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Arco

Sergio Zapata. Datos para contemplar la historia natural (2012) (detalle). Obra presente en ¿Qué cosa es la verdad?, exposición integrante de Desde el malestar, proyecto curatorial de Érika Flórez y Juan Sebastián Ramírez. 14 Salones Regionales de Artistas, Zona Pácífico. Museo La Tertulia, junio 1 – agosto 5.

En Bogotá, algunos lectores de clase media-baja de comienzos de los noventa del siglo pasado, integramos una comunidad formada bajo el excelente sistema de educación publica de este país. Entre otras cosas, tuvimos contadísimas ocasiones de conocer un libro, y menos oportunidades para entender que “leerlo” no era contentarse con repasar sólo un capítulo. Lo mismo nos sucedió con la televisión que consumíamos. Aunque en este caso no por contar con profesores interesadísimos en graduar bachilleres de hondas aspiraciones profesionales en las áreas de Servicios Generales, sino porque se nos enseñó que los guiones más sofisticados a que podíamos aspirar eran los de MacGyver (personaje brillante como pocos).

Se dirá que el lector se hace, no nace. Eso está bien, aunque a veces su aparición sea resultado de la fortuna. Por ejemplo, los sábados en la tarde de la misma época en que éramos inutilizados para la literatura, comenzamos a ver una serie dedicada a los contactos paranormales y el FBI. Quienes decidimos seguirla encontramos que entre la segunda y la tercera temporada fue introducida una irregularidad narrativa que nos fascinó. Al final de Anasazi, el héroe parece quedar encerrado en un container repleto de cadáveres (todos alienígenas, no se preocupen) que, al parecer, es incendiado y luego sale vivo (como siempre), y continúa hasta que termina destruyendo la serie completa (se mete a productor de la misma), y de paso su carrera. La pregunta era ¿por qué simplemente no sucedió todo eso en un mismo capítulo?

Lo mismo nos pasaba con las curadurías. Cuando empezamos a ir a exposiciones, nos enfrentamos al planteamiento constante de relaciones infrecuentes, producidas sin la intención de crear continuidad. O había chistes. O había One Hit Wonders (aunque no el de esta foto, sino el de la Galería Santa Fe). O había destellos. Y cuando nos encontrábamos con proyectos ambiciosos, que de cierta manera pudieran percibirse como una forma de reducir la incertidumbre entre muestras, estos no concluían. ¿Recuerdan el Proyecto Pentágono? Vuelvan a su catálogo. Algo de eso hubo ahí. De ambición e incompletud.

Volviendo a la serie de televisión. Cuando íbamos a la Feria del Libro y nos quedábamos horas y horas junto a nerds similares que consumían lo mismo, entendimos aquello de la formación lectora. Allí fue donde escuchamos por primera vez la expresión Arco argumental, para referirse a lo que pasó entre Anasazi, The Blessing Way y Paper Clip. Según creo recordar, la mujer que nos lo explicó decía que se trataba de una historia que se extiende a lo largo de pocos capítulos dentro de una misma producción. Como no éramos muy amigos de leer libros completos, al principio nos costó entender que el secreto estaba en mantener la concentración (como en casi todo). Luego pudimos. Lo mismo nos sucedió con los proyectos curatoriales: decidimos seguir las carreras de curadores y gestores, para ver qué hacían en cada oportunidad. Allí, lo de concentrarse era más difícil. Pero todo cambia alguna vez.

Para mí fue durante este año, donde me encontré con Desde el Malestar, de los 14 Salones Regionales de Artistas (Zona Pacífico). Viendo cada una de sus exposiciones, pensando en tanto Salón Regional trans-generacional y demo-curatorial, volví a sentir la epifanía del Arco argumental. ¿Cómo? Veamos.

Si se toma en su conjunto, la propuesta trata de resolver varias preocupaciones del equipo curatorial, como por ejemplo el asunto aquel de que en esa región la falta de autocompasión, la tristeza, el dolor y el cinismo son comunes, valiosos y no requieren de grandes despliegues técnicos o ideológicos. Pero no sólo es eso, ése es el argumento principal. También hay narraciones intercaladas. Es decir, uno podría no querer superar los Ciervos de bronce, de Camilo Aguirre, básicamente porque establece algún tipo de identificación de clase con lo que cuenta el artista y los personajes que muestra. Incluso, uno podría intercambiar el título de la “Antigua reunión de sindicalistas”, por uno como “Otra reunión de pensionados”, simplemente porque le da la gana  de recordar los momentos en que debió superar ese aburrido trance en compañía de sus padres. En el modelo clásico de “un-solo-artista-por-curaduría”, la cuestión terminaría aquí. Pero no.

