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Arte y política, el lugar de las artes en la sociedad

Fragmentos del pasado que nos aclaran el presente.

Las Escuelas de Bellas Artes durante a finales del siglo XIX y comienzos del XX en América Latina particularmente la de México y la Brasil fueron muy influyentes en el panorama artístico y cultural de la región. Estas escuelas, bien entrado el siglo XX, están muy influenciadas por las ya decadentes Academias europeas como la de Francia y España principalmente fundadas bajos los preceptos de la Real Academia de Pintura y Escultura de 1648 que funcionaba bajo el impulso de Ana de Austria y, las posteriores modificaciones impuestas por el influyente artista Jacques-Louis David en la era post-revolucionaria hacia el año 1793, cuando la antigua Academia pasa a ser la Academia de Bellas Artes; con esto la academia se despojaba de los valores de la nobleza para impulsar el nuevo paradigma burgués. Las Escuelas de Bellas Artes Latinoamericanas fundadas bajo el precepto burgués del neoclasicismo, determinan el destino de las artes en los principales centros culturales de Latinoamérica. Tal es el caso de Bogotá y su Escuela Nacional de Bellas Artes de Bogotá fundada en 1886 cuyo primer director fue el Maestro Alberto Urdaneta[i]. “En un principio la escuela se plantea como una unión entre las Bellas Artes y Artes y Oficios, pero pronto va a separarse por cuestiones de orden político, pues la Constitución de 1886, promovida por el político liberal Rafael Núñez, pretende abolir el sistema político federal, donde cada provincia es autónoma, para centralizar el poder en un gobierno con sede en Bogotá. Este cambio posibilita la creación de la escuela en un ambiente político enrarecido donde conservadores y liberales van a generar una guerra implacable conocida como la Guerra de los Mil Días (1899-1902), que sumerge al país en una crisis económica y propicia la separación de Panamá, aún provincia colombiana. Luego, la hegemonía conservadora va a dirigir al país durante varios años del nuevo siglo XX.[ii]”

En este contexto, el artista e intelectual Roberto Pizano, residente en París en esa época de los años veinte, años de la famosa depresión económica, es invitado por el Gobierno Nacional para dirigir la moderna Escuela Nacional de Bellas Artes de Bogotá. El artista acepta con algunas condiciones: adecuar las instalaciones de la escuela y financiar el proyecto del museo de antigüedades basado en las copias de las grandes esculturas y grabados de la historia del arte. El gobierno conservador de Abadía Méndez[iii], decide financiar tal empresa, y un cargamento de esculturas provenientes de los museos del Prado, el Louvre y el Británico, comienzan una peregrinación por el Océano Atlántico a bordo de varios vapores como el barco “Venezuela” con destino a Puerto Colombia (actual Barranquilla) que traía una de esos cargamentos pedagógicos para la renovada Escuela de Bellas Artes en 1929 cuando Pizano ya era Rector de dicha institución. Los cargamentos remontaban río arriba el Magdalena hasta Girardot donde continuaban su camino en tren hasta la Estación de la Sabana de Bogotá. Pero la muerte del maestro Pizano lo priva de ver su proyecto terminado. Un año después de su muerte, el 9 de abril de 1930 se funda la colección en su honor.

En este momento la capital cuenta ya con Museo de Bellas Artes, lugar que va albergar la prestigiosa colección de yesos y grabados, y por distintas disposiciones gubernamentales esta colección a migrar de un lado a otro hasta su destino final en los años setenta: el Museo de Arte de la Universidad Nacional de Colombia. Al respecto el historiador Christian Padilla Peñuela dice lo siguiente: “Desde su llegada al país, la situación de la Colección Pizano estuvo ligada a la Escuela de Bellas Artes, ya fuera dependiendo de su localización o de las disposiciones de ésta para ser exhibida en otro recinto, es decir que su peregrinaje es por extensión el de la misma Escuela. La institución se alojó en el edificio de la Academia de la Lengua hasta 1933. El 30 de julio del mismo año, la Escuela abrió sus puertas en el edificio de la Facultad de Ingeniería (actualmente Museo Militar), donde se le cedió un amplio salón a las reproducciones que venían de ser exhibidas en el Colegio de San Bartolomé.[iv]” Luego la colección sigue su peregrinación a la nueva sede de la Escuela en la calle 10ª con carrera 8ª pero por su espacio inadecuado esta pasa a la recién inaugurada Biblioteca Nacional en el Museo de Reproducciones que en ese momento pertenecía a la Universidad Nacional de Colombia. En la década siguiente los años cuarenta, la colección pasa al panóptico que se convertirá desde entonces en el Museo Nacional y finalmente en las instalaciones de la Escuela de Bellas Artes de la Ciudad Universitaria en las décadas de los años cincuenta y sesenta.

