Apología del voto nulo

Un fantasma recorre a Colombia: el fantasma del voto nulo. A pocos días de las Elecciones para el Senado de la República, la masa está comprometida en un pacto silente: “Como están las cosas, el voto nulo es la única opción auténticamente libre, crítica y alternativa que nos deja el sistema electoral. Hay quienes pensamos que las elecciones políticas se utilizan mayormente como mecanismo de dominación: su función es exclusivamente legitimadora del sistema”
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La vida social del arte

Las inauguraciones de arte son evento rey en la parroquia cultural y su despliegue en las páginas “sociales” son un acontecimiento periodístico obligado. Otros eventos gregarios como el cine, los conciertos, el teatro, las conferencias y premiaciones no son aptos para la libre conversación y divagación. En las inauguraciones de arte, en cambio, la charla es el espectáculo: precede, acontece y sucede al evento, ignora el arte y sigue hablando; pero, por cortesía (acaso pudor), asume una actitud disimulada con mucho de cháchara, algo de arte, un par de comentarios, opiniones pertinentes sobre lo expuesto… expuesto a la indiferencia, porque las obras no sabrán nunca que nos fuimos, o que no estuvimos ahí realmente.
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Terapia: los diez más poderosos del arte nacional (Cuarta sesión: gestión, publicación y cura definitiva)

Jaime Cerón llegó al Top diez de sexto. Y llegó como gestor cultural aunque es curador, docente y crítico. Para constelar a Cerón —restarle lo personal al rol y personificarlo como actor y gestor cultural junto a otros en el casting del poder—, podríamos maridarlo con Jorge Jaramillo, en la Gerencia de Artes Plásticas y Visuales de la Fundación Gilberto Alzate Avendaño.
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Terapia: Los diez más poderosos del arte nacional (Tercera sesión: curaduría y crítica)

Y luego de la curaduría viene la crítica. El lector querrá, entonces, luego de más de cinco partes, dos entregas, 5151 palabras, 24879 caracteres sin espacio y 29879 con espacio, 44 párrafos y 336 líneas, entrar en materia, que el escritor nos explique él mismo qué hace aquí, como se metió en esta camisa de once varas, o cómo el top de La Silla Vacía fue el que se metió, pero hay que ser breve y seguir extendiéndose en introducciones sería gastar inútilmente el día y la noche y el tiempo. Así pues, como quiera que la brevedad es el alma del talento, y que nada hay más enfadoso que los rodeos, circunloquios y perífrasis, procedo y, sin ambages, pregunto: ¿por qué debería estar Ospina en esta lista?
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Terapia: Los diez más poderosos del arte nacional (Segunda sesión)

¿Qué pasó con la preponderancia de la Galería El Museo que en los años noventa tenía una edificio de cinco pisos en la Zona Rosa y el apoyo tácito de un poderoso mecenas? ¿Qué pasa con la Galería La Cometa que cuenta con una amplia sede propia y que, junto a El Museo, tienen un variado y valioso surtido en bodega? ¿Que le pasó al espacio de la Alonso Garcés Galería, con su espléndida escalera, su gran sala de techo alto, donde expusieron los más importantes artistas de los ochentas y noventas, y que llegó a representar a Doris Salcedo? ¿Qué pasa con Valenzuela y Klenner, una de las empresas precursoras y con más experiencia en esto del “arte contemporáneo”? ¿Por qué nadie se peleó por representar a los artistas que quedaron sueltos a raíz del cierre de Galería Al Cuadrado? ¿Qué pasó con la nómina inicial de ocho artistas a la que le apostó la Galería Nueveochenta en su fundación y que luego fueron saliendo uno a uno de este espacio?
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Disparen sobre el crítico

Un actor sobreactuado que por años sufrió las saetas de la crítica, impostó su suicidio y regresó al escenario del mundo con un plan impío: matar a sus críticos emulando algunos asesinatos de las obras de Shakespeare. A un crítico lo mató a puñaladas (Julio Cesar); a otro lo arrastró con un caballo (Troilo y Crésida); a otro le sacó el corazón (El Mercader de Venecia); a otro lo ahogó en vino (Ricardo III); a otro lo decapitó (Cimbelino); a otro lo indigestó haciéndolo comer sus french poodles (Titus Andronicus)…
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Sobre la pureza del artista