Miren la invitación de Qué cosa es la verdad. Allí un pie aplasta un pescado que abre la boca para morir pronto. Ése es de Jorge Núñez. Luego miren el de Camilo Aguirre, que está dentro de la exposición. Después, lean lo que dice el equipo curatorial: “Camilo Aguirre (…) hace un pescado que mientras muere magullado se pregunta en latín “¿Qué cosa es la verdad?”. En los cuadernos de otro artista, encontramos otro pescado, y nos pareció muy pertinente poner el mismo punto en el recorrido a los dos peces, juntos (…) animales frágiles haciendo equilibrio o ya aplastados, que son el origen y la fuga del saber.” Puestas así las obras, ¿quién no aprende a concentrar su atención? Ver arte sirve de algo. Entre el folleto que repartían a la entrada y el encuentro con las piezas quedaron cosas. ¿Cuáles? Mejor que lo diga cada uno: ¿qué es la verdad?

¿Algo más? Bueno. El trabajo de Mónica Restrepo. Amigas y amigos curadores ¿para qué andar buscando versiones inéditas de cada cosa sabiendo que una misma artista puede ilustrar los chismes de un campo artístico, a la vez que puede insertar una selección de pinturas realizadas en un contexto institucional, para lograr lo mismo: hacer sonreír?

Y la cosa no termina aquí. Es decir, si visitan el blog de la curaduría seguramente podrán encontrar sus hilos narrativos. Úsen, por favor, Desde el malestar como un horóscopo, si les apetece. Trátenlo como un relato. Vayan y vean que “celebrar con gracia la decadencia de la ciudad y el fracaso del proyecto moderno” no es tan difícil. Es decir, podemos ponernos a ver transmisiones deportivas -o cine- y llorar en los momentos más apabullantes, pero ¿por qué no hacerlo en una exposición de arte? De pronto, cuando lo hagamos, entendamos que la sutileza no está en los trazos delicados o el amaneramiento conceptual, sino en aprender a leer objetos reunidos. Así pues, la curaduría también  puede servir para otras cosas, más que para odiar a los curadores. Si se quiere.

 

–Guillermo Vanegas

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17 Opiniones sobre Arco

  1. Alejandro Jiménez 2012/06/19 at 12:13 am

    Por fortuna mía,pude visitar esta exposición el dia de su inauguración, porque si hubiera leído este texto antes, seguramente habría prendido el televisor a esperar la siguiente temporada de alguna serie norteamericana que tampoco me interesa. 

    Lo mas interesante es la coherencia de este texto con la exposición presentada en la Tertulia,  en ninguna de las dos entiendo nada. Salón Regional con artistas que no hacen obra hace mas de 10 años, obras o bocetos en proceso de añejamiento, artistas que viven fuera de la Región hace varios años, etc.

    Esta curaduria es una buena selección antológica de los artistas de Cali de los últimos 10 años, artistas jóvenes y otros no tan jóvenes, algunas piezas interesantes y sobretodo, una curaduría que por fin destaca al artista y pone de manifiesto el terrible vacío que generan los salones sin artistas. 

    • Rodrigo Cardenas 2012/06/28 at 3:17 pm

      Por fortuna mágica.

  2. Leonardo Herrera 2012/06/20 at 9:00 am

    “Vive rápido y muere joven, así tendrán un cadáver bien parecido”
     
    Soy rubia rubísima soy tan rubia que me dicen “Mona no es sino que aletee ese pelo sobre mi cara y vera que me libra de esta sombra que me acosa” No era sombra sino muerte lo que le cruzaba la cara y me dio miedo perder mi brillo. Así empieza la novela que Viva la música de Andrés Caicedo, el joven escritor caleño que se suicidó a los 27 años, él sabía bien que después de esa edad en el trópico no quedaba nada más por hacer; porque Cali tiene ese afán caníbal de engullir a pedazos a los jóvenes (ser joven aquí es hasta los 28) por eso hasta el mismo Caicedo es un cliché.