Durante estos años la enseñanza de las artes a cargo de prestigiosos artistas e intelectuales se dispensaban en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Colombia, donde se formaban artistas de reconocido prestigio: En la década de los setenta luego de los conflictivos sucesos estudiantiles, y el enrarecimiento político en todo el continente, donde proliferaban las dictaduras militares, el Museo de Arte Moderno refundado (1965) dentro de las instalaciones de la Ciudad Universitaria por iniciativa de la historiadora y crítica de arte Marta Traba, luego de haber sido cerrado por el dictador Rojas Pinillas, deja el campus para buscar su sede en el paisaje urbano capitalino. El arte entra en una especie de crepúsculo[v] que propicia el crecimiento de un arte conceptual apolítico[vi], en contraste al arte político de artistas como Clemencia Lucena, Pedro Alcántara, Nirma Zarate y Carlos Granada entre otros, que la crítica de arte decide marginar de sus discursos.

Al mismo tiempo la enseñanza de las artes se privatiza y surgen otras escuelas que se quieren demarcar de la tradicional Escuela de Bellas Artes: se fundan la facultad de artes de la Universidad de los Andes que venía se ser fundada por Francisco Pizano hijo de Roberto Pizano; se crea también la Facultad de Artes de la Fundación Universitaria Jorge Tadeo Lozano. A finales de los ochenta antes de terminar la primera administración de centro del Alcalde Antanas Mockus, se consolida la Academia Superior de Artes de Bogotá durante la Alcaldía de centro derecha de Enrique Peñaloza, que se convertirá en 2005 durante la administración del Alcalde de Bogotá Luis Eduardo Garzón hasta entonces de izquierda, en la facultad de Artes-ASAB de la Universidad Distrital y a inicios del 2000 de crea la carrera de Artes Plásticas de la Pontificia Universidad Javeriana. La misma Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional cambia su nombre por Escuela de Artes Plásticas a finales de los noventa. Toda huella hacia un pasado apoyado en valores burgueses en decadencia parece desaparecer. Hoy solo queda rastro en el nombre del edificio que alberga la nueva escuela.

Desde entonces, el panorama artístico local ha cambiado enormemente y varios son los actores principales de tal escena artística. Al la influencia de la academia en la formación de artistas, gestores culturales e intelectuales, se le añade el poder político que no ha dejado de influenciar la creación de espacios de reconocimiento y consolidación de artistas contemporáneos como los que apoya la Alcaldía local, Bancos y corporaciones (como el Banco de la República), Ministerios[vii] y ex presidentes como el caso del conservador Belisario Betancurt (y su influencia en editoriales prestigiosas) y el liberal César Gaviria quien ha creado su propia galería de arte (nueveochenta) y apoya a sus artistas protegidos con difusión de su pensamiento en medios masivos de comunicación como la revista Cambio, El Espectador, entre otros.

Las discusiones de hoy en la Esfera Pública del arte contemporáneo son un ejemplo perfecto de los espacios que se pretendían defender de una u otra orilla en Colombia hace ya varias décadas en un marcado bipartidismo donde otra opción política diferente era asfixiada. Cada posición deja entrever una postura política clara y diáfana en unas, oscura y densa en otras como aquella de los años cuarenta entre los artistas Ramón Barba e Ignacio Gómez Jaramillo[viii], que materializan las querellas intelectuales, políticas y estéticas entre un representante conservador como Laureano Gómez defensor de valores burgueses en decadencia y un socialista como Jorge Eliecer Gaitán[ix] defensor de un arte moderno y de vanguardia como el de Débora Arango y el de Carlos Correa[x]. El arte en este sentido es absolutamente político, pues es consecuencia directa de los intereses económicos y culturales de unas clases sociales en permanente fricción.[xi] Frente a esa vieja tensión surge una tercera vía donde la esfera del arte se apoya en lo ético, lo que Jacques Rancière llama “el giro ético de la estética y la política”[xii] y donde el arte hoy más que ayer debe ser absolutamente político. Esta posición hace frente a la nebulosa idea generalizada y consensual que consiste en afirmar que todo arte contemporáneo por el sólo hecho de ser contemporáneo es político. Frente a tal falsedad, queda una opción: desenmascarar las posturas ideológicas de lo apolítico de la política, por emplear la expresión ranceriana, que afectan el mundo del arte contemporáneo. Un pensamiento apoyado en la teoría crítica juega aquí un papel fundamental.

Ricardo Arcos-Palma. Bogotá, domingo 27 de septiembre del 2009 antes de ir a votar.

notas:
[i] Consultar la tesis del profesor William Vásquez: Escuela Nacional de Bellas Artes de Colombia: 1886-1899. Tesis de maestría en Historia y teoría del arte, la arquitectura y la ciudad. Universidad Nacional de Colombia. Bogotá, 2008.

[ii] Arcos-Palma, Ricardo. La colección Pizano: una aventura pedagógica en la época de la reproductibilidad técnica. En “El legado de Pizano. Testimonios de una colección errante”. Universidad Nacional de Colombia. 2009. p. 20.

[iii] Durante esos años el gobierno conservador de Abadía Méndez intenta sofocar el movimiento socialista en creciente aumento dado las condiciones políticas y la crisis económica de los años veinte. Estos movimientos populares son fuertemente reprimidos por el Gobierno con apoyo de las trasnacionales, tal como sucedió en la Masacre de las Bananeras de 1928.

[iv] Padilla Peñuela, Christian. La Colección a través del tiempo. Despertares de 80 años en recurrente catalepsia. En El legado de Pizano. Testimonios de una colección errante”. Universidad Nacional de Colombia. 2009. p. 59.