El Magazine Americas publicó en 2006 un artículo de Tymothy Pratt sobre Simón Vélez que incluye una historia que le gusta contar a este arquitecto sobre uno de sus primeros clientes, el narcotraficante Jorge Luis Ochoa. Mientras el criminal purgaba una breve pena en España, en Colombia un asistente suyo vio un establo construido en guadua por Vélez y le encargó una casa en ese mismo material para descrestar a su jefe.
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MAMBo, el elefante sin cabeza

Hace más de dos años el Museo de Arte Moderno de Bogotá convive con un elefante blanco que se posó sobre la avenida 26. Una bóveda maciza sobresale varios metros por encima del andén, una monumental chambonada de la corruptela de contratistas que se parrandearon los recursos destinados para hacer una excavación más profunda y dejaron un colosal desnivel con el que nadie sabe qué hacer. La mole abandonada de vigas, cemento y varilla amenaza con hundir al edificio que le diseñó Salmona al arte…
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El día que el arte desnudó a Jorge Bergoglio

Al final del año 2004, en Buenos Aires, Francisco, el nuevo sumo pontífice argentino propició un performance artístico de antología durante la retrospectiva del artista León Ferrari. Arzobispo en ese entonces, el cardenal Jorge Bergoglio calificó la obra de Ferrari como “una blasfemia que avergüenza a nuestra ciudad”, una “burla contra las personas de nuestro Señor Jesucristo y de la Santísima Virgen María”, exhortó a que se hiciera “un acto de reparación y petición de perdón el próximo 7 de diciembre” y generó una guerra de opinión entre el fundamentalismo católico y el activismo laico. En medio de “51 insultos a Jesucristo, 24 a la Virgen María, 27 a los ángeles y santos, 3 directamente a Dios Padre y 7 al Papa”, como los inventarió un presbitero, el epicentro de la polémica era el ícono de un avión de guerra colgado que servía de soporte a un Cristo crucificado. La obra se titulaba La civilización occidental y cristiana, una escultura de plástico, óleo y yeso, hecha por Ferrari en 1966 para una exposición donde los organizadores la excluyeron optando por la vía purgativa de la autocensura…
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MAMBo: Gloria Zea se mira al espejo

Gloria Zea, la directora vitalicia del MAMBo, le ha dirigido una carta a la “Apreciada Comunidad Artística de Bogotá”. Quiere que los artistas se unan con ella en la petición para la demolición del mamotreto de concreto erigido sobre de la avenida 26 a la altura de la carrera séptima. Casi tres años han pasado desde que este monstruo apareció pero solo hasta hoy ella decide hacer la vocería de una causa en la que llevan años trabajando unos cuantos ciudadanos vecinos del Parque de la Independencia. Fueron ellos (sin su vocería reciente) quienes, por medio de una acción popular, consiguieron frenar esa obra, ese homenaje al Cartel de la Contratación que erigió la administración del Alcalde Samuel Moreno. Dice Zea en su llamado: “Esta comunicación los invita, sí están de acuerdo, para que firmemos y se lleve a cabo el derrumbe de la estructura de concreto del nuevo puente del Bicentenario que constituye una afrenta, un despropósito urbano y una obstrucción entre los habitantes y el paisaje del lugar.”
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Arte político, politizado y politiquero

Los artistas politizados criollos son catadores de tragedias, con sapiencia informativa y locuacidad verbal pretenden denunciar y subvertir todo lo que está mal —por estos días está de moda hacer obras contra la minería—, pero ese mismo esfuerzo va en morderse la lengua y así evitar que sus críticas se extiendan a la escena del arte de la que participan; críticos implacables con el mundo son dóciles con el mundillo del arte…
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El “kienyke” del arte contemporáneo colombiano (TBA21 Curatorial Tour)