    Muchas veces me he preguntado ¿Porque los artistas se van de Cali pasados los 28? Eso fue lo que paso con Luis Ospina, Carlos Mayolo, Bernardo Ortiz, Juan Mejía, Giovanni Vargas, Mónica Restrepo, Carolina Ruiz, Camilo Aguirre, Alex Rodríguez, Guillermo Marín, Luis Mondragón, Javier García, Cesar Alfaro Mosquera, Luis Mosquera, María del Carmen Espinoza y  Ana María Millán entre otros; sin mencionar los fantasmas en esta ciudad que no exhiben sus trabajos de manera individual hace más de 5 años; como Alejandra Gutiérrez, Wilson Díaz, José Horacio Martínez, Ernesto Ordoñez, Juan David Medina, Fabio Melesio Palacios, Pablo Van Wong, Liliana Vergara, Carlos Quintero, Rosemberg Sandoval, Jorge Reyes, Jorge Acero, Martha Posso y hasta el mismísimo Oscar Muñoz; la mayoría de ellos siguen produciendo y realizando obra, además de otros oficios como gestores, galeristas, profesores, directores de espacios, etc… ¿Porque en Cali y sus instituciones no tienen una política para las artes visuales? Exceptuando (lugar a dudas y Frontera Sur) si en el 2008 con el 41SNA algunos de ellos exhibieron sus trabajos, en la mayoría ya vistos, y si no fuera por el salón Regional de Artistas (Desde el malestar 2012) que conjugo de manera excepcional los viejos y jóvenes artistas en el mismo escenario (nuevamente algunas obras ya vistas), sin estos dos eventos (con un intervalo de 4 años) la mayoría de estos artistas caleños no existirían, más bien son cadáveres bien parecidos para la ciudad y sus instituciones, que los consideran caducos, trasnochados, anticuados y decadentes, con estas palabras se define su actividad y su producción.  

    Leonardo Herrera.

  3. Jonas Ballenero Arponero 2012/06/20 at 9:23 pm

    LA MALUQUERA.
    Por: Jonás Ballenero Arponero.
     
    Hacer una exposición no es tarea fácil. Hacer tres es menos fácil. Si a esto le sumamos un libro, pues la cosa se complica. Y que todo esto funcione en Cali y sea de calidá, pues eso sí que sería una proeza. Por eso Desde el malestar me genera una maluquera indescifrable. Sí, me quedó un sentir maluco, como de algo que pudo ser y no alcanzó. Como un guayabo maluco, de esos con tragos chiviados de madrugada. En este amanecer soleado, con los efectos de la borrachera, después de la rumbita, quisiera averiguar por qué estoy con maluquera.
     
    No se puede negar que el equipo curatorial hizo “la tarea”. Visitaron artistas entre estudiantes, jóvenes, emergentes y consagrados. Fueron a cuanto evento pudieron (y no visitaron más porque seguramente no hubo). Hicieron la preselección, la selección “rigurosa”, la gestión con la entidad gubernamental, la solicitud de espacios, la coordinación, en fin todo lo necesario para que todo saliera muy bien… y sin embargo, estoy maluco…
     
    Los artistas son de lo mejor que ha dado esta región. Hay desde Premios Nacionales (¡antes había premios!) a jóvenes artistas con reconocimientos y méritos nacionales e internacionales, hasta noveles talentos que ya se destacan entre lo mejor del país… y sigo maluco…
     
    Los espacios que lo requerían se adecuaron. Los otros se dispusieron como se debe. Los montajes estuvieron bien. Y… ¡Sigo maluco!
     
    Ya caigo… entre tantas cosas “bien”… ¿Dónde está el malestar? ¿Cuál malestar? Claro, todo está bien, todo se ve divinamente, todo parece (¿parece?) como si (¿como si?) estuviéramos en un país del primer mundo… Y definitivamente no estamos en esa situación, así hoy el primer mundo se parezca cada más a nuestro mundo… ¡No! ¡Acá tenemos un país de mierda, en una situación de mierda, con realidades de mierda!  Y los artistas, los curadores, los gestores, los críticos, los espectadores, en fin, todos nosotros dedicados a la penosa labor de perfumar bollos.
     

  4. Juan Sebastián Ramírez 2012/06/21 at 1:56 am

    Me encanta el comentario de Jonás Ballenero: pone el dedo en la llaga (que no es precisamente mi propia llaga, sino la del Ministerio).

    Pues sí, no olvidemos que eventos como el Salón Regional de Artistas son escenarios políticos, tanto para los curadores, los artistas, los críticos (entre ellos Jonás) y los espacios involucrados, pero sobre todo para el Ministerio de Cultura mismo. Repitamonos lo que ya sabemos hasta el cansancio, ¿no será el Regional un pañito de agua tibia más? ¿No sería más apropiado apoyar procesos a mas largo plazo, como subsidiar espacios locales que produzcan una programación constante? La respuesta ya la sabemos, el problema es que estos procesos a largo plazo son bastante invisibles mientras el Regional tiene un aura trasnochada de “momento álgido” del que se tienen altas expectativas (al menos en Cali). Sin embargo, si el Regional solo se asumiera como lo que es (más allá del capital simbólico que le montan quienes tienen mayores intereses en él), una exposición o proyecto de circulación bianual que aterriza desde el centro en la provincia, se reduciría el botín político. Ahí entonces estaríamos mejor parados. El Regional perdería las ansias de validación que genera -las ansias económicas seguro perdurarían- y estaríamos más cerca de la tan defendida por Jonás Ballenero manera-de-hacer-arte-en-Cali (que tan “correcto”, no sé). No es que piense que el Regional deba desaparecer pues nunca cae mal una exposición recorderis, que celebre los “greatest hits” del periodo anterior*, como parece que sucedió esta vez.