[v] Huertas Sánchez, Miguel Antonio. El largo instante de la percepción. Los años setenta y el crepúsculo del arte en Colombia. Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 2005.

[vi] Herrera, María Mercedes. La emergencia del arte conceptual en Colombia. Tesis de maestría en Historia. Pontificia Universidad Javeriana. 2009.

[vii] El Ministerio de Cultura, fue creado en 1997 durante el gobierno liberal de Ernesto Samper Pizano, en reemplazo de Colcultura creado a su vez durante el gobierno liberal de Carlos Lleras Restrepo en 1969 como parte del Plan de las Américas destinado a frenar la influencia cultural de la Revolución Cubana en el continente latinoamericano.

[viii] Carta del maestro Ignacio Gómez Jaramillo dirigida al Rector y al Consejo Directivo de la Universidad Nacional donde narra los hechos de cómo fue herido el maestro Ramón Barba con esquirlas de arma de fuego, luego que éste le había amenazado públicamente. Bogotá septiembre 28 de 1940. Archivo de la Universidad Nacional de Colombia.

[ix] Fundador del Salón Nacional de Artistas en 1940.

[x] Al respecto leer: Jaramillo, Carmen María. Una aproximación a la consolidación del arte moderno en Colombia y Lleras, Cristina. Politización de la mirada estética, Colombia 1940-1952, En Arte, política y crítica. Revista Textos N° 13. Documentos de Historia y Teoría. Maestría en Historia y Teoría del Arte y la Arquitectura. Universidad Nacional de Colombia. Bogotá, 2005. También consultar Padilla Peñuela, Christian. Jorge Eliecer Gaitán: Dinamita y mecha en el arte colombiano. En Mataron a Gaitán: 60 años, Bogotá, Universidad Nacional de Colombia. 2008.

[xi] Consultar Bourdieu, Pierre. Las reglas del arte. Barcelona: Anagrama, 1995, y Hausser, Arnold, Historia social de la literatura y el arte. Barcelona: Debolsillo, 2005.

[xii] Arcos-Palma, Ricardo. Estética, ética y política en la filosofía de Jacques Rancière. Conferencia inaugural en el encuentro internacional “Estéticas contemporáneas”, realizada el 8 de octubre del 2007 en La Paz -Bolivia y publicada en el 2009 en Estéticas contemporáneas, por la Fundación Simón Patiño y la facultad de filosofía de la Universidad Mayor de San Andrés.

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Desde febrero de 2017 la política editorial de [esferapública] estará enfocada en propiciar la reflexión en torno al archivo de debates y textos a través de proyecto #LeerLaEscena. Por esta razón, en el portal se estarán publicando análisis de debates, entrevistas y lecturas en voz alta con el ánimo de revisar temas sobre los que se debate reiteradamente (crítica al arte político, el estado de la crítica, especulación y mercado, espacios de artistas, museos y espacios de arte en crisis) y, a partir de esta revisión, replantear formas de discusión, políticas editoriales y, si es el caso, una nueva plataforma para [esferapública]. Los casos coyunturales del campo artístico se abordarán a través de conversaciones en #RadioEsfera, la sección del Observatorio y los perfiles de [esferapública] en Facebook, Instagram y Tumblr.
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8 Opiniones sobre Arte y política, el lugar de las artes en la sociedad

  1. Gina Panzarowsky 2009/09/28 at 8:53 am

    Apreciado Sr. Arcos-Palma

    Leer sus textos puede ser un ejercicio interesante. Deja de serlo ante la profusión de erratas. Un buen corrector de estilo es un amigo tan imprescindible en la vida como un amigo médico o abogado.

    Mempo Giardinelli dice sobre su manera de corregir textos:

    Hay todo un largo proceso entre el momento en que concluyo un libro y el momento en que lo entrego al editor. Cuando siento la novela terminada, la cierro y salgo a celebrar el fin del trabajo. Me emborracho, me paso una encerrona de amor, y durante dos o tres meses no la miro, no tengo nada que ver con ella, la olvido totalmente. Me dejó vacío, exhausto, seco, y trato de reponerme de esa forma. Una vez recuperado, la agarro de nuevo y, lápiz en mano, la leo íntegra y como si fuese una obra ajena, como si se tratase de la obra escrita por un enemigo, y debe estar muy bien escrita para que resista mi propia exigencia.

    No sé cuanto dura este proceso… un mes, dos, tres meses y trae aparejado siempre una reestructuración, una pasada en limpio o quizás una reescritura. He escrito algunos de mis cuentos diez, doce, quince veces. Luna caliente la reescribí en cinco ocasiones. Mientras dura el período de revisión, procuro no moverme, no pensar en otra cosa que no sea el texto, y cuando lo doy por concluido lo paso a tres lectores.

    Todos aquí, aprendices de escritores y críticos – y soy la primera – podemos aplicar este breve ejemplo a nuestros garabatos textuales.

    GP

  2. Pedro Pablo Gómez* 2009/09/28 at 10:47 pm

    Desde las otras escuelas o las escuelas Otras.

