cine, literatura, teatro. Es en ese opresivo monotematismo que vivimos aún y que les da tantos dividendos, pero del que tenemos que – basados en señales como la recepción de Barbie en el LACMA – salir cómo sea. Una democratización de los contenidos simbólicos y la abolición de la teoría perversa de los “límites conceptuales”  y la “mediación artística” son imprescindibles en los Museos. Una buena señal sería volver a traer esa exposición o ese tipo de exposiciones sin “límites simbólicos”  para, de paso, calibrar los niveles de tolerancia de quienes tienen en sus manos el monopolio museológico, ideológico, educativo, administrativo y de mercado.

En Colombia hay gente joven con un gran talento que quiere y merece brillar y no todos aceptan de buena gana ser vestidos con el uniforme reglamentario del Partido. A medida que pasa el tiempo creo que hay que, tarde o temprano, terminar con la figura del intermediario ideológico. En la raíz de cada conflicto maniqueo en el arte contemporáneo siempre hay un intermediario ideológico – Barbie para la muestra – y el arte a nivel global no va a ser verdaderamente incluyente en la medida que siga existiendo ésta figura nociva, reaccionaria y parásita armando cortos circuitos donde no tendría que haberlos. Un museo debe acogerlo todo. La expresión  ‎”un museo sin curaduría es una expresión de la contemporaneidad” es hasta cierto punto la afirmación de que un intermediario ideológico entre el museo y el público no es natural  dentro de un espacio típicamente democrático como es el museo desde sus orígenes.

Un cuadro de Grosz contra el nazismo y una Barbie conviven en el Los Angeles County Museum of Art. Los dos son parte de la historia de la civilización y la cultura. Están hechos para diferentes momentos del ser humano. El ser humano maneja emociones e ideas diferentes y opuestas todo el tiempo y en esa medida necesita momentos artísticos diferentes para colmar esos momentos.  Pero no. El intermediario ideológico, e incluso intermediarios de menor monta, es el que dicta hoy en día lo que el espectador debe sentir o pensar a partir de una formación intelectual y política por lo general deplorable cuyo vacío trata de llenar con dosis inconmensurables de populismo. El intermediario ideológico se robó el arte para servírselo masticado al poder “corporativamente responsable” y mientras el arte no vuelva a sus dueños originales, los artistas, la guerra por los símbolos no estará en manos de quienes debe estar. La historia del arte es la historia de la guerra por los símbolos y las grandes revoluciones y luchas en el arte nunca necesitaron de un intermediario. Alguien sobra aquí de cara al futuro. Ese es el intermediario ideológico. No la Barbie.

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El Museo Tomado http://esferapublica.org/nfblog/?p=24459

Gramsci Y El Estado Mayor Intelectual  http://esferapublica.org/nfblog/?p=9053

El problema no era la Barbie.  http://esferapublica.org/nfblog/?p=24319&cpage=1#comment-33105