    Perdonará Jonas que no me haya desligado aún del todo del “primer mundo”, que no le haya querido pasar el malestar de las penibles condiciones de exhibición a los artistas, que me haya dejado llevar por los estándares expositivos básicos y hasta me haya enredado en pensar adecuaciones museograficas para que todo se viera “divinamente”, pero ¿qué? Si no lo hubiera hecho, posiblemente hubiera tocado esperar dos años más. Aquí en provincia las adecuaciones museograficas solo llegan de la mano del Ministerio.

    ¿Será que me equivoqué y terminé “perfumando bollos”? Posiblemente, aunque evité caer en la popular cortina de humo de la apología de la precariedad. En mi ingenuidad, quisiera pensar que poner la “barra alta” sirve para desperfumar los bollos de exposición a los que nos tiene acostumbrados la mayoría de las instituciones locales.

    ¿Será que se espabilan? ¿Será que nos espabilamos?

    Juan Sebastián Ramírez

    * Como en los Regionales (Pacífico) anteriores lo que primó fueron las “curadurías” sin artistas, el periodo que abarcó Desde El Malestar fue más amplio de lo que se consideraría normal para un Salón Regional.

  5. Jonas Ballenero Arponero 2012/06/21 at 11:22 am

    Algunas malucas reflexiones…
     
    La labor del crítico puede ser considera como la más fácil y cómoda: puede limitarse al simple hecho de hablar y escribir sobre lo que los otros han hecho. Más aún en relación con el proyecto Desde el malestar. Es evidente que la diferencia entre esta curaduría y otras tiene que ver con el compromiso de exhibir a artistas con sus procesos y proponer una lectura sobre las mismas. Es evidente que se presentan múltiples limitaciones, que tienen que ver con el mismo carácter de la convocatoria y con los anteriores proyectos y procesos. Seguramente los recursos son pocos y los tiempos cortos para generar un proyecto de tal magnitud y alcance. El malestar de pronto comenzaría allí… y el problema sería otro u otros. En los comentarios que se han suscitado, algunos que citan a este servidor, se comienza a notar que lo que “malesta” tiene que ver con lo inadecuado del medio de las artes, con las pocas y desentendidas dinámicas del sector, con la falta de políticas claras que apunten a subsanar los eternos problemas de las artes visuales.
     
    En ese sentido es importante resaltar algunos apartes de los comentarios. Catalina Cardona anota que 
     
    El panorama  histórico de las artes en Cali en retrospectiva a finales de la década de los 90´s hasta hoy es turbio, no han existido actores que se hayan apropiado de procesos adecuados a largo plazo en pro del desarrollo de las artes en la ciudad. Se han dado en cortos tiempos eventos de consolación, realizados durante un tiempo suficiente para que artistas, curadores y gestores  se olviden que al terminar el evento ya no habrá más consolación, y por el contrario habrá desolación. (http://esferapublica.org/nfblog/?p=34007)
     
    Por otro lado, y no muy lejos, Leonardo Herrera se pregunta por la presencia (o más bien ausencia) de los artistas, lamentando su poca o nula visibilidad, su irrelevancia consecuente y la carencia de eventos y políticas que apoyen al sector (http://esferapublica.org/nfblog/?p=33203&cpage=1#comment-33266). 
     