    Cuando empecé a leer el vistazo crítico de Ricardo Arcos, por un momento me pareció que apuntaría, desde la centralidad en la que ubica a la Escuela Nacional de Bellas Artes de Bogotá, fundada en 1886, a una discusión sobre el lugar de pertenencia de la Colección Pizano, al interior de las instancias académico-administrativas de la Universidad Nacional, cuya disputa nos haría pensar en cómo esos “fragmentos de yeso del pasado” nos ayudan a aclarar el presente; por ejemplo, me imaginé preguntas sobre la diferencia que existe o no entre lo que significa formarse por medio de copias, o si la formación artística es una mera copia, más acá de la época de la reproductividad técnica, en la de la reproductividad, epistémica y política.

    Sin embargo, y dado que la cuestión no va por esa vía, me permito realizar un aporte y una claridad en lo que respecta a esa historia paralela a la Escuela de Bellas Artes que Arcos menciona cuando “la enseñanza de las artes se privatiza y surgen otras escuelas que se quieren demarcar de la tradicional Escuela de Bellas Artes”. Me refiero especialmente a la Academia Superior de Artes de Bogotá, actualmente la Facultad de Artes, ASAB de la Universidad Distrital, proponiendo dos precisiones. En primer lugar, la Academia Superior de Artes ASAB, se crea en 1991 mediante el Acuerdo No. 15 del 15 de Marzo y sólo hasta el año siguiente empezaron a funcionar los programas de Artes Plásticas y Artes Escénicas; en 1993 inicia el programa de Artes Musicales. En segundo lugar, estos inicios de la ASAB se dan durante la administración del alcalde Juan Martín Caicedo Ferrer (1990-1992), pues la primera administración de Antanas Mokus se daría sólo hasta el año 2005. Sin embargo, a mi modo de ver esto no afecta la propuesta implícita en el texto de Ricardo Arcos dar continuidad a la discusión entre arte y política, con Rancière o sin él, en cuyos desarrollos me propondré participar.

    Mientras tanto, y para más detalles sobre los fragmentos del pasado, de lo que fueron las denominadas Antiguas Escuelas de Artes del Distrito, que luego dieron lugar a la Academia Superior de Artes de Bogotá ASAB, me permito realizar una transcripción, quizá demasiado extensa, de lo que fueron los antecedentes de la Actual Facultad de Artes ASAB, en cuya elaboración participé con el profesor Jaime Cortés. Espero que este contexto sea una contribución para plantear preguntas más precisas sobre la cuestión del arte y la política en el ámbito distrital, en donde los compromisos de cada una de las administraciones han fluctuando entre el arte, la cultura y el espectáculo.

    A continuación el documento:

    ANTECEDENTES[i]

    La Universidad Distrital “Francisco José de Caldas”, las Escuelas de Arte del Distrito y la Academia Superior de Artes de Bogotá –ASAB-.

    “La Universidad Distrital Francisco José de Caldas y las Escuelas de Arte del Distrito, que posteriormente se trasformarán en la ASAB , encarnan una historia paralela pero con significativos puntos de cruce que se extienden por algo más de medio siglo. Las instituciones distritales coinciden en sus antecedentes con las coyunturas de finales de los años 1940 e inicios de los años 1950, cuando la sociedad colombiana atravesó por profundas transformaciones cuyas consecuencias forman parte de la realidad social de nuestra ciudad y de nuestro país. La urbanización y la consecuente demanda creciente de bienes y servicios, el debate político y su expresión violenta, la acelerada diferenciación social y la explosión demográfica, entre otros, concentraron en Bogotá un entramado poblacional con características únicas en el tejido urbano colombiano. En pocos años la fisonomía de la capital había cambiado tanto como su estructura social y su universo simbólico.

    Resulta innegable que la mirada sobre la educación debía adecuarse a las nuevas condiciones. La administración pública de la ciudad se enfrentó al reto de satisfacer necesidades que iban desde la ampliación del conocimiento técnico hasta la generación de espacios propicios para las prácticas artísticas. Así, en 1948 se fundó el Colegio Municipal de Bogotá, renombrado el mismo año como Colegio Municipal Jorge Eliécer Gaitán, en 1950 como Universidad Municipal de Bogotá “Francisco José de Caldas” y finalmente como Universidad Distrital “Francisco José de Caldas” en 1957. Su objetivo principal era la formación de técnicos con un perfil adecuado para emprender soluciones de tipo práctico requeridas para intervenir a nivel macro en la ciudad.

    Entretanto, en algunas instancias administrativas distritales se ofrecieron cursos esporádicos de música, artes plásticas y teatro, que canalizaron los impulsos creativos de diversos habitantes de la ciudad, especialmente de aquellos vinculados a las instituciones gubernamentales. En menos de una década estos esfuerzos se articularon y expandieron como proyectos de educación artística no formal con la fundación de la Escuela de Bellas Artes del Distrito, de la Academia Luis A. Calvo y de la Escuela de Teatro del Distrito, antecedentes directos de la ASAB.