El 23 de enero el periódico El Tiempo anticipó la llegada de unos ilustres visitantes al país con el siguiente titular “Curadores ingleses y austriacos, tras el arte colombiano”, y subtituló la noticia así: “El viernes llegan al país unos 40 especialistas en artes plásticas, que buscarán obras en Bogotá, Cartagena y Cali…” A continuación se ofrece este material en exclusiva para Esfera Pública, editado en traducción de Google al español. Se trata de un recorrido intenso, detallado y extenuante por tres ciudades de Colombia, una faena que le permitirá a todo diletante cultural ver una radiografía exacta del “kienyke” del arte contemporáneo colombiano…
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La franquicia del “arte colombiano”

Hoy en día parece que la economía, el arte y el mercado del arte en Colombia son boyantes, y no hay semana en la que algún “héroe informativo” criollo no haga señas de que un buque cargado de éxitos, tan grande como el Titanic, está a punto de llegar a estos alegres trópicos. Hace unos días, Juanita Madriñan, representante para Colombia de la casa Christie’s, comunicó al país los resultados de la “última subasta de Arte Latinoamericano en NY”…
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El performance involuntario de Doris Salcedo

Pero la silla (obra de Doris Salcedo) no estaba sola. Tenía compañía. Y ahí entraba la teatralidad del performance: un guarda uniformado la cuidaba, no le quitaba el ojo a todo el que se acercara a la obra. El personaje sostenía en sus manos, bajo el letrero de “Seguridad Privada” de la espalda, una suerte de bolillo, su arma. El hombre, aunque amable, vigilaba la silla con celo incorruptible. ¿Qué rol juega el guardia?¿Estará ahí para impedir que un artista vándalo con el síndrome de Herostrato ataque la obra de la célebre artista para dar a conocer su infame nombre por el mundo entero? ¿O su función sería evitar que alguien se confunda y “use” de verdad el mueble? ¿Será el personaje un shoer, el nombre que se da en hebreo al guardián kafkiano que cuida las puertas? ¿O será una crítica de Salcedo a las compañías aseguradoras locales que solo dejan que una pieza de una artista muy famosa se exhiba bajo la custodia de un hombre armado? En fin. Se oyen interpretaciones. El performance de la pieza de Salcedo es una obra abierta…
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El arte de editar libros de arte (de Nueva Imagen a Transpolítico)

Una nueva bonanza económica jala el mundo del arte, y aunque al nuevo libro no lo patrocina un galerista sino un gran banco a través de su filial cultural, la rockeféllica JP Morgan Chase Art Collection, no deja de ser un catálogo promocional de artistas. A tono con el buen gusto corporativo, inspirado en una estética tipo “Apple”, el diseño es parco, blanco y conservador. Pero la portada transpolítica es poco neutra, privilegia la obra-firma de uno solo de los cuarenta y siete artistas seleccionados; un hábil gesto que recuerda a las casas de subasta cuando ilustran la tapa de sus folletos con la pieza que quieren poner a madurar, como se maduran los aguacates, a punta de papel, en este caso de portadas…
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¿Por qué no me abortaron? (texto apócrifo de Víctor Albarracín)

Mi nombre es Víctor Albarracín y soy un hijueputica más de la escena artística bogotana. Además de “artista”, he sido o sigo siendo para sobrevivir: diseñador de publicaciones, corrector de estilo —de libros de odontología, de filosofía, de bioética, de estudios ambientales, de historia y de un etcétera bastante largo—, traductor, cantante de rock, crítico de arte, curador, cuentista, quintacolumnista de revistas culturales —despedido sin razón, o con razón pero sin que me dieran razón alguna—, “gestor independiente”, “negro” literario, profesor universitario —de cátedra y mal pago, por supuesto, y escritor fantasma de documentos de acreditación que ningún profesor de planta y bien pago ha querido o podido redactar—, realizador de televisión, librero y algunas otras cosas con las que no quiero seguir agobiándolos.
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