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¿Es necesario un museo de arte contemporáneo?

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En este video se pone en cuestión la necesidad del Museo de Arte Contemporáneo (MAC) en la municipalidad de Barranco, cerca de Lima.
Ya que la intensión es debatir, diré que discrepo con casi todo lo expuesto por Alfredo Vanini. Y por lo mismo no se por donde empezar a dialogar.

Veamos:

1 -Pienso que cuestionar la necesidad o requerimiento de un Museo de Arte Contemporáneo en la capital empezando por enumerar las múltiples carencias y necesidades del país o de Lima en cuanto a conservación del patrimonio y difusión de la cultura se refiere, no ayuda mucho. Al menos que pensemos que, porque existen muchas más necesidades, no habría que empezar por aplacar algunas. No podemos anonadarnos en las carestías y dejarlas allí, como diciendo “si se resuelve todo estará bien, pero si no, no vale la pena hacer nada”. La iniciativa del MAC-Lima corresponde a varios empresarios y coleccionistas vinculados a ella hace décadas. Habría que ver qué entidades se sumarían a recuperar el Teatro Municipal o cualquier otra iniciativa, acostumbrados como estamos a que el Estado tenga una escasa preocupación por estos temas.

2 – Es cierto que el MAC-Lima ha tenido un mal comienzo. Un mal comienzo cuyas consecuencias todavía no concluyen a favor del bien común (que es lo que se pretende) y se traslada también a los argumentos encontrados del actual litigio. La concesión del terreno del distrito a favor del IAC hecha por la entonces Alcaldesa Fina Capriata, se hizo sin una consulta pública y eso ha sido un error.
Pueda además como dice Alfredo que el arte sea incluso un negocio, pero definitivamente no es un negocio muy bueno. Cualquiera que lleve algunos años trabajando en cultura lo sabe bien y supongo también que cualquier agente financiero aconsejaría a estos señores que están detrás del MAC-Lima a invertir su tiempo y su dinero en la especulación inmobiliaria, por ejemplo, tan rentable en nuestros días.
Me parece que en el espíritu que anima la construcción del MAC se mezclan actitudes bienintencionadas de un grupo de personas pudientes, que uno podría tildar de actitud paternalista si se quiere, pero también la voluntad de llevar a término el sueño generacional de varios miembros fundadores del IAC, creado hacia mediados de los años Cincuenta (de los cuales quedan pocos)así como de otras personas vinculadas en sus primeras décadas de esplendor con el proyecto del Instituto. Para muchos el IAC murió en los primeros años de la década de los Setenta (cuento aquí la opinión de el Dr. Alfonso Castrillón, último director de la institución cuando esta tenía un local para exhibiciones en el interior del Museo de Arte Italiano). Pero creo que el actual IAC –hoy sin espacio para una colección (que permanece dispersa y sin posibilidad de reunirse y exhibirse completa, que sería supongo el segundo paso), piensa que el MAC-Lima es una forma de cimentar también toda una vida de labor cultural en favor de las artes visuales. Lo cierto es que las personas pasan y las instituciones (si creemos en ellas) se mantienen y eso quiere decir que se transforman (que es la única manera de mantenerse). Para ello sin embargo es imprescindible que previamente existan, que sería a todas luces el primer paso.
La sociedad podría asumir ese proyecto a favor suyo, no pensándolo como un edificio o una fiesta privada y restringida, sino como un espacio público con administración privada (tal y como lo es también el Museo de Arte de Lima) que, una vez creado, sea realmente un agente efectivo en la custodia y difusión del patrimonio material (e inmaterial) de las artes visuales en el país. Y no el único, sin duda.

3 –Pienso que la ausencia de un Museo de Arte avocado a lo Contemporáneo no ha sido en ningún modo resuelta por el Museo de Arte Moderno de Trujillo, cuya colección concentra una sala principal dedicada a las obras de Ángel y Gerardo Chávez. Me parece un mejor ejemplo lo realizado hasta la fecha por el Museo de Arte Contemporáneo de Arequipa. Pero si bien todos estos proyectos han empezado con problemas que se proponen superar o corregir, el MAC-Lima parece tener por destino llevarse todas las palmas. Si bien para mi la necesidad e importancia de un Museo de Arte Contemporáneo en Lima es incontrovertible, también es la necesidad de un diálogo abierto –pensemos a la comunidad acogiendo el proyecto en un terreno cedido por todos- la mejor forma en que este espacio debe trazar sus líneas directrices de labor cultural.
Todo mal comienzo es superable. Veamos por ejemplo a ese “corazón” de la colección del MALI, cedida por la familia Prado cuando el Museo abre las puertas a inicios de los Sesenta. Coincido también con el estudio de Herbert Morote, sobre los primeros años de la República, pero porque Bolivar haya sido un dictador no creo que alguien piense hoy que es necesario volver a la administración Colonial.

4 –Planteando aquí una suerte de símil irónico con la historia nacional, podría decir que en el decurso del sueño que anima la construcción del MAC-Lima, el IAC ha demorado muchas décadas en despertar plenamente al terreno de la acción y, para muchos, ello ha sido como un síntoma de una muy modesta capacidad para llevar adelante el proyecto. No obstante, el Municipio de Barranco, con la hostilidad y la nula apertura al diálogo que tercamente sostiene hacia la directiva del IAC, parece no estar dispuesto a darle la oportunidad de “quemar el último cartucho” (y, a la vez, dar el “tiro de partida” en una nueva etapa). En lugar de sabotear o de oponer pancartas en la vía pública, podría mejor ser un estricto vigilante, decidido a garantizar que los plazos de construcción y funcionamiento sean cumplidos, en paralelo a vitalizar una campaña de diálogo abierto (o cabildo que ahora se sugiere) dedicado a conversar con la ciudadanía en torno a la necesidad (y la forma de funcionamiento) de un Museo de Arte Contemporáneo, aunque para Alfredo Vanini no parece la mejor de las ideas.

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