    La Universidad Distrital “Francisco José de Caldas” y las Escuelas de Arte del Distrito coincidieron en enfocar sus acciones hacia una población particular y hacia áreas específicas del conocimiento. Los proyectos estatales en la educación superior de índole nacional se concentraron en la modernización de la educación universitaria de corte profesional, dejando de lado algunas especificidades de la formación técnica y a su vez algunos espacios para ciertas prácticas artísticas. La Universidad Distrital orientó sus esfuerzos al sector estudiantil de bajos recursos y a la consolidación de carreras como Ingeniería Radiotécnica -antecesora de la Ingeniería Electrónica-, Ingeniería Forestal, Topografía, e Ingeniería Catastral, todas ellas de aplicación directa e inmediata en el ámbito de las dependencias públicas capitalinas. Por su parte, las escuelas de artes abrieron sus puertas a la música popular, al teatro y a algunas prácticas de las artes plásticas ausentes del entorno universitario.

    En la década de los años 1970 la Universidad Distrital sufrió una trasformación importante, ampliando su oferta académica a la formación de educadores, por lo que se ve precisada a hacer una apertura de lo tecnológico a los campos pedagógico, científico y artístico bajo el ideal clásico de “universalidad”. Las Escuelas de Arte del Distrito, de manera independiente, continuaron creciendo y lograron afianzarse como espacios de formación legítimos que correspondían a las singularidades y necesidades del ámbito bogotano. Las instituciones educativas distritales siguieron el curso de los cambios que posteriormente culminaron en reformas sustanciales de su estructura y concepción.

    Consolidación de las Escuelas de Arte del Distrito y transformaciones del ámbito universitario

    Durante los años 1970 y 1980 nuevas condiciones desencadenaron la búsqueda de la profesionalización de los programas educativos ofrecidos por las Escuelas de Arte del Distrito.

    La nueva configuración social de la ciudad hizo necesaria la formulación de políticas que tuvieron como efecto la ampliación y diversificación de la oferta educativa. La creación del Instituto Distrital de Cultura y Turismo en 1978 significó el fortalecimiento de la Escuela de Bellas Artes, la Academia Luis A. Calvo, y la Escuela de Teatro. Se fundaron, además, la Escuela de Danzas Folklóricas, la Escuela de Ballet, la Escuela de Música Emilio Murillo y la Escuela de Títeres. Cada una de estas escuelas, con alcances diversos y resultados desiguales, logró reconocimiento y en su conjunto consiguieron congregar sectores sociales relativamente heterogéneos. Las características particulares de las prácticas allí realizadas, la demanda por planes de estudios más sistemáticos y regularizados, los resultados y los niveles alcanzados, motivaron la transformación de algunos de los planes de educación no formal en programas de educación superior. En consecuencia, y con base en las recomendaciones de la ESAP (entidad que realizó un estudio jurídico y de viabilidad de creación de una institución de educación superior para las artes y que diagnosticó la improcedencia de crear una institución con esas características) se estableció un convenio con la Universidad a Distancia, UNISUR. Este convenio fue de corta vigencia debido a la diversidad de políticas derivadas de los cambios de la administración distrital. La ruptura del convenio genera un conflicto administrativo y académico para el IDCT, situación que propicia el acercamiento a la Universidad Distrital y que culmina con la firma del primer convenio interinstitucional el 10 de marzo de 1989.

    La Universidad Distrital también estuvo sujeta al proceso de ampliación y diversificación de la educación universitaria. Con la apertura de las licenciaturas en educación en 1973 y la posterior creación de la Licenciatura en Ciencias Sociales, se incorporó un área humanística dentro de la estructura de la Universidad. Sin embargo, las prácticas artísticas se incluyeron gradualmente sólo hasta la década de los años 1980. La entrada de la música, el teatro y las artes plásticas y visuales al ámbito universitario se puso de manifiesto en tres espacios: en los planes de estudio de la Licenciatura en Educación Básica Primaria a través de contenidos puntuales y en asignaturas electivas ofrecidas a las diferentes carreras de la Universidad ; en las actividades extracurriculares, única acción desarrollada hasta ese momento y que dio lugar a la conformación de diversos grupos artísticos culturales como el coro de la UD , diversas agrupaciones musicales, cine clubes, y diferentes colectivos de narración oral que muy pronto se proyectaron a la ciudad; y en el Instituto de Artes y Extensión Cultural creado en la reforma de la Universidad en 1988.

    De las Escuelas de Arte del Distrito a la ASAB

    A finales de los años 1980, los acercamientos previos entre el IDCT y la UD , dan origen a un primer convenio interinstitucional en 1989 que hace posible, al año siguiente, la transformación de seis de las siete Escuelas de Artes del Distrito en programas de educación superior. Por su parte, la Academia Luis A. Calvo sostuvo su objetivo como proyecto de educación no formal. En 1990 se presentan por primera vez ante el ICFES los programas de formación profesional en Artes Plásticas y Teatro. El ICFES establece el carácter no viable del programa de Artes Plásticas y hace una serie de requerimientos para el programa de Teatro que en ese momento no pudieron ser cumplidos.