    Finalmente, Juan Sebastián Ramírez nos habla de una curaduría que pretende ir más allá. Al respecto acota: “Como en los Regionales (Pacífico) anteriores lo que primó fueron las “curadurías” sin artistas, el periodo que abarcó Desde El Malestar fue más amplio de lo que se consideraría normal para un Salón Regional.” ¿Será posible resolver la situación trágica de las artes a punta de regionales y nacionales? ¿Por qué se limita todo a este tipo de eventos? ¿No se pueden pensar en otros programas o proyectos de larga duración y con otros impactos? La propuesta de Ramírez, al inicio de su comentario me parece importante: “Repitamonos lo que ya sabemos hasta el cansancio, ¿no será el Regional un pañito de agua tibia más? ¿No sería más apropiado apoyar procesos a mas largo plazo, como subsidiar espacios locales que produzcan una programación constante? La respuesta ya la sabemos, el problema es que estos procesos a largo plazo son bastante invisibles mientras el Regional tiene un aura trasnochada de “momento álgido” del que se tienen altas expectativas (al menos en Cali).” Pero también es uno de los posibles paliativos. El problema o mejor aún, la situación es mucho más compleja. Por un lado existe un abismo entre los productores y sus posibles consumidores. Este abismo es propiciado tanto por las nefastas políticas gubernamentales como por las miopes y torpes propuestas académicas, que aún no vislumbran mejor labor que la de formar artistas para un medio que no los quiere y no los necesita. Además, y ante la falta de otros profesionales (como curadores, museólogos, gestores, administradores, guías y demás actores debidamente formados para sus respectivos roles) los que se formaron como artistas han debido asumir desde sus particulares espacios y tiempos aquellas funciones o, peor aún, algún lagarto de turno, con apenas diploma de bachiller y sin el más mínimo conocimiento, es designado por el político parroquial de turno como funcionario del ente gubernamental dedicado a la cultura (llámese secretaría o casa de la cultura), convirtiéndose el asunto no en un problema político, sino más bien en un juego politiquero, con el agravante que la cultura y las artes “no importan ni impactan” así que los más bobos son los que rigen los destinos a punta de desatinos. Los ejemplos abundan.
     
    Sería bueno preguntar ¿quiénes son los funcionarios encargados de las políticas artísticas en los municipios y departamentos? ¿qué formación tienen? ¿de qué manera gestionan y deciden sobre los recursos públicos? ¿cómo impactan sus programas, proyectos y acciones al turbio y sórdido panorama de las artes? ¿qué relaciones proponen con las instituciones educativas? ¿cómo proyectan el desarrollo del sector productivo en las artes? En fin, sería bueno quiénes son, qué piensan, qué hacen los encargados de la cultura y las artes. Y que no se nos olviden las instituciones artísticas, como el Museo La Tertulia, que poco o nada están haciendo.
     
    No creo que con sólo con salones y exposiciones se pueda pasar este momento amargo. Hay que ir más allá. Los males van mucho más allá. Desde el malestar por eso siempre se va a quedar corto. Porque más que un malestar, lo que tenemos se parece más a una enfermedad terminal.
     
    Jonas Ballenero Arponero
     
     
    PD. Seguramente Sebastián, desde mi cómoda posición de crítico, si no hubieran hecho las cosas “bien”, estaría criticando por haberlas hecho “mal”… Al final, así como el alacrán pica, yo critico.
     

  6. Juan Sebastián Ramírez 2012/06/21 at 5:35 pm

    Jonás dice “por un lado existe un abismo entre los productores y sus posibles consumidores. Este abismo es propiciado tanto por las nefastas políticas gubernamentales como por las miopes y torpes propuestas académicas, que aún no vislumbran mejor labor que la de formar artistas para un medio que no los quiere y no los necesita”, lo cual comparto. Yo tampoco entiendo esta profusión de carreras de arte en Cali, existen cuatro y están en proceso de abrirse dos más. Cuando estudié en Bogotá en los 90, si mal no recuerdo, solo habían cuatro carreras de arte, y el Cali de hoy no es precisamente el Bogotá de los 90. Después sigue “además, y ante la falta de otros profesionales (como curadores, museólogos, gestores, administradores, guías y demás actores debidamente formados para sus respectivos roles) los que se formaron como artistas han debido asumir desde sus particulares espacios y tiempos aquellas funciones”. Ahí, en el hecho que gente formada en el campo de las artes plásticas no sea la que ocupa estos roles, es donde radica uno de los principales problemas de las instituciones locales y de la escena misma. Ojalá fuera así, seria lo más natural. Seguramente todo sería diferente, y las instituciones tendrían una mejor compresión del campo y sus dinámicas. A su vez, las instituciones ayudarían a formar (a punta de experiencia) a gente del campo para ocupar estos roles. Desgraciadamente, si uno mira alrededor, en la mayoría de las instituciones locales este no es el caso. Como bien lo dice Jonás, aquí en provincia la mayoría de los cargos directivos en las instituciones han sido fruto de la repartición de la torta que hacen los políticos y la meritocracia tiene poca cabida. Así pues, se pensaría que la decisión de no contratar gente del campo artístico es estratégica por parte de estos directivos pues (internamente) se pondría en al descubierto su falta de conocimiento del campo y la poca pertinencia de su desempeño. Sin embargo, lo que esto pone en evidencia es la falta de visión de estos directivos. Si fueran más hábiles, harían como cualquier político ambicioso y se rodearían de asesores quienes terminarían haciendo el trabajo por ellos. Digamonos la verdad, si la oferta de las instituciones locales satisficiera las necesidades del campo, ¿quién se quejaría que sus directivos “poco saben de arte”?
     

