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Antes de esferapública

“Las maravillas de la tecnología de la comunicación en el presente han producido una falsa conciencia con respecto al pasado; incluso la idea de que la comunicación carece de historia, o no tiene nada importante que considerar antes de los días de la televisión e internet”

—Robert Darnton

(citado en “Por qué la revolución no será tuiteada” de Malcolm Gladwell, publicado en Revista El Malpensante, #114)

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Lucas Ospina: La semana pasada hablé de la crítica y en su sesión Jaime Iregui hizo una presentación de las dinámicas de discusión de esferapública. En esta sesión conjunta nos gustaría hablar de esferapública antes de Internet, es decir, de unos proyectos que hacían lo mismo que pasa ahora en internet, pues el contexto que se plantea en este seminario es el de la crítica y la red.

Recuerdo unos cuadros de Jaime Iregui de finales de los ochenta donde hay formas geométricas y líneas que van uniendo puntos, también recuerdo ese evento que hicieron en Gaula –el espacio de exposiciones que tuvo Jaime con Carlos Salas y Danilo Dueñas a comienzos de la década pasada en el barrio La Macarena de Bogotá- donde invitaron a artistas y a actores del arte a trazar líneas en el piso de ese espacio, y de alguna manera veo que esto se relaciona con su labor actual.

Jaime Iregui: Es cierto, en mi trabajo hay una preocupación por el espacio desde la época en que hacía abstracción geométrica, donde dibujaba líneas que iban generando relaciones y redes. Esto fue a finales de la década de los ochenta y comienzos de los noventa. Con el Proyecto Tándem me interesaba que este trabajo pasara de representar líneas y redes a propiciarlas como espacios de encuentro y discusión.

Conversaciones Tándem, 1993.

Tándem toma forma inicialmente en un libro que contiene unas 16 serigrafías de mi trabajo, la gente las podía sacar y desplegar sobre una mesa o una pared. Así mismo, venía con una serie de textos que buscaban crear relaciones con otros campos como el pensamiento complejo y la cibernética, donde conté con la colaboración del filósofo Alfonso Flórez y el matemático Isaac Dyner. La idea es que este libro funcionara como un espacio móvil de exposición y discusión. De ahí que se propusieran encuentros con el nombre de Conversaciones Tándem, donde  discutíamos sobre estos temas con artistas, investigadores, estudiantes y personas de otras disciplinas.

Lucas Ospina: Si me propusieran hacer una curaduría de la obra de Jaime Iregui, pondría sus cuadros de las líneas, pondría la publicación de Tándem donde se presentaban los textos de mucha gente, pondría ese trabajo de las líneas en el piso que hicieron con Salas y Dueñas en Gaula y al final pondría lo que hace actualmente.

Me acuerdo de esa exposición que curó María Iovino sobre la obra de Bernardo Salcedo donde trataron de reconstruir varias de sus obras y lo extraño de esta muestra es que teniendo en cuenta que Bernardo Salcedo escribió bastante, al final de la exposición uno se encontraba casi escondido un cerrito empastado de fotocopias con sus textos y quedaba todo este trabajo de escritura como una cosa tangencial, como si su pensamiento escrito no tuviera relación alguna con su obra.

En este mismo contexto, podrían decir que “Jaime Iregui abandonó la obra”, como pasó con muchos de los artistas de su generación que no recibieron el suficiente reconocimiento, pues aquí no hay un sistema fuerte de galerías y mercado. ¿Qué artista vive de vender su obra? Salvo uno o dos artistas, pareciera como si los demás hubiesen terminado haciendo otras cosas y abandonado la obra. Cosa que no veo en el caso de Jaime, lo que veo es que antes había líneas que se unían unas con otras y de pronto esas líneas empezaron a unir personas, como sucedía en esas reuniones a las que invitaba Jaime en ese otro proyecto que se llamaba Espacio Vacío allá en Chapinero. Recuerdo que Jaime me llamaba y me preguntaba: “¿Este sábado tiene tiempo a eso de las dos de la tarde?” y le yo le respondía “sí, tengo tiempo”, entonces él me respondía “va a venir un grupo de personas”. Luego llegaba uno a Espacio Vacío el día señalado y estaban los otros invitados, cuatro o cinco personas, y luego Jaime empezaba preguntando “¿cómo les parece el último Salón nacional?”, cada uno daba una opinión, luego hablábamos como dos horas —las conversaciones no se grababan— y al final cada uno se iba despidiendo, dando por terminado el diálogo sin necesidad de conclusiones, manifiestos o la creación de asociaciones de artistas.

Jaime Iregui: Sí, en ese momento la red funcionaba con invitaciones que se hacían por teléfono y envíos por fax. Pasaba lo mismo con otra iniciativa de Tándem que se llamaba Archivo X, nos reuníamos en talleres de artistas, museos y espacios como el Planetario. El Archivo X era un archivo portátil donde se guardaban propuestas, textos, fotocopias y en algunos casos, convocatorias de los mismos artistas participantes.

Lucas Ospina: También estaba la exposición que se hizo en Sextante que se llamaba “Lejos del Equilibrio”, ¿esa la organizó usted?

Jaime Iregui: La idea de hacer una exposición surgió luego de reunirnos a lo largo de 1993 a conversar en torno a conceptos relacionados con la noción de red, uno de ellos era el de autoorganización, que se refiere a la forma como un sistema genera su propio orden estructural y modos de relacionarse con el medio que lo rodea, también era importante el concepto de transversalidad, entendido como posibilidad de diálogo en torno a un tema desde varias disciplinas o modos de entender la realidad.

La noción de lejos del equilibrio hace referencia a un estado altamente inestable, donde predomina la no linealidad y en el que los sistemas en vez de desaparecer o desintegrarse, se transforman y adaptan a esta nueva situación a través de su interacción con el entorno, lejos de la estabilidad y predictibilidad que proporciona un estado de equilibrio -que en el caso del arte podría ser el del determinismo cultural, la necesidad de categorizar, jerarquizar, institucionalizar.

Lejos del Equilibrio, proyecto Tándem, 1994

El diseño y montaje de la exposición fue un trabajo colaborativo con Carlos Salas, Fernando Uhía,  Eduardo Pradilla, Danilo Dueñas y Víctor Laignelet. Participaron cerca de 50 artistas y sus obras se dispusieron en una pared al fondo de la galería, las otras salas se dejaron vacías y pintamos cada una de un color distinto.

Organizamos cada semana una sesión de conversaciones con la idea de que algunos de los participantes hablaran sobre su obra. Esto con el propósito de que escuchara la voz del artista sin la mediación de la crítica. Igualmente, las obras no contaron con ficha técnica para evitar mediaciones relacionadas con el nombre del artista (autoría) y propiciar una relación más directa con el público, que además se podía sentar en una banca frente a las obras. Había en otra sala un pequeño mapa del montaje con los nombres de los artistas para aquellos interesados en ubicar la obra por su autor.