    En consecuencia, el IDCT decide contratar dos asesores, Jaime Romero Portela y Leonel Morales Reina, para apoyar a los grupos de trabajo que formularían los nuevos programas. El grupo de Artes Plásticas fue conformado por José Daniel Herrera, Guillermina Sinning, Alberto Díaz y Jorge Herrera; el grupo de Artes Escénicas por Amparo Suárez, Carlos del Cairo, Gerardo Bernal, Svetla Pedkova, Yesid Carranza y Germán Pinilla; el grupo de Artes Musicales por Samuel Bedoya, Néstor Lambuley, Alfonso Dávila, Jorge Sossa y Alejandro Mantilla. Para el proyecto de Artes Musicales, la propuesta de creación del Programa a nivel superior estuvo a cargo de los docentes adscritos al Plan Experimental Piloto. El trabajo académico de elaboración de los tres programas fue coordinado por Olga Navia, como Subdirectora Académica del IDCT y por Epifanio Arévalo G. como Director del Instituto de Artes y Extensión de la UD ; la secretaría académica fue asumida por Lorenza Correa R. como funcionaria de la UD.

    Los años 1990 significan la consolidación de los proyectos curriculares y el fortalecimiento de la relación entre el IDCT y la UD mediante la renovación paulatina del convenio interinstitucional. En 1991, previa aprobación por parte del Consejo Superior de la UD , el ICFES otorga licencia de funcionamiento a dos de los tres programas de formación artística. Ese mismo año es creada la ASAB como una dependencia del IDCT, que haría posible la consolidación y el desarrollo de los mismos. Los programas de Artes Plásticas y Artes Escénicas inician labores en 1992, y el programa de Artes Musicales lo hace al año siguiente, todos en las instalaciones del Palacio la Merced.

    Actualmente, los tres proyectos curriculares de la ASAB , son una respuesta a la creciente demanda de cupos para el área artística que se presenta en el ámbito nacional y distrital. Anualmente se solicitan alrededor de cuatro mil cupos (2004) siendo admitidos setenta aspirantes para cada uno de los programas de pregrado, y otros tantos para los preparatorios en Artes Plásticas y Visuales, Artes Escénicas y Artes Musicales respectivamente. Igualmente, el cuerpo de egresados se ha vinculado satisfactoriamente a diversas áreas del mundo laboral capitalino. Así, en casi tres lustros la ASAB se ha afianzado en el marco de la educación artística en el contexto de la universidad pública colombiana.”

    [i] Proyecto de Facultad de Artes ASAB, (2005) Universidad Distrital Francisco José de Caldas. pp. 7-11.

    * El autor es docente y Director de Investigaciones de la Facultad de Artes-ASAB.

    http://criticosvistazos.blogspot.com/2009/09/vistazo-critico-transversal-29-desde.html

  3. Ricardo Arcos-Palma 2009/09/29 at 8:32 am

    FE DE ERRATAS.

    Estimada Gina (o debo decir estimado?) Usted tiene razón, al citar a Mempo Giardinelli, sobre como escribir un LIBRO, es decir un impreso, donde las correcciones ya no son posibles, así en algunos libros se le pegue una hojita con fe de erratas. Por supuesto su mensaje me ha hecho revizar mi vistazo crítico (que no tiene por ahora las pretenciones del pasar al impreso) y hacer algunas correcciones que se pueden ver en el link que pego al final de este comentario, por lo que le agradezco inmnesamente su agudeza visual. Por fortuna para los lectores de mis ensayos impresos, existen excelentes correctores de estilo, que nos ayundan a salir airosos en estas lides de la escritura, que como decía Maurice Blanchot a propósito de Artaud es un verdadero combate y, yo por supuesto comparto esa premisa. Las palabras nos traicionan, en una insurrección gramatical para pervertir las ideas: Oh tiranía del VERBO DIVINO! Oh tiranía gramatical! Tened piedad de nosotros pobres mortales…

    Sin embargo, comentarios como los de mi colega Pedro Pablo Gómez, aportan más al terreno de las ideas que una simple corrección de estilo, sin desmeritar por supuesto esta noble labor gramatical. A propósito, de su comentario el cual lo encuentro pertinente, me aclara aún más el lugar de la actual facultad de artes-ASAB de la Universidad Distrital dentro del panorama cultural y educativo local y me permite aclarar que esta universidad efectivamente no hace parte del ámbito privado como se pudo entender en mi texto. Con esto no quiero decir que lo privado no tenga ningún valor.

    Interesante como esta Universidad se ha propuesto desde hace algunos años, no poco más de cuatro, realizar unos esfuerzos enormes para consolidar la planta docente con profesores de planta de excelente formación académica, y al mismo tiempo proyectar una nueva sede para las Artes (el antiguo matadero Distrital) que sus profesores y estudiantes ya han comenzado a apropiarse con varias acciones artísticas.

    El caso de la educación privada como el de la Fundación Universitaria Jorge Tadeo Lozano, es también ejemplar: la creación de un espacio expositivo digno, la puesta en marcha de un programa de postgrado en estética e historia de las artes en funcionamiento y la proyección de una carrera en historia del arte, así como un programa de artes plásticas y visuales reestructurado bajo la dirección del artista Victor Laignelet, la posicionaran sin lugar a dudas dentro de las primeras a retomar el liderazgo de hace algunos años cuando formó a artistas como Doris Salcedo, Mario Opazo y Nadin Ospina por citar algunos nombres.