  7. Monica Restrepo 2012/06/21 at 5:38 pm

    Queridos compañeros,
    Encuentro en la discusión, algo que yo misma he pensado y observado bastante desde artista y ejecutrash que he sido, en Cali.
    Después de darle muchas vueltas, decidí aventurarme a sacarle una conclusión, ponerle pies y cabeza a ese muñeco, a esa tragedia que es hacer una “curaduría regional”.
    He aquí mi reflexión:
    Todos caemos en la misma trampa, unos quieren ser médicos y bomberos, atacarse a lo “urgente”, a lo que se necesita, abarcar lo inabarcable con una sola exposición, el pañito de agua tibia, el bollo perfumado, el cadaver bien parecido, la curación, la sanación.
    Con una sola exposición, a perdón, con dos por región. Una vez, cada dos años. Una sala de urgencias medianamente grande, con lo necesario para atender, tomarle el pulso y la temperatura como diría la enfermera Traba, al arte nacional. Un censo donde aparecen uno tras otro, los inventarios y los diagnósticos de tales o cuáles enfermedades. Por lo menos cada dos años, el gobierno presta la ambulancia para ir recorrer esas regiones inóspitas y no para curar sino para traerle devuelta lo que finalmente pide: una cuenta perfectamente detallada, un recibo donde se declare todos los galones de gasolina que se gastaron puebliando y los desayunos comunitarios que organizaron los medicos sin fronteras.
    Nación, región, representación. Las juventudes nazis, los boy scoutts, la cruz roja, el club de leones o mejor, “la alfabetización” que los de último año de los colegios privados tienen que ir hacer a un hospital o un colegio de niños pobres.
    Luego los reunen, a los enfermeros y médicos y se critican y culpan mutuamente de no poder abarcar todos los pueblos, todos los enfermos, delante de los dueños de la ambulancia, deleitados ante tanta vocación, abnegación, sacrificio, coherencia, conciencia, consecuencia. Que este cuento del arte, tan interesante, tan apasionante, tan trascendental, si que sale barato.
    Yo, que tantas veces me he sentado en esa larga mesa llena de gente como yo, cansada, enferma y con anemia, en esos desayunos comunitarios de bienestarina que nos dan los enfermeros – curandores. Quiero que me paren bolas en serio, quiero que a mi me quieran, quiero tener un nombre, quiero que a mi me cuiden, si me enfermo o estoy triste, porque yo quiero creceer, como cantan los niños del ICBF. Que no se concentren en las cuentas, en representar una cosa que no existe y que finalmente no importa. La región es un invento del “misterio” de cultura para hacernos sancadilla a todos (hasta los que trabajan en ese lugar).
    Estoy de acuerdo con Sebastian, la plata deberían invertirla en subsidiar espacios locales que realmente impacten y que formen comunidad, artística, cultural, intelectual, barrial, poética y sobre todo profesional. Y lograr eso o exigirlo al estado, es algo que sólo nos compete a nosotros, los que se supone sabemos, tenemos la experiencia, el conocimiento, la energía, las ganas.
    Yo no puedo opinar mucho sobre la exposición porque no estuve presente aunque participé como artista. Pero a partir de lo que he podido conversar con los curadores, ver y leer en el blog, puedo decir que me parece sincera en tanto que el arte en Cali sufre de maluquera y que uno como artista produce desde allí. Yo me siento contenta de haber participado porque me concierne y me siento identificada con ese “estado”. Creo que es una exposición que va a tener un impacto. Importantísimo pensar en el catálogo y/o publicación que la documente. Que no sea que todo me toque luego dibujarlo a mi a manera de “chisme”.
     

  8. Jonas Ballenero Arponero 2012/06/22 at 7:11 am

    Saludo con agrado y quiero resaltar la participación de una mujer en esta discusión (Mónica Restrepo, en este caso; en otra parte lo hizo Catalina Cardona). Lo quiero hacer porque si alguna damnificada hay en todo esto, precisamente es la mujer. Me preocupa que no haya mayor participación de damas o de personas de grupos, para mí, mal llamados minoritarios o marginados… Importantes todas la voces…

    Me parece importante que revisemos lo que viene sucediendo con lo comentarios. Se comenzó hablando de una curaduría que generó 3 exposiciones y nos hemos desviado para hablar de las deficiencias y carencias del medio artístico local. La desviación parece importante. Desde el malestar parece cumplir, al menos parcialmente, con su cometido. Nos comienza a señalar el origen de la enfermedad: la falta de políticas claras, coherentes, consistentes, inteligentes, pertinentes y que apunten a una real solución de los problemas del sector de las artes. Por otro lado, la inoperancia de las instituciones artísticas y culturales de las artes, que no han cumplido y no cumplen su propósito social y cultural, al no promover a los artistas de la región ni permitir un acercamiento mayor del público (¿será por esto, Leonardo, que acá no se ven obras de nuestros artistas?. Además, la falta de pertinencia y coherencia de los programas de artes en la ciudad, al no generar otras ofertas de formación.