La idea era reducir en la medida de lo posible la mediación institucional, de la crítica y propiciar espacios donde estas mediaciones surgieran de la misma práctica artística. Críticos como José Hernán Aguilar y Carolina Ponce de León tenían sus columnas en El Tiempo cada quince días. Y estaba muy bien la crítica tuviese ese grado de actividad y visibilidad. Lo que nos importaba no era tanto ir en contra de la crítica y las instituciones, era abrir otros espacios.

Carolina Ponce y José Hernán Aguilar habían estado muy atentos a las propuestas de la llamada “nueva abstracción” y espacios como Gaula. Sin embargo, cuando ya nos dio por trabajar con textos y publicaciones a José Hernán no le gustó mucho el asunto, pues de alguna forma dio a entender que lo que estábamos haciendo era labor de la crítica y no de los artistas.

Por esta época (1994) la periodista Olga Marín nos invitó a participar Martes de las Artes, en un espacio semanal en la sección de cultura de El Espectador. Nuestro espacio se llamaba Conversaciones Tándem, donde a partir del diálogo con artistas se escribía sobre temas de contexto como la relación entre los artistas y las instituciones, proyectos independientes, el estado de la crítica, salones y bienales. La página salía cada dos semanas y se publicó hasta 1996, año en que la familia Cano vendió el periódico.

En ese mismo año, Carlos Jiménez nos propuso realizar una exposición del proyecto Tándem en la biblioteca de la Universidad del Valle sobre arte y el recién llegado Internet, que para la época sólo se podía acceder a través de la Universidad Nacional en Bogotá, la de Cali y en los Andes.

Trabajamos una propuesta que se llamó Red alterna, en la que se montaron dentro de un cubo de paneles las obras de varios artistas y el público no podía entrar a verlas sino a través de la red. En la parte exterior de este cubo se montaron publicaciones del proyecto y las Conversaciones Tándem de El Espectador. Recuerdo que a algunos profesores de la universidad no les gustó para nada eso de que sólo se pudiese acceder la obra a través de una pantalla.

Mauricio Gómez Jaramillo: Hay un ingrediente importante que se daba con Tándem y, específicamente con la exposición de Lejos del Equilibrio y es que el diálogo también se daba en las obras. Había obras de artistas de generaciones mayores como Alvaro Herrán y obras de artistas más jóvenes como Juan Andrés Posada…

Jaime Iregui: tanto con los artistas como en el montaje la idea era evitar ese tipo de jerarquizaciones. Inclusive, se invitaron artistas que para la crítica eran considerados como muy cercanos a lo comercial, otros que no eran tenidos en cuenta en sus textos…

Lucas Ospina: también habían discusiones fuertes en las conversaciones entre los artistas. Recuerdo que cuando habló Danilo Dueñas, entre el público se encontraba Mauricio Cruz y le hizo una serie de preguntas que por lo insistentes llevaron a que Danilo prácticamente terminara la charla, esto era como si lo que pasa hoy en día en esferapública se escenificara, tal vez en esa época a cambio de internet lo que teníamos era teatro. En fin, lo que me interesa señalar con esto es que esferapública fue posibilitada no sólo por la red, sino que antes de eso había una serie de actores que con Internet o sin Internet ya estaban hablando, diciendo cosas en público de forma verbal.

Y como no hay instituciones fuertes en nuestro medio —o las que parecen fuertes, cuando se las conoce por dentro, son lugares llenos de caprichos, intrigas y chambonadas—, y como no hay galerías constantes, como no hay coleccionismo y como para esa época el modelo universitario era más incipiente, los artistas se volvieron instituciones, como diciendo que si no nos encargamos nosotros mismos de hacer las cosas, estas no van a funcionar. Pero también los artistas se convirtieron en una especie de instituciones independientes, de islas, cada uno se volvió una institución. Se armaron unos grupos momentáneos, asociaciones de individuos, pero después uno ve cómo cada uno salió disparado para sitios diferentes. Uno ve, por ejemplo, que el grupo que hizo Gaula, donde estaba Danilo Dueñas, Carlos Salas y Jaime, cada uno siguió haciendo cosas relacionadas con lo que hacía, pero cada uno salió disparado hacia lugares diferentes.

Siempre he visto que si a la gente le gusta hacer cosas relacionadas con arte, en un medio tan incipiente, es porque les gusta. Finalmente me parece un buen filtro. En otros países uno ve que los artistas cuentan con una cantidad de subvenciones, ayudas, becas y después uno ve una cantidad de cosas malísimas y una cantidad de gente que vive de esa burocracia cultural. Mientras que aquí la gente sigue haciendo las cosas y lo sigue haciendo porque le da la gana, no veo otro motivo, porque las cosas no dan ni plata, ni se construye una carrera, al contrario, se destruye la carrera, todo se olvida y lo único que sí se construye y permanece son las enemistades.

Lo digo también porque he ido a otros sitios y los que están atentos a esferapública me dicen que “es extraño que esa gente de esferapública no pare de discutir”, y “hacen textos largos porque sí, y les impresiona como alguien se construyó un seudónimo y lo lucha y lo mantiene por años”.

En una oportunidad hablaba con Miguel López, que tiene el blog de Arte Nuevo, que funciona sobre todo en Perú, y le decía que la gente en su blog sigue haciendo participaciones, sigue pensando qué esto se trata de hacer un comentario, una especie de comentarismo muy deportivo, y Miguel me decía que rara vez le mandan un texto largo o algo muy elaborado. Pienso que esa insistencia, esa terquedad viene del mismo modelo. Desde afuera uno lo ve y dice “que gente tan pelietas”, y sí, los colombianos somos así, pero creo que también se trata de una manera muy propia de demostrar autonomía, precisamente porque aquí no hay esa cooptación benéfica que sí hay en otros lugares, las carreras no funcionan, la fama no paga y el único lugar donde la gente se puede comer el cuento del arte es en las universidades y luego cuando salen, o cuando les cancelan la cátedra, es otra la historia.

Jaime Iregui: Hace como diez años recibí una invitación para participar en un encuentro internacional de espacios independientes. Este evento, en que reunía casi un centenar de propuestas de todo el mundo, estaba financiado por el Ministerio de Cultura de Francia, y la gran discusión de fondo era precisamente la pregunta por la autonomía de estos proyectos  independientes al estar financiados por el Estado.

En nuestro medio uno es independiente por default, es decir, un estudiante que sale de la universidad se encuentra de entrada con un estado de cosas donde el apoyo es muy reducido, y si hace cosas es, como lo dice Lucas, porque le gusta hacerlas y no porque se ganó un apoyo, una beca o algún reconocimiento del Estado.

Obviamente no se trata de no recibir apoyos. El caso es que aparte de las pocas becas que tenemos en nuestro medio, aquí no hay apoyos para que un grupo de artistas gestione un espacio o se promueva una escena que opere de forma independiente a los criterios con que las instituciones del Estado diseñan y formulan sus proyectos.

Está también el tema de las asociaciones de artistas, que son necesarias muchas veces para recibir apoyos del Estado. Por ello en otros países donde hay bastante apoyo, gran parte del gremio del arte está asociado, mientras que aquí eso de la asociación carece de sentido para muchos artistas, por lo cual es común escuchar a las instituciones oficiales señalar que “el campo no está organizado”.

Lucas Ospina: Recuerdo que antes de que apareciera esferapública hubo un intento de asociación promovida por artistas a raíz de una de las típicas polémicas del Salón Nacional de Artistas. Las reuniones eran en el Planetario y me acuerdo que si uno se perdía una reunión, en la siguiente uno encontraba de pronto un tipo que nunca había visto y ya se había convertido en el Secretario de la Asociación. Y si uno preguntaba a algún asistente que quién era el señor, le decían a uno que “es artista y hace una obra malísima”. Así, uno empezaba a entender el mecanismo de las asociaciones. Por eso se entiende que hoy en día, en casos como el de la Fundación Gilberto Alzate Avendaño –que maneja el dinero de la Secretaría de Cultura- ya se nombró a un representante de los artistas, y el señor que quedo creo que era director de una carrera de artes. Uno dice que muy bueno eso de tener allá a alguien discutiendo, presionando por las platas, viendo que la plata de una de las residencias para artistas no se la parrandee un curador que quiere hacer carrera con ellas, o que una expedición de artistas por el río Magdalena no se convierta en un tour de turismo burocrático, pero también uno dice que lo que uno realmente necesita es que lo apoyen sin necesidad de tanta burocracia. Lo que pasa es que para que ese modelo funcione tiene que haber mucha plata. Y que haya tanta que, mientras que el 80% se use para chanchullos y recreacionismo, y haya grupos de gente tratando de vivir de ese dinero viendo como junta el hambre con las ganas de comer, el 20% restante sí funcione.

Una vez me invitaron a un encuentro en Puerto Rico organizado por María Inés Rodríguez, bastante endogámico, con mucha plata y con un gran auditorio donde tenía que dar una conferencia y en el que había como unas tres personas, eramos más conferencistas que público. Me pagaron US700 y cuando fui al banco había otros conferencistas y pensé que tenía que darles parte de ese dinero, pues se me pasó por la mente que lo que me habían pagado a mi correspondía a los honorarios de varias personas, y no fue así. A cada uno se le había pagado la misma cantidad. Luego vino un catálogo que presentaba el asunto como si hubiese pasado una cantidad de cosas, pero ahí lo que había era una gran cantidad de plata. Había un grupo de artistas mexicanos que hablaban únicamente de la cantidad que el gobierno mexicano le habían dado a cada uno. Damian Ortega, uno de estos mexicanos, tenía como propuesta artística, no gastarse un solo peso de la plata que le habían dado. Era increíble, eso daba a entender que el gobierno mexicano les daba un muy buen apoyo, y daba para que uno de estos artistas se propusiera como obra no gastar el dinero asignado para la ocasión por el Estado. Mientras que uno se las tenía que arreglar para poder pagar lo de la visa y el transporte de la obra. A esto es a lo que me refiero que para que el modelo funcione tiene que haber mucha pero mucha plata para  que los que se la quieran parrandear lo puedan hacer pero para que le llegue a uno cuantos que sí le saquen buen provecho.

Si hay poca plata, lo que se genera son unos grupos pequeños de poder temporal, y eso se ve en casos locales como el de las curadurías regionales, que es el evento donde hay algo más de plata para desarrollar proyectos.  Pero sólo se da para dos proyectos por zona del país a personas que de alguna manera se han ganado un reconocimiento, pues llevan buen tiempo trabajando en esa línea. Para que ese modelo funcione se tendrían que tener apoyos para cincuenta proyectos, y que de ahí, por masa crítica, salieran tres o cuatro bien interesantes. A lo que voy es que toda esta precariedad ha hecho que sean unas individualidades las que terminan hablando. Si relacionamos lo anterior con la forma como se han llevado estos proyectos, vemos cómo se ha cuidado que espacios como Tándem y Espacio Vacío no hayan caído en iniciativas como la de crear asociaciones, lo que les dio mucha autonomía y también la posibilidad de desaparecer cuando les llegó su momento, esto se refleja en esferapública, un espacio donde sus participantes nunca se han reunido, ni se espera que lo hagan, ni se les paga y que a veces da la impresión de que escriben todo eso porque tienen un tiempo y una energía que no han podido invertir en otras cosas de arte precisamente porque esas cosas de arte no han tenido una presencia o desarrollo fuerte que les permita dedicarse a ellas, máximo dictaremos unas clases, haremos algo de diseño gráfico, de vez en cuando se hace una exposición, pero aun así, ante la imposibilidad de dedicarse a hacer solo cosas de arte o a hacer un trabajo intelectual serio, nos queda ese sucedaneo virtual de esferapública, una especie de facebook del arte criollo.

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* Texto hecho a partir de una conversación que tuvo lugar en el marco del seminario Crítica en la red, organizado por el periódico Arteria.

 

Discusión

Carlos Jiménez
diciembre 4, 2010 a las 10:34 am

Lucas Ospina tiene la razón en muchas de las cosas que dijo en una conversación que, además y en terminos generales, resultó muy estimulante y fecunda. Pero quiero subrayar lo que dijo sobre Jaime Iregui, quién merece más, mucho más reconocimiento del que nuestro cicatero medio artistico insiste en concederle. Me refiero a la asociación que hace Lucas entre la obra de Iregui, digamos convencionalmente artistica, y su trabajo como promotor de iniciativas como Tandem, Espacio Vacio y, obviamente, esferapublica. Lucas dice al respecto que en sus obras antes había “unas lineas que se unían unas con otras y de pronto esas líneas empezaron a unir personas”. Espléndida definición del arte relacional de antes que el arte relacional se convirtiera una fórmula en manos de Nicolás Bourriaud y una potente indicacion de cuán falsa o inapropiada es la imágen de que Jaime dejó atras el arte para convertirse en gestor cultural.

 
Alejandro Martín

Estuvo buena la charla para que Lucas le ayudara a Jaime a presentar todo el contexto que rodea y presenta Esfera Pública.
No hay duda de que Jaime y EP merecen todo el reconocimiento del caso. Aunque creo que dentro del medio (sea lo que sea el medio) artístico se le reconoce mucho.
EP es clara muestra de ese estilo y espíritu bogotano que Lucas describe, y si bien agradecemos que exista, y a mí me gustaría colaborar mucho más, me entristece mucho ver cómo en muchos casos violenta y agrede innecesariamente muchos de los actores más interesantes. Es claro como mucha parte de la comunidad no participa porque sabe que al final saldrá mal librada. Se convierte en una conversación de ironistas a la que en muchos de los casos es mejor no entrar porque no serán la generosidad o las razones las que primen, sino el ingenio y el comentario insultante (una buena muestra de las vilezas, (y de las gracias) que tienen lugar en EP fue el debate alrededor del MAC.
¿Qué de lo bueno y de lo malo es atribuible a Jaime? ¿Qué tanto del espíritu de EP es de Jaime? Es algo que yo no dejo de preguntarme.
Resulta notable que Jaime, fuera de las conversaciones, en las que por lo general se comporta bastante lacónico, no firma nada de lo que aparece en EP.
Sin embargo es su proyecto, y finalmente todo lo que aquí aparece, es filtrado o no filtrado por él.
Se ha creado un espacio único.
EP es quizás la plataforma web más original en Colombia y aquella en la que más cosas han pasado.
Jaime muy hábilmente ha aprovechado las posibilidades de la web para crear un espacio que del alguna manera continúe la tradición de esos espacios que tanto le gustan, esos cafés bogotanos de antaño.
¿Es esto arte?
Se ajusta a la definición de “arte relacional”, hay continuidad con la obra de Jaime, ha estado presente en bienales internacionales, se expuso en un salón nacional, es “crítica”, es “contemporánea”, es “interactiva”, es “colaborativa”. ¿Qué más criterios cumple? ¿Qué criterio le hace falta? ¿O la clave es que los cumple todos?
Si con acogerse a la definición de “arte relacional” bastara, todas las revistas y más las revistas web serían arte.
La continuidad nunca le sirvió a Man Ray para que sus fotos fueran consideradas arte, si bien hoy son tratadas como tal.
En las bienales se truca todo por arte y se construye un mundo de artistas que son curadores, montajistas, editores, educadores, talleristas, recreacionistas. El mundo de los artistas. ¿Cómo sería el mundo si cada uno hiciera de su profesión arte? El mundo sería como una bienal. ¿Mejor o peor?
En el salón nacional, modo bienal, EP estuvo a lado de todas las prácticas “sociales” que se toman hoy por arte. ¿Tenía interés ver eso expuesto en paredes? Como lo tendría ver un libro que a manera de catálogo las reuniera. O sea que lo tenía. Los proyectos había que verlos casa uno en su lugar. Y sin duda EP era de los que menos bien “representados”, “mostrados”, estaba en el contexto.
Si duda es “crítica”, si bien muchas veces lo que sobran son los insultos y lo que faltan son los argumentos. Eso si, cumple bien con el propósito asignado al a crítica de vigilarlo todo. ¿Pero es más vigilancia lo que necesitamos? ¿Más susto? ¿Más paranoia? Yo agradezco sobre todo los casos en que se presentan miradas de las cosas. Que por lo general cada vez son más escasas y van firmadas por Lucas.
Es el paradigma de lo contemporáneo, por todas las anteriores y porque pasa y se va. Está y ya no está. Lo contemporáneo sin duda es lo que la vuelve arte y lo que hizo posible que Jaime sintiera que seguía siendo artista al dejar de hacer puntos y rayas y se dedicar a crear espacios de encuentro. Es más, hoy (el paradigma de lo contemporáneo) si hiciera rayas no sería artista. No lo invitarían a salones ni a bienales.
Aquí todo el mundo interactúa. Sobre todo cuando tiene piedra. O cuando quiere tirar una piedra. Si bien es la palabra más gastada de todo el contexto del arte contemporáeno, y cada vez sentimos más que entre más se llama interactiva una obra menos exige del receptor. Y añoramos las viejas obras que “silenciosas” se dejaban ver o leer.
Y bueno, ¿colaboran los colaboradores de EP?, pues sí, este debate es pura colaboración. Así en la mayoría de los casos sea para lo contrario de lo que uno llama colaborar, que es apoyar, querer, soportar. Pero sin duda hay amistades, amistades que crecen y que montan algo por lo que vale la pena dar la lucha.
Una por una. Para no resolver la cuestión.
Ojalá más gente entrara a la EP. Ojalá más gente escribiera y describiera. Ojalá menos fueran intimidantes y primara menos el ambiente de curso de colegio y se diera más el ambiente que permitiera que los proyectos tuvieran lugar. Que se pensara más y se colaborara más. Veremos.
Pero sin duda en EP queda un archivo único de lo que ha sido el arte estos últimos años y una visión única del mismo, la de Jaime Iregui.

Jaime Iregui

Así como desde este foro se debate en torno a prácticas institucionales, curadurías y muchos otros temas, debe tambien haber lugar para la autocrítica. En esa medida entiendo lo que plantea Alejandro Martin en torno a que muchas veces se escribe con piedra y malestar sobre las cosas y que eso seguramente hace que muchos dejen de participar y leer lo que se publica en este espacio.

Para bien y para mal, un espacio de discusión es un lugar donde aflora permanentemente el desacuerdo y el conflicto, podemos decir sin exagerar que esto es parte constitutiva del debate. En un modelo de esfera pública moderna la discusión debía conducir a la eliminación del conflicto y las diferencias, debían evitarse o transformar los desacuerdos en consensos, volver norma lo que piensa la mayoría o quien la representa.

Igualmente, tanto la crítica como la discusión parte muchas veces de un sentimiento de malestar o de un desacuerdo sobre una determinada práctica institucional, una curaduría o una propuesta artística. Y esto genera igualmente malestar al interior de las instituciones, curadores o actores que son objeto de dichas críticas. Algunas veces las críticas son asimiladas por las instituciones y hacen los cambios pertinentes, otras veces lo toman como una agresión personal y en esa medida responden, ya sea con un correo privado o, como sucede la mayor parte de las veces, con un silencio sepulcral -se asume por lo general que los funcionarios de las instituciones no tienen voz, o si responden en este foro se exponen a más críticas, expresiones de malestar y agresiones.

Conciente de esta situación -y con la convicción de que es posible un diálogo con las instituciones– he contactado a algunos funcionarios para entrevistarlo e invitarlos a contestar algun cuestionamiento y en la mayor parte de las veces han accedido, lo cual enriquece sustancialmente el debate pues ofrece otra versión de los hechos, como ha sucedido en discusiones relacionadas con la FGAA y el Ministerio de Cultura. En otros debates, como el que se dio en torno al Comité de Adquisiciones del Banco de la República, solicité una entrevista a la persona a cargo del área cultural, me dijo que le enviara las preguntas por correo y nunca me las contestó.

En algunas ocasiones los reclamos se dan en el curso de las mismas discusiones y generan cambios en la moderación. Otras veces me llegan por correos privados, en llamadas telefónicas y correos donde afloran los insultos, las amenazas de un pleito legal y en una ocasión -el caso del Goya- una visita de las autoridades. En otras oportunidades me he encontrado con personas que solían publicar en este foro y han dejado de hacerlo pues han enfrentado represalias de tipo laboral ya sea cuando han aspirado a alguna posición académica o se les excluye de una curaduría o evento institucional.

Es cierto que en las conversaciones que he realizado en espacios que he pensado para esferapública como Sputnik°Crítica en directo y el último [e] magazine, suelo ser un tanto lacónico y moderado. Me lo han reclamado anteriormente y he tratado de ser más expresivo, acorde con el carácter de las participaciones que usualmente se publican en este espacio. A partir de estas observaciones he pensando en volver a escribir y participar, si es el caso, en los debates.

Aunque desde un comienzo (2000) participaba moderando la discusión y firmando con mi nombre, posteriormente (2004) opté por no hacerlo y ensayar un modelo de discusión donde no fuese la voz del moderador la que regulara las participaciones, sino los argumentos de los participantes. Desde entonces esferapública ha funcionado de esta forma y creo que este tipo de discusión es lo que ha definido su espíritu, diferenciándola de otros espacios donde el moderador es quien propone los temas, comenta las participaciones, cierra la discusión y saca conclusiones de los debates.

Esto no quiere decir que siempre tendrá que funcionar de la misma forma. Tampoco quiere decir que como moderador no me haya equivocado, al contrario, lo he hecho muchas veces y por ello gran parte de los problemas de este espacio son, por supuesto, mi responsabilidad. En algún momento la moderación necesita replantearse profundamente para abrir otras modalidades de discusión y/o convocar nuevas voces a participar. Alejandro es editor de revistas impresas, así como del portal en internet de la BLAA y de pronto tiene propuestas en ese sentido.

En relación con la pregunta de si esferapública es una obra de arte, pienso que es un tema que puede interesar a futuros y jóvenes historiadores que abordan los archivos y los reinterpretan a través de investigaciones, encuentros y seminarios donde buscan reactivar su espíritu original. Para unos será un portal de crítica, para otros una forma de comunidad artística, para otros unpeliadero, para otros una obra de arte relacional. En mi caso, continuo pensando que se trata de un espacio de discusión que se ha construido colectivamente. No creo que haya una visón única de este espacio y sería terrible aspirar a una cosa así.

¿Qué sentido tendría hacer un libro de esferapública? Esa pregunta me la he hecho en muchas oportunidades y creo que más que un libro donde se presente un selección de debates, lo que podría tener sentido es que se generen reflexiones e interpretaciones de sus debates, como ha sucedido en varias oportunidades. Con el magazine de esfera se ha venido haciendo esta revisión del archivo y a partir del año que viene se invitará a aquellos interesados en proponer un tema -a partir del archivo- realizar la coordinación editorial e invitar a otros posibles interesados a participar con sus reflexiones.

¿Qué sentido tendría exponer el archivo de un espacio de discusión que opera en la red y está activo? Esa es una excelente pregunta y plantea todo un problema expositivo y del posible sentido de embarcarse en este proyecto, cuando de hecho simpre está expuesta en la red.

No recuerdo una participación de Esfera en un Salón Nacional o en una Bienal como lo señala Alejandro. La única vez que se ha expuesto fue en el proyecto de los magazines de Documenta 12 y se hizo luego de someter a discusión su participación.

Finalmente, ante la afirmación que hace Alejandro de que esferapública es un “archivo único de lo que ha sido el arte estos últimos años y una visión única del mismo, la de Jaime Iregui” es necesario aclarar un par de cosas. La primera es que se han publicado en esferapública prácticamente todas las participaciones que me han enviado. No se han publicado textos anónimos y/o firmados que se refieren a situaciones de carácter privado -insultos, problemas de plata entre galeristas y artistas, artistas y curadores, curadores e instituciones, etc. La segunda, es que el hecho de publicar una participación no implica que el moderador esté de acuerdo con la opinión que en ella se expresa. Si esto fuese así, el archivo de Esfera sería muy distinto.

Esto no quiere decir que haya una falta de decisión editorial. Todo lo contrario. La decisión consiste precisamente en propiciar un espacio de discusión que da cabida a las diversas opiniones, miradas, desacuerdos y formas en que el medio artístico reflexiona en torno a asuntos que le preocupan y podrían considerarse de interés para el medio del arte.

Alejandro Martín
Justo me había quedado pensando, y había llegado a puntos muy cercanos a los que señala Jaime aquí. La riqueza de EP consiste por encima de todo en que es un espacio de debate y de discusión.

Yo siento que me equivoco muchas veces al pensar EP desde el modelo de la revista, que viene sobre todo de pensarla desde lo escrito y lo impreso, cuando lo más valioso quizás de EP ha sido la manera cómo ha entendido lo oral de internet. Por eso se entiende muy bien a partir de las conversaciones de los espacios que Jaime había creado antes.

Esa aproximación desde lo oral se ve también en transcripciones de conversaciones como la que antecede este debate, y en otras grabaciones que se han publicado. Incluso en discusiones por Facebook.

Los “artículos” por lo general resultan ser anzuelos, muchos pasan desapercibidos, y algunos pocos sí generan la discusión deseada.

Pero la “carne” de Esfera Pública está en los debates. Y al revés de la mayoría de portales web, en los que allí no hay más que basura, aquí se encuentra uno ricas discusiones con muchos puntos de vista. Algunos de antología como aquellos que finalmente hace las antología de fin de año Jaime.

(La presencia de Esfera Pública en Cali, por ejemplo, yo la tomé a través del Café que se montó, quizás fue un error tomarla como EP, quizás era algo distinto, pero también era una continuación de lo mismo.)

Y en las discusiones, ese espíritu del comentario, que por lo general es el de “escribir contra” es lo que yo puedo sentir agresivo, pero que también le da la vitalidad y en muchos casos el humor a los debates. Es, por lo general, lo que me ha llevado a escribir a mí. (Yo tengo en mi cabeza la imagen del lector de internet con la mirada fiera en la pantalla y las manos en el teclado como alguien “al ataque”)

A mí me parece que EP ha sido un fenómeno de internet interesantísimo, y que Jaime ha entendido mejor que nadie adaptándose y cambiando todo el tiempo, y sobre todo comprendiendo mejor que nadie (que muchas veces quiere decir dejando equivocarse) la manera cómo se hace algo en internet. Y justamente a partir de crear espacio para que sea desde afuera que se participe.

Yo siento que esas dos palabras: “oralidad” y “participación”, claro, junto con “debate” y “discusión”, las que entienden mejor Esfera Pública. Y no esas otras en las que yo la leía más bien en clave irónica y peliona. Aunque en alguna medida fue bueno, porque logré hacer que Jaime hablara extensamente en EP.

“Para bien y para mal, un espacio de discusión es un lugar donde aflora permanentemente el desacuerdo y el conflicto, podemos decir sin exagerar que esto es parte constitutiva del debate. En un modelo de esfera pública moderna la discusión debía conducir a la eliminación del conflicto y las diferencias, debían evitarse o transformar los desacuerdos en consensos, volver norma lo que piensa la mayoría o quien la representa.”

Yo creo que esta dicotomía resulta un poco peligrosa. Ni tanto ni tinto. Uno llega a acuerdos y también encuentra puntos donde sabe que no es posible el acuerdo y es mejor callarse. Y achacarle cosas a la modernidad para mí siempre resulta sospechoso.

De todos modos resulta muy interesante la invitación a no reducir EP y a pensarla de muchas maneras. Hay dos líneas en particular: pensarla como un espacio de encuentro y pensarla como una publicación y archivo. En esa intersección, en ese ser las dos cosas, pasa algo muy interesante.

Y justamente, en esa “moderación” (en los dos sentidos de la palabra) de Jaime, es que creo que este “medio/espacio” resulta ser, de la mejor manera, su “punto de vista”.

Alejandro Martín

De todos modos, para no parecer que quiero ser simplemente conciliador si quisiera que quedara claro mi punto, sobre todo de duda sobre lo que sucede en EP.

Tiene lugar en la afirmación de Jaime, en el comienzo, “Para bien o para mal”

¿Hace más bien que mal o más mal que bien Esfera Pública? ¿Quién se hace responsable del daño que se hace desde EP? Porque sin duda se hiere y se hace daño desde EP. ¿Es un mal necesario por el bien que se hace?

Eso toca otro punto de la “modernidad” que Jaime refiere y que remite a cierta bibliografía sobre la “discusión”, y que a mí me pone a pensar en otro pensador distinto, en Zizek. En este caso, sobre la libertad. La “literal” libertad de expresión de EP puede finalmente no generar tanta libertad como querría. Ya que termina excluyendo a quienes no quieren enfrentar lo que yo considero el “matoneo”. De manera cómo la aparente “libertad de mercado” finalmente entrega el mercado a un par de “matones”.

Jaime, como profesor que es, sabe que no es fácil hacer que todos se expresen. Y que muchas veces es mejor hacer que unos se callen para que el diálogo sea más rico e interesante. Permitir que “todos” hablen muchas veces lo que consigue es que sólo unos pocos lo hagan. Y “exigir” a algunos que hablen, pero obligándolos a someterse a los otros, en lugar de mostrar apertura resulta una forma de agresión (con apariencia de apertura).

Jaime me pregunta de mi experiencia como editor y yo tengo una enseñanza indirecta que resultó muy enriquecedora. Para piedepágina (www.piedepagina.com) el director había decidido que “en principio” los lectores no reseñaran los libros que consideraran malos. Eso, por su puesto, fue muy mal visto por todos nuestros “críticos” y fue señalado con malicia por los malpensantes y por el “malpensante” de la última página de Arcadia. “Si lo que hay que ser es crítico, generar polémica”

¿Sólo hay que ser negativo y generar polémica?

Yo al principio asumí ese principio de piedepágina como un dado y me puse a trabajar. Pero encontré que resultó algo interesantísimo. Al contrario de lo que sugerían los “críticos”, encontré que las reseñas de los colaboradores de la revista eran realmente muy buenas. Que se pueden escribir textos muy agudos y profundos de libros que la gente disfruta plenamente. Incluso uno de los colaboradores por lo general más “negativos” de Esfera Pública, Víctor Albarracín, escribió uno de sus textos más hermosos, para recomendar Seda, de Baricco (http://www.piedepagina.com/numero6/html/seda.htm).

En la otra publicación que he trabajado de editor http://www.ochoymedio.info escriben puros cinéfilos. Y se escribe sobre todo desde el disfrute. Es raro ver “disfrute” en Esfera Pública. ¿Por qué?

A mí me inquieta esa relación de identificación que tiende a haber entre la crítica y la negatividad, y la destrucción. ¿Se puede ser crítico y positivo?

Mucha gente lee a Marta Traba desde las obras que invisibilizó. Pero hay que ver también cómo potenció y con qué energía y entusiasmo describió y potenció las que visibilizó.

Al final, si algunos colaboradores de piedepágina insistían en publicar sus críticas negativas, yo las publicaba, pero si eran textos que valían la pena. Si el libro era tan importante que merecía esa discusión, y si la crítica tenía argumentos y señalamientos valiosos.

Cuando se pretende que eso surja sin revisar los textos, sin corrección alguna, de puro organizamiento del caos es muy difícil. Yo siento que por voluntad propia, en el mundo del arte bogotano, parecen escribir más cuando quieren hablar mal que cuando quieren hablar bien.

Pasan tantas cosas que merecerían ser reseñadas juiciosamente, señalando lo que se considera mal y lo que se considera bien, pero también intepretando, presentando un punto de vista, aprovechando para reflexionar sobre los elementos que allí aparecen.

Esfera Pública parecería ser una publicación donde eso podría pasar, pero pasa poco. Quizás porque no es la intención que eso pase, lo que se busca es debate y polémica. Yo, al final, siempre termino pensar que eso me toca a mí, que tendría que escribir más (en EP, por ejemplo) y tendría que buscar también la manera de generar otros espacios donde pase eso que yo quisiera que pase y en lugar de exigírselo a EP.

PS.

Un par de ejemplos:

Por un lado:

Me ha alegrado mucho la aparición de Alejandro Pardo:
http://esferapublica.org/nfblog/?p=11914
Qué enriquecedora a resultado una mirada que no viene de los prejuicios recurrentes en EP.

¿Por qué habiendo tanta gente como Alejandro no entran a EP? En la BLAA hicimos un experimento de pedir ensayos sobre la exposición de Alys y aparecieron plumas muy interesantes distintas a las de siempre:
http://www.banrepcultural.org/exposicion-francis-alys-ensayos.htm

Por otro lado:

La visita de Guillermo Vanegas a Habeas Corpus:
http://esferapublica.org/nfblog/?p=8758
¿Cómo es posible publicar algo tan flojo, una lectura tan chata? Y lo grave es que no se trata de una colaboración intempestiva, sino de algo programado y trabajado. A mí alguna vez me tocó no publicar artículos que si bien eran larguísimos y muy trabajados, como editor consideré un desastre.

Sin embargo, el mismo Guillermo publicó una muy interesante reseña de Asterisco:
http://esferapublica.org/nfblog/?p=11283

Al escribir sobre “su terreno” vence los prejuicios que lo ciegan en otros terrenos.

Para cerrar:

Al contrario de Guillarmo yo considero que todavía hay muy pocas revistas. Si bien este año fue muy bueno, con el ritmo de Matera, la aparición de ERRATA, y el número de Asterisco. Y las demás publicaciones académicas (de UNAL, ASAB, UNIANDES) que han ido buscando las maneras de ser académicas y a la vez abiertas a públicos más amplios. Y Esfera Publica, que cumple también un papel importante de visibilizar para un cierto grupo lo que allí sucede y dar espacio para que se discute lo que allí aparece.

Pero todavía nos queda mucho por hacer.

Jaime Iregui

Creo que un editor como Alejandro, así como participantes y lectores, saben que un espacio de opinión -impreso o en Internet- tiene unas reglas de participación que definen el tema de las responsabilidades. En el caso de esferapública las reglas se han venido construyendo a partir de los debates y su mismo proceso como espacio de discusión.

En un principio las reglas eran básicamente las que operan para una lista de discusión:

1. ‘esferapublica’ es un espacio de discusión con moderador. Por lo tanto se reserva el derecho de publicar aquellos mensajes que por su contenido no guarden pertinencia con la discusión en curso.

2. ‘esferapublica’ no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio.

Es decir, si llegaban participaciones que no tuviesen que ver con la discusión en curso y planteaban, por ejemplo, otro tipo de debate se ponía en espera hasta que terminara “la discusión en curso”. La idea era no superponer los temas y/o los debates.

Aunque en un comienzo se publicaban algunos anónimos –era el recurso que tenían aquellos que temían alguna represalia por parte de la institución cuestionada– se dejaron de publicar por la lista de correos y en el blog de discusión los anónimos que tienen como objeto el ataque personal y la mera descalificación. En algunos casos pueden hacer algún aporte o cuestionamiento justificado y se publican como comentarios a una entrada en el blog –como es usual en este tipo de formato– pero no se en envían por la lista de correos.

En el 2006 comienzan a aparecer nuevas voces que con el uso de seudónimos realizaron una serie de ataques personales y varios de los participantes rechazaron esta práctica. Pablo Batelli escribió textos como Mery Boom o la Institución del Paraculturalismo donde señalaba que se habría creado un “colectivo anónimo” que buscaba irrumpir en el foro para monopolizar la discusión e intimidar a aquellos que realizaban una crítica a las instituciones.

Más allá de esta tesis, lo que quedaba claro en la discusión es que no tenía ningún sentido escudarse en un anónimo para realizar un ataque a otras personas que escribían con nombre propio. En el caso de esto sucediera se debía hacer con el nombre real, pues así quien lanzaba acusaciones o argumentos en contra de otra persona adquiría plena responsabilidad por lo que decía.

A partir del 2007 se dejaron de publicar seudónimos o anónimos con ataques personales y se creó una regla de participación que es común a la que existe en espacios editoriales y de discusión: quien hace pública una opinión, es responsable por lo que dice.

Se mantuvieron los seudónimos que lograron construir una voz y representar un papel en el espacio. Sin embargo con el caso del Goya, donde se presentó una situación legal conocida por todos, se hizo necesario revisar las reglas de participación de manera que quedaran claras las responsabilidades tanto de quien publica una opinión, como del moderador.

A partir de ese momento (septiembre de 2008) cada participante publica directamente sus participaciones y se hace responsable de su contenido. Como moderador de la discusión y editor de la plataforma soy responsable por la orientación crítica del espacio en la medida en que modero y edito el carácter reflexivo y crítico de las participaciones. Así mismo, debo conocer la identidad real de aquellos participantes que publican con seudónimo, y evitar que se filtren anónimos, insultos y amenazas.

Se hicieron públicas las siguientes reglas de participación que se encuentran publicadas desde entonces en la plataforma:

Reglas de participación:

Cada participante de esferapública deberá tener en cuenta las siguientes reglas de participación:

1. La participación en esferapública se regirá por el carácter reflexivo y crítico de sus aportes.
2. Aquellas participaciones que consignen insultos, amenazas, gritos (todo en mayúscula) o acusaciones sin pruebas o fundamentos, serán borradas de la plataforma.
3. Los datos incluidos en el registro deben ser verificables, al menos el correo de contacto.
4. El nombre real del usuario será visible para el moderador y, si el usuario asi lo decide, para los demás participantes.
5. esferapública se compromete a guardar reserva sobre la identidad de sus afiliados. Por razones de seguridad, no entregará información de su base de datos a terceros, salvo que medie una orden judicial que la obligue a hacerlo.
6. Sólo circularán por la lista de correos las participaciones publicadas en esta plataforma.
7. esferapública es un espacio de discusión que funciona por autopublicación, por la tanto cada participante es responsable por la opinión que hace pública.
8. Al publicarse una participación no implica que el moderador de esferapública comparta o esté de acuerdo necesariamente con las ideas y posiciones expresadas en ella.
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Dado que se trata de un espacio cuyas reglas de participación se han venido construyendo a lo largo del proceso de una forma colectiva y en el que es posible manifestar el acuerdo o desacuerdo por lo que aquí se publica y el modo en que se publica, invito nuevamente a los lectores que no están de acuerdo con una publicación a manifestar su opinión. Esto es muy valioso en la medida en que contribuye a moderar la discusión.

Creo que para los que están siguiendo esta discusión queda tambien claro que los aportes de Alejandro contribuyen reflexionar sobre las formas de moderación y participación. En este orden de ideas, si en su momento Alejandro hubiese hecho los comentarios a la Crítica en directo realizada con Guillermo Vanegas por la exposición de Habeas Corpus, se habría moderado esa participación.

Por lo anterior, creo que se podría pensar que si un lector atento -sea un particular o un funcionario institucional- tiene los argumentos para expresar su desacuerdo con una participación y decide guardar silencio, tambien le cabe un grado de responsabilidad: guardar silencio es una decisión que incide en la discusión.

Cierro con algo que señala Alejandro que puede servir como invitación tanto a generar un tipo de crítica positiva, así como para abrir otros espacios de reflexión:

Pasan tantas cosas que merecerían ser reseñadas juiciosamente, señalando lo que se considera mal y lo que se considera bien, pero también intepretando, presentando un punto de vista, aprovechando para reflexionar sobre los elementos que allí aparecen.

Esfera Pública parecería ser una publicación donde eso podría pasar, pero pasa poco. Quizás porque no es la intención que eso pase, lo que se busca es debate y polémica. Yo, al final, siempre termino pensar que eso me toca a mí, que tendría que escribir más (en EP, por ejemplo) y tendría que buscar también la manera de generar otros espacios donde pase eso que yo quisiera que pase y en lugar de exigírselo a EP.

Pablo Batelli

Evidentemente -o tal vez no sea tan evidente- no parece que pueda hacerse responsable a un moderador por los juicios emitidos en los textos que circulan en un medio moderado -si se intentase trasladar a un terreno jurídico seguramente atentaría contra algún principio constitucional-; pero tal vez sí puede señalárselo como responsable de las decisiones de moderación -o decisiones editoriales- que determinan el carácter en un lugar de circulación de textos (sin extender esta responsabilidad al terreno de la intimidación judicial). La decisión de moderar -o simplemente encuadrar-, así como muchas otras pequeñas intervenciones que determinan el contexto de cada intervención, son operaciones estrictamente editoriales y en este orden, puede alegarse que sí existe una responsabilidad editorial. Operar editorialmente sobre este contexto puede ser -como lo demuestra el flujo de información en los formatos programados de la red- más grave, profundo e influyente que operar desde una escritura no relacionada (o escritura aislada). De alguna manera, la escritura no relacionada pasa a ser tan intrascendente hoy en día como una pieza de arte cerrada: la edición le concede a la pieza de texto su juego -o apertura- social. Al tiempo que le concede esta oportunidad para su escenificación y vigencia, probablemente la degrada hasta su plena esterilidad. Mientras tanto, la escritura aislada apuesta por su permanencia en el largo plazo; no se relaciona, si no propone el nacimiento de nuevos vínculos que la vinculen. Las decisiones editoriales son un ejercicio, si se quiere verlo así, de una libertad expresión, y como tal, acarrean también compromisos.

No significa que en la decisión editorial exista siempre un cálculo o una intención de escribir un texto sobre los textos en circulación, de manipular. Se puede afirmar que toda intervención editorial es innegablemente una forma de escritura; y si se trata de derivar un compromiso, toda forma de escritura, en tanto expresión, acarrea un grado de responsabilidad. Pero no es tan claro afirmar que esa forma de escritura sea deliberada, o mejor, que aun deliberada, no pueda escapar al cálculo de quien quisiera, eventualmente, hacer el esfuerzo de acotarla; de allí puede alegarse responsabilidad, pero no necesariamente intencionalidad. Lo que no excluye que pueda haber, en el ejercicio editorial, un sesgo intencionado para interferir sobre una igualdad (teórica) de oportunidades.

En términos de la transición del impreso a la red existe una distancia y un cambio de carácter, en tanto la red pudo, al menos temporalmente, ofrecer la esperanza de la ruptura del control que caracterizaba la impreso. Esperanza que parece ha logrado a su alrededor el consenso de su naufragio.

Una diferencia editorial de naturaleza no trivial es la tendencia a establecer como punto de llegada -o partida- la necesidad de la estabilidad de un consenso (habiendo llegado al consenso será obligadamente el único nuevo punto de partida). Aquí parece opera una cuestión de percepción específica: en tanto algunos consideran el consenso como una solución necesaria, y el resultado final de un proceso de discusión y resolución del conflicto, otros consideran que el consenso es solo posible luego de la supresión de toda diferencia, y como tal, resultado de un proceso de violencia; y por lo tanto, el conflicto es comparativamente, más alentador.

De otra parte, sobre el asunto de la violencia, quiero establecer una diferencia entre lo que podría ser una violencia ritual, y otra efectiva. En tanto sí existe la agresividad desatada detrás de un teclado, que ha probablemente determinado una reformulación de los modos de aparición del lenguaje en red, ella es bastante más inofensiva que la violencia que se ejerce desde la ejecución legitimada por el uso y la costumbre de las políticas que se aplican desde las instituciones culturales, sociales o económicas, a menudo con el beneplácito de quienes -bajo el pretexto de la subsistencia o el progreso individual- participan en ellas festiva y acríticamente, o por ciega idiosincracia.

En otros asuntos que conciernen a esferapública, percibo a corto plazo dos temas que me resultan inquietantes: primero, la necesidad de establecer una precursoría de una cierta forma de crítica que involucra lo que ha sucedido, lo que está sucediendo, y acaso, lo que habrá de suceder. El segundo asunto: el problema de un espacio de disenso que por su amplitud – u orientación- pueda eventualmente convertirse en un espacio de monopolio del disenso; un espacio de discusión que pueda, eventualmente, invisibilizar y absorber cualquier otro espacio de discusión y terminar en un flujo contrario.

Un ejemplo de la violencia efectiva que se ejerce en contra de algunos la constituye la omisión y la depredación del otro bajo diversas formas de consenso o juegos teóricos. Y esto, para relacionarlo con el tema de la crítica y la oralidad, cuando sin desconocer antecedentes, o fundar precursorías, me parece necesario (en mi propia defensa) proponer que este tema tiene en esfera pública un desarrollo desde teatro crítico, pantalla scroll, y transcripción plástica (y en la plataforma de proyectos de esfera) que involucran una serie muy extensa de ejercicios de transcripción con la clara determinación de exhibir la incidencia de los parámetros editoriales en la construcción de un discurso de control -construcción que al ser realizada reiteradamente acaba por convertirse en una herramienta de modelado social- , entre otras direcciones (como por ejemplo, al pregunta sobre el asunto de autor).
Una de estas transcripciones, probablemente fuerte debido a que puso en evidencia la peligrosidad -ahora mitigada por el uso y la costumbre- de la red, la transcripción (y acción de hackeo) que se hizo de una jornada sobre lo pictórico en donde José Roca desprevenidamente atentó en contra de su propio aparato de control al desenmascarar las operaciones editoriales que le sostenían como puntero y representante de una cierta forma de discurso dominante (que hoy sigue siendo dominante).

Jaime Iregui

Efectivamente, existe una responsabilidad editorial, tal como lo señalé anteriormente -y se estipula en las reglas de participación- como moderador de la discusión y editor de la plataforma soy responsable por la orientación crítica del espacio en la medida en que modero y edito el carácter reflexivo y crítico de las participaciones. Así mismo, debo conocer la identidad real de aquellos participantes que publican con seudónimo, y evitar que se filtren anónimos, insultos y amenazas.

#PolíticaEditorial

Desde febrero de 2017 la política editorial de [esferapública] estará enfocada en propiciar la reflexión en torno al archivo de debates y textos a través de proyecto #LeerLaEscena. Por esta razón, en el portal se estarán publicando análisis de debates, entrevistas y lecturas en voz alta con el ánimo de revisar temas sobre los que se debate reiteradamente (crítica al arte político, el estado de la crítica, especulación y mercado, espacios de artistas, museos y espacios de arte en crisis) y, a partir de esta revisión, replantear formas de discusión, políticas editoriales y, si es el caso, una nueva plataforma para [esferapública].
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