    En efecto, el mundo educativo influye directamente dentro del panorama cultural y político del país y la política a su vez no escatima esfuerzos en influir en la educación y la cultura. Leyendo el aporte del profesor Gómez, nos podemos dar cuenta como los esfuerzos administrativos de alcaldías locales y los de las instituciones han dado forma a un proyecto educativo.

    Resta esperar para saber qué lugar ocuparán las artes y su formación dentro de las agendas políticas que se delinean en los próximos meses: sobre todo en el sector público que cada vez más tiene menos apoyo financiero de parte del Estado. Claro esto no es para nada catastrófico, pues habrán aún partidas para premios de ensayo crítico, para exposiciones y premios (SDCT) y becas de estímulos y premios (Min. Cultura) entre otros esfuerzos que han posicionado al sector de las Artes aunque estos aun no sean suficientes.

    http://criticosvistazos.blogspot.com/2009/09/vistazo-critico-76-arte-y-politica-el.html

  4. Gina Panzarowsky 2009/09/29 at 1:20 pm

    Sr. Arcos-Palma

    Dice usted:

    “En la década de los setenta luego de los conflictivos sucesos estudiantiles, y el enrarecimiento político en todo el continente, donde proliferaban las dictaduras militares, el Museo de Arte Moderno refundado (1965) dentro de las instalaciones de la Ciudad Universitaria por iniciativa de la historiadora y crítica de arte Marta Traba, luego de haber sido cerrado por el dictador Rojas Pinillas, deja el campus para buscar su sede en el paisaje urbano capitalino”

    Difícil que el General hubiera cerrado lo que no existía sino sobre el papel, y más difícil que cerrara lo que él mismo ayudó a fundar en términos legales, pues fue su ministro de Educación Nacional Dr. Aurelio Caicedo quién firmó el decreto para la existencia del museo el 27 de julio de 1955, precisamente cuando el general gobernaba este país.

    Pasaron varios años para que el museo fuera realidad más allá del papel y esto ocurrió hasta el año de 1963, cuando fue inaugurada su primera sede en la Cra. 7 No. 23- 61, con una muestra del maestro Roda, bajo las riendas de su segunda directora, es decir, la misma Marta Traba.

    Los que sí querían acabar el museo en el campus universitario fueron los estudiantes y para ello basta recordar lo que pasó con las piezas de la famosa muestra “Espacios ambientales”. Imaginen no más a Gloria Zea, en una interesante “operación salvamento”, sacando la colección de cerca de 80 piezas con las que contaba el museo en ese momento (1969) por el hueco de una ventana que había quedado sin vidrio, y metiéndolas en las camionetas de “Radio real” en mitad de las revueltas que se armaban entre estudiantes y fuerza pública rumbo a las oficinas de Andrés Uribe Campuzano en el centro de Bogotá, donde ubicarían su tercera sede peregrina en lo que hoy en día son los locales de Oma en el edificio Bavaria.

    GP

  5. Ricardo Arcos-Palma 2009/09/29 at 3:34 pm

    Si Gina, tiene razón el Museo solo existió en el papel pues dentro del nuevo gobierno de Rojas Pinilla, así su ministro lo haya ratificado, el Museo no abrió sus puertas. Es decir fue una manera de cerrarlo, pese a que las condiciones ya estaban dadas para su apertura, como lo demostraba las críticas y trabajos pedagógicos de Casimiro Eiger y Marta Traba que llevaba un año de llegar al país luego de vivir en París. Precisamente esa fecha 1955, es el año en que Marta Traba deja sus conferencias y programas televisivos de formación de públicos como sus “cursos de historia del arte”.

    Sabe por qué? Porque precisamente la crítica de arte Marta Traba entra en clara discrepancia con el gobierno del Coronel Rojas Pinillas y esto por supuesto fue un cierre del museo cuando su apertura ya habia sido aprobada por decreto como usted bien lo afirma. Si esto no es un cierre de un museo entonces qué es? Es por eso que el museo se “refunda” años más tarde, como bien lo digo en mi parrafo que usted transcribe.

    En lo que si estoy completamente de acuerdo con Usted, es que el museo de Arte de la Universidad Nacional si salió de la Universidad en esos agitados años setenta, a causa de los estudiantes extremadamente politizados que creian que “Espacios Ambientales” exposición curada por Alvaro Barrios, no era el tipo de arte que ellos estaban defendiendo. Eso es lo que mostró la prensa de esos años, y eso es lo que contó Alvaro Barrios en su libro “Origenes del arte conceptual en Colombia”, pero los periodicos de ayer como los de hoy (ver el caso Bruguera), no está muy lejos de la falta de objetividad. Es decir que la historia no se puede hacer a punta de recortes de prensa. De todo esto, lo único cierto es que el Museo salió de la Universidad o más bien su colección de arte bastante importante por cierto sin que ella regresara a la Universidad Nacional.

    El museo salió de la universidad por verdaderos intereses políticos y culturales, de eso no hay la menor duda.