    Coyuntura sin hueso y sin músculo. Eso parece señalar Restrepo es su escrito. Así parece que son los programas del ministerio y de las secretarías de cultura. Coyuntura sin músculo, si lo trasladamos a una pierna de pollo, sería comerse el cartílago con los tendones y el pellejo. ¡Eso es lo que nos dan! Cartílago con tendones y pellejo.

    Jonas Ballenero Arponero 

  9. Monica Restrepo 2012/06/24 at 11:00 am

    A cual “la mujer” te refieres, amigo?
    A las que fundaron y mantuvieron el Festival de Arte de Cali?
    La que fundó el primer Museo de Arte Moderno de Colombia?
    A la que lo organizó, construyó colección y dirigió durante 30 años?
    A la que cambió el pénsum académico del programa de artes plásticas, del Instituto Departamental de Bellas Artes?
    A las profesoras de las carreras de artes plásticas?
    A la que abrió la carrera de la Javeriana?
    A las que trabajan en Lugar a dudas, Frontera Sur o La tertulia?
    A las estudiantas que quieren hacer cosas y fundan lA pLÁSTICA rAYADA, la cubeta, casa tomada?
    A las que se ganaron las convocatorias del salón de Octubre y BLOC?
    A las que mantienen Helena producciones?
    A la de Proartes y la emisora 89.5?
    A las artistas que resistimos? Y que también hemos cumplido roles de gestoras culturales, profes, secretarias, como las anteriores?
    Si hay alguien que en Cali ha sido minoría y se ha creído siempre mayoría es “el hombre”
    Entonces lo que abría más bien que terminar de damnificar es ese machismo tradicional, que desde los años 60 ha descreído de la labor mujeril en este campo.
     
    Un saludo a todas mis compañeras del contexto del arte caleño.
     
     

    • Catalina Cardona 2012/06/25 at 11:14 am

      Pertinente esta retrospectiva histórica sobre el devenir de las artes en Cali. Minoría seremos todos los artistas de la ciudad, que de no ser por la buena o mala gestión de varias mujeres no se podría contar historias.
      Esas discusiones o lamentaciones sobre pobre tu o pobre yo  no tienen lugar cuando existen amenazas mas fuertes, débil aquel que no hace o no se pronuncie!!!!

    • Rodrigo Cardenas 2012/06/28 at 3:14 pm

      A cual mujer te refieres amiga? 
      No te metas en el agua que te mojas. 
      Todavia crees en el tabu de que los artistas o las artistas  son malos o malas administradores o administradoras?
      Artistas hombres o mujeres a todos les toca difícil, ya deja de dividir que no vas a vencer. Y aquí cada cual hace lo que puede para resistir.
      Deseamos ver buenos y buenas o buenas y buenos artistas siempre y siempre habrá lugar en la memoria y en las celebraciones para ellos.
      Alla tu si crees que haciendo panegíricos  vas a lograr algo, tal vez consigas adeptos y adeptas para tu causa, pero ocupare en tratar de ser buena artista. Lo hecho, hecho esta y la historia, si es que aun existe para entonces, lo notificara.

  10. Monica Restrepo 2012/06/24 at 11:05 am

    Para la muestra un botón,
    del archivo del museo la tertulia, para tí.

  11. Jonas Ballenero Arponero 2012/06/27 at 9:16 pm

    aaaaaahhhhh entonces si han habido y hay mujeres en las artes plásticas de Cali? Entonces, ¿por qué se minimiza y se oculta su labor? A eso me refiero! A que no se le ha dado o se les da el espacio y el reconocimiento que se merecen… porque la apariencia, lo que pareciera es que el arte en Cali es cosa de “hombres” (no malinterpreteis “hombres” con “machos”, que la verdad sabemos que no son muchos)… sí, hay un machismo recalcitrante, que sólo deja aflorar los nombres de algunos muy pocos como los Herrán, los Muñoz, los Astudillo, los Martínez, los Van Wong, los Sandoval (sin menospreciar su labor e importancia) y se olvida de todas “las” que han tenido una importancia innegable, así como usted los menciona, mi estimada Mónica. Lo que aplaudo es que usted ha tomado con vehemencia (y sin demencia) una vocería necesaria.

    • Juan Manuel Garces 2012/06/30 at 1:34 am

      Estas que nombro son artistas con obra y su propuesta ha participado en Salones Nacionales,son artistas respetables y talentosas que por no tener un lugar físico donde guardar sus obras estas  no quedan sino en la memoria de algunos que nos negamos a que se diluyan por el capricho y la indolencia.

      Tejada, Negreiros, Llano, Lamasonne, Sebastian, Delgado, Vergara, Martan, Monsalve, Grau, Espinoza, Giraldo, Saavedra, Garnica, Villegas, Estrada, Blanco, Villa, Toledo, Arroyo y otras mas que Usted y la curaduria de esta exposicion sencillamente no conocen o desconocieron?

      Entonces de que historia de mujeres me hablan? si no conocen la historia verdadera? Solo se ilustran chismes y se desgastan en nimiedades de la historia oficial. Hay muchas otras mujeres importantes en Cali y en la region.

      Y debería conocerse que a Blanca Obeyda Giraldo la mataron en 1991 unos intransigentes asesinos mientras pintaba en su estudio afuera de Cali y que fue tal la cevicia y el odio que les generaba Giraldo y su  trabajo, que las obras de su exposicion posmortem fueron quemadas con cigarrillo mientras estaban colgadas en la sala de exposiciones del Club San Fernando de Cali.

      Deberia ser sabido que tres valientes y profesionales mujeres artistas de Cali no le aceptaron a un conocido curador su exposicion mal planeada y mediocre y eso significo persecución y desden para ellas.

      Deberia saberse mas que meros chismorreos.
      A proposito Herrera dicen que  Caicedo no se suicido sino que se le fue la mano y eso es otra cosa.

      JMGB.
      Cali

       

  12. Rodrigo Cardenas 2012/06/28 at 2:44 pm

    1. “..en esa región la falta de autocompasión, la tristeza, el dolor y el cinismo
    son comunes, valiosos y no requieren de grandes despliegues técnicos o
    ideológicos.¨

    Que significa esa afirmación? Cual antropólogo explorador Europeo dejo
    abierta esa consigna?

    2.
 “…También hay narraciones intercaladas”.

    Otro gran aporte de la curaduría regional desde el malestar!


    …otra perla?
 como

    ¨Miren la invitación de Qué cosa es la verdad. Allí un pie aplasta un pescado que abre la boca para morir pronto. Ése es de Jorge Núñez. Luego miren el de Camilo Aguirre, que está dentro de la exposición. Después, lean lo que dice el equipo curatorial: “Camilo Aguirre (…) hace un pescado que mientras muere magullado se pregunta en latín “¿Qué cosa es la verdad?”. En los cuadernos de otro artista, encontramos otro pescado, y nos pareció muy pertinente poner el mismo punto en el recorrido a los dos peces, juntos (…) animales frágiles haciendo equilibrio o ya aplastados, que son el origen y la fuga del saber.” Puestas así las obras, ¿quién no aprende a concentrar su atención? Ver arte sirve de algo. Entre el folleto que repartían a la entrada y el encuentro con las piezas quedaron cosas. ¿Cuáles? Mejor que lo diga cada uno: ¿qué es la verdad?
”


    La verdad Sr, Vanegas, el arco curatorial tipo novela RCN o Caracol al
    que usted nos quiere remitir, no parece funcionar muy bien esta vez en la
    curaduría del malestar. La exposición en la sala subterránea del Museo La
    Tertulia es en verdad un poco desarticulada y solo tiene brillos puntuales
    de las obras conocidas y probadas en otras salas por los artistas buenos
    y las ocurrencias o aproximaciones de “espontáneos” que aun no se
    deciden.

    En Casamata otra sede lo que veo es un desastre empezando por el
    mismísimo lastimero y arrugado texto de presentación pegado en la
    entrada de la exposición y mi verdad es que el montaje se observa
    desprolijo, desganado y plano. La Interpretación espacial en la sala
    principal es un poco improvisada, no hay acuerdo entre las obras
    presentadas al curador y lo que este contaba que le iban a presentar.
    La Iluminación deficiente, plana, sin dramatismo ni tensión alguna, como
    si de un perturbador interrogatorio se tratara. Las obras se presentan
    regadas en el espacio unas cuantas y apretujadas en un cuarto las otras.
    Algunas obras de encargo entre “Tardopoveras” e ingenuas puedo decir
    que para mi la verdad el montaje no funciono. El Recorrido o circulación
    es tan amplio y disperso que podría jugar un partido de futbol en la sala
    de recibo de esa casa.

    Mi concentración no me da para alcanzar lo que propone Vanegas, me niego
    a seguir la línea entre los ingenuos bordados y fotografías, débiles dibujos
    sostenidos con palitos, muñecos y angelología. Salón regional zona X.
    Esa es la verdad para mi sobre lo que vi allí en esas curadurías