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¿aire fresco?

“Cuando se habla de “arte joven” es necesario tener en cuenta que se trata de un grupo objetivo dentro del campo artístico, previamente definido a partir de la perspectiva de las entidades museales más que de una comunidad semiprofesional deliberadamente organizada. En términos administrativos, los artistas jóvenes son contemplados desde las juntas directivas de muchas organizaciones de gestión cultural como una población homogénea, localizada entre los veinticinco y los treinta años, capaz de hacer promesas de renovación estilística y de garantizar la sostenibilidad de una serie de programas expositivos diseñados -por lo menos- a mediano plazo”.

Guillermo Vanegas*

Entramos en temporada de fin de año. Tiempo de balances en los medios, muestras de trabajos de tesis en las universidades y, oh sorpresa!, coinciden en Bogotá varias exposiciones dedicadas a promover el arte joven. Mejor dicho, entramos de lleno en una temporada en que el “mundo del arte” presenta una serie de propuestas que inician su volátil proceso de institucionalización y comercialización.

El término “arte joven” apareció en nuestro medio en la década de los setentas cuando el curador Eduardo Serrano organizó un par de exposiciones con obras de artistas que apenas se empezaban a conocer en el medio local. Luego vinieron los Salones Atenas del Museo de Arte Moderno, donde se institucionalizó, y presentó en “sociedad” la obra de artistas “jóvenes” como Miguel Angel Rojas, Antonio Caro, John Castles y Gustavo Zalamea. A finales de la década de los setentas el Salón Atenas llegó a su última versión y el Museo de Arte Moderno relanzó esta categoría institucional creando la Bienal de Bogotá, donde la noción de “arte joven” vino a ser complementada con la de “aire fresco”, tanto por la gloriosa directora de la misma institución organizadora, como por los medios de comunicación, en los que el término “aire fresco” apareció reiteradamente para definir el tipo de arte que se promovía con la Bienal. Por otra parte, la Biblioteca Luís angel Arango lanzó su programa “Nuevos nombres”, que bajo el mismo esquema presentó las obras de Doris Salcedo, María Fernanda Cardoso, Nadín Ospina y Carlos Salazar, entre otros.

Han pasado treinta años y la definición “arte joven” tiene visibles signos de envejecimiento, no sólo está hiper-institucionalizada, desgastada formal y conceptualmente, sino multiplicada en grado sumo (“Salón de Arte Joven” del IDCT, el “Salón de Pintura Joven” del Club del Nogal, el “Salón Interuniversitario” del IDCT, el de la Academia de Artes Guerrero, “Arte Joven” del MamBo, el programa de la Alianza Francesa, y en alguna medida, los salones regionales). Salvo el Salón Nacional, el Premio Luís Caballero y el Salón Bidimensional de la Fundación Alzate, las instituciones locales no han implementado programas que hagan posible un seguimiento a estos procesos. Es decir, una vez quema el circuito del “aire fresco” el artista joven entra en un limbo donde hay muy pocos estímulos y espacios para exhibir su trabajo. De resto no queda sino consolidarse en las tres galerías locales dedicadas al arte contemporáneo y entrar a lidiar con el problema del mercado. (o hacer obra “arriesgada” para participar en eventos institucionales y otra más “gustadora” para las galerías, como lo hacen artistas re-conocidos)

En el marco de la feria de arte ArtBo se presentó una muestra que con el nombre de En sincronía, ofrecía una mirada a procesos de “arte joven” bajo la curaduría de María Iovino y María Clara Bernal. Era una selección de más de veinte artistas que dado el contexto, se leían como “promesas en las cuales invertir”. Es tal vez el tipo de exposición que recoge, como en otro tiempo lo hizo la Bienal del MAM, aquellas obras que han tenido una buena acogida por parte de curadores, salones y las galerías de arte contemporáneo. Sólo que esta especie de bienal ya no estaba en el museo, sino en una feria comercial. (¿No es este el tipo de curadurías que podría estar apoyando una institución como la BLAA en su programa de Nuevos Nombres? ¿Por qué no abrir un programa anual que haga un seguimiento a los Juanes Mejía, Rodrigos Facundo, Wilsones Díaz, Delcis Morelos y otros tantos que ya no exhiben como “arte joven” o “aire fresco”? ¿Podrá entender el Subgerente cultural y su comité que hasta puede resultar más interesante para el público -y más económico para la BLAA- que una exposición como la de la española Ana Laura Aláez?)

Por los lados de la Bienal del MamBo está visto que el replanteamiento de la Bienal queda sepultado con esta novena y agónica versión bajo el tema de Cohabitar. Al mejor estilo publicitario (y tal vez, para establecer una nítida relación con el lugar) este verbo es conjugado no sólo por “jóvenes curadores” como María Belén Sáez y Bernardo Ortíz al cohabitar con la delirante realidad mambiana, sino por los gestores (¿impulsadores?) de proyectos como “Espacio Temporal”, “Popular de lujo” y la muy desgastada y cuestionada “Bienal de Venecia de Bogotá”, quienes presentan sus propuestas como “marcas”: mucho logo en la pared, mucho indicador de gestión, bastante folletico, cataloguito de eventos pasados y almanaque promocional. Para resumir, bastante trabajo de imagen con estrategias más cercanas al chabacano y mambiano “branding” corporativo que a los procesos propios del pensamiento artístico. (Dicen que al director de mercadeo del MamBo le fascinó la exposición, ya está pensando en “Barbies Collection II”)

Cierro con el texto que María Elvira Ardila, curadora del MamBo, escribió para la ocasión (y para los “Ready Zombies” de Fernando Uhía):


“Es así, que Cohabitar se plantea como una “línea de fuga” y, como muy bien lo anotaría Gilles Deleuze, sería falso creer que una línea de fuga consiste en huir de la vida, la fuga en el imaginario, o en el arte; pero huir; al contrario, es producir lo real, crear la vida, encontrar una estrategia, crear múltiples matrices, pensar que el arte no es representar sino crear disimiles e insondables trayectos: “esa línea extraña aún: como si algo nos llevara, a través de nuestros segmentos, pero a través de nuestros umbrales, hacia un destino desconocido, no previsible, no preexistente”.


Catalina Vaughan

* fragmento de “Forever young” de Guillermo Vanegas, ensayo ganador del Premio Nacional de Crítica. Puede bajar el pdf en el siguiente link: http://premionalcritica.uniandes.edu.co/Publicacion2006.pdf

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