  6. Gabriel Merchán 2009/09/29 at 3:57 pm

    Fe de erratas a la “Fe de erratas” de Ricardo Arcos:

    1. No se escribe “divizar” con “z”, se escribe con “s”, divisar.
    2. Errata histórica: el enfrentamiento de Marta Traba que causó el cierre del museo en los sesenta (No en los setenta) fue con el presidente Carlos Lleras Restrepo, quien además le exigió que abandonara el país por una declaraciones que la crítica argentina hizo en torno a la situación política.
    3. El general Rojas Pinilla no era “coronel” una vez preside la junta de gobierno que le da el “golpe” al gobierno conservador: era General. Obviamente, antes de tomarse el poder había sido coronel, capitan….
    4. El general Rojas Pinilla fue dictador en la década del 50. En los 70´s fue candidato a la presidencia.

    Es necesario que Ricardo Arcos conozca la historia del Museo de Arte de la Universidad Nacional, más aún cuando tiene a su cargo la dirección de dicho Museo…

  7. Ricardo Arcos-Palma 2009/09/30 at 7:34 pm

    Estimado Merchan,

    gracias por sus correcciones sobre todo la primera y la tercera aunque yo también le hago una pequeña corrección a la segunda: Rojas era Teniente General para ser más precisos. Ahora bien, es conocido por todos las diferencias a nivel político que hubo entre Marta Traba Y Rojas Pinilla en el periodo de los años cincuenta, pocos años después de la llegada de la crítica al país. Con Lleras en efecto es más tarde pero a eso no me refiero en mi texto. La historiadora Carmen María Jaramillo, nos cuenta en su ensayo “Una aproximación al arte moderno en Colombia” como la televisión -instalada en Colombia por Rojas Pinilla en 1954- fue el escenario perfecto para que la crítica argentina desplegara su ejercicio crítico. Jaramillo dice: “Este medio va a resultar definitivo para la difusión masiva del arte (…) Más adelante la historiadora nos dice que la crítica se retiró “brevemente” de su actividad “a causa de desacuerdos con el Gobierno del General Rojas” ( C.M.J.p. 54) Solamente hasta 1958 se vuelven a emitir esos programas pedagógicos, es decir cuando el Teniente Coronel Rojas, ya no estaba en el poder.

    Serán esos desacuerdos causa de cierre del Museo de Arte, ya aprobado por decreto, es decir “abierto”? Sabemos que Marta Traba a su llegada a Colombia en los años cincuenta, ya tenía en mente la creación del Museo de Arte que solamente lo logra años más tarde durante el Gobierno de Guillermo León Valencia (conservador) cuando el Frente Nacional* decide repartirse el poder entre liberales y conservadores en alternancia. Son esos datos históricos que me han hecho afirmar lo que he afirmado anteriormente.

    Otra fuente, que me parece muy seria y precisa es la del libro de Miguel Huertas “El largo instante de la percepción”; Huertas dice lo siguiente: “El Museo de Arte Moderno, creado en 1955 y cerrado por el gobierno de Rojas Pinilla, que se volvió a fundar 1962 y se trasladó a la Universidad Nacional en 1965, pasó a buscar su sede propia y en su lugar se desarrolló el Museo de Arte de la Universidad Nacional” (M.A.H. p. 31)

    Sobre el cuarto punto, pues nada, creo aquí no se ha afirmado lo contrario.
    Y bueno, de todas manera la tesis de fondo de mi escrito aún se sostiene, a menos que aquí se discuta lo contrario.

    *Pacto de no agresión realizado en España entre Laureano Gómez (partido conservador) y Alberto Lleras Camargo (partido liberal) donde deciden gobernar Colombia en alternancia.

  8. Christian Padilla 2009/10/07 at 5:13 am

    Antes que nada es alucinante y casi cinematografica la propuesta de Gina Panzarowsky proponiendonos ver a Gloria Zea en una “Operación salvamento” sorteando toda serie de papas y molotov para proteger esas joyas invaluables del arte colombiano. Mas interesante es la actitud mesianica que le confiere su imagen. La verdad es que Gloria Zea estaba protegiendo lo que le ha dado sustento hasta hoy, su negocio, no las obras. Tocaría preguntarse si esa “Operación salvamento” fue legal porque hasta ese momento, en el campus universitario, el Museo de Arte era una dependencia y la gestión para la construcción de la planta física (donde reside actualmente)fue liderada por Gloria Zea en conjunto con la Universidad, tanto así que algunos de los aspectos mas importantes de las salas como la altura de éstas se habían diseñado especificamente para albergar las piezas que en la “Operación Salvamento” pasaron a manos de un Museo privado!!!!
    A la señora directora del Museo no la sacaron a piedra, el problema radicaba en parte en el mismo que tanto el MAMBO como el Museo de Arte de la Unioversidad adolecen, falta de presupuesto.
    La prueba de esto es que una vez construido el Museo de Arte de la Universidad -pero sin obras que exhibir-, Germán Rubiano Caballero asume la dirección y en cuestión de pocos meses logra que los artistas más importantes del contexto colombiano, en su momento contemporaneos, hagan una donación de obras que alternaron precisamente con las piezas de la colección Pizano en su primera exhibición.
    Ojo con su “Operación salvamento” porque usted parece ser una más de las que va adulando falsos